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	<title>Archives des En blanco - La Sketchothèque</title>
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	<description>Les sketchs de Jean-Pierre Martinez</description>
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	<title>Archives des En blanco - La Sketchothèque</title>
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		<title>Pérdida de memoria</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/perdida-de-memoria-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 15:34:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Actor]]></category>
		<category><![CDATA[Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Creatividad]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[En el teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro dentro del teatro]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de comedia para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Dos personajes olvidan sus diálogos y descubren que quizá están improvisando su propia obra.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia absurda para dos actores sobre la memoria, la improvisación y el teatro dentro del teatro</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Él está allí. Ella llega.</em><br><strong>Él</strong> – Hola, ¿qué tal?<br><strong>Ella</strong> – Bien. ¿Y usted?<br><strong>Él</strong> – Bien, bien.<br><strong>Ella</strong> – No hace calor, ¿eh?<br><strong>Él</strong> – No, no se puede decir que haga calor. Más bien hace frío.<br><strong>Ella</strong> – Sí, eso es lo que decía. Usando una lítote.<br><strong>Él</strong> – ¿Perdón?<br><strong>Ella</strong> – ¡Una lítote! Decir menos para dar a entender más. Por ejemplo&#8230; «No te odio» para decir «te quiero».<br><strong>Él</strong> – ¿“No hace calor” es una lítote?<br><strong>Ella</strong> – Puede ser.<br><strong>Él</strong> – ¿Y puede querer decir “te quiero”?<br><em>Ella se desconcierta un poco y tarda en retomar la conversación como puede.</em><br><strong>Ella</strong> – Me pregunto si no hace más frío este año que el año pasado.<br><strong>Él</strong> – Es posible, sí.<br><strong>Ella</strong> – Me acuerdo que hace un año, por estas fechas, estaba en bañador en mi terraza.<br><strong>Él</strong> – ¿En bañador? ¿Está segura? ¿En pleno enero?<br><em>Ella se acerca a él.</em><br><strong>Ella</strong> – Perdón, he dicho cualquier cosa, para rellenar. No me acuerdo en absoluto de mi texto.<br><strong>Él</strong> – ¿Su texto?<br><strong>Ella</strong> – Un blanco total, vamos&#8230; Un agujero negro.<br><strong>Él</strong> – ¿Un agujero negro&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – Un blanco, si lo prefiere. Esperaba que me viniera, pero nada. Así que improvisé. Lo siento de verdad.<br><strong>Él</strong> – ¿Lo siente? ¿Por qué?<br><strong>Ella</strong> – ¡Por haberme olvidado del texto!<br><strong>Él</strong> – Pero&#8230; ¡si no tenemos texto!<br><strong>Ella</strong> – ¿No tenemos texto?<br><strong>Él</strong> – No. Al menos yo no tengo texto.<br><strong>Ella</strong> – ¿Está seguro? ¿Entonces usted también improvisa?<br><strong>Él</strong> – Sí, bueno&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Vaya&#8230; Eso me extrañaba. Soltar semejantes banalidades&#8230; Así que dice lo primero que se le ocurre. Ah, ahora lo entiendo.<br><strong>Él</strong> – ¿Cómo que lo primero que se me ocurre?<br><strong>Ella</strong> – Lo que le pasa por la cabeza.<br><strong>Él</strong> – ¡Eh, no! ¡No digo cualquier cosa! Hago una criba, al menos.<br><strong>Ella</strong> – Si esto que dice es lo más interesante que ha filtrado&#8230; no quiero ni imaginar el resto.<br><strong>Él</strong> – ¿Y usted entonces sí tenía un texto?<br><strong>Ella</strong> – Pues sí.<br><strong>Él</strong> – Un texto que ha olvidado, digamos.<br><strong>Ella</strong> – Eso creía, al menos. Pero, ¿y si usted también estuviera diciendo un texto?<br><strong>Él</strong> – No sé&#8230; ¿Cree usted?<br><strong>Ella</strong> – Hay algo que no encaja.<br><strong>Él</strong> – ¿El qué?<br><strong>Ella</strong> – Si usted está diciendo un texto, entonces yo no puedo estar improvisando.<br><strong>Él</strong> – ¿Y por qué no?<br><strong>Ella</strong> – Porque no tendría sentido.<br><strong>Él</strong> – Eso seguro.<br><strong>Ella</strong> – A no ser que estemos improvisando los dos.<br><strong>Él</strong> – O que estemos diciendo un texto los dos.<br><strong>Ella</strong> – Pero entonces, ¿quién habrá escrito estas tonterías?<br><strong>Él</strong> – Ya sabe, teatro contemporáneo&#8230; A lo mejor el autor también improvisaba.<br><strong>Ella</strong> – Ya&#8230; escritura automática y todo eso.<br><strong>Él</strong> – Yo pensaba que eso ya estaba pasado de moda.<br><strong>Ella</strong> – Lo que está claro es que el autor no tenía texto. Al principio&#8230;<br><strong>Él</strong> – Así que, en cierto modo, improvisaba&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Sí, se puede decir así.<br><strong>Él</strong> – Entonces, ¿por qué no improvisamos también nosotros un poco?<br><strong>Ella</strong> – De hecho, me pregunto si&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Qué?<br><strong>Ella</strong> – Si no estaremos escribiendo el texto en lugar del autor.<br><strong>Él</strong> – Ya veo&#8230; Los personajes improvisan y él solo tiene que copiar.<br><strong>Ella</strong> – Y luego se lleva los derechos de autor.<br><strong>Él</strong> – Ser autor&#8230; menuda profesión más vaga.<br><strong>Ella</strong> – Yo diría más bien: de plagiador.<br><strong>Él</strong> – ¿Plagiador?<br><strong>Ella</strong> – Si el autor plagia a sus propios personajes&#8230;<br><strong>Él</strong> – Bueno, usted misma lo ha dicho. No es que lo que decimos sea de una gran calidad literaria.<br><strong>Ella</strong> – No, hay que admitirlo.<br><strong>Él</strong> – Bueno, creo que ya hemos improvisado suficiente, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Sí, ya está bien.<br><strong>Él</strong> – ¿Y bien?<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué?<br><strong>Él</strong> – ¿Qué decíamos antes de empezar a hablar?<br><em>Negro.</em></p>



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<p class="wp-block-paragraph" style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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			</item>
		<item>
		<title>La olvidada</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/la-olvidada-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 15:29:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Bistró]]></category>
		<category><![CDATA[Camarero]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Inmortalidad]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Sociabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Soledad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de comedia para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Una mujer a la que todos olvidan descubre que incluso la muerte se ha olvidado de ella.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia absurda para dos actores sobre la memoria, el olvido y la inmortalidad</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Él está allí. Ella llega.</em><br><strong>Él</strong> – Buenos días. ¿Qué le pongo a la señorita?<br><strong>Ella</strong> – No lo sé.<br><strong>Él</strong> – Vaya&#8230; ¿No parece usted estar muy bien? ¿No quiere algo para animarse un poco?<br><strong>Ella</strong> – Podría decirle lo que quiero, pero en un minuto ya lo habrá olvidado.<br><strong>Él</strong> – Ah, eso lo dudo. Nunca olvido un pedido, señorita.<br><strong>Ella</strong> – Olvidará el mío, ya verá.<br><strong>Él</strong> – ¿Ah, sí? ¿Y por qué?<br><strong>Ella</strong> – Porque soy la que se olvida.<br><strong>Él</strong> – ¿Perdón?<br><strong>Ella</strong> – Soy <em>la olvidada</em>. Desde que nací, ha sido así.<br><strong>Él</strong> – ¿Así cómo?<br><strong>Ella</strong> – Ya durante el embarazo, mi madre solía olvidar que estaba embarazada.<br><strong>Él</strong> – Vaya&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Cuando nací, mi padre se olvidó de registrarme en el registro civil. Y cuando mi madre salió del hospital, se olvidó de llevarme con ella a casa.<br><strong>Él</strong> – No me diga&#8230;<br><strong>Ella</strong> – No es que no me quisieran. Solo que&#8230; se olvidaban de mí. A menudo se olvidaban de venir a buscarme a la salida del colegio. Y ni le cuento cuántas gasolineras y hoteles me han dejado olvidada cuando nos íbamos de vacaciones.<br><strong>Él</strong> – Joder&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Es así. Aunque no todo el tiempo. A veces hay rachas mejores. Pero luego vuelve a pasar. El día de mi boda, pensé que por fin se había acabado. Que alguien, por fin, iba a acordarse de mí. Pero mi prometido se olvidó de presentarse en el ayuntamiento. Incluso el alcalde se olvidó de venir. Mis padres también, por cierto&#8230;<br><strong>Él</strong> – Pues usted parece bastante guapa. No es de las que uno olvida fácilmente.<br><strong>Ella</strong> – Es verdad. Siempre he tenido mucho éxito con los chicos. Pero nunca rompí el corazón de ninguno, se lo juro. Para eso, tendrían que haberse acordado de mí. Pero la mayoría de mis novios se olvidaban de venir a la segunda cita.<br><strong>Él</strong> – Ya veo&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Conoce la frase “nunca en la primera cita”?<br><strong>Él</strong> – Sí&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Pues en mi caso, si no era en la primera, para la segunda ya me habían olvidado.<br><strong>Él</strong> – No habrá sido fácil.