Antipatía

Un sketch de comedia para dos actores sobre la memoria, la identidad y la antipatía mutua


Están de pie, cada uno a un lado del escenario. Se lanzan miradas furtivas. Él acaba por acercarse a ella.
Él – Perdón, llevo un rato mirándola y… No se lo tome como un intento barato de ligue… Tranquila, no es usted para nada mi tipo…
Ella – Gracias…
Él – No, quiero decir que… tengo la sensación de haberla visto antes. Bueno… no solo haber coincidido con usted, ¿me entiende? Es como si… la conociera.
Ella – ¿Ah, sí…?
Él – Perdón, estoy haciendo el ridículo…
Ella – No, no, para nada… Bueno, sí, está haciendo el ridículo, pero… yo también tengo la sensación de conocerle. De conocerle muy bien, incluso.
Él – ¿De verdad…? Entonces no estoy loco.
Ella – Depende.
Él – ¿Depende?
Ella – A lo mejor nos conocimos en un manicomio. Lo que explicaría que preferimos no recordarlo…
Él – Ah, ya… Entonces usted también…
Ella – Exactamente… su cara me suena, pero… no tengo ni idea de por qué.
Se observan durante un instante más.
Él – No, lo raro es que… su cara me resulta muy familiar. Como si… Perdón… Sería bastante embarazoso, evidentemente, pero… ¿no será usted una de mis ex, por casualidad?
Ella – Ah, ahí sí… Como táctica de ligue, sería muy original… Pero como no soy para nada su tipo… A priori, no he podido serlo…
Él – Lo que explicaría que no estemos juntos ahora, pero bueno… Perdón, estoy siendo realmente…
Ella – No, no, no se disculpe. De hecho, usted tampoco es para nada mi tipo…
Él – Bueno…
Ella – Sin querer ofenderle, incluso diría que… su cara no me gusta nada.
Él – No, a mí tampoco…
Ella – No es solo que no recuerde su nombre. Es que… su cara no me resulta nada simpática.
Él – Es curioso que diga eso porque… No sabía cómo decírselo sin resultar hiriente pero… Usted también. Su cara… me resulta completamente antipática.
Ella – Al menos eso es algo que tenemos en común.
Él – Sí… Pero no nos dice cómo nos conocemos, ni dónde podríamos habernos encontrado.
Ella – Mire, con la base sobre la que hemos empezado… y la profundidad a la que ya se ha hundido usted… me pregunto si realmente merece la pena seguir cavando.
Él – Tiene razón… Mejor dejarlo aquí… Imagine que de repente recordamos que…
Ella – Sí, sería realmente…
Él – Al fin y al cabo… Hay cosas que es mejor olvidar.
Ella – Es verdad… Imagine que de repente me acuerdo que… (Ella lo mira de forma extraña) Espere un momento… Ya está, ya me acuerdo…
Él – ¿No…? ¿Qué…?
Ella (Indignada) – ¿De verdad no te acuerdas?
Él – Eh… no, pero… ¿Ahora nos tuteamos?
Ella lo mira fijamente de nuevo, pero esta vez con una mueca de odio en los labios.
Ella – ¡Cerdo asqueroso!
Él – ¿Es tan grave…?
Ella – ¿Y encima tienes la cara de preguntarlo?
Él – Lo siento, yo… No me acuerdo de nada…
Ella – ¿No te acuerdas de mí? ¿Después de lo que me hiciste?
Él – No sé qué decirte… No me veo haciendo daño a nadie. Y menos a una mujer. Pero al mismo tiempo, reconozco que… Me resultas tan antipática… Que en circunstancias excepcionales, admito que podría haber…
Ella – ¡Pedazo de cabrón…! ¿O sea que ni siquiera intentas negarlo?
Él – Sí… Sí, sí… Bueno, no, pero… ¡Dímelo, por favor! Tengo que saberlo ya… Estoy dispuesto a escucharlo todo, te lo juro.
Ella se acerca a él, amenazante.
Ella – No sé qué me frena para no…
Él – No, venga, adelante… Si crees que me lo merezco…
Ella recupera de pronto un aire despreocupado, con una ligera sonrisa en los labios.
Ella – Que no, que es broma. No me acuerdo de nada.
Él – Ah, vale…
Ella – Ahora bien, también creo que en una vida anterior, podría haberte matado. Tienes una cara que da ganas de pegar. ¿Nunca te lo han dicho?
Él – No… Bueno, no de forma tan directa, al menos.
Ella – Francamente, me sorprende. Pero bueno…
Él – Sí… Creo que sería mejor dejarlo aquí, ¿no?
Ella – Me parece lo más sensato, la verdad.
Él – Bueno entonces… hasta luego.
Ella – ¿Hasta luego?
Él – No es imposible que volvamos a cruzarnos, ¿no?
Ella – Al menos, si nos volvemos a ver algún día, sabremos por qué nos suena la cara del otro.
Él – Exactamente… (Ella se dispone a marcharse) No, pero puedes quedarte…
Ella – Me iba a ir igualmente.
Él – Yo también.
Ella – Bueno… Entonces vamos…
Él – Vale. Iba por ahí. ¿Tú también?
Ella – Sí…
Él – Caminemos un rato juntos, a ver si nos viene a la memoria.
Ella – Si no nos matamos antes…
Él – Es un riesgo, sí… Cada vez me resultas más antipática.
Ella – A mí también.
Se van.


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Sketch extraído de la recopilación En Blanco
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En blanco -Jean-Pierre Martinez

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