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	<title>Archives des Mueble - La Sketchothèque</title>
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	<description>Les sketchs de Jean-Pierre Martinez</description>
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	<title>Archives des Mueble - La Sketchothèque</title>
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		<title>Los muebles</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 May 2025 12:23:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Burlesco]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los muebles, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/los-muebles/">Los muebles</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>El escenario está vacío. El está aquí. Ella llega desde fuera.</em><br><strong>Ella</strong> (<em>mirando alrededor, consternada</em>) – Pero… ¿dónde están los muebles?<br><strong>Él</strong> (<em>satisfecho de si mismo</em>) – Nunca adivinarás.<br><em>Ella le mira, esperando una explicación.</em><br><strong>Él</strong> – Un tipo llamó a la puerta esta mañana. Un anticuario.<br><strong>Ella</strong> (<em>inquieta</em>) – ¿Y qué?<br><strong>Él</strong> – Primero le dije que no teníamos nada que vender.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y después…?<br><strong>Él</strong> – Me dije que no costaba nada pedir una evaluación de todo esto. La estimación era gratuita. Nunca adivinarás cuánto me propuso a cambio de todas esas antiguallas.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cuánto…?<br><strong>Él</strong> – Más de lo necesario para comprar otras.<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué venderlas entonces?<br><strong>Él</strong> – ¡Para cambiar un poco! Me habías dicho que querías comprar otro sofá.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y qué?<br><strong>Él</strong> – Sabes muy bien que al cambiar el sofá hubiéramos tenido también que comprar otra mesa que correspondiese. Luego cambiar la sillas también, etcétera…<br><strong>Ella</strong> – Bueno, quizás…<br><strong>Él</strong> – ¡Nos hubiera costado un montón! ¿Y qué hubiéramos hecho con nuestros muebles de antes?<br><em>Ella no contesta.</em><br><strong>Él</strong> – Así es mucho más simple.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y mientras tanto qué?<br><strong>Él</strong> – ¿Mientras qué?<br><strong>Ella</strong> – Que volvamos a comprar otros muebles…<br><em>Él mira alrededor, al escenario vacío.</em><br><strong>Él</strong> – Personalmente, nunca me han gustado mucho las habitaciones sobrecargadas.<br><strong>Ella</strong> – Pues seguro que ahora no está sobrecargado.<br><strong>Él </strong>– ¿No estás contenta?<br><strong>Ella</strong> – ¿De no tener muebles…?<br><strong>Él</strong> – ¡Pero tú me dijiste que ya no te gustaba ese viejo sofá!<br><strong>Ella</strong> – ¡No te he dicho que no quisiera muebles! ¡Ya ni siquiera tenemos una cama!<br><strong>Él</strong> – Pero acabo de explicarte que… ¡Pensé agradarte!<br><strong>Ella</strong> (<em>conciliadora</em>) – Bueno, vamos al restaurante esta noche. Dormiremos en un hotel y mañana volvemos a comprar muebles ¿De acuerdo?<br><strong>Él</strong> – De acuerdo…<br><em>Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – Nos queda escoger el estilo.<br><strong>Ella</strong> – Si tenemos que cambiar, vamos por el moderno, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Sí… pero en ese caso, tendremos que repintarlo todo…<br><strong>Ella</strong> – Eres demasiado perfeccionista, ¿no te parece?<br><strong>Él</strong> – Muebles modernos con estas pinturas descoloridas, va a chocar…<br><strong>Ella</strong> (<em>irónica</em>) – Y si cambiamos de piso de una vez.<br><strong>Él</strong> – ¿Tú crees? (<em>Un tiempo</em>) Mira, por lo menos, no costaría mucho mudarse… Ya no tenemos muebles. Cerramos los contadores del agua y la electricidad, nos vamos, y ni siquiera tenemos que volver.<br><em>Ella de repente tiene una duda.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Pensaste en vaciar los cajones?<br><strong>Él</strong> – Claro.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y tu alianza?<br><strong>Él</strong> – ¿Mi alianza?<br><strong>Ella</strong> – ¡La que guardabas en el cajón de la mesa de noche!<br><strong>Él</strong> – ¡Joder…!<br><em>Ella no dice nada, pero se nota que está muy afectada. El está muy mal también.</em><br><strong>Él</strong> – Hacía tanto tiempo que estaba allí. Ni siquiera me acordaba…<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tienes la dirección de este anticuario?