<br><strong>Ella</strong> – Se lo puede imaginar. Encontrar trabajo, por ejemplo. En las entrevistas, siempre estaba sola. Se habían olvidado de mí. Aun así, conseguí que me contrataran dos o tres veces, pero todo el mundo acababa olvidando que había alguien en el despacho. Y por supuesto, también se olvidaban de pagarme&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Y entonces&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – Como nunca lograba mantener un empleo, acabé cayendo en la delincuencia.<br><strong>Él</strong> – ¿Delincuencia? Pero si a usted se la ve tan&#8230; ¿Y cómo hace para vivir?<br><strong>Ella</strong> – En las tiendas, cojo lo que quiero y salgo sin pagar.<br><strong>Él</strong> – Va a acabar usted en la cárcel.<br><strong>Ella</strong> – ¿Quién lo diría? En menos de un minuto, los vigilantes se olvidan de llamar a la policía. O la policía se olvida de venir. O el carcelero se olvida de cerrar la celda con llave, porque se ha olvidado de que había alguien dentro.<br><strong>Él</strong> – Bueno, visto así&#8230; no todo son desventajas.<br><strong>Ella</strong> – Cuando me sirva la consumición —si no se olvida de hacerlo— me iré sin pagar, y usted ni siquiera recordará haberme servido.<br><strong>Él</strong> – ¿De verdad?<br><strong>Ella</strong> – Nunca he pagado una cuenta en un restaurante, y sin embargo como fuera todos los días.<br><strong>Él</strong> – Caray&#8230; ¿Y esto le pasa desde hace mucho tiempo?<br><strong>Ella</strong> – Desde 1902. Es mi año de nacimiento.<br><strong>Él</strong> – ¿1902? Pero eso no puede ser&#8230;<br><strong>Ella</strong> – La muerte también debió de olvidarse de venir a buscarme.<br><strong>Él</strong> – Ah, claro&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Ya se lo digo yo&#8230; Usted también me olvidará.<br><em>Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – Buenos días. ¿Qué le pongo a la señorita?</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



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<p class="wp-block-paragraph" style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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			</item>
		<item>
		<title>Amores de infancia</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/amores-de-infancia-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 15:17:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Calle]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Niño]]></category>
		<category><![CDATA[Romántico]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo]]></category>
		<category><![CDATA[Beso]]></category>
		<category><![CDATA[Mentira]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de comedia romántica para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Dos antiguos amores de infancia se reencuentran, pero ¿son reales sus recuerdos?</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/amores-de-infancia-sketch-comedia/">Amores de infancia</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia romántica para dos actores sobre el amor, los recuerdos de infancia y las segundas oportunidades</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Él está allí. Ella llega.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Te acuerdas de mí?<br><strong>Él</strong> – No&#8230; ¿Debería?<br><strong>Ella</strong> – ¡María!<br><strong>Él</strong> – ¿María&#8230;? ¿Y nos conocemos?<br><strong>Ella</strong> – Estuvimos juntos en preescolar.<br><strong>Él</strong> – ¿En preescolar?<br><strong>Ella</strong> – Creo incluso que estabas un poco enamorado de mí.<br><strong>Él</strong> – Ah, sí, eso es&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿No te acuerdas?<br><strong>Él</strong> – No&#8230; A ver, preescolar&#8230; Pero tú, ¿cómo puedes reconocerme después de tanto tiempo? No me digas que no he cambiado&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Sí, claro, hemos cambiado mucho&#8230; los dos.<br><strong>Él</strong> – Entonces, ¿cómo&#8230;? Si no nos hemos visto desde preescolar&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Ah, pero es que yo sí te he vuelto a ver desde entonces. No todos los días. De vez en cuando. Pero te he visto con regularidad.<br><strong>Él</strong> – ¿Cómo?<br><strong>Ella</strong> – Vivía justo enfrente, en aquella época. Y sigo viviendo allí. Cuando murieron mis padres, hace unos diez años, me quedé con la casa. Tú también, por lo visto, has vuelto a casa de tus padres&#8230;<br><strong>Él</strong> – Sí, bueno&#8230; en mi caso no hace mucho.<br><strong>Ella</strong> – Tres meses.<br><strong>Él</strong> – Más o menos, sí.<br><strong>Ella</strong> – Pero venías a verles a menudo. Así que&#8230; te veía a lo lejos, de vez en cuando.<br><strong>Él</strong> – ¿Y solo ahora me hablas?<br><strong>Ella</strong> – No me atrevía&#8230; Tenía miedo de molestarte&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Y hoy, por qué?<br><strong>Ella</strong> – No sé&#8230; Me divorcié hace seis meses&#8230;<br><strong>Él</strong> – Ah, ya&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – Hace tres meses&#8230; <em>(Pausa)</em> ¿Lo sabías?<br><strong>Ella</strong> – Sí.<br><strong>Él</strong> – ¿Conocías a mi mujer?<br><strong>Ella</strong> – De vista.<br><strong>Él</strong> – ¿De vista?<br><strong>Ella</strong> – Estuvimos en el instituto juntas.<br><strong>Él</strong> – Ya veo.<br><strong>Ella</strong> – Es un pueblo pequeño.<br><strong>Él</strong> – Sí.<br><strong>Ella</strong> – Claro, debe de ser un golpe para ti.<br><strong>Él</strong> – ¿Te refieres&#8230; al divorcio?<br><strong>Ella</strong> – A volver a verme así, después de tantos años.<br><strong>Él</strong> – Ah, sí&#8230; María&#8230;<br><em>Momento de incomodidad. No saben muy bien qué decir.</em><br><strong>Ella</strong> – Cierra los ojos.<br><strong>Él</strong> – ¿Perdón?<br><strong>Ella</strong> – Cierra los ojos y escucha mi voz.<br><em>Él cierra los ojos.</em><br><strong>Él</strong> – Vale&#8230;<br><em>Ella le susurra al oído con una voz que pretende ser seductora.</em><br><strong>Ella</strong> – María. María Ramírez. Estuvimos juntos en segundo de infantil. Yo llevaba un abrigo rojo. Llevaba coletas, y un día en el recreo&#8230; <em>(Ella le da un beso en los labios.)</em> Me besaste en la boca. ¿De verdad no te acuerdas?<br><strong>Él</strong> <em>(confuso)</em> – María&#8230; Ah sí, tal vez.<br><em>Abre los ojos.</em><br><strong>Ella</strong> – Claro, volver a verme así&#8230; Después de tantos años&#8230; Sé que he cambiado mucho.<br><strong>Él</strong> – Bueno, sí, es normal.<br><strong>Ella</strong> – Yo, en cambio&#8230; Te he visto crecer&#8230;<br><strong>Él</strong> – Sí. Incluso envejecer un poco. Así que, claro&#8230; No es el mismo impacto.<br><em>Silencio.</em><br><strong>Ella</strong> – Podríamos volver a vernos&#8230;<br><strong>Él</strong> – Si vives enfrente&#8230; Seguro que volveremos a vernos&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Vale&#8230; Entonces me voy&#8230;<br><em>Ella se dispone a marcharse.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Es verdad, esa historia?<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué historia?<br><strong>Él</strong> – Lo de preescolar&#8230; y todo lo demás.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tú qué crees?<br><strong>Él</strong> – No lo sé&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué prefieres?<br><strong>Él</strong> – Es una historia bonita.<br><strong>Ella</strong> – Entonces digamos que es verdad&#8230;<br><em>Ella se va.</em></p>



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		<item>
		<title>Código confidencial</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/codigo-confidencial-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 15:12:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Sátira]]></category>
		<category><![CDATA[Vacaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Viaje]]></category>
		<category><![CDATA[Código]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de comedia para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Una pareja de vacaciones intenta recordar un código secreto para poder sacar dinero.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia para dos actores sobre la memoria, la tecnología y los absurdos de la vida cotidiana</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Están de pie, frente al público.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Entonces?<br><strong>Ella</strong> – No, de verdad que no me acuerdo&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Estás segura de que no lo anotaste en algún sitio?<br><strong>Ella</strong> – ¡Sí! Sí, claro que lo anoté en algún sitio.<br><strong>Él</strong> – ¿Y entonces&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – El problema es que ya no sé dónde lo apunté.<br><strong>Él</strong> – Ya&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Lo suyo con los códigos secretos no es ponerlos bien grandes en la puerta del frigorífico&#8230; o escritos en la maleta cuando te vas de viaje.<br><strong>Él</strong> – Lo suyo es sobre todo acordarse de dónde los has escondido.<br><strong>Ella</strong> – Pues eso. Debí esconderlo muy bien, porque ni yo soy capaz de encontrarlo.<br><strong>Él</strong> – ¿Y no te acuerdas del código, ni una pista?<br><strong>Ella</strong> – No estoy muy segura. Solo me quedan tres intentos, y ya he gastado dos.<br><strong>Él</strong> – Parece que hablamos de un genio de lámpara al que solo puedes pedir tres deseos.<br><strong>Ella</strong> – Estoy intentando acordarme&#8230; Tenemos tantas contraseñas&#8230;<br><strong>Él</strong> – Yo uso la misma para todo, así nunca se me olvida.