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	<title>Archives des Vegetarianismo - La Sketchothèque</title>
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	<description>Les sketchs de Jean-Pierre Martinez</description>
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	<title>Archives des Vegetarianismo - La Sketchothèque</title>
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		<title>Ganarse la vida</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/ganarse-la-vida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 May 2025 12:45:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Actor]]></category>
		<category><![CDATA[Agente artístico]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Entre Bastidores]]></category>
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		<category><![CDATA[Teatro dentro del teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>
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		<category><![CDATA[Televisión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ganarse la vida, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Entre Bastidores' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/ganarse-la-vida/">Ganarse la vida</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Un personaje (hombre o mujer) está allí. Suena su teléfono, contesta.<br></em><strong>Uno</strong> – Sí, Gloria… ¿Quién? Ah, sí, ya ni me acordaba de ese. Qué plomo… No, no, que pase, si no, no va a soltarme jamás…<br><em>Un momento en el que consulta la pantalla de su móvil. Llega otro personaje, también de sexo indiferente.</em><br><strong>Uno</strong> – ¡Ah, querido amigo! Pase, pase, por favor.<br><strong>Dos</strong> – Gracias por recibirme así, sin avisar.<br><strong>Uno</strong> – Pero si soy su representante, después de todo. Mi puerta siempre está abierta…<br><strong>Dos</strong> – Llevo tres semanas pidiendo una cita. Sin éxito…<br><strong>Uno</strong> – Lo siento. Últimamente estoy muy ocupado.<br><strong>Dos</strong> – Por eso decidí venir. Sin cita.<br><strong>Uno</strong> – Y ha hecho usted muy bien. Hacía tiempo que no nos veíamos, ¿no?<br><strong>Dos</strong> – Así es.<br><strong>Uno</strong> – Creo que la última vez fue… No, la verdad es que no me acuerdo…<br><strong>Dos</strong> – ¿No fue en el entierro de aquel actor que se murió de hambre esperando durante tres años que su representante le consiguiera un papel? Aunque fuera un extra…<br><strong>Uno</strong> – Siempre tan gracioso. Me alegra ver que no ha perdido usted el sentido del humor.<br><strong>Dos</strong> – No sé cuánto me va a durar, se lo advierto.<br><strong>Uno</strong> – ¿Y bien? ¿Qué buen viento le trae por aquí?<br><strong>Dos</strong> – ¿Qué buen viento me trae? Hace meses que me prometió un papel en el cine. Y aquí sigo, esperando…<br><strong>Uno</strong> – Ahora mismo es complicado. Hay crisis, ya sabe…<br><strong>Dos</strong> – Acaba de decirme que está muy ocupado.<br><strong>Uno</strong> – Muchos proyectos se han paralizado por falta de financiación. Incluso con nombres conocidos en el cartel…<br><strong>Dos</strong> – ¿Y esas subvenciones entre colegas que fascinan al mundo entero mientras agrandan el déficit del Estado…<br><strong>Uno</strong> – Las subvenciones escasean, créame. Antes bastaba con conocer a una simple secretaria en el Ministerio de Cultura para conseguir algún dinero. Se podía rodar cualquier bodrio y proyectarlo en salas vacías sin ningún riesgo financiero. Ahora hay que conocer al ministro. ¡Y el ministro cambia cada tres meses!<br><strong>Dos</strong> – También podríamos pensar en hacer buenas películas, de esas que hacen millones de entradas y se autofinancian.<br><strong>Uno</strong> – Desgraciadamente, en este país, el éxito es sinónimo de vulgaridad.<br><strong>Dos</strong> – Sí. “Popular” o “para el gran público” se han convertido en palabras groseras. Y se hacen películas para impresionar a los burgueses con los impuestos de los pobres.<br><strong>Uno</strong> – Ya sabe lo que se dice: subvención de la cultura, cultura de la subvención…<br><strong>Dos</strong> – Pero aun así, se siguen haciendo películas, ¿no?<br><strong>Uno</strong> – Sí… Comedias, sobre todo. Y muchas veces bodrios, para qué engañarnos.<br><strong>Dos</strong> – Prefiero actuar en un bodrio que no actuar en absoluto. Y muchos grandes actores han hecho carrera rodando principalmente bodrios.<br><strong>Uno</strong> – Sí… Pero la comedia…<br><strong>Dos</strong> – ¿Qué pasa con la comedia?<br><strong>Uno</strong> – Hay que reconocer que no es usted precisamente un actor cómico.<br><strong>Dos</strong> – ¿Ah, no? ¿Y eso por qué?<br><strong>Uno</strong> – No sé… Uno lo ve a usted, así… Y no le entran ganas de reír.<br><strong>Dos</strong> – Entonces la tele. En la tele solo hay pelis lúgubres. Ahí sí que podría encontrarme un papel a mi medida.<br><strong>Uno</strong> – Sí pero… Son sobre todo coproducciones. Con los alemanes, principalmente. Y en cuanto a actores lúgubres, los alemanes ya tienen todo lo necesario, créame. ¿Habla usted alemán?<br><strong>Dos</strong> – No.<br><em>Un silencio.</em><br><strong>Uno</strong> – Si no… podría tener un anuncio, como mucho.<br><strong>Dos</strong> – ¿Un anuncio?<br><strong>Uno</strong> – Con los tiempos que corren… Es mejor que nada. Al menos saldría en la tele.<br><strong>Dos</strong> – ¿Un anuncio de qué…?<br><strong>Uno</strong> – De salchichas.<br><strong>Dos</strong> – Soy vegetariano.<br><strong>Uno</strong> – Será un papel de composición…<br><strong>Dos</strong> – ¿Un anuncio de salchichas…? ¿Y qué papel sería ese?<br><strong>Uno</strong> – Un tipo que come salchichas.<br><strong>Dos</strong> – Ya…<br><strong>Uno</strong> – ¿Le interesa?<br><strong>Dos</strong> – Vale, salchichas entonces.<br><strong>Uno</strong> – Eso sí, tendrá que pasar el casting.<br><strong>Dos</strong> – Por supuesto.<br><strong>Uno</strong> – ¡Y luego dicen que los representantes no sirven para nada!<br><em><strong>Negro</strong></em>.</p>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0"></p>



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<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



<p><strong>Contactar con el autor </strong>: <a href="https://sketchotheque.net/es/formulario-de-contacto/">FORMULARIO DE CONTACTO</a></p>



