Regreso al futuro

Un sketch de comedia y ciencia ficción para dos actores sobre la evolución humana y el futuro de la humanidad


Ella está allí, con una bata blanca. Él entra con ropa de calle.
Ella – Buenos días, señor. Le agradezco que haya aceptado participar en este experimento, que, como le recuerdo, forma parte de un programa de investigación estrictamente confidencial y, de hecho, clasificado como secreto de Estado.
Él – Si he aceptado su propuesta, que conste, no ha sido por la generosa indemnización que ofrecen por participar en este protocolo de ensayo terapéutico, sino por puro civismo. Soy católico practicante, pero también sindicalista. Si mi modesta contribución puede ayudar a curar a la Humanidad de uno de los muchos males que todavía la aquejan…
Ella – Sí… A ese respecto, llegamos al objeto de este programa de investigación, que no consideramos útil revelar a los participantes hasta que hubieran sido definitivamente seleccionados. Pero ahora que forma parte de esta aventura, debemos ser claros sobre el objetivo que perseguimos y las razones que nos han llevado a poner en marcha este programa, bautizado como “Regreso al futuro”.
Él – ¿Regreso al futuro?
Ella – Pronto entenderá por qué.
Él – Pero esto va de probar un nuevo medicamento, ¿no?
Ella – En realidad… no exactamente.
Él – Me tiene intrigado, doctora.
Ella – A decir verdad, estimado señor, lo que nos interesa es su esperma.
Él – Ahora ya no me intriga, me asusta.
Ella – Hace un momento hablaba usted de los múltiples males que aún afectan a la Humanidad.
Él – Pensaba en el virus del Ébola, el coronavirus, el SIDA…
Ella – Enfermedades bien reales, contra las cuales, por desgracia, aún no se ha encontrado ninguna vacuna eficaz.
Él – Pero…
Ella – Pero, siendo honestos, señor, si uno analiza las cosas de manera objetiva, ¿son realmente esos virus los que amenazan la existencia misma de la Humanidad?
Él – No, probablemente no.
Ella – ¿Y según usted, cuál es ese mal que lleva nuestro planeta a la ruina?
Él – Yo… no lo sé…
Ella – Esa plaga, señor, es el Hombre.
Él – ¿El hombre?
Ella – Bueno, la mujer también, por supuesto. Me refiero al ser humano en general.
Él – Ah, claro…
Ella – Superpoblación, deforestación, agotamiento de los recursos, cambio climático, guerra nuclear…
Él – Sí, de acuerdo, pero… ¿qué tiene que ver mi esperma con todo eso?
Ella – Señor, la situación, según los datos que tenemos, es aún más desesperada de lo que imagina.
Él – ¿De verdad…?
Ella – A partir de ese trágico diagnóstico, llegamos a la única solución posible para evitar la catástrofe final, es decir, el fin del mundo.
Él – Le escucho…
Ella – ¿Alguna vez, al enfrentarse a todas las atrocidades de las que es capaz el ser humano, se ha hecho esta pregunta tan simple: “¿Cuándo empezó todo a irse al traste?”
Él – Sí, bueno… ¿Y según usted?
Ella – La respuesta, por desgracia, es evidente: cuando el mono se convirtió en Homo sapiens.
Él – Ah, ya…
Ella – O, según sus creencias, ya que es católico, cuando Dios creó al Hombre.
Él – ¿Cree que fue un error?
Ella – Basta ver los resultados hoy en día para convencerse. Fue una auténtica bomba de relojería.
Él – Bien… ¿Y qué propone exactamente?
Ella – Primero pensamos en crear un superhombre. Pero eso ya se intentó en el pasado, con las consecuencias nefastas que conocemos. Con el hombre vamos al desastre. Con el superhombre, corremos hacia él.
Él – Ya veo…
Ella – Así que no hay que buscar la solución en avanzar, sino en retroceder.
Él – ¿Retroceder?
Ella – Los mayores científicos del mundo, junto con destacados expertos en ciencias humanas —incluidos filósofos de renombre—, se reunieron en secreto hace unos meses bajo el auspicio de la ONU. Su conclusión fue clara: la única solución a largo plazo para salvar la Tierra es hacer retroceder al ser humano hasta el estado de mono.
Él – ¿Cómo que hacer retroceder…?
Ella – No de golpe, por supuesto. Pero sí modificando poco a poco, mediante una selección natural dirigida, las características genéticas de nuestros descendientes. Y ahí es donde lo necesitamos a usted.
Él – ¿A mí?
Ella – Bueno, a su esperma, en realidad.
Él – Explíquese…
Ella – Estudios científicos demuestran que, entre todas las categorías de la población mundial, los católicos practicantes son genéticamente los más cercanos al mono.
Él – ¿De verdad?
Ella – En realidad, esto se aplica a los creyentes en general. Pero contactamos con una muestra de extremistas de otras confesiones y se negaron a colaborar…
Él – Ya entiendo…
Ella – Además, no íbamos a crear una nueva especie humana más parecida al simio solo a partir de genes de fanáticos religiosos. Hay monos muy agresivos también, ¿sabe?
Él – Por supuesto…
Ella – Por eso también hemos hecho una criba entre los católicos practicantes.
Él – ¿Y por qué yo?
Ella – Aquí es donde entra en juego su faceta sindicalista. Siempre que sea de un sindicato reformista, claro está. Entre los católicos practicantes, los que también son miembros de un sindicato parecen ser los menos agresivos y los más dispuestos a colaborar.
Él – Comprendo.
Ella – Ahora que ya lo sabe todo, le vuelvo a formular la pregunta, estimado señor: ¿Está dispuesto, donando su esperma, a participar en la regeneración de la especie humana, haciéndola retroceder al estado de simio?
Él – Reconozco que esta propuesta… me deja un poco descolocado.
Ella – Ahora entiende mejor el nombre de esta misión desesperada: Regreso al futuro. Al devolver al Hombre a su estado primitivo, esperamos que en su evolución futura elija un camino más sensato…
Él – Agradezco el honor que se me concede, y soy consciente de la responsabilidad. Por eso le confirmo mi acuerdo para participar en esta operación de salvación de la Humanidad.
Ella – Gracias, estimado señor, su respuesta no me sorprende, conociendo lo que sabemos de usted. Me pondré en contacto muy pronto para comenzar el protocolo.
Él – Estoy a su entera disposición.
Ella – Gracias a usted, dentro de dos o tres generaciones, el Hombre habrá olvidado hasta el recuerdo de haber sido Hombre.
Él sale. Ella coge su móvil y marca un número.
Ella – No te lo vas a creer, pero ha aceptado…


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Sketch extraído de la recopilación En Blanco
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En blanco -Jean-Pierre Martinez

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