<br><strong>Ella</strong> – Y así, si te hackean una, te hackean todo.<br><strong>Él</strong> – Pero al menos puedo entrar a mi cuenta.<br><strong>Ella</strong> – Pues venga, entra a tu cuenta.<br><strong>Él</strong> – He perdido la tarjeta, ya lo sabes.<br><strong>Ella</strong> – Tú te acuerdas del código pero no tienes tarjeta. Yo no he perdido la tarjeta pero no me acuerdo del código.<br><strong>Él</strong> – ¿No era tu fecha de nacimiento?<br><strong>Ella</strong> – Nunca revelo mi fecha de nacimiento. Ni siquiera al banco.<br><strong>Él</strong> – ¿Tu número de la Seguridad Social?<br><strong>Ella</strong> – Pues mira, intento elegir contraseñas un poco más difíciles de adivinar.<br><strong>Él</strong> – Difíciles incluso para ti&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Creo que esta vez no era solo una serie de números al azar, como hago con mi boleto de lotería.<br><strong>Él</strong> – Ya, ¿pero no recuerdas el número premiado?<br><strong>Ella</strong> – Solo nos queda un intento. Si no es el código correcto, la tarjeta será tragada&#8230; y vamos a morirnos de hambre.<br><strong>Él</strong> – Como todos los habitantes de este maldito país, por cierto. ¿A quién se le ocurrió venir aquí de vacaciones&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – Esa fue idea tuya, te recuerdo. Yo quería ir a Galicia. En Galicia no habríamos muerto de hambre.<br><strong>Él</strong> – Vale, no dramatices. Siempre podemos ir al consulado&#8230;<br><strong>Ella</strong> – El consulado más cercano está a doscientos kilómetros. Y ni siquiera sabemos dónde vamos a dormir esta noche&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Y entonces qué propones?<br><strong>Ella</strong> – No hay elección. Hay que intentarlo.<br><strong>Él</strong> – ¿Intentarlo cómo?<br><strong>Ella</strong> – Voy a probar con un código al azar, fiándome de la memoria de mis dedos. Lo he marcado miles de veces. Seguro que mis dedos se acuerdan.<br><strong>Él</strong> – ¿Tú crees?<br><strong>Ella</strong> – Cuanto más lo pienso, menos me acuerdo. Así que voy a no pensar en nada&#8230; y teclear el código.<br><strong>Él</strong> – No sé si es buena idea&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Tienes otra solución?<br><strong>Él</strong> – No&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Entonces, allá voy.<br><strong>Él</strong> – OK&#8230; Pero concéntrate bien.<br><strong>Ella</strong> – ¡Ni hablar! ¡Te digo que no tengo que pensar en nada!<br><strong>Él</strong> – Vale, pues no pienses en nada.<br><strong>Ella</strong> – Estoy intentando&#8230;<br><strong>Él</strong> – Estoy seguro de que vas a lograrlo&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Me siento como si saltara al vacío&#8230; Allá voy&#8230;<br><em>Ella cierra los ojos y teclea un código. Contienen la respiración.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Y bien?<br><strong>Ella</strong> – ¡Ha funcionado!<br><strong>Él</strong> – ¡Aleluya!<br><strong>Ella</strong> – Así que tenemos algo de dinero, pero en el extranjero solo dejan sacar cien euros por retirada.<br><strong>Él</strong> – No vamos a llegar muy lejos con eso. Bueno, siempre podremos sacar más, ahora que has recuperado el código&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Bueno, en realidad&#8230;<br><em>Ella parece preocupada.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Qué pasa?<br><strong>Ella</strong> – Pues&#8230; he tecleado el código sin pensar&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Y&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – No tengo ni idea de qué he tecleado.<br><strong>Él</strong> – ¿No lo viste?<br><strong>Ella</strong> – Cerré los ojos&#8230; para no pensar en nada.<br><em>Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – Presiento que estas vacaciones van a ser&#8230; inolvidables.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



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		<item>
		<title>Homenaje</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/homenaje-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 15:07:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Compañero de trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Ejecutivo]]></category>
		<category><![CDATA[Empresa]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Muerte]]></category>
		<category><![CDATA[Sátira]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de humor negro para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Un discurso fúnebre se vuelve absurdo cuando el orador olvida quién ha muerto.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de humor negro para dos actores sobre la muerte, la memoria y la hipocresía</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Están de pie uno al lado del otro frente al público, él un poco más adelantado, ella ligeramente en segundo plano. Lucen una sonrisa forzada y una expresión solemne. Él carraspea y saca un papel del bolsillo, al que echará miradas de vez en cuando.</em><br><strong>Él</strong> – Queridos amigos, queridos compañeros&#8230; Estamos aquí reunidos para rendir homenaje a la memoria de Juan Antonio, que por desgracia nos dejó bruscamente hace unos días. Para todos nosotros, Juan Antonio era mucho más que un compañero, era un amigo, me atrevería a decir incluso, casi un miembro de la familia&#8230; Juan Antonio era un hombre&#8230;<br><em>Ella intenta llamarle discretamente la atención tosiendo. Al ver que él no reacciona, se inclina y le susurra algo al oído.</em><br><strong>Él</strong> – Perdonad que haya dicho mal el nombre de nuestro querido difunto. La emoción, sin duda&#8230; Juan Pablo era un hombre&#8230; discreto, pero querido por todos. A lo largo de su carrera en el Servicio de Vialidad&#8230;<em>(Ella le lanza otra mirada incómoda y tose. Él mira su papel y se corrige.)</em>&#8230;A lo largo de su carrera en el Servicio de Catastro, añadiría, al servicio de sus conciudadanos y por tanto al servicio de la Patria, Juan Manuel nunca dio que hablar por un mal gesto, un arrebato o una palabra más alta que otra. No, Juan Manuel no era de los que se hacen notar. Siempre dispuesto en el comedor a ceder su sitio en la cola a alguien con más prisa. Siempre disponible para sustituir a un compañero de baja. Siempre voluntario para coger las vacaciones de verano en enero, para que otros pudieran irse al sol con sus familias. Sí, más que un hombre discreto, podríamos decir que Juan Francisco, ya en vida, había optado por borrarse. Pero lo hacía para dar más espacio a los que amaba. Sí, Juan Jesús, dado lo poco que ocupabas en este mundo, podemos decir que tu ausencia deja un gran vacío. En vísperas de la jubilación, te vas como viviste. Sin molestar. Al menos moriste en paz. Fue el corazón el que falló, sin duda porque lo tenías demasiado grande&#8230; <em>(Ella le susurra algo al oído.)</em> El corazón&#8230; y también, me dicen,  el tranvía que te atropelló justo al salir de casa. Ese tranvía que debía llevarte aquí para lo que habría sido tu último día de trabajo, y que al final te llevó directamente al final del trayecto. Te vas rodeado, aun así, del amor de los tuyos, sobre todo de tu fiel esposa&#8230;<em>(Ella le hace un gesto. Él se corrige.)</em> Esa esposa de la que, por desgracia, te habías divorciado hace ya muchos años&#8230; Dicen que lo más duro es para los que se quedan. Por suerte, no dejas viuda ni hijos. Pero tu familia, aun así, te llora, Juan Pedro. Porque tu familia&#8230; éramos nosotros. Gracias a todos por haber estado aquí para rendir un último homenaje a nuestro llorado Juan Carlos. Que descanse en paz. Y que por fin disfrute, tras este último viaje, el único que hizo, por cierto, de esa jubilación eterna tan merecida. Y que, al menos esa, no costará nada a su caja de pensiones. Adiós Juan José, tus compañeros no te olvidarán jamás&#8230;<br><em>Transición. El público se supone que se dispersa. Ellos se quedan solos.</em><br><strong>Él</strong> <em>(guardando el papel)</em> – Joder, qué suplicio&#8230; ¿Quién coño me escribió esta bazofia? ¿Ha sido usted?<br><strong>Ella</strong> – Fue su primer teniente de alcalde. La verdad, no parecía muy cercano al difunto.<br><strong>Él</strong> – Yo tampoco&#8230; ¿Usted lo conocía, a este tipo?<br><strong>Ella</strong> – No personalmente. Era una persona muy discreta.<br><strong>Él</strong> – ¿Está segura de que está muerto, al menos?<br><strong>Ella</strong> – Oh, sí, creo que sí&#8230; Lo voy a comprobar.</p>



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		<item>
		<title>Confesión</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/confesion-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 15:03:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Conocimiento]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Sacerdote]]></category>
		<category><![CDATA[Sátira]]></category>
		<category><![CDATA[Secreto]]></category>
		<category><![CDATA[Sentido de la vida]]></category>
