La olvidada

Un sketch de comedia absurda para dos actores sobre la memoria, el olvido y la inmortalidad


Él está allí. Ella llega.
Él – Buenos días. ¿Qué le pongo a la señorita?
Ella – No lo sé.
Él – Vaya… ¿No parece usted estar muy bien? ¿No quiere algo para animarse un poco?
Ella – Podría decirle lo que quiero, pero en un minuto ya lo habrá olvidado.
Él – Ah, eso lo dudo. Nunca olvido un pedido, señorita.
Ella – Olvidará el mío, ya verá.
Él – ¿Ah, sí? ¿Y por qué?
Ella – Porque soy la que se olvida.
Él – ¿Perdón?
Ella – Soy la olvidada. Desde que nací, ha sido así.
Él – ¿Así cómo?
Ella – Ya durante el embarazo, mi madre solía olvidar que estaba embarazada.
Él – Vaya…
Ella – Cuando nací, mi padre se olvidó de registrarme en el registro civil. Y cuando mi madre salió del hospital, se olvidó de llevarme con ella a casa.
Él – No me diga…
Ella – No es que no me quisieran. Solo que… se olvidaban de mí. A menudo se olvidaban de venir a buscarme a la salida del colegio. Y ni le cuento cuántas gasolineras y hoteles me han dejado olvidada cuando nos íbamos de vacaciones.
Él – Joder…
Ella – Es así. Aunque no todo el tiempo. A veces hay rachas mejores. Pero luego vuelve a pasar. El día de mi boda, pensé que por fin se había acabado. Que alguien, por fin, iba a acordarse de mí. Pero mi prometido se olvidó de presentarse en el ayuntamiento. Incluso el alcalde se olvidó de venir. Mis padres también, por cierto…
Él – Pues usted parece bastante guapa. No es de las que uno olvida fácilmente.
Ella – Es verdad. Siempre he tenido mucho éxito con los chicos. Pero nunca rompí el corazón de ninguno, se lo juro. Para eso, tendrían que haberse acordado de mí. Pero la mayoría de mis novios se olvidaban de venir a la segunda cita.
Él – Ya veo…
Ella – ¿Conoce la frase “nunca en la primera cita”?
Él – Sí…
Ella – Pues en mi caso, si no era en la primera, para la segunda ya me habían olvidado.
Él – No habrá sido fácil.
Ella – Se lo puede imaginar. Encontrar trabajo, por ejemplo. En las entrevistas, siempre estaba sola. Se habían olvidado de mí. Aun así, conseguí que me contrataran dos o tres veces, pero todo el mundo acababa olvidando que había alguien en el despacho. Y por supuesto, también se olvidaban de pagarme…
Él – ¿Y entonces…?
Ella – Como nunca lograba mantener un empleo, acabé cayendo en la delincuencia.
Él – ¿Delincuencia? Pero si a usted se la ve tan… ¿Y cómo hace para vivir?
Ella – En las tiendas, cojo lo que quiero y salgo sin pagar.
Él – Va a acabar usted en la cárcel.
Ella – ¿Quién lo diría? En menos de un minuto, los vigilantes se olvidan de llamar a la policía. O la policía se olvida de venir. O el carcelero se olvida de cerrar la celda con llave, porque se ha olvidado de que había alguien dentro.
Él – Bueno, visto así… no todo son desventajas.
Ella – Cuando me sirva la consumición —si no se olvida de hacerlo— me iré sin pagar, y usted ni siquiera recordará haberme servido.
Él – ¿De verdad?
Ella – Nunca he pagado una cuenta en un restaurante, y sin embargo como fuera todos los días.
Él – Caray… ¿Y esto le pasa desde hace mucho tiempo?
Ella – Desde 1902. Es mi año de nacimiento.
Él – ¿1902? Pero eso no puede ser…
Ella – La muerte también debió de olvidarse de venir a buscarme.
Él – Ah, claro…
Ella – Ya se lo digo yo… Usted también me olvidará.
Silencio.
Él – Buenos días. ¿Qué le pongo a la señorita?


Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra. En España SGAE, en Argentina ARGENTORES, en Uruguay AGADU, en México SOGEM.

Contactar con el autor : FORMULARIO DE CONTACTO

Sketch extraído de la recopilación En Blanco
Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).

En blanco -Jean-Pierre Martinez

Encuentra todas las obras de teatro de Jean-Pierre Martinez en su sitio web:
https://jeanpierremartinez.net

Scroll al inicio