<p>Sketch extraído de la recopilación <em><a href="https://sketchotheque.net/es/entre-bastidores/">Entre Bastidores</a></em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/entre-bastidores/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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<p class="has-text-align-left">Encuentra todas las obras de teatro de Jean-Pierre Martinez en su sitio web:<br><a href="https://jeanpierremartinez.net/es/accueil-espanol/">https://jeanpierremartinez.net</a></p>



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		<title>Carnicería</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/carniceria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 May 2025 12:03:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Carnicero]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Ella y Él]]></category>
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		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
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		<category><![CDATA[Teléfono]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carnicería, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Él, sentado en el sofá, mira fijamente al vacío. Ella llega y lo nota.</em><br><strong>Ella</strong> (<em>desconcertada</em>) – ¿A qué miras así?<br><strong>Él</strong> – Pues… estoy mirando la tele.<br><strong>Ella</strong> – ¡Pero si ya no tenemos!<br><strong>Él</strong> – Si, ya lo sé, pero… es como si me hubieran amputado las piernas y siguiera sintiendo un hormigueo en los pies….<br><em>Ella se siente a su lado.</em><br><strong>Ella</strong> – Es raro, he recibido hoy una llamada para ti en el móvil…<br><strong>Él</strong> – ¡Ah sí, perdón!, se me había olvidado avisarte. Dejé el número de tu móvil en mi contestador automático, para que puedan contactarme durante las vacaciones…<br><strong>Ella</strong> – ¿Las vacaciones? ¡Pero si nos marchamos sólo la semana que viene!<br><strong>Él</strong> – Pues… así tendrán el número.<br><strong>Ella</strong> (<em>consternada</em>) – ¿El número de mi móvil? ¿Y mientras tanto, durante toda la semana, recibiré llamadas para ti…?<br><strong>Él</strong> – ¿Y qué…? Les dices que me vuelvan a llamar…<br><strong>Ella</strong> – ¿No crees que sería más simple que te compres uno?<br><strong>Él</strong> – ¿Un móvil? ¡Vaya…! Cuando salgo de casa es para estar tranquilo. No quiero que me acosen…<br><strong>Ella</strong> – ¡Claro! Si soy yo la que recibe tus llamadas profesionales… Estaba en medio de una reunión pedagógica cuando me llamaron para saber de tu artículo: ¿Prohibir o no el tanga en el colegio? ¿Crees que no me molesta a mí?<br><strong>Él</strong> – ¿No desconectas el móvil cuando tienes una reunión?<br><strong>Ella</strong> (<em>irónicamente</em>) – Pues lo siento, se me había olvidado… ¡Vamos! Un móvil es algo muy personal. No se puede prestar. Incluso entre marido y mujer. No sé… ¡Es como un cepillo de dientes!<br><strong>Él</strong> – ¿Un cepillo de dientes? Pues… si quieres utilizar mi cepillo de dientes durante las vacaciones, no hay ningún problema…<br><strong>Ella</strong> – ¡Un ordenador, si prefieres! ¿Me dejarías utilizar tu ordenador si yo no tuviera?<br><em>Él prefiere no contestar.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Y después de la vacaciones?<br><em>El hace que no entiende la pregunta.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Seguiré recibiendo llamadas para ti? Suerte que no tengas nada que esconder…<br><strong>Él</strong> – Después de la vacaciones les diré que lo perdí, ese maldito móvil. O que me lo robaron. Ocurre muy a menudo…<br><strong>Ella</strong> – ¡Perfecto! Y si me llaman, sin embargo, me tratarán de ladrona… ¿Recuerdas que es mío, este móvil?<br><strong>Él</strong> – Bueno, pues… me lo dejas y te vuelves a comprar uno… Y así se arregla todo…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y la gente que quiere llamarme a mí, qué?<br><strong>Él</strong> – Les daré el número de tu nuevo móvil, ¡y ya está!<br><strong>Ella</strong> – Claro, es mucho mas fácil que comprarte directamente un móvil para ti. (<em>Sospechosa</em>) No será acaso para evitarte esa molestia que intentas colonizar el mío?<br><em>Están a punto de pelearse. Se dan cuenta y hacen un esfuerzo para calmarse. Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Sabes cómo me llamó el carnicero esta mañana?<br><em>Ella aparentemente no tiene idea.</em><br><strong>Él</strong> – “El señorito”… (<em>Imitando el carnicero</em>) “¿Y el señorito, qué desea?” Es la primera vez que me llama así…<br><strong>Ella</strong> – ¡Mmmm…! Es el equivalente masculino de “¿Y qué le pongo a la señorita?”.<br><strong>Él</strong> – ¿Da susto, no? Que el carnicero pueda vernos como “el señorito y la señorita”. Suerte que no vamos de compras juntos. Fíjate si nos dijera “la parejita”. (<em>Imitando otra vez el carnicero</em>) “¿Y la parejita, qué desea?”. Me vuelvo vegetariano enseguida. (<em>Un tiempo</em>) La carne siempre me ha dado asco, de todas formas. ¿A ti no? (<em>Ella, que ha vuelto a su libro, no contesta</em>) El pollo, a lo mejor… De verdad, es espantoso, una carnicería, si lo piensas. Esa carne sangrienta expuesta por todas partes. Esas piezas en canal en la cámara frigorífica. Todas estas vacas inocentes que encierran en el campo detrás de alambre de púas, o incluso electrificado. Antes de conducirlas al matadero y desmembrarlas… ¡Qué horror! Por los menos, los animales no saben lo que les espera. Cuando les veo, esos carniceros, con sus grandes sudarios blancos sobre la cabeza, como los del Ku Klux Klan, sacando los cadáveres de sus víctimas del camión…<br><em>Ella sigue sin reacción, leyendo su libro. El se vuelve hacia ella.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Sabías que los sijes eran estrictamente vegetarianos?<br><em>Ella por fin levanta la mirada de su libro.</em><br><strong>Ella</strong> – A propósito, ya no necesitas ir a la ferretería para la bombilla del cuarto de baño. Fui allá esta tarde. (Un tiempo) Me encontré a la vecina. <em>Estaba comprando una maleta…</em><br><em>Él la mira sin entender. El móvil de ella llama.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Sí…?<br><em>Ella cambia de expresión.</em><br><strong>Ella</strong> (<em>con amabilidad afectada</em>) – No, soy su secretaria, pero no se retire, le pongo en comunicación con él enseguida. ¿A quién tengo que anunciar…? (<em>Ella le da su móvil, furiosa</em>) Para ti. Tu madre…<br><em>El coge el móvil como si nada.</em><br><strong>Él</strong> – ¡Dígame…!<br><em>Pero no sabe utilizar el aparato.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Cómo funciona esto…?<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0"></p>