		<category><![CDATA[Sueño]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de comedia para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Una mujer confiesa a un sacerdote que ha descubierto el secreto del universo.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia filosófica para dos actores sobre la religión, la memoria y los misterios del universo</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Él está allí, sentado frente al público. Ella llega y se sienta también.</em><br><strong>Él</strong> – Le escucho, hija mía&#8230;<br><strong>Ella</strong> – No es fácil, padre.<br><strong>Él</strong> – A través de mí, estarás confesando tus pecados ante nuestro Señor. Recuerda que para Él, pecado confesado es pecado medio perdonado. Y si además te arrepientes con sinceridad, hagas lo que hayas hecho, serás absuelta.<br><strong>Ella</strong> – Verá, no se trata exactamente de un pecado.<br><strong>Él</strong> – Si crees no haber pecado, ¿por qué vienes a confesarte? Pero ya sabes, todos pecamos, por desgracia.<br><strong>Ella</strong> – ¿Incluso usted?<br><strong>Él</strong> – Por supuesto, incluso yo. No soy más que un hombre.<br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿a quién se confiesa usted? Siempre me he hecho esa pregunta. Como con los peluqueros. ¿Quién les corta el pelo? O con los médicos. Nunca pensamos que un médico pueda estar enfermo. Y sin embargo, también son humanos&#8230;<br><strong>Él</strong> – Creo que nos estamos desviando, hija mía. ¿Hace cuánto que no te confiesas?<br><strong>Ella</strong> – Nunca me he confesado.<br><strong>Él</strong> – En ese caso, ¿cómo puedes afirmar que nunca has pecado? Aunque fueras una santa&#8230;<br><strong>Ella</strong> – No soy una santa, pero lo que tengo que contarle es realmente extraordinario.<br><strong>Él</strong> – Bien&#8230; Si eso puede ayudarte, te escucho. Y veremos juntos si lo que has hecho es o no un pecado.<br><strong>Ella</strong> – Pues verá, padre, con toda modestia, creo haber resuelto el misterio del universo.<br><strong>Él</strong> – ¿El misterio de&#8230;? Si esto es una broma, debes saber que burlarse así de la confesión, que es uno de nuestros sacramentos más sagrados, ya es un pecado.<br><strong>Ella</strong> – Sabía que me tomaría por loca&#8230; Pero por eso mismo he venido. Si usted no me escucha, ¿quién lo hará?<br><strong>Él</strong> – Muy bien, entonces la escucho&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Pues verá, doctor&#8230;<br><strong>Él</strong> – Padre.<br><strong>Ella</strong> – Perdón&#8230; Pues verá, padre&#8230; creo que he entendido cómo funciona todo esto. Cómo funciona. Y sobre todo, por qué.<br><strong>Él</strong> – ¿Todo esto?<br><strong>Ella</strong> – ¡El mundo! La vida, la muerte, el bien, el mal&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Nada más?<br><strong>Ella</strong> – El universo, las galaxias, los agujeros negros, los extraterrestres&#8230;<br><strong>Él</strong> – Ya veo&#8230; ¿Y cómo afirma haber alcanzado semejante conocimiento universal? ¿Es usted científica, quizás? Si es así, entendámonos: mi campo es el de la duda, la creencia y la fe. No el de la certeza, la verdad y el saber.<br><strong>Ella</strong> – Aquí viene lo sorprendente. No soy en absoluto científica. Siempre he sido un desastre en matemáticas. Pero desde niña me hago preguntas sobre todo esto. ¿Usted no?<br><strong>Él</strong> – Sí&#8230; A mi manera&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Y usted también, a su manera, cree haber encontrado la verdad.<br><strong>Él</strong> – Hablemos mejor de lo que la trae por aquí&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Por supuesto. Bastante pronto entendí que nunca encontraría las respuestas a las preguntas que la humanidad se hace desde hace milenios sin obtener ninguna respuesta.<br><strong>Él</strong> – ¿Y&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – Y sin embargo, cuando ya no lo esperaba, anoche, todo se iluminó de golpe.<br><strong>Él</strong> – ¿De verdad?<br><strong>Ella</strong> – Dormía profundamente. Me desperté empapada en sudor. Y la solución se me apareció como un destello.<br><strong>Él</strong> – No me diga que tuvo una aparición milagrosa&#8230; ¿Que vio a la Virgen&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – No, claro que no. Y además, en cuanto al secreto del universo, le adelanto ya que Dios no tiene mucho que ver en ello. Por eso mismo quería hablar con usted primero. Para que pudiera comentarlo con&#8230; su jefe.<br><strong>Él</strong> – Muy amable por su parte, pero&#8230; por curiosidad, ¿podría decirme en líneas generales qué cree haber descubierto?<br><strong>Ella</strong> – Ya verá, en realidad, es de una sencillez&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Bíblica?<br><strong>Ella</strong> – Yo esperaba algo extremadamente complicado. Porque los científicos por un lado, y los filósofos por otro, jamás han conseguido encontrar el comienzo del inicio de una explicación.<br><strong>Él</strong> – ¿Y&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – Pues al final, no. Es muy simple. Aunque claro, sorprendente. Si no, ya se le habría ocurrido a alguien antes que a mí&#8230;<br><strong>Él</strong> – Le confieso que ha despertado mi curiosidad. La escucho&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Como esa explicación me vino en sueños, me apresuré a anotarla en un papel. Porque por simple que sea&#8230; Ya sabe cómo son los sueños. Casi siempre, nada más despertarse, se olvidan.<br><strong>Él</strong> – Entonces, le ruego que no me haga esperar más. Además, tengo varios feligreses esperando para confesarse después de usted&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Pues eso&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Sí?<br><strong>Ella</strong> – Un momento, se lo digo enseguida&#8230;<br><em>Ella busca en vano el papel dentro de su bolso.</em><br><strong>Ella</strong> – ¡Joder!<br><strong>Él</strong> – ¿Qué pasa ahora?<br><strong>Ella</strong> – No sé qué hice con ese papel. Estaba convencida de haberlo metido en el bolso&#8230;<br><strong>Él</strong> – Pero se acordará, más o menos, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Ya le digo&#8230; Es como los sueños&#8230; Todo es clarísimo mientras duermes. Todo parece simple y evidente, pero&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Sí?<br><strong>Ella</strong> – Ay, no puede ser&#8230; Lo tengo en la punta de la lengua&#8230;<br><strong>Él</strong> – Ya veo&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Ay, no, qué rabia&#8230; ¡El secreto del universo! Lo tenía&#8230; y&#8230; se me ha ido de la cabeza.<br><strong>Él</strong> – ¿De verdad?<br><strong>Ella</strong> – No, espere, seguro que me vuelve&#8230; Tenía que ver con&#8230; Ay, mierda, no me acuerdo&#8230;<br><strong>Él</strong> – Bien&#8230; ¿Y no tiene nada más que confesarme?<br><strong>Ella</strong> – No&#8230;<br><strong>Él</strong> – En ese caso, le pido que se retire. Entre mis feligreses hay personas más desdichadas que usted que esperan el consuelo de la religión.<br><strong>Ella</strong> – Por supuesto, discúlpeme. Pero voy a volver a pensarlo, y si me acuerdo&#8230;<br><strong>Él</strong> – Eso, vuélvalo a pensar, y si le vuelve a la mente, venga a verme, ¿de acuerdo?<br><strong>Ella</strong> – Gracias. ¿Cuánto le debo, doctor?<br><strong>Él</strong> – Puede dejar una ofrenda en el cepillo al salir.<br><strong>Ella</strong> – Me va a volver, estoy segura&#8230; Y quizás encuentre ese maldito papel&#8230; No era tan largo como una Biblia, claro, pero&#8230; Cabía en una sola frase.<br><strong>Él</strong> – ¿En una frase?<br><strong>Ella</strong> – Por desgracia&#8230; la he olvidado.</p>



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		<title>Regreso al futuro</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/regreso-al-futuro-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 15:00:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Consultorio médico]]></category>
		<category><![CDATA[Distopía]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Investigador]]></category>
		<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Parodia]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Sátira]]></category>
		<category><![CDATA[Fin del mundo]]></category>
		<category><![CDATA[Humanidad]]></category>
		<category><![CDATA[Medicina]]></category>
		<category><![CDATA[Mono]]></category>
		<category><![CDATA[Virus]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de ciencia ficción y humor para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Un experimento absurdo pretende salvar a la humanidad invirtiendo la evolución.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia y ciencia ficción para dos actores sobre la evolución humana y el futuro de la humanidad</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Ella está allí, con una bata blanca. Él entra con ropa de calle.</em><br><strong>Ella</strong> – Buenos días, señor. Le agradezco que haya aceptado participar en este experimento, que, como le recuerdo, forma parte de un programa de investigación estrictamente confidencial y, de hecho, clasificado como secreto de Estado.<br><strong>Él</strong> – Si he aceptado su propuesta, que conste, no ha sido por la generosa indemnización que ofrecen por participar en este protocolo de ensayo terapéutico, sino por puro civismo. Soy católico practicante, pero también sindicalista. Si mi modesta contribución puede ayudar a curar a la Humanidad de uno de los muchos males que todavía la aquejan&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Sí&#8230; A ese respecto, llegamos al objeto de este programa de investigación, que no consideramos útil revelar a los participantes hasta que hubieran sido definitivamente seleccionados. Pero ahora que forma parte de esta aventura, debemos ser claros sobre el objetivo que perseguimos y las razones que nos han llevado a poner en marcha este programa, bautizado como “<em>Regreso al futuro</em>”.<br><strong>Él</strong> – ¿<em>Regreso al futuro</em>?<br><strong>Ella</strong> – Pronto entenderá por qué.