<br><strong>Él</strong> – No… Me pagó en efectivo, lo puso todo en el camión y se fue. (<em>Un tiempo, sin convicción</em>) Si la encuentra nos llamará…<br><strong>Ella</strong> (<em>amarga</em>) – Claro… Y si no la encuentra, siempre podrás cambiar de mujer… Escoger una más moderna, que se armonice mejor con las nuevas pinturas y los nuevos muebles.<br><strong>Él</strong> – Lo siento…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y por qué nunca la llevaste, tu alianza?<br><strong>Él</strong> – ¡La llevé! (<em>Un tiempo</em>) Antes de casarnos… ¿Te acuerdas? Había comprado esos anillos en un bazar en El Cairo. Para hacer creer que ya estábamos casados. Si no, en los hoteles no querían alquilarnos una habitación.<br><strong>Ella</strong> – Ya que has vendido los muebles, incluso la cama matrimonial, sí que tendremos que ir al hotel esta noche…<br><strong>Él</strong> – No te preocupes. Aquí no nos preguntarán por la partida de matrimonio.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y después de casarnos? ¿Por qué la dejabas en la mesa de noche?<br><strong>Él</strong> – Pues… por miedo a perderla.<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – ¿Sigues enfadada…?<br><em>Ella no contesta.</em><br><strong>Él</strong> – ¡Vamos!<br><strong>Ella</strong> – ¿A dónde?<br><strong>Él</strong> – ¡Al hotel! Será como otro viaje de bodas… ¡No más alianzas, no más muebles, pronto no más piso! ¡Volvemos a empezar de cero!<br><strong>Ella</strong> – Yo todavía la tengo, mi alianza…<br><strong>Él</strong> – Pues mejor quitártela.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y por qué?<br><strong>Él</strong> – Pareces casada. Yo no. En el hotel van a creer que se trata de un adulterio…<br><strong>Ella</strong> – Me dejas escoger entre la soltería y una relación ilegítima. ¿Es eso?<br><em>Se van.</em><br><strong>Ella</strong> – Tienes una idea un poco rara del matrimonio…<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0"></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación<em> <a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/">Ella y Él</a> </em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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		<title>Cambio de decorado</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/cambio-de-decorado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 13:44:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Burlesco]]></category>
		<category><![CDATA[Casa]]></category>
		<category><![CDATA[Dinero]]></category>
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		<category><![CDATA[Equívoco]]></category>
		<category><![CDATA[Mueble]]></category>
		<category><![CDATA[Perro]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad de consumo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cambio de decorado, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>El haz de una linterna en la oscuridad. Luego, un segundo haz. El primero ilumina el rostro del segundo.</em><br><strong>Él</strong> – ¡Ah, eres tú! Me has dado un susto…<br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿todo bien?<br><strong>Él</strong> – Sí, ya está, todo está en el camión.<br><strong>Ella</strong> – ¿Salió todo bien?<br><strong>Él</strong> – Lo de siempre.<br><em>Ella dirige la linterna hacia el público.</em><br><strong>Ella</strong> – Así que, no había nadie…<br><strong>Él</strong> – Con el ruido que hizo el perro cuando llegué… Si hubiera alguien en la casa, ya se habría despertado.<br><strong>Ella</strong> – O, entonces, está muerto.<br><strong>Él</strong> – No digas eso, no me des ideas. ¿Te imaginas? Entras en una casa de noche para robar y te encuentras con un cadáver…<br><strong>Ella</strong> – Con la mala suerte que tengo últimamente, no me sorprendería demasiado.<br><strong>Él</strong> – Sí… Lo vi en una película una vez. No recuerdo cómo se llamaba…<br><strong>Ella</strong> – Me lo cuentas otro día. Y el perro… ¿Todo bien?<br><strong>Él</strong> – Gracias por preocuparte de si me ha mordido o no…<br><strong>Ella</strong> – ¿Te ha mordido?<br><strong>Él</strong> – Me ha roto el pantalón. He tenido que dejarlo inconsciente…<br><strong>Ella</strong> – Si no hay nadie, ¿podemos encender la luz, no?<br><strong>Él</strong> – Adelante, las casas de alrededor están vacías. Son casi todas segundas residencias. Y sin contar a los que ya se han mudado.<br><strong>Ella</strong> – Por los robos, seguramente.<br><strong>Él</strong> – Si esto sigue así, solo quedarán casas vacías para robar en la región.<br><em>Ella enciende un interruptor, y se hace la luz. La ropa del hombre está en harapos</em>.<br><strong>Ella</strong> – Vaya, te ha dejado hecho un cristo. Pobrecillo… ¿No le habrás hecho demasiado daño?