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<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación<em> <a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/">Ella y Él</a> </em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/"><img decoding="async" width="400" height="248" src="https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/Ella-y-e-jean-pierre-martinez-b.webp" alt="Ella y Él" class="wp-image-1860" style="width:204px;height:auto" srcset="https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/Ella-y-e-jean-pierre-martinez-b.webp 400w, https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/Ella-y-e-jean-pierre-martinez-b-300x186.webp 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></a></figure>



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			</item>
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		<title>No es un drama</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/no-es-un-drama/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 13:14:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Carnicero]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
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		<category><![CDATA[Veganismo]]></category>
		<category><![CDATA[Vegetarianismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No es un drama, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Él está ahí, visiblemente incómodo. Ella llega, lista para salir.</em><br><strong>Ella</strong> – Normalmente, siempre eres tú quien me espera… ¿Todavía no estás listo?<br><strong>Él</strong> – Sí, sí, yo… Me estoy poniendo la chaqueta.<br><strong>Ella</strong> – Tu chaqueta de cuero…<br><strong>Él</strong> – La tenía antes de conocerte… Fue un regalo de mi abuela… No sirve de nada tirarla ahora, ¿no? Quiero decir… De todas formas, ella ya está muerta.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tu abuela está muerta?<br><strong>Él</strong> – ¡No mi abuela! ¡La vaca! Es de vaca…<br><strong>Ella</strong> – Claro… La vaca que sacrificaron en un matadero para que puedas cubrirte con su piel…<br><strong>Él</strong> – Mi próxima chaqueta será de cuero vegetal, te lo prometo. Dicen que ahora hacen imitaciones muy buenas, a base de piña o champiñones.<br><em>Se pone la chaqueta sin entusiasmo.</em><br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿hoy es el gran día?<br><strong>Él</strong> – Sí, parece que sí…<br><strong>Ella</strong> – Finalmente voy a conocer a tus padres… Empezaba a preguntarme si tenías vergüenza de mí.<br><strong>Él</strong> – ¡Qué cosas dices! Sería más bien lo contrario…<br><strong>Ella</strong> – ¿Lo contrario? ¿Por qué? ¿Te avergüenzas de tus padres?<br><strong>Él</strong> – No, no, pero…<br><strong>Ella</strong> – ¿Entonces de qué tienes miedo?<br><strong>Él</strong> – De nada, te lo aseguro.<br><strong>Ella</strong> – Más bien debería ser yo la que tuviera miedo. Me presentas a tus padres… Esto se vuelve oficial. Es casi un compromiso, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Sí…<br><strong>Ella</strong> – ¡Muestra un poco de entusiasmo!<br><strong>Él</strong> – Escucha, tengo algo que decirte.<br><strong>Ella</strong> – Me estás asustando…<br><strong>Él</strong> – Es sobre mis padres, precisamente.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tus padres? ¿Qué pasa con tus padres?<br><strong>Él</strong> – No es fácil de decir…<br><strong>Ella</strong> – Vamos, puedo escucharlo todo… En cualquier caso, si es importante, prefiero saberlo ahora. Me sentiré menos tonta…<br><strong>Él</strong> – Digamos que esta comida no va a ser exactamente lo que imaginabas. Mis padres son… ¿Cómo decirlo…?<br><strong>Ella</strong> – Son sordomudos. Se comunican en lenguaje de signos.<br><strong>Él</strong> – No…<br><strong>Ella</strong> – ¿Ciegos?<br><strong>Él</strong> – Tampoco.<br><strong>Ella</strong> – Son personas de baja estatura…<br><strong>Él</strong> – Peor que eso… Bueno, para ti, en todo caso.<br><strong>Ella</strong> – Ya veo… Votan a la derecha, y no te has atrevido a decírmelo. ¿Por eso no querías que los conociera antes?<br><strong>Él</strong> – No, no es eso.<br><strong>Ella</strong> – Claro, soy tonta. Me dijiste que eran libreros. No se puede vender libros y votar a la derecha.<br><strong>Él</strong> – Tranquila, mis padres no votan en absoluto.<br><strong>Ella</strong> – ¿Entonces qué?<br><strong>Él</strong> – Es sobre… La comida… En fin, sobre la comida en general.<br><strong>Ella</strong> – ¿La comida…?<br><strong>Él </strong>– No te he contado toda la verdad.<br><strong>Ella</strong> – Vale… Tus padres son judíos y comen kosher. ¿Cuál es el problema? ¡Se puede ser vegano y comer kosher! De hecho, es mucho más fácil. Es sobre todo la carne la que tiene que ser kosher, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Sí… Bueno, no sé…<br><strong>Ella</strong> – Las frutas y verduras son muy ecuménicas. Estoy segura de que el veganismo podría acabar con todas las guerras religiosas. En la mesa, al menos, que ya es un comienzo… Mientras resolvemos el conflicto en Oriente Medio.<br><strong>Él</strong> – Es un poco más complicado que eso…<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué? ¿El conflicto en Oriente Medio?<br><strong>Él</strong> – No, para mis padres.<br><strong>Ella</strong> – Entiendo… Son practicantes. Para complacerles, les has dejado creer que su futura nuera era judía. Y ahora no sabes cómo decirles que sales con una chica que no es judía…<br><strong>Él</strong> – Tranquila, nadie en la familia es judío.<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué crees que eso me preocuparía? ¿Qué clase de persona crees que soy?<br><strong>Él</strong> – No, el problema es que…<br><strong>Ella</strong> – Vamos, esto empieza a dar miedo.<br><strong>Él</strong> – Mis padres no son realmente libreros.