<br><strong>Él</strong> – Pero esto va de probar un nuevo medicamento, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – En realidad&#8230; no exactamente.<br><strong>Él</strong> – Me tiene intrigado, doctora.<br><strong>Ella</strong> – A decir verdad, estimado señor, lo que nos interesa es su esperma.<br><strong>Él</strong> – Ahora ya no me intriga, me asusta.<br><strong>Ella</strong> – Hace un momento hablaba usted de los múltiples males que aún afectan a la Humanidad.<br><strong>Él</strong> – Pensaba en el virus del Ébola, el coronavirus, el SIDA&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Enfermedades bien reales, contra las cuales, por desgracia, aún no se ha encontrado ninguna vacuna eficaz.<br><strong>Él</strong> – Pero&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Pero, siendo honestos, señor, si uno analiza las cosas de manera objetiva, ¿son realmente esos virus los que amenazan la existencia misma de la Humanidad?<br><strong>Él</strong> – No, probablemente no.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y según usted, cuál es ese mal que lleva nuestro planeta a la ruina?<br><strong>Él</strong> – Yo&#8230; no lo sé&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Esa plaga, señor, es el Hombre.<br><strong>Él</strong> – ¿El hombre?<br><strong>Ella</strong> – Bueno, la mujer también, por supuesto. Me refiero al ser humano en general.<br><strong>Él</strong> – Ah, claro&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Superpoblación, deforestación, agotamiento de los recursos, cambio climático, guerra nuclear&#8230;<br><strong>Él</strong> – Sí, de acuerdo, pero&#8230; ¿qué tiene que ver mi esperma con todo eso?<br><strong>Ella</strong> – Señor, la situación, según los datos que tenemos, es aún más desesperada de lo que imagina.<br><strong>Él</strong> – ¿De verdad&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – A partir de ese trágico diagnóstico, llegamos a la única solución posible para evitar la catástrofe final, es decir, el fin del mundo.<br><strong>Él</strong> – Le escucho&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Alguna vez, al enfrentarse a todas las atrocidades de las que es capaz el ser humano, se ha hecho esta pregunta tan simple: “¿Cuándo empezó todo a irse al traste?”<br><strong>Él</strong> – Sí, bueno&#8230; ¿Y según usted?<br><strong>Ella</strong> – La respuesta, por desgracia, es evidente: cuando el mono se convirtió en <em>Homo sapiens</em>.<br><strong>Él</strong> – Ah, ya&#8230;<br><strong>Ella</strong> – O, según sus creencias, ya que es católico, cuando Dios creó al Hombre.<br><strong>Él</strong> – ¿Cree que fue un error?<br><strong>Ella</strong> – Basta ver los resultados hoy en día para convencerse. Fue una auténtica bomba de relojería.<br><strong>Él</strong> – Bien&#8230; ¿Y qué propone exactamente?<br><strong>Ella</strong> – Primero pensamos en crear un superhombre. Pero eso ya se intentó en el pasado, con las consecuencias nefastas que conocemos. Con el hombre vamos al desastre. Con el superhombre, corremos hacia él.<br><strong>Él</strong> – Ya veo&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Así que no hay que buscar la solución en avanzar, sino en retroceder.<br><strong>Él</strong> – ¿Retroceder?<br><strong>Ella</strong> – Los mayores científicos del mundo, junto con destacados expertos en ciencias humanas —incluidos filósofos de renombre—, se reunieron en secreto hace unos meses bajo el auspicio de la ONU. Su conclusión fue clara: la única solución a largo plazo para salvar la Tierra es hacer retroceder al ser humano hasta el estado de mono.<br><strong>Él</strong> – ¿Cómo que hacer retroceder&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – No de golpe, por supuesto. Pero sí modificando poco a poco, mediante una selección natural dirigida, las características genéticas de nuestros descendientes. Y ahí es donde lo necesitamos a usted.<br><strong>Él</strong> – ¿A mí?<br><strong>Ella</strong> – Bueno, a su esperma, en realidad.<br><strong>Él</strong> – Explíquese&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Estudios científicos demuestran que, entre todas las categorías de la población mundial, los católicos practicantes son genéticamente los más cercanos al mono.<br><strong>Él</strong> – ¿De verdad?<br><strong>Ella</strong> – En realidad, esto se aplica a los creyentes en general. Pero contactamos con una muestra de extremistas de otras confesiones y se negaron a colaborar&#8230;<br><strong>Él</strong> – Ya entiendo&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Además, no íbamos a crear una nueva especie humana más parecida al simio solo a partir de genes de fanáticos religiosos. Hay monos muy agresivos también, ¿sabe?<br><strong>Él</strong> – Por supuesto&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Por eso también hemos hecho una criba entre los católicos practicantes.<br><strong>Él</strong> – ¿Y por qué yo?<br><strong>Ella</strong> – Aquí es donde entra en juego su faceta sindicalista. Siempre que sea de un sindicato reformista, claro está. Entre los católicos practicantes, los que también son miembros de un sindicato parecen ser los menos agresivos y los más dispuestos a colaborar.<br><strong>Él</strong> – Comprendo.<br><strong>Ella</strong> – Ahora que ya lo sabe todo, le vuelvo a formular la pregunta, estimado señor: ¿Está dispuesto, donando su esperma, a participar en la regeneración de la especie humana, haciéndola retroceder al estado de simio?<br><strong>Él</strong> – Reconozco que esta propuesta&#8230; me deja un poco descolocado.<br><strong>Ella</strong> – Ahora entiende mejor el nombre de esta misión desesperada: <em>Regreso al futuro</em>. Al devolver al Hombre a su estado primitivo, esperamos que en su evolución futura elija un camino más sensato&#8230;<br><strong>Él</strong> – Agradezco el honor que se me concede, y soy consciente de la responsabilidad. Por eso le confirmo mi acuerdo para participar en esta operación de salvación de la Humanidad.<br><strong>Ella</strong> – Gracias, estimado señor, su respuesta no me sorprende, conociendo lo que sabemos de usted. Me pondré en contacto muy pronto para comenzar el protocolo.<br><strong>Él</strong> – Estoy a su entera disposición.<br><strong>Ella</strong> – Gracias a usted, dentro de dos o tres generaciones, el Hombre habrá olvidado hasta el recuerdo de haber sido Hombre.<br><em>Él sale. Ella coge su móvil y marca un número.</em><br><strong>Ella</strong> – No te lo vas a creer, pero ha aceptado&#8230;</p>



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		<title>Blanco y negro</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/blanco-y-negro-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 14:44:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Creatividad]]></category>
		<category><![CDATA[Editor]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Oficina]]></category>
		<category><![CDATA[Sátira]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de comedia para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Un escritor presenta a su agente literaria una novela revolucionaria de páginas blancas y negras.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia satírica para dos actores sobre el arte, la literatura y las pretensiones artísticas</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Ella está allí. Él entra con un cuaderno grueso en la mano.</em><br><strong>Ella</strong> – Hola, hola&#8230; Pase, pase&#8230;<br><strong>Él</strong> – Gracias, gracias&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿No le ha costado mucho llegar? Con estas huelgas&#8230;<br><strong>Él</strong> – Vivo justo enfrente.<br><strong>Ella</strong> – ¿Enfrente? ¿Quiere decir&#8230;?<br><strong>Él</strong> – El edificio de enfrente.<br><strong>Ella</strong> – Ah, vale, vale&#8230; No sabía que&#8230; Qué curioso, estaba convencida de que esa ventana, en la pared de enfrente, era un trampantojo.<br><strong>Él</strong> – ¿Un trampantojo?<br><strong>Ella</strong> – Sí. Que la ventana estaba pintada en la pared. Nunca he visto moverse nada detrás de ese cristal.<br><strong>Él</strong> – Y sin embargo, aquí estoy, como puede ver&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Ya veo&#8230; Así que, desde su salón, ve todo lo que pasa aquí.<br><strong>Él</strong> – Absolutamente todo&#8230;<br><em>Ella ríe nerviosamente, como para tranquilizarse.</em><br><strong>Ella</strong> – En fin&#8230; ¿Qué podría pasar de interesante en el despacho de una agente literaria?<br><strong>Él</strong> – Eso me lo dirá usted.<br><strong>Ella</strong> – Claro, claro&#8230; Entonces, ¿cómo va esa nueva novela?<br><strong>Él</strong> – Casi terminada.<br><strong>Ella</strong> – Muy bien, muy bien&#8230; Espero que sea original, porque ya sabe&#8230; La temporada literaria está cada vez más saturada&#8230; Un montón de gente contando su triste vida, convencida de que va a apasionar al mundo entero.<br><strong>Él</strong> – Tranquila, no es una autoficción.<br><strong>Ella</strong> – Menos mal, menos mal&#8230; No, lo que necesitamos hoy es un nuevo Borges. Alguien que sea capaz todavía de renovar los códigos de la novela clásica.<br><strong>Él</strong> – Ya verá. Le va a sorprender. Y no me extrañaría que al salir de aquí me llamara bruto.<br><strong>Ella</strong> – ¡Por supuesto! Hay que hacerlo saltar todo por los aires. Como la Movida madrileña. Sabemos que no durará, pero en el momento, al menos, uno se desahoga&#8230;<br><strong>Él</strong> – Es curioso que diga “desahoga”, porque justamente&#8230; Lo entenderá cuando eche un vistazo a mi manuscrito&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Ahora sí que me intriga, querido amigo. Estoy deseando verlo. ¿Me ha traído algunas buenas páginas?