<br><strong>Él</strong> – ¿Por qué? ¿Vas a hacer una denuncia a la protectora de animales?<br><em>Miran a su alrededor.</em><br><strong>Ella</strong> – Has hecho una buena limpieza, ¿eh? No queda nada.<br><strong>Él</strong> – Todo cabe en el camión.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cosas interesantes?<br><strong>Él</strong> – Principalmente muebles. Figuritas. De mal gusto, la mayoría.<br><strong>Ella</strong> – Ya veo…<br><strong>Él</strong> – Típico estilo de nuevos ricos.<br><strong>Ella</strong> – Es mejor ser un nuevo rico que un nuevo pobre.<br><strong>Él</strong> – Pero había una caja fuerte.<br><strong>Ella</strong> – ¿En serio?<br><strong>Él</strong> – La abrí.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cuánto?<br><strong>Él</strong> – Todo está en el camión. No he contado.<br><strong>Ella</strong> – Lo veremos luego. No vamos a quedarnos mucho más aquí. ¿Has revisado las otras habitaciones?<br><strong>Él</strong> – He vaciado todo. ¿Has venido con Manolo?<br><strong>Ella</strong> – Me he echado una cabezada en el coche de camino, ni siquiera sé dónde estamos. (Mira a su alrededor otra vez.) Es increíble cómo una casa vacía puede parecerse tanto a otra.<br><strong>Él</strong> – Sí…<br><strong>Ella</strong> – ¿Estás seguro de que es la casa correcta?<br><strong>Él</strong> – ¿Has visto la cruz abajo en la fachada? Manolo hizo el reconocimiento en la zona la semana pasada.<br><strong>Ella</strong> – Sí… El tipo de cruz que indica objetos de valor, sin alarma, fácil de entrar…<br><strong>Él</strong> – No se equivocó. Excepto con el perro. Seguro que estaba durmiendo cuando pasó.<br><strong>Ella</strong> – Es extraño. Esta casa me resulta vagamente familiar…<br><strong>Él</strong> – Gente que conoces, tal vez…<br><strong>Ella</strong> – Tal vez…<br><em>Ella recoge algo del suelo.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Qué es eso?<br><strong>Ella</strong> – Una factura de la luz.<br><strong>Él</strong> – Se habrá caído de algún cajón.<br><strong>Ella</strong> – Está a mi nombre…<br><strong>Él</strong> – ¿No…?<br><strong>Ella</strong> – Ya me lo parecía…<br><strong>Él</strong> – ¿Quieres decir que…?<br><strong>Ella</strong> – ¡Estamos en mi casa! No me lo puedo creer… ¡Habéis robado en mi casa!<br><strong>Él</strong> – ¡¿Cómo iba yo a saberlo?! Había una cruz en la pared. ¿No le dijiste a Manolo dónde vivías?<br><strong>Ella</strong> – No… ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – Ni se me pasó por la cabeza…<br><strong>Ella</strong> – Joder… Había una posibilidad entre mil…<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – Bueno… Entonces la mudanza será más rápida…<br><strong>Ella</strong> – No tenía intención de mudarme.<br><strong>Él</strong> – Entonces, ¿qué hacemos?<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué quieres que hagamos? Solo nos queda volver a colocar los muebles en su sitio. Ya sabes, los muebles y las figuritas de mal gusto. Típico estilo de nuevos ricos…<br><strong>Él</strong> – OK…<br><strong>Ella</strong> – Y también me devuelves mi dinero. Quizá tenga suficiente para comprarme otra caja fuerte con él. Ahora que has roto la mía…<br><strong>Él</strong> – No te preocupes, no has perdido gran cosa. Era una baratija. Me la ventilé en cinco minutos…<br><strong>Ella</strong> – Esto es increíble. Espero que el perro, al menos, esté bien…<br><strong>Él</strong> – ¿Todavía te preocupas por ese maldito perro?<br><strong>Ella</strong> – ¡Es mío! ¡Es mi perro al que has dejado inconsciente!<br><strong>Él</strong> – Ah, sí, es verdad, perdona… Bueno, estará bien.<br><strong>Ella</strong> – Sí… Estaba tumbado delante de su caseta cuando pasé. Me preguntaba por qué no había ladrado al verme.<br><strong>Él</strong> – Reconoció a su dueña, claro.<br><strong>Ella</strong> – Sí… Y yo ni siquiera reconocí mi propia casa…<br><strong>Él</strong> – Y luego dicen que los animales son menos inteligentes que nosotros.<br><strong>Ella</strong> – Bueno, al trabajo. Que todavía tenemos faena, ¿eh…?<br><strong>Él</strong> – Si no, declaras el robo, y el seguro te lo reembolsa todo.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tú crees?<br><strong>Él</strong> – Nos deshacemos de todo este lío, si logramos venderlo a alguien. Y aprovechas para cambiar la decoración…<br><strong>Ella</strong> – Sí… Así evitamos otro cambio de decorado al director de escena.<br><strong>Él</strong> – ¿Salimos por el patio o por el jardín?<br><em>Salen</em>.<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0"></p>



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