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cómo que no son realmente? Uno es librero o no lo es. ¿Cómo se puede no ser realmente librero?<br><strong>Él</strong> – No son libreros en absoluto… y no son tan veganos como te dije.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cómo que no tan…?<br><strong>Él</strong> – Comen verduras, claro, pero…<br><strong>Ella</strong> – ¿Son solo vegetarianos? Bueno, tampoco es un drama. ¿Piensas que soy tan sectaria? ¿Pero por qué me dijiste que eran veganos?<br><strong>Él</strong> – Lo dije así… Sabía que era importante para ti.<br><strong>Ella</strong> – ¡Es contigo con quien voy a vivir! Compartes los mismos valores que yo, eso es suficiente. No se elige a la familia, ya es bien sabido. Así que menos aún a la familia política…<br><strong>Él</strong> – No sé cómo decírtelo…<br><strong>Ella</strong> – Entonces, tus padres no son libreros. ¿Y qué? ¿A qué se dedican?<br><strong>Él</strong> – Tienen la carnicería, justo en la esquina de la calle…<br><strong>Ella</strong> (<em>sorprendida</em>) – La carnicería…<br><strong>Él</strong> – La carnicería de carne de caballo… Entre el zapatero y el estanco, ¿sabes?<br><strong>Ella</strong> – Esto es una broma, ¿no?<br><strong>Él</strong> – No.<br><strong>Ella</strong> – Me dijiste que en tu familia todos eran veganos, excepto tu abuela, ¡y ahora me dices que voy a casarme con el hijo de un carnicero!<br><strong>Él</strong> – ¡No soy carnicero! Solo soy el hijo del carnicero…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y pensabas decírmelo cuándo? ¿El día de la boda, durante la cena de celebración? ¿Entre el chorizo de burro y el filete de caballo?<br><strong>Él</strong> – ¡Pero no! Ya te lo estoy diciendo ahora…<br><strong>Ella</strong> – Te recuerdo que mis padres, ellos sí, son veganos. Y lo llevan muy en serio.<br><strong>Él</strong> – ¿En serio?<br><strong>Ella</strong> – Si te hace gracia, a mí no… Y ahora, ¿qué hacemos?<br><strong>Él</strong> – Yo soy realmente vegano. Bueno, lo soy desde que te conocí… No cambia nada entre nosotros, ¿verdad?<br><strong>Ella</strong> – Quizás para ti no signifique nada, pero para mí significa mucho…<br><strong>Él</strong> – ¿Estás enfadada?<br><strong>Ella</strong> – Voy a necesitar tiempo para reflexionar sobre todo esto, efectivamente. (Ella duda.) Pero no lo haré ahora. Nos han invitado, ¿no? Así que voy a ir… No soy de las que se echan atrás, que te quede claro. Hablaremos de esto después. ¿Vamos?<br><strong>Él</strong> – El problema es que…<br><strong>Ella</strong> – ¿Es que hay otro problema?<br><strong>Él</strong> – No me atreví a decirles que no comes carne.<br><strong>Ella</strong> – No, dime que no es cierto…<br><strong>Él</strong> – No estoy seguro de que lo comprendieran… Ya no son muy jóvenes… A su edad, no sirve de nada forzarlos… Podría incluso matarlos, ¿sabes? Mi padre tiene el corazón delicado…<br><strong>Ella</strong> – Podrías habérselo dicho, yendo con cuidado…<br><strong>Él</strong> – Digamos que no encontré el momento adecuado…<br><strong>Ella</strong> – Claro…<br><strong>Él</strong> – Siempre puedes comer las verduras… Solo tienes que decir que no tienes mucho apetito… Que estás enferma…<br><strong>Ella</strong> – ¿Sabes qué? Creo que el enfermo eres tú.<br><em>Ella se quita la chaqueta.</em><br><strong>Él</strong> – Así que no vienes…<br><strong>Ella</strong> (<em>horrorizada</em>) – ¿Una carnicería de carne de caballo?<br><strong>Él</strong> – Entonces, ¿prefieres abandonar a su triste suerte a un hijo de carnicero recientemente convertido al veganismo? Sin ti, corro el riesgo de recaer, ya lo sabes…<br><strong>Ella</strong> – ¿Encima me tomas el pelo?<br><strong>Él</strong> – No me mires así, siento como si fueras a matarme.<br><strong>Ella</strong> – La verdad es que… te confieso que me entran ganas de asesinarte.<br><strong>Él</strong> – ¡Cálmate, te lo ruego! Recuerda que eres vegana… y que para ti el sexto mandamiento es el más sagrado de los diez.<br><strong>Ella</strong> – ¿El sexto…?<br><strong>Él</strong> – ¡No matarás!<br><strong>Ella</strong> – Voy a estrangularte, y luego me confesaré.<br><em>Ella se acerca a él, amenazante.</em><br><strong>Él</strong> – No hagas eso, te lo ruego.<br><strong>Ella</strong> – No sé qué es lo que me detiene…<br><strong>Él</strong> – ¿Entonces realmente te creíste esa historia?<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué?<br><strong>Él</strong> – Vamos… ¡las carnicerías de carne de caballo ya no existen desde hace mucho! En la esquina de la calle, entre el estanco y el zapatero, ¡es una panadería! Si hicieras la compra más a menudo, lo sabrías…<br><strong>Ella</strong> – ¿Tus padres no son carniceros?<br><strong>Él</strong> – Mis padres son libreros, votan a la izquierda y son veganos. Como te he dicho siempre.<br><strong>Ella</strong> – ¡Estás loco! ¿Por qué me contaste una historia así?<br><strong>Él</strong> – Para ver hasta qué punto me quieres… Ahora ya lo tengo claro. ¿Entonces habrías rechazado casarte con el hijo de un carnicero?<br><strong>Ella</strong> – No sé… No, probablemente no. Pero habría terminado matándote, de eso seguro.<br><strong>Él</strong> – Entonces, ¿habría sido una tragedia? ¿Los Capuleto carniceros y los Montesco veganos…?<br><strong>Ella</strong> – Pero al final, sigue siendo una comedia de enredo.<br><strong>Él</strong> – Uno no cambia…<br><strong>Ella</strong> – No es un drama.<br><strong>Él</strong> – Bueno, ¿vamos? Vamos a llegar tarde.<br><strong>Ella</strong> – Vamos. No habrás olvidado el pastel de zanahoria…<br><strong>Él </strong>– Tranquila, cariño, ya está en el coche.<br><strong>Ella</strong> – Por cierto, ¿esto era una propuesta de matrimonio?<br><strong>Él</strong> – Sí…<br><strong>Ella</strong> – Sin duda, la más sorprendente que una mujer haya oído jamás.<br><strong>Él</strong> – Soy dramaturgo, después de todo. Llevo una semana preparándola. Entonces, ¿cuál es tu respuesta?<br><strong>Ella</strong> – Creo que esperaré a ver a tus padres antes de responder.<br><em>Salen juntos.</em><br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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		<title>Carne</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/carne/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 May 2025 14:57:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Albán y Eva]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Jardín]]></category>