<br><strong>Él</strong> – Está casi terminado. Tenga, si quiere echarle un vistazo&#8230;<br><em>Le tiende el grueso cuaderno.</em><br><strong>Ella</strong> – Muy bien, muy bien&#8230; Ah, sí, es un buen tocho, por lo que veo&#8230; ¿No es demasiado largo? Ya sabe, ahora, más de 200 páginas&#8230; ¿Qué quiere que le diga? Es la generación SMS. La gente ha perdido la costumbre de pasar páginas&#8230;<br><em>Saca sus gafas de presbicia.</em><br><strong>Él</strong> – Son unas 900 páginas. Pero verá, se lee muy fácilmente.<br><strong>Ella</strong> – Bien, bien&#8230; ¿Y cómo se titula?<br><strong>Él</strong> – <em>El blanco y el negro.</em><br><strong>Ella</strong> – <em>El blanco y el negro</em>&#8230; ¿Un homenaje al cine clásico estadounidense en blanco y negro, quizá?<br><strong>Él</strong> – Más bien a la pintura moderna&#8230; Por eso le decía antes que&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Me encanta Picasso. Pero no conocía su periodo en blanco y negro&#8230;<br><strong>Él</strong> – De hecho, para el título, al principio pensé en&#8230; <em>Memorias de ultranegro.</em><br><strong>Ella</strong> – Ah, claro&#8230; Pero dígame&#8230; ¿Está seguro de que con todo eso va a revolucionar la historia de la literatura?<br><strong>Él</strong> – Ya verá, es muy sorprendente.<br><strong>Ella</strong> – Muy bien, muy bien&#8230; veamos entonces.<br><em>Abre el cuaderno y empieza a mirar. Pasa algunas páginas.</em><br><strong>Él</strong> – Le dejo un momento para que se haga una idea&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Sí&#8230; pero dígame. Por lo que veo, ha dejado varias páginas en blanco al principio. ¿Dónde empieza exactamente?<br><strong>Él</strong> – Ya ha empezado.<br><strong>Ella</strong> – ¿Perdón?<br><strong>Él</strong> – Esas páginas en blanco forman parte de la novela.<br><strong>Ella</strong> – No estoy segura de entenderle&#8230;<br><strong>Él</strong> – Ya le advertí que la sorprendería. Verá. He calculado que, de media, en una página de novela, los caracteres impresos —en negro, claro— ocupan un ocho por ciento de la superficie de la página blanca.<br><strong>Ella</strong> – ¿Ocho por ciento?<br><strong>Él</strong> – De media. Depende del tipo de letra que use la imprenta, por supuesto. Con un tipo más grande y más grueso, puede llegar a nueve o incluso diez por ciento.<br><strong>Ella</strong> – ¿De verdad&#8230;? ¿Y entonces&#8230;?<br><strong>Él</strong> – Entonces se me ocurrió separar el blanco del negro.<br><strong>Ella</strong> – Qué ocurrencia.<br><strong>Él</strong> – Luego me pregunté si debía empezar por el blanco y luego el negro, o al revés&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Ah, claro&#8230;<br><strong>Él</strong> – Al final decidí empezar por el blanco&#8230; Para crear&#8230; una expectativa en el lector, ¿sabe?<br><strong>Ella</strong> – Ya, ya&#8230;<br><strong>Él</strong> – Una especie de suspense, si lo prefiere.<br><strong>Ella</strong> – No estoy segura de saber lo que prefiero&#8230; <em>(Hojeando)</em> ¿Y entonces, todas las páginas están en blanco?<br><strong>Él</strong> – En absoluto. Y ahí es donde se pone interesante. Para simplificar, tomé una media del diez por ciento. Así que, sistemáticamente, después de nueve páginas en blanco, viene una página negra.<br><strong>Ella</strong> – ¿Negra?<br><strong>Él</strong> – Totalmente negra.<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué negra?<br><strong>Él</strong> – Sabía que eso la desconcertaría un poco. Pero era lo que quería, ¿no? Algo nuevo.<br><strong>Ella</strong> – Sí, bueno&#8230;<br><strong>Él</strong> – Esa página negra, que viene después de nueve en blanco, concentra toda la tinta que normalmente se habría usado para rellenar —como se suele decir— esas nueve páginas anteriores, que en mi novela, quedarán en blanco. ¿Lo entiende?<br><strong>Ella</strong> – Sí, lo entiendo&#8230;<br><strong>Él</strong> – Veo que se queda un poco perpleja, es normal. Como todo lo nuevo, puede desconcertar al principio. Así que me permitirá usar una metáfora, para ayudarla a captar mejor lo revolucionario de esta novela.<br><strong>Ella</strong> – ¿Una metáfora?<br><strong>Él</strong> – Una novela es como una tortilla. Pero ya estamos hartos de las tortillas. Aunque le eches cebolla, patata, hierbas&#8230; sigue siendo una tortilla. Yo he optado por una decisión radical, y vuelvo a los fundamentos. Separar la clara de la yema. O el blanco del negro, en este caso. De ahí el título&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Se está burlando de mí? ¿Es eso?<br><strong>Él</strong> – Sabía que diría eso&#8230; Pero no&#8230; No más que todos esos pintores que le venden cuadros completamente blancos o completamente negros, llamando a eso <em>monocromo</em> con toda la pompa.<br><strong>Ella</strong> – Claro que sí&#8230;<br><strong>Él</strong> – Esta primera novela del género es un gesto fundador. Más adelante, claro, podré escribir otras, en las que el blanco ya no será del todo blanco, y el negro no será del todo negro. Pero eso sí: ¡respetando siempre esa proporción sagrada del diez por ciento!<br><strong>Ella</strong> – Diez por ciento.<br><strong>Él</strong> – Los pintores tienen su número áureo, ¿por qué nosotros, los escritores, no íbamos a tener el nuestro? Y la prueba de que ese número es sagrado: ¡usted me cobra justo un diez por ciento de comisión como agente sobre todos mis derechos de autor!<br><strong>Ella</strong> – ¿Y de verdad cree que le voy a adelantar dinero por esta tomadura de pelo?<br><strong>Él</strong> – Ya se lo dije: vivo justo enfrente&#8230; y desde mi casa veo todo lo que pasa en este despacho.<br><strong>Ella</strong> – ¿Todo?<br><strong>Él</strong> – Todo. Incluso tengo vídeos&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Ya veo&#8230; Y&#8230; ¿cuánto quiere para olvidar todo lo que ha visto?</p>



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		<item>
		<title>Trampantojo</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/trampantojo-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 14:39:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Soledad]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro dentro del teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Arbol]]></category>
		<category><![CDATA[Dios]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de comedia para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Una ventana misteriosa lleva a dos personajes a cuestionar la realidad y las apariencias.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia para dos actores sobre las ilusiones ópticas, las apariencias y la realidad</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>De pie frente al público, miran hacia el muro del fondo.</em><br><strong>Él</strong> – Hace buen tiempo, ¿eh?<br><strong>Ella</strong> – Pero hay mucho viento.<br><strong>Él</strong> – Sí. Es el viento el que ha echado las nubes&#8230;<br><em>Silencio.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Ves la ventana de enfrente?<br><strong>Él</strong> – ¿Qué ventana?<br><strong>Ella</strong> – Allí, medio escondida entre el follaje de ese árbol.<br><strong>Él</strong> – Ah sí, esa&#8230; Qué curioso, nunca se ve luz por la noche.<br><strong>Ella</strong> – No sé quién puede vivir ahí.<br><strong>Él</strong> – A lo mejor nadie. Puede que esté vacía. Suele pasar&#8230;<br><strong>Ella</strong> – No sé&#8230; Durante el día, me parece ver siluetas tras los cristales. A través de las ramas.<br><strong>Él</strong> – ¿Ah, sí?<br><strong>Ella</strong> – Un hombre y una mujer, creo.<br><strong>Él</strong> – Me recuerda a una película&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué película?<br><strong>Él</strong> – ¡La ventana indiscreta! No me digas que además has creído ver a ese hombre asesinar a su mujer&#8230;<br><strong>Ella</strong> – No, pero aun así&#8230; Tengo la impresión de que pasa algo raro detrás de esa ventana.<br><strong>Él</strong> – ¿No tienes otra cosa que hacer que espiar lo que pasa en el edificio de enfrente?<br><em>Ella sonríe y vuelve a mirar con más atención.</em><br><strong>Ella</strong> – Espera un momento&#8230; Es increíble. Parece que&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Qué?<br><strong>Ella</strong> – Hoy hace un viento terrible, y las hojas de ese árbol no se mueven en absoluto.<br><em>Él también mira.</em><br><strong>Él</strong> – Ah, sí, es curioso, la verdad&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Te vas a reír pero&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Sí?<br><strong>Ella</strong> – El árbol&#8230; es un trampantojo.<br><strong>Él</strong> – ¿Un trampantojo?<br><strong>Ella</strong> – Te lo juro. Mira.<br><em>Él mira con más atención.</em><br><strong>Él</strong> – Ah, sí. Nunca me había fijado.<br><strong>Ella</strong> – Ya me lo decía yo&#8230;<br><strong>Él</strong> – Pero entonces&#8230; si el árbol es un trampantojo, la ventana también.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tú crees?<br><strong>Él</strong> – ¿Cómo va a ocultar un árbol falso una ventana real?<br><strong>Ella</strong> – Sí, tienes razón.<br><strong>Ella</strong> – Si el árbol está pintado en el muro de enfrente, entonces la ventana también lo está.<br><strong>Él</strong> – Un árbol que no existe, ocultando una ventana que tampoco existe.<br><strong>Ella</strong> – Por eso la ilusión funciona tan bien. Uno se dice que si algo está escondido, es porque es real. ¿Para qué ocultar algo que no existe?<br><strong>Él</strong> – Como Dios, al final. La gente cree en él precisamente porque nunca se le ve.<br><strong>Ella</strong> – Si Dios anduviera por los supermercados con una barba postiza y un disfraz raído, como Papá Noel en Navidad, está claro que la gente no creería en él mucho tiempo.<br><strong>Él</strong> – Sí&#8230;<br><em>Silencio.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Y si nosotros también fuéramos trampantojos?<br><strong>Él</strong> – ¿Qué?<br><strong>Ella</strong> – Puede que la gente que nos mira nos vea como ilusiones ópticas. Pinturas o fotos de nosotros mismos.<br><strong>Él</strong> – Pero estamos aquí, nos movemos, hablamos.<br><strong>Ella</strong> – Los vídeos también se mueven.<br><strong>Él</strong> – Somos tridimensionales.<br><strong>Ella</strong> – Los hologramas también tienen relieve. A lo mejor somos trampantojos en 3D.<br><strong>Él</strong> – Habría que preguntárselo a los de enfrente.<br><strong>Ella</strong> – Aunque, ¿qué fiabilidad tienen los vecinos&#8230; si también son trampantojos?<br><strong>Él</strong> – Creo que estamos empezando a volvernos locos.<br><strong>Ella</strong> – Tienes razón, voy a cerrar la ventana.<br><em>Ella duda.</em><br><strong>Él</strong> – No me digas que está pintada en la pared&#8230;<br><em>Se miran con inquietud.</em><br></p>