		<category><![CDATA[Medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Muerte]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Animal]]></category>
		<category><![CDATA[Manzana]]></category>
		<category><![CDATA[Vegetarianismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carne, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Albán y Eva' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Albán y Eva siguen allí.<br></em><strong>Albán</strong> – Es increíble. Todo crece en este jardín.<br><strong>Eva</strong> – Ni siquiera necesitamos sembrar semillas.<br><strong>Albán</strong> – Ni regar.<br><strong>Eva</strong> – Y la cosecha es milagrosa. Solo tenemos que extender el brazo para recoger la fruta.<br><strong>Albán</strong> – Y agacharnos para recoger las verduras.<br><strong>Eva</strong> – Y todo es absolutamente ecológico.<br><strong>Albán</strong> – Sí… Eso, ¿qué significa, por cierto?<br><strong>Eva</strong> – ¿Qué cosa?<br><strong>Albán</strong> – Ecológico.<br><strong>Eva</strong> – Ni idea.<br><strong>Albán</strong> – ¿Qué podrían ser frutas y verduras que no sean ecológicas?<br><strong>Eva</strong> – No lo sé.<br><strong>Albán</strong> – En todo caso, es ecológico.<br><em>Un silencio.</em><br><strong>Eva</strong> – A veces me canso un poco de comer verduras, ¿y tú?<br><strong>Albán</strong> – Sí. Pero ¿qué más podríamos comer?<br><strong>Eva</strong> – ¿Qué se puede comer aquí, aparte de las plantas?<br><strong>Albán</strong> – No vamos a comer tierra…<br><strong>Eva</strong> – No vamos a comer aire.<br><strong>Albán</strong> – No vamos a beber agua del mar.<br><strong>Eva</strong> – Y no vamos a comernos el uno al otro.<br><strong>Albán</strong> – Pues no…<br><em>Un silencio.</em><br><strong>Eva</strong> – Podríamos comernos a los animales.<br><strong>Albán</strong> – ¿A los animales?<br><strong>Eva</strong> – No, era broma.<br><em>Un silencio.</em><br><strong>Albán</strong> – Bueno, quizás estén buenos.<br><strong>Eva</strong> – ¿Tú crees?<br><strong>Albán</strong> – No es muy apetitoso.<br><strong>Eva</strong> – Pero es verdad que sería algo diferente.<br><strong>Albán</strong> – ¿Cómo podemos saber si no está bueno…?<br><strong>Eva</strong> – Nunca lo hemos intentado.<br><strong>Albán</strong> – Y… ¿nos los comeríamos vivos?<br><strong>Eva</strong> – ¿Qué significa vivos?<br><strong>Albán</strong> – Como las frutas.<br><strong>Eva</strong> – Quieres decir crudos.<br><strong>Albán</strong> – Eso. Naturales, vamos. En ensalada.<br><strong>Eva</strong> – ¿Tú crees que se dejarían comer crudos?<br><strong>Albán</strong> – Tienes razón, tal vez sería mejor matarlos primero.<br><strong>Eva</strong> – ¿Matarlos?<br><em>Silencio incómodo.</em><br><strong>Albán</strong> – ¿Has matado a alguien alguna vez?<br><strong>Eva</strong> – ¿Te refieres a un animal?<br><strong>Albán</strong> – Pues sí. No a una persona. Como solo somos dos, si ya hubieras matado a alguien, yo no estaría aquí para preguntarlo.<br><strong>Eva</strong> – No… Bueno, no intencionadamente…<br><strong>Albán</strong> – Si no lo hacemos a propósito, ¿es menos grave, no?<br><strong>Eva</strong> – Sí, es… un homicidio involuntario.<br><strong>Albán</strong> – Si matáramos a un animal. Sin querer. Podríamos comérnoslo después. Para ver qué sabor tiene.<br><strong>Eva</strong> – Sí… Si no lo hacemos a propósito…<br><em>Un silencio.</em><br><strong>Albán</strong> – Esta conversación empieza a darme miedo…<br><strong>Eva</strong> – A mí también…<br><strong>Albán</strong> – Además, los animales son como nosotros, solo hay una pareja de cada especie.<br><strong>Eva</strong> – Nos comemos uno cada uno y enseguida, se extingue la especie.<br><strong>Albán</strong> – Mejor me sirvo un poco más de ensalada.<br><em>Mascullan cada uno una hoja de ensalada sin entusiasmo.</em><br><strong>Eva</strong> – ¿Quieres una manzana para el postre?<br><strong>Albán</strong> – Venga…<br><em>Comen una manzana.</em><br><strong>Eva</strong> – Empiezo a estar un poco harta de las manzanas.<br><strong>Albán</strong> – Sí… Yo también…<br><strong>Eva</strong> – Mira, había un gusano en esta manzana.<br><strong>Albán</strong> – ¿En serio?<br><strong>Eva</strong> – Pues me he comido la mitad. Sin darme cuenta…<br><strong>Albán</strong> – ¿Y qué tal?<br><strong>Eva</strong> – No está mal…<br><em><strong>Negro.</strong></em></p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación <em><strong><a href="https://sketchotheque.net/es/alban-y-eva/">Albán y Eva</a></strong></em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/alban-y-eva/">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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		<title>Corazón de buey</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/corazon-de-buey/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 May 2025 08:48:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[3 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[A corazón abierto]]></category>
		<category><![CDATA[Amistad]]></category>
		<category><![CDATA[Bistró]]></category>
		<category><![CDATA[Carnicería]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Vecino]]></category>
		<category><![CDATA[Corazón]]></category>
		<category><![CDATA[Vegetarianismo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sketchotheque.net/?p=1685</guid>