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			</item>
		<item>
		<title>Antipatía</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/antipatia-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 14:31:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Calle]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Encuentro]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo]]></category>
		<category><![CDATA[Equívoco]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sketchotheque.net/?p=4306</guid>

					<description><![CDATA[<p>Un sketch de comedia para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Dos desconocidos sienten que se conocen, pero su antipatía mutua provoca un encuentro absurdo.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia para dos actores sobre la memoria, la identidad y la antipatía mutua</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Están de pie, cada uno a un lado del escenario. Se lanzan miradas furtivas. Él acaba por acercarse a ella.</em><br><strong>Él</strong> – Perdón, llevo un rato mirándola y&#8230; No se lo tome como un intento barato de ligue&#8230; Tranquila, no es usted para nada mi tipo&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Gracias&#8230;<br><strong>Él</strong> – No, quiero decir que&#8230; tengo la sensación de haberla visto antes. Bueno&#8230; no solo haber coincidido con usted, ¿me entiende? Es como si&#8230; la conociera.<br><strong>Ella</strong> – ¿Ah, sí&#8230;?<br><strong>Él</strong> – Perdón, estoy haciendo el ridículo&#8230;<br><strong>Ella</strong> – No, no, para nada&#8230; Bueno, sí, está haciendo el ridículo, pero&#8230; yo también tengo la sensación de conocerle. De conocerle muy bien, incluso.<br><strong>Él</strong> – ¿De verdad&#8230;? Entonces no estoy loco.<br><strong>Ella</strong> – Depende.<br><strong>Él</strong> – ¿Depende?<br><strong>Ella</strong> – A lo mejor nos conocimos en un manicomio. Lo que explicaría que preferimos no recordarlo&#8230;<br><strong>Él</strong> – Ah, ya&#8230; Entonces usted también&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Exactamente&#8230; su cara me suena, pero&#8230; no tengo ni idea de por qué.<br><em>Se observan durante un instante más.</em><br><strong>Él</strong> – No, lo raro es que&#8230; su cara me resulta muy familiar. Como si&#8230; Perdón&#8230; Sería bastante embarazoso, evidentemente, pero&#8230; ¿no será usted una de mis ex, por casualidad?<br><strong>Ella</strong> – Ah, ahí sí&#8230; Como táctica de ligue, sería muy original&#8230; Pero como no soy para nada su tipo&#8230; A priori, no he podido serlo&#8230;<br><strong>Él</strong> – Lo que explicaría que no estemos juntos ahora, pero bueno&#8230; Perdón, estoy siendo realmente&#8230;<br><strong>Ella</strong> – No, no, no se disculpe. De hecho, usted tampoco es para nada mi tipo&#8230;<br><strong>Él</strong> – Bueno&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Sin querer ofenderle, incluso diría que&#8230; su cara no me gusta nada.<br><strong>Él</strong> – No, a mí tampoco&#8230;<br><strong>Ella</strong> – No es solo que no recuerde su nombre. Es que&#8230; su cara no me resulta nada simpática.<br><strong>Él</strong> – Es curioso que diga eso porque&#8230; No sabía cómo decírselo sin resultar hiriente pero&#8230; Usted también. Su cara&#8230; me resulta completamente antipática.<br><strong>Ella</strong> – Al menos eso es algo que tenemos en común.<br><strong>Él</strong> – Sí&#8230; Pero no nos dice cómo nos conocemos, ni dónde podríamos habernos encontrado.<br><strong>Ella</strong> – Mire, con la base sobre la que hemos empezado&#8230; y la profundidad a la que ya se ha hundido usted&#8230; me pregunto si realmente merece la pena seguir cavando.<br><strong>Él</strong> – Tiene razón&#8230; Mejor dejarlo aquí&#8230; Imagine que de repente recordamos que&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Sí, sería realmente&#8230;<br><strong>Él</strong> – Al fin y al cabo&#8230; Hay cosas que es mejor olvidar.<br><strong>Ella</strong> – Es verdad&#8230; Imagine que de repente me acuerdo que&#8230; <em>(Ella lo mira de forma extraña)</em> Espere un momento&#8230; Ya está, ya me acuerdo&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿No&#8230;? ¿Qué&#8230;?<br><strong>Ella</strong> <em>(Indignada)</em> – ¿De verdad no te acuerdas?<br><strong>Él</strong> – Eh&#8230; no, pero&#8230; ¿Ahora nos tuteamos?<br><em>Ella lo mira fijamente de nuevo, pero esta vez con una mueca de odio en los labios.</em><br><strong>Ella</strong> – ¡Cerdo asqueroso!<br><strong>Él</strong> – ¿Es tan grave&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – ¿Y encima tienes la cara de preguntarlo?<br><strong>Él</strong> – Lo siento, yo&#8230; No me acuerdo de nada&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿No te acuerdas de mí? ¿Después de lo que me hiciste?<br><strong>Él</strong> – No sé qué decirte&#8230; No me veo haciendo daño a nadie. Y menos a una mujer. Pero al mismo tiempo, reconozco que&#8230; Me resultas tan antipática&#8230; Que en circunstancias excepcionales, admito que podría haber&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¡Pedazo de cabrón&#8230;! ¿O sea que ni siquiera intentas negarlo?<br><strong>Él</strong> – Sí&#8230; Sí, sí&#8230; Bueno, no, pero&#8230; ¡Dímelo, por favor! Tengo que saberlo ya&#8230; Estoy dispuesto a escucharlo todo, te lo juro.<br><em>Ella se acerca a él, amenazante.</em><br><strong>Ella</strong> – No sé qué me frena para no&#8230;<br><strong>Él</strong> – No, venga, adelante&#8230; Si crees que me lo merezco&#8230;<br><em>Ella recupera de pronto un aire despreocupado, con una ligera sonrisa en los labios.</em><br><strong>Ella</strong> – Que no, que es broma. No me acuerdo de nada.<br><strong>Él</strong> – Ah, vale&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Ahora bien, también creo que en una vida anterior, podría haberte matado. Tienes una cara que da ganas de pegar. ¿Nunca te lo han dicho?<br><strong>Él</strong> – No&#8230; Bueno, no de forma tan directa, al menos.<br><strong>Ella</strong> – Francamente, me sorprende. Pero bueno&#8230;<br><strong>Él</strong> – Sí&#8230; Creo que sería mejor dejarlo aquí, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Me parece lo más sensato, la verdad.<br><strong>Él</strong> – Bueno entonces&#8230; hasta luego.<br><strong>Ella</strong> – ¿Hasta luego?<br><strong>Él</strong> – No es imposible que volvamos a cruzarnos, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Al menos, si nos volvemos a ver algún día, sabremos por qué nos suena la cara del otro.<br><strong>Él</strong> – Exactamente&#8230; <em>(Ella se dispone a marcharse)</em> No, pero puedes quedarte&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Me iba a ir igualmente.<br><strong>Él</strong> – Yo también.<br><strong>Ella</strong> – Bueno&#8230; Entonces vamos&#8230;<br><strong>Él</strong> – Vale. Iba por ahí. ¿Tú también?<br><strong>Ella</strong> – Sí&#8230;<br><strong>Él</strong> – Caminemos un rato juntos, a ver si nos viene a la memoria.<br><strong>Ella</strong> – Si no nos matamos antes&#8230;<br><strong>Él</strong> – Es un riesgo, sí&#8230; Cada vez me resultas más antipática.<br><strong>Ella</strong> – A mí también.<br><em>Se van.</em></p>



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			</item>
		<item>
		<title>Pausa</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/pausa-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 14:26:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Encuentro]]></category>
		<category><![CDATA[Fontanero]]></category>
		<category><![CDATA[Hotel]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Striptease]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