					<description><![CDATA[<p>Corazón de buey, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'A corazón abierto' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/corazon-de-buey/">Corazón de buey</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>El dueño recoge vasos del mostrador y los sumerge en un fregadero que no se ve. Llega un hombre y una mujer. El hombre echa una mirada sospechosa y un poco asqueada hacia el bar. Se sientan en una mesa.</em><br><strong>Él</strong> – Es realmente asqueroso. Me pregunto por qué sigo viniendo aquí.<br><strong>Ella</strong> – Es el único bar en frente del hospital…<br><strong>Él</strong> – Cuando ves las normas de higiene que nos imponen en nuestro trabajo… Si un paciente contrae una infección nosocomial en tu servicio, incluso un resfriado, te demanda. Luego viene aquí a tomar su vinito en una copa apenas enjuagada entre dos clientes, uno de los cuales podría tener hepatitis y el otro el virus del Ébola.<br><strong>Ella</strong> – Sí…<br><strong>Él</strong> – ¿Viste eso? Los platos sucios se remojan en el fregadero de mañana a noche. No te cuento el caldo de cultivo… Al final del día, has compartido tus microbios con la mitad de la ciudad. Infecciones nosocomiales, vaya tontería. ¿Y una enfermedad que contraes en un bar, cómo se llama?<br><strong>Ella</strong> – ¿Cirrosis hepática?<br><em>Se acerca el dueño.</em><br><strong>Dueño</strong> – ¿Y para los señores y señoras, qué será?<br><strong>Él</strong> – No lo sé… Un jugo de tomate.<br><strong>Ella</strong> – Un café.<br><em>El dueño se aleja.</em><br><strong>Él</strong> – No sé por qué tomo jugo de tomate, lo detesto.<br><strong>Ella</strong> – Ya no sabemos qué pedir, al final.<br><strong>Él</strong> – Debería haber tomado un jugo de frutas.<br><strong>Ella</strong> – Aún estás a tiempo…<br><strong>Él</strong> – No lo sé… ¿Viste la cara del dueño? No parece amigable.<br><strong>Ella</strong> – ¿Quieres que vaya yo?<br><strong>Él</strong> – Demasiado tarde, acaba de abrir la botella. Eso es típico de mí. Tendré que beberme un jugo de tomate aunque lo deteste. Además, el tomate me provoca acidez estomacal. ¿No te pasa a ti?<br><strong>Ella</strong> – No.<br><strong>Él</strong> – Qué lástima, entonces no lo beberé…<br><strong>Ella</strong> (<em>para cambiar de tema</em>) – ¿Qué planes tienes para el verano?<br><strong>Él</strong> – No lo sé todavía… Probablemente pasaré una o dos semanas en casa de mis padres, como todos los años.<br><strong>Ella</strong> – Pareces estar muy unido a tus padres.<br><strong>Él</strong> – No especialmente. Son molestos, pero tienen una villa con piscina en Cadaqués.<br><strong>Ella</strong> – Cuando eres molesto, si quieres seguir viendo a tus hijos después de que se vayan de casa, tienes que invertir en una piscina. Deberías considerarlo para los tuyos, cuando llegue el momento…<br><strong>Él</strong> – Sí… A menos que no quiera verlos demasiado seguido.<br><strong>Ella</strong> – Y aparte de eso, ¿cómo estás?<br><strong>Él</strong> – Bien, aunque… mi esposa invitó de nuevo a los vecinos a cenar.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y qué?<br><strong>Él</strong> – No es que no sean amables, pero… también son un poco molestos.<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué los invitó?<br><strong>Él</strong> – Acabamos de llegar al vecindario. Fueron amables al invitarnos a su casa para conocernos. Así que nos sentimos obligados a devolverles la invitación. Temo que se convierta en una costumbre, ¿entiendes?<br><strong>Ella</strong> – Entiendo perfectamente.<br><strong>Él</strong> – Ahora que metimos el dedo en la llaga…<br><strong>Ella</strong> – Tal vez tenga una solución.<br><strong>Él</strong> – Una solución.<br><strong>Ella</strong> – Para asegurarte de que nunca vuelvan a comer en tu casa.<br><strong>Él</strong> – ¿Cómo sería eso?<br><strong>Ella</strong> – Me pasó lo mismo hace unos años, cuando compré la casa.<br><strong>Él</strong> – ¿Y entonces?<br><strong>Ella</strong> – Los vecinos nos invitaron. Profesores, ¿sabes? Izquierdistas, obviamente. Ecologistas, tendencia vegetariana, pero que de vez en cuando comen carne si es orgánica.<br><strong>Él</strong> – Entiendo perfectamente. Amables, pero totalmente abrumadores. ¿Y cómo te libraste de ellos?<br><strong>Ella</strong> – Cuando les devolvimos la invitación, les serví un plato un tanto especial.<br><strong>Él</strong> – Especial.<br><strong>Ella</strong> – Un corazón.<br><strong>Él</strong> – ¿Un corazón? ¿Cómo un corazón?<br><strong>Ella</strong> – Un corazón de buey. Directo. Solo con una ensalada.<br><strong>Él</strong> – ¿Un corazón de buey? Ni siquiera sabía que se comía eso… ¿Dónde lo conseguiste?<br><strong>Ella</strong> – En la carnicería de la esquina.<br><strong>Él</strong> – No sabía que se vendía.<br><strong>Ella</strong> – Ah no, pero no me lo vendieron. Me lo regalaron.<br><strong>Él</strong> – ¿En serio? ¿Y se lo comieron?<br><strong>Ella</strong> – Son personas educadas, ¿entiendes? Te dije, profesores, ¿sabes? Entonces, tolerancia, respeto a la diferencia, no se atrevieron a decir nada, ya lo imaginas. Del tipo «respeto las costumbres de cada uno, incluso si son diferentes a las mías, y hago un esfuerzo por compartir algo con ellos, aunque no sea exactamente lo que yo valoro». Se taparon la nariz y se lo comieron todo.<br><strong>Él</strong> – ¿Y después?<br><strong>Ella</strong> – Nunca más los volvimos a ver.<br><strong>Él</strong> – ¿Nunca más?<br><strong>Ella</strong> – Nos encontramos ocasionalmente, obviamente, somos vecinos. Pero nunca se atrevieron a invitarnos de nuevo, por miedo a que les devolviéramos la invitación y les sirviéramos algo aún peor que la última vez… Los traumatizamos por completo, te lo digo.<br><strong>Él</strong> – Es increíble…<br><strong>Ella</strong> – Ah, no, deberías haber visto sus caras cuando puse eso en la mesa… Debería haber tomado una foto. De hecho, creo que lo hice…<br><strong>Él</strong> – Maldita sea… Pero entonces, tú también tuviste que comerlo.<br><strong>Ella</strong> – Hay que saber lo que se quiere, amigo. Es solo un mal momento pasajero. Pero después, estás tranquilo el resto de tu vida.<br><strong>Él</strong> – De acuerdo… Sí, no estoy seguro… Voy a hablarlo con mi esposa…<br><strong>Ella</strong> – ¡Sobre todo no, desgraciado!<br><strong>Él</strong> – ¿Por qué?<br><strong>Ella</strong> – ¡Por supuesto que no estaría de acuerdo!<br><strong>Él</strong> – Sí… Es probable.<br><strong>Ella</strong> – No, hazle la sorpresa. Le dices «Esta noche, cariño, soy yo quien cocina».<br><strong>Él</strong> – Ah sí, eso seguro que la sorprenderá…<br><em>Ella se levanta.</em><br><strong>Ella</strong> – Bueno, tengo que dejarte.<br><strong>Él</strong> – Vale.<br><strong>Ella</strong> – Me contarás cómo fue tu cena, ¿verdad?<br><strong>Él</strong> – Espera, ni siquiera me ha servido mi jugo de tomate todavía…<br><strong>Ella</strong> – Verás, siempre funciona. Si no quieres volver a invitarlos a cenar sin pelearte con ellos, es la única solución, te lo aseguro… Hay una carnicería justo enfrente.<br><strong>Él</strong> – ¡Gracias por el consejo! Tienes razón, lo haré…<br><strong>Ella</strong> – Cuando se puede ayudar…<br><em>Ella sale.</em><br><em><strong>Negro.</strong></em></p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación <a href="https://sketchotheque.net/es/a-corazon-abierto/"><em><strong>A corazón abierto</strong></em></a><br><a href="https://sketchotheque.net/es/a-corazon-abierto/">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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			</item>
		<item>
		<title>Corazón sensible</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/corazon-sensible/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 04 May 2025 08:14:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[A corazón abierto]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Bistró]]></category>
		<category><![CDATA[Carnicería]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Restaurante]]></category>
		<category><![CDATA[Corazón]]></category>
		<category><![CDATA[Defensa animal]]></category>
		<category><![CDATA[Veganismo]]></category>
		<category><![CDATA[Vegetarianismo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sketchotheque.net/?p=1679</guid>

					<description><![CDATA[<p>Corazón sensible, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'A corazón abierto' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>El dueño está detrás de su mostrador. Lee el periódico. Llega un hombre y una mujer. Se sientan en una mesa.</em><br><strong>Ella</strong> – Te advierto que no tengo mucho tiempo… Vuelvo a trabajar en una hora. Y mi jefe solo espera una oportunidad para despedirme…<br><strong>Él</strong> – Gracias por sacrificarme tu hora del almuerzo.<br><strong>Ella</strong> – No, pero no te sacrifico nada… (<em>Mirando el menú</em>) Voy a pedir algo de comer. ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – Sí, sí, claro, quiero decir… Gracias por aceptar almorzar conmigo.<br><em>Ella vuelve a colocar el menú. Un momento de silencio.</em><br><strong>Ella</strong> – Entonces, tenías algo que decirme…<br><strong>Él</strong> – Sí…<br><em>Incómodo silencio.</em><br><strong>Ella</strong> – Te escucho…<br><em>El dueño les lanza una mirada intrigada.</em><br><strong>Él</strong> – No sé muy bien cómo decirte esto…<br><strong>Ella</strong> – Como no tenemos mucho tiempo, te ayudaré un poco… ¿Quieres salir conmigo, verdad?<br><strong>Él</strong> (<em>sorprendido</em>) – Sí, bueno…<br><em>El dueño llega, interrumpiendo esta escena un tanto patética.</em><br><strong>Dueño</strong> – ¿Qué les sirvo?<br><strong>Ella</strong> – Una ensalada nizarda… sin anchoas ni atún.<br><strong>Él</strong> – Para mí… un bocadillo de jamón… (<em>Bromeando</em>) Sin pan ni jamón… (<em>La mujer no se ríe y el dueño le lanza una mirada fría.</em>) No, estoy bromeando. Un bocadillo de jamón, por favor.<br><strong>Dueño</strong> – Un ensalada nizarda y un bocadillo de jamón. Enseguida.<br><em>El dueño se va.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Comes carne?<br><strong>Él</strong> – Eh… sí. Bueno, no.<br><strong>Ella</strong> – Pero comes jamón…<br><strong>Él</strong> – Sí, pero… El jamón no es realmente carne, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – ¿Has visto las últimas investigaciones sobre la cría de cerdos en jaulas?<br><strong>Él</strong> – No.<br><strong>Ella</strong> – Creo que si lo hubieras visto, ya no comerías jamón…<br><strong>Él</strong> – Perdona, yo… No lo sabía…<br><strong>Ella</strong> – Eso es lo que decían los alemanes después de la guerra sobre los campos de concentración.<br><strong>Él</strong> – ¿Qué decían?<br><strong>Ella</strong> – No lo sabía…<br><strong>Él</strong> – De acuerdo… entonces… eres vegetariana.<br><strong>Ella</strong> – Vegana.<br><strong>Él</strong> – Vale…<br><strong>Ella</strong> – No conoces la diferencia, ¿verdad?<br><strong>Él</strong> – No.<br><strong>Ella</strong> – No como ningún producto de origen animal. Tampoco uso cuero. Y, obviamente, no uso pieles.<br><strong>Él</strong> – Bueno… Pieles… Con el tiempo que hace…<br><strong>Ella</strong> – ¿Perdón?<br><strong>Él </strong>– No, quiero decir… Yo tampoco uso pieles. Es un comienzo, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Escucha, seré sincera contigo, nunca podría salir con un chico que se come jamón. Pero podemos ser amigos, si quieres… No somos sectarios, después de todo.<br><strong>Él</strong> – ¿Es tan grave? Quiero decir… Es solo una loncha de jamón.<br><strong>Ella</strong> – ¿Sabes en qué condiciones fue criado ese cerdo? ¿Cómo vivió? ¿En qué condiciones fue sacrificado?<br><strong>Él</strong> – No.<br><strong>Ella</strong> – ¿Alguna vez has visitado una granja de cerdos?<br><strong>Él</strong> – No.<br><strong>Ella</strong> – ¿Alguna vez has visitado un matadero?<br><strong>Él</strong> – No… y tú?<br><strong>Ella</strong> – Yo tampoco, pero he visto muchos videos al respecto.<br><strong>Él</strong> – De acuerdo… No, pero… No me importa tanto el jamón… Quiero decir… la carne en general.<br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿podrías volverte vegano solo para salir conmigo?<br><strong>Él</strong> – ¿Por qué no? ¡Claro! Absolutamente…<br><strong>Ella</strong> – Y si fuera musulmana o judía, y te pidiera que dejaras de comer cerdo y te convirtieras a mi religión, ¿lo harías?<br><strong>Él</strong> – ¿Eres musulmana?<br><strong>Ella</strong> – Es solo una suposición. ¿Y qué?<br><strong>Él</strong> – No lo sé… Tal vez… Soy católico, pero… Es como con la carne, no me importa tanto…<br><strong>Ella</strong> – En realidad eres muy influenciable.<br><strong>Él</strong> – O tal vez… me importa mucho salir contigo.<br><strong>Ella</strong> – Sí… pero no sería por convicción.<br><strong>Él</strong> – ¿Que saldría contigo?<br><strong>Ella</strong> – ¡Que dejarías de comer carne! Sería solo para salir conmigo.<br><strong>Él</strong> – Sí, bueno…<br><strong>Ella</strong> – Y en cuanto te dejara, volverías a comer carne.<br><strong>Él</strong> – Aún no estamos saliendo y ya estás considerando dejarme?<br><em>Un momento.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Cuál ha sido tu peor experiencia culinaria?<br><strong>Él</strong> – ¿Perdón?<br><strong>Ella</strong> – La peor comida de tu vida, si prefieres.<br><strong>Él</strong> (<em>bromeando</em>) &#8211; Espero que no sea esta… (<em>Ella sigue impasible.