		<category><![CDATA[Lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de comedia para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Una pareja no recuerda cómo se conoció ni si realmente está junta.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia para dos actores sobre el amor, la memoria y los malentendidos</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Están tiernamente abrazados. Aflojan el abrazo, con una sonrisa bobalicona en los labios.</em><br><strong>Él</strong> – Estamos bien&#8230; Juntos, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Sí&#8230; <em>(Pausa)</em> Pero, ¿quieres decir&#8230; “¿Estamos bien juntos?” o “¿Estamos bien&#8230; juntos?”<br><strong>Él</strong> – Eh&#8230; No lo sé&#8230; ¿Cuál es la diferencia?<br><strong>Ella</strong> – Pues&#8230; la pausa.<br><strong>Él</strong> – ¿La pausa?<br><strong>Ella</strong> – Sin la pausa, quiere decir “¿Estamos bien estando juntos?”. Con la pausa, quiere decir&#8230; “¿Estamos realmente juntos?”<br><strong>Él</strong> – Ah, claro.<br><strong>Ella</strong> – Pues sí.<br><em>Momento de inquietud. Nuevo abrazo para tranquilizarse. Y nueva separación. Vuelven a sonreír felices.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Te acuerdas de cómo nos conocimos?<br><strong>Ella</strong> – Sí&#8230; <em>(Pausa)</em> Bueno&#8230; no. ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – No, yo tampoco. Pensaba que tú te acordabas&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Dónde podríamos habernos conocido?<br><strong>Él</strong> – Si estamos juntos, será que nos conocimos en algún sitio.<br><strong>Ella</strong> – Claro&#8230;<br><strong>Él</strong> – Pero, ¿dónde?<br><strong>Ella</strong> – No sé&#8230; ¿Dónde se conocen las personas, normalmente? Quiero decir&#8230; un hombre y una mujer.<br><strong>Él</strong> – ¿En casa de unos amigos?<br><strong>Ella</strong> – ¿Tenemos amigos en común?<br><em>Él echa un vistazo a su móvil.</em><br><strong>Él</strong> – Según Facebook, no.<br><strong>Ella</strong> – Dicen que una de cada cuatro parejas se conoció en el trabajo.<br><strong>Él</strong> – ¿Dónde trabajas tú?<br><strong>Ella</strong> – Soy&#8230; Soy stripper&#8230; Bueno, creo&#8230; ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – Fontanero&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Fontanero?<br><strong>Él</strong> – ¿Han cambiado la fontanería hace poco en tu club de striptease?<br><strong>Ella</strong> – Ah, no, no trabajo en un club. Lo hago por afición. En casa&#8230;<br><strong>Él</strong> – Ah, ya&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – No, no, yo&#8230; Soy fontanero profesional. Quiero decir&#8230; Trabajo en casas ajenas. Bueno, creo&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Ya veo.<br><strong>Él</strong> – Entonces&#8230; ¿has llamado a un fontanero últimamente?<br><strong>Ella</strong> – No&#8230; pero creo que tuve una fuga no hace mucho.<br><strong>Él</strong> – ¿Una fuga&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – No&#8230; Un daño por agua. Una fuga.<br><strong>Él</strong> – Ah, sí, perdón, yo&#8230; Una fuga, claro&#8230; Quiero decir&#8230; Quizá debería irme, ¿no&#8230;?<br><strong>Ella</strong> – ¿Irte? ¿Adónde?<br><strong>Él</strong> – Yo&#8230; No sé&#8230; ¿A mi casa?<br><strong>Ella</strong> – ¿No vives aquí?<br><strong>Él</strong> – ¿Tú crees que vivo aquí?<br><strong>Ella</strong> – No sé. ¿Vives en otro sitio?<br><strong>Él</strong> – No me acuerdo, la verdad. ¿Y tú estás segura de vivir aquí?<br><em>Ella mira a su alrededor.</em><br><strong>Ella</strong> – A mí tampoco me suena de nada.<br><em>Él también observa a su alrededor y recoge un cartel del suelo.</em><br><strong>Él</strong> – Mira&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué es?<br><strong>Él</strong> – Un cartel.<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué pone?<br><strong>Él</strong> – No molestar.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y del otro lado?<br><strong>Él</strong> – Por favor, hagan la habitación.<br><strong>Ella</strong> – Ah, ya.<br><em>Ella se pone en movimiento como para hacer algo.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Qué haces?<br><strong>Ella</strong> – Pues voy a hacer la habitación. ¿No es eso lo que acabas de decirme?<br><strong>Él</strong> – Sí&#8230; Bueno, sí, pero&#8230; Es lo que pone en el cartel.<br><strong>Ella</strong> – Todo esto es realmente muy raro.<br><strong>Él</strong> – Sí&#8230; Me pregunto si no sería mejor volver a la cama.<br><strong>Ella</strong> – ¿Volver a la cama? ¿Quieres decir&#8230; juntos?<br><strong>Él</strong> – No sé&#8230; ¿No?<br><strong>Ella</strong> – Sí, sí&#8230;<br><strong>Él</strong> – A lo mejor lo vemos todo más claro al despertar.<br><strong>Ella</strong> – Sí, eso espero&#8230;<br><strong>Él</strong> – Voy a poner el cartel de no molestar.<br><strong>Ella</strong> – Sí, creo que será lo mejor.</p>



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			</item>
		<item>
		<title>Vagamente</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/vagamente-sketch-comedia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Oct 2026 14:19:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[En blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Inmortalidad]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Muerte]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un sketch de comedia para dos actores de Jean-Pierre Martinez. Tras un tsunami, una pareja despierta en un mundo paralelo donde quizá nunca se conocieron.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de comedia para dos actores sobre el amor, la memoria y los universos paralelos</em></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><br><em>Están de pie uno al lado del otro, y se intercambian una mirada tierna.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Estás bien?<br><strong>Ella</strong> – Sí&#8230; ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – Estoy bien. <em>(Pausa)</em> Estamos muertos, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué dices eso?<br><strong>Él</strong> – No lo sé&#8230; Lo último que recuerdo es una ola de treinta metros de altura a punto de abalanzarse sobre la piscina junto a la que acabábamos de tumbarnos para echar una siesta.<br><strong>Ella</strong> – Ah, sí&#8230;<br><strong>Él</strong> – ¿Tú no?<br><strong>Ella</strong> – Sí.<br><strong>Él</strong> – Entonces estamos muertos.<br><strong>Ella</strong> – O puede que esa ola nos arrastrara a los dos a kilómetros de distancia, para dejarnos suavemente, sin despertarnos, al borde de la piscina de otro hotel&#8230;<br><strong>Él</strong> – Que también se llamaría Paradise Hotel.<br><strong>Ella</strong> – Absolutamente ilesos y ni siquiera mojados.<br><strong>Él</strong> – No es lo más probable, ¿verdad?<br><strong>Ella</strong> – Entonces estamos muertos.<br><strong>Él</strong> – Bueno, muertos&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Tienes razón. No veo mucha diferencia con cuando estábamos vivos.<br><strong>Él</strong> – Excepto que en este mundo, por lo visto, todavía no estamos casados.<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué dices eso?<br><strong>Él</strong> – No llevamos anillos.<br><strong>Ella</strong> – ¿Crees que tampoco tenemos hijos todavía?<br><strong>Él</strong> – En todo caso, no veo sus toallas junto a la piscina.<br><strong>Ella</strong> – Ni sus flotadores.<br><em>Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – Quizá ni siquiera nos hayamos conocido aún&#8230;<br><strong>Ella</strong> – ¿Quieres decir&#8230; que no nos conocemos?<br><strong>Él</strong> – No lo sé. ¿Nos conocemos?<br><strong>Ella</strong> – No lo creo.<br><em>Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – Entonces esto sería eso que llaman la muerte.<br><strong>Ella</strong> – Un mundo paralelo en el que todavía no ha llegado la hora de nuestra muerte.<br><strong>Él</strong> – Un paraíso que aquel tsunami nunca llegó a arrasar.<br><strong>Ella</strong> – Sin embargo la vimos, esa ola. Los dos.<br><strong>Él</strong> – Sí.<br><strong>Ella</strong> – Me imagino que si esto funciona así, se supone que no debemos recordar nuestra vida anterior. ¿Tú te acuerdas?<br><strong>Él</strong> – Vagamente.<br><strong>Ella</strong> – Yo también. Solo recuerdo esa ola&#8230; A ti y a los niños. Bueno, sobre todo a los niños&#8230; ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – Sobre todo la ola.<br><strong>Ella</strong> – Todo esto es realmente muy raro.<br><strong>Él</strong> – Debe de ser un fallo del sistema. Se supone que no debemos recordar nada.<br><strong>Ella</strong> – Si no, la gente sabría que ya está muerta.<br><strong>Él</strong> – ¿Crees que deberíamos decírselo?<br><strong>Ella</strong> – ¿El qué?<br><strong>Él</strong> – Que están muertos.<br><em>Ella mira en dirección al público.</em><br><strong>Ella</strong> – Míralos&#8230; Parecen felices&#8230; No nos creerían&#8230;<br><strong>Él</strong> – Nos tomarían por locos, y seríamos nosotros los que acabaríamos encerrados en un manicomio.<br><strong>Ella</strong> – Mejor guardarlo para nosotros.<br><strong>Él</strong> – Tienes razón.<br><strong>Ella</strong> – Será nuestro secreto.<br><em>Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – Bueno, ¿vamos?<br><strong>Ella</strong> – ¿Adónde?<br><strong>Él</strong> – A descubrir qué hay de diferente en este mundo paralelo, donde ningún tsunami arrasó el Paradise Hotel&#8230;<br><strong>Ella</strong> – Y donde aún no nos hemos conocido.<br><strong>Él</strong> – Tengo curiosidad por verlo.<br><strong>Ella</strong> – Sí&#8230; Y al mismo tiempo, me da un poco de miedo.<br><strong>Él</strong> – Primero habría que saber en qué habitación estamos.<br><strong>Ella</strong> – Ya que no nos conocíamos, seguramente no estábamos en la misma habitación.<br><strong>Él</strong> – Vamos a preguntar en recepción.<br><strong>Ella</strong> – Haremos eso.<br><strong>Él</strong> – Vamos.<br><em>Empiezan a alejarse.</em><br><strong>Ella</strong> – Aun así era un día precioso, ¿verdad?<br><strong>Él</strong> – Sí.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cómo íbamos a imaginar&#8230;?<br><strong>Él</strong> – Que nos íbamos a conocer hoy.<br><em>Se van.</em></p>



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