</em>) No, no lo sé…<br><strong>Ella</strong> – Bueno, yo puedo decirte la mía.<br><strong>Él</strong> – De acuerdo.<br><em>Eventualmente, una música melodramática acompaña el relato de este episodio traumático.</em><br><strong>Ella</strong> – Debía tener unos diez años. Fuimos invitados con mis padres a casa de unos amigos suyos. Un médico y su esposa. En realidad, no eran realmente amigos. Eran solo nuestros nuevos vecinos. Mi madre los invitó una primera vez para darles la bienvenida al vecindario, y ellos nos devolvieron la invitación. Mis padres son personas muy sencillas. Probablemente les halagaba ser invitados a cenar con un cirujano. Probablemente esperaban que estos grandes burgueses pusieran todo el lujo en la mesa. Así que tomamos el aperitivo, charlamos un poco y nos sentamos a la mesa. Es cierto que la vajilla era de porcelana y el mantel era de un blanco inmaculado. Había tantos cubiertos en la mesa que no sabíamos cuál tomar primero. Llega el plato principal, después de una ensalada verde, ¿y qué pone el cirujano en la mesa?<br><em>La música se detiene abruptamente.</em><br><strong>Él</strong> – Me estás asustando…<br><strong>Ella</strong> – ¡Un corazón!<br><em>Blanco.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Un corazón humano?<br><strong>Ella</strong> – No… Humano, no… Bueno, al menos no creo. Supongo que sería un corazón de vaca.<br><strong>Él</strong> – Un corazón de vaca… Ni siquiera sabía que se podía comer… Lo blando, tal vez… Para los gatos… Creo que es pulmón… ¡Pero un corazón!<br><strong>Ella</strong> – Y esos dos sádicos todavía tuvieron el descaro de preguntarnos si nos gustaba.<br><strong>Él</strong> – ¿Y entonces?<br><strong>Ella</strong> – Mis padres son personas extremadamente educadas… Así que invitados a casa de un médico, ya te puedes imaginar… Entonces mi madre responde cortésmente: «Por supuesto. Nunca lo hemos comido, pero bueno. Tiene que haber una primera vez, ¿verdad?»<br><strong>Él</strong> – ¡Joder…<br><strong>Ella</strong> – Y mi padre añade: «Ah sí, corazón de vaca, eso es original, cambia un poco. Es cierto, nunca se nos ocurre, deberíamos hacerlo más a menudo, ¿no crees, cariño?» Yo siento náuseas, obviamente. Digo que no me gusta. Mi madre insiste: «¡Hasta que no lo pruebas, no puedes decir que no te gusta!» Y el médico nos da una lección: «¿Sabían que en las tribus primitivas, los guerreros se comían el corazón de sus enemigos para apropiarse de su fuerza?» Y la esposa del médico añade: «En cualquier caso, el corazón de vaca es muy bueno para la salud. Está lleno de proteínas. Y no decimos &#8216;fuerte como un buey&#8217;… Y ahí estaba yo con un enorme trozo de corazón en mi plato.<br><strong>Él</strong> – ¿No había nada más para comer?<br><strong>Ella</strong> – Ensalada verde.<br><strong>Él</strong> – Corazón con ensalada…<br><strong>Ella</strong> – No es fácil de cortar, te lo digo. Como una suela de goma, ¿sabes? ¿Alguna vez has comido algo así?<br><strong>Él</strong> – ¿Una suela de goma…?<br><strong>Ella</strong> – Y todos mascando su corazón de vaca antes de forzarse a tragarlo. Todo mientras se habla del tiempo, como si todo esto fuera perfectamente normal.<br><strong>Él</strong> – ¿Y sabe bien? Bueno, quiero decir… ¿Cómo sabe?<br><strong>Ella</strong> – Nada. Tiene la consistencia de un chicle. Desde entonces, nunca más mastiqué chicle. Y sobre todo, de la noche a la mañana, me hice vegana. Incluso antes de que existiera la palabra. Incluso me pregunto si no fui yo quien inventó el concepto…<br><strong>Él</strong> – Ah sí… Definitivamente es suficiente para traumatizar a alguien para siempre…<br><strong>Ella</strong> – Espera… ¿y si tú tenías razón…?<br><strong>Él</strong> – ¿Perdón?<br><strong>Ella</strong> – Ahora me pregunto si realmente era un corazón de vaca.<br><strong>Él</strong> – ¿No?<br><strong>Ella</strong> – Bueno, era un cirujano, ¿sabes? Cuando trasplantan un nuevo corazón a un paciente, no sabemos realmente qué hacen con el antiguo. Supongo que no hay muchos enfermos que pidan recuperarlo para guardarlo como recuerdo en un frasco.<br><strong>Él</strong> – ¿Crees que hay cirujanos caníbales?<br><em>El camarero vuelve con el sándwich y la ensalada.</em><br><strong>Camarero</strong> – Un bocadillo de jamón y una ensalada nizarda… sin anchoas ni atún. Le he puesto caballa en su lugar. (<em>La chica le lanza una mirada asesina y él continúa con cara seria</em>.) Es broma. ¡Buen provecho!<br><em>El hombre mira su sándwich antes de apartarlo.</em><br><strong>Él</strong> – No, tienes razón. No sería honesto de mi parte.<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué?<br><strong>Él</strong> – Dejar de comer carne solo para salir contigo. Tengo que creer en ello.<br><strong>Ella</strong> – Claro…<br><strong>Él</strong> – El problema es que dejar la carne es como dejar de fumar. Cuando estás enganchado…<br><strong>Ella</strong> – ¿Entonces renuncias a…<br><strong>Él</strong> – Sé lo que tengo que hacer.<br><strong>Ella</strong> – Ahora eres tú quien me da miedo.<br><strong>Él</strong> – Voy a ir a la carnicería justo enfrente. Voy a comprar un corazón de vaca y me lo voy a comer entero. Después, creo que estaré definitivamente asqueado de la carne. Como tú.<br><strong>Ella</strong> – ¿Harías eso por mí? ¿Te comerías un corazón de vaca?<br><strong>Él</strong> – ¿Qué crees?<br><em>Se levanta. Sorprendida, ella se levanta también.</em><br><strong>Ella</strong> – Pero… ¿vas ahora mismo?<br><strong>Él</strong> – Si pienso demasiado, es posible que no lo logre.<br><strong>Ella</strong> – Y… ¿tienes una receta?<br><strong>Él</strong> – Lo voy a comer crudo. Soy un guerrero, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Bueno…<br><strong>Él</strong> – Vamos, deséame suerte.<br><em>Él la abraza y, jugando con el efecto sorpresa, la besa larga y apasionadamente en los labios. Se va. Ella lo mira partir, desconcertada. El camarero, que ha visto todo, vuelve.</em><br><strong>Camarero</strong> – ¿No le gustó el bocadillo de jamón?<br><strong>Ella</strong> – Decidió volverse vegano.<br><strong>Camarero</strong> – En cualquier caso, parece estar realmente motivado…<br><strong>Ella</strong> – Sí…<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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