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	<title>Archives des Depresión - La Sketchothèque</title>
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	<description>Les sketchs de Jean-Pierre Martinez</description>
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	<title>Archives des Depresión - La Sketchothèque</title>
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		<title>Pequeña depresión</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 May 2025 12:58:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[4 personajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pequeña depresión, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Nicotina' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/pequena-depresion/">Pequeña depresión</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Llegan otros dos y se ponen a fumar.<br></em><strong>Fred</strong> – ¿Qué tal?<br><strong>Al</strong> – Bien… Bueno, la verdad, no…<br><strong>Fred</strong> – ¿Qué pasa? ¿Problemas personales?<br><strong>Al</strong> – Bueno, no. No tengo ningún problema personal. De hecho, no tengo vida personal.<br><strong>Fred</strong> – Entonces, ¿qué te pasa?<br><strong>Al</strong> – No lo sé… Una sensación de vacío… La sensación de no estar en mi lugar… Siento que mientras estoy aquí, mi vida está pasando en otra parte. Sin mí. ¿Alguna vez has sentido eso?<br><strong>Fred</strong> – Es solo un pequeño bajón. Deberías ver a un médico. Él te dará algo. No te quedes así, ya sabes. No se debe jugar con eso.<br><strong>Al</strong> – Para eso, puedo tranquilizarte enseguida. Ya no juego desde hace mucho tiempo. Es más, ni siquiera recuerdo la última vez que me reí.<br><strong>Fred</strong> – Entonces, ¿qué piensas hacer? No vas a hacer una tontería al menos. Quiero decir, ¿como renunciar?<br><strong>Al</strong> – No lo sé… La vida es curiosa. Al principio, pensamos que tenemos problemas, pero que los resolveremos uno por uno, y que después estaremos tranquilos. Y luego, nos damos cuenta de que una vez resueltos esos problemas, surgen otros. Y siempre habrá más problemas por resolver. El tiempo pasa y a partir de cierta edad, empezamos a pensar que todos esos problemas, un día, ya no serán nuestros. Porque simplemente no estaremos aquí. Creo que he alcanzado esa edad. No trae serenidad, pero permite cierta distancia. ¿Sabías que el Papa ha muerto?<br><strong>Fred</strong> – No me digas que eso es lo que te pone así… ¿Lo conocías personalmente?<br><strong>Al</strong> – No…<br><strong>Fred</strong> – No sabía que te interesaba tanto la religión. ¿Crees en Dios?<br><strong>Al</strong> – No. ¿Y tú?<br><em>Se van. Llegan otros dos.</em><br><strong>Mok</strong> – ¿Has oído eso? El Papa ha muerto.<br><strong>Zac</strong> – ¿El Papa?<br><strong>Mok</strong> – El Papa.<br><strong>Zac</strong> – ¿Y de qué murió?<br><strong>Mok</strong> – Cáncer de pulmón.<br><strong>Zac</strong> – No sabía que el Papa fumaba.<br><strong>Mok</strong> – Aparentemente, fumaba a escondidas.<br><strong>Zac</strong> – El tabaco, es una verdadera mierda.<br><strong>Mok</strong> – Fidel Castro o Winston Churchill, igual. Si no hubieran fumado tanto y hubieran hecho más deporte, tal vez estarían vivos todavía.<br><strong>Zac</strong> – Y si Hendrix hubiera tocado el violín en una orquesta filarmónica, seguramente seguiría con nosotros hoy.<br><strong>Mok</strong> – Me pregunto qué estaría haciendo, ¿eh?<br><strong>Zac</strong> – Estaría jugando al scrabble en su residencia de ancianos con Jim Morrison, James Dean y Janis Joplin.<br><strong>Mok</strong> – Tienes razón, sería extraño… ¿Crees que no vale la pena dejar de fumar?<br><strong>Zac</strong> – Pero todas esas personas de las que hablamos, ya habían alcanzado la cumbre de su arte. Nosotros todavía estamos buscando en qué podríamos ser buenos.<br><strong>Mok</strong> – Creo que si fuéramos genios, ya se sabría.<br><strong>Zac</strong> – Cervantes escribió Don Quijote después de los cincuenta. Todavía tenemos esperanza.<br><strong>Mok</strong> – Entonces, ¿hay que ser un genio para tener derecho a arruinar la salud, verdad?<br><strong>Zac</strong> – ¿Qué quieres que te diga? Somos de la raza de los jodidos. Así son las cosas.<br><em>Se van.</em><br><strong><em>Negro</em></strong>.</p>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0"></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



<p><strong>Contactar con el autor </strong>: <a href="https://sketchotheque.net/es/formulario-de-contacto/">FORMULARIO DE CONTACTO</a></p>



<p>Sketch extraído de la recopilación<em> <a href="https://sketchotheque.net/es/nicotina/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Nicotina</a></em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/nicotina/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><a href="https://sketchotheque.net/es/nicotina/"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="400" height="437" src="https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/nicotina-jean-pierre-martinez-b.webp" alt="Nicotina" class="wp-image-1900" style="width:204px;height:auto" srcset="https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/nicotina-jean-pierre-martinez-b.webp 400w, https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/nicotina-jean-pierre-martinez-b-275x300.webp 275w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></a></figure>



<p class="has-text-align-left">Encuentra todas las obras de teatro de Jean-Pierre Martinez en su sitio web:<br><a href="https://jeanpierremartinez.net/es/accueil-espanol/">https://jeanpierremartinez.net</a></p>



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		<title>Consulta</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/consulta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 May 2025 12:23:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Consultorio médico]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
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		<category><![CDATA[Escoba]]></category>
		<category><![CDATA[Malentendido]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Consulta, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Muertos de la risa' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/consulta/">Consulta</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Un hombre entra en una sala de consulta. El médico está sentado a la mesa ocupado en rellenar papeles.</em><br><strong>Médico</strong> (<em>sin alzar los ojos</em>) – Siéntese, por favor.<br><strong>Paciente</strong> – Gracias.<br><em>El médico dirige a su cliente una mirada cansada que pretende, a pesar de todo, ser atenta.</em><br><strong>Médico</strong> – Dígame, ¿qué le trae por aquí?<br><strong>Paciente</strong> – Pues… No sé cómo decírselo, pero creo que he atrapado la Muerte.<br><strong>Médico</strong> – Ah bueno, ya se sabe. En fin, en este momento, es lo que hay. Se trata de un virus que anda por ahí. Pero créame, eso se pasa. Es lo de siempre. La nariz como un grifo… Un picor intenso en la garganta… Un como cansancio…<br><strong>Paciente</strong> – No, no, doctor, todo va muy bien… No estoy enfermo… Lo que quiero decir es que… Realmente he atrapado a la muerte.<br><em>El médico parece un poco fuera de órbita.</em><br><strong>Médico</strong> – Sí… Bueno, le voy a recetar un pequeño tratamiento preventivo, caso que… (<em>Saca una receta que empieza a rellenar</em>) Un coctel de vitaminas para despertar ese sistema inmunitario un poco adormecido por el frío, un jarabe para aliviar la garganta, aspirina para el dolor de cabeza… (<em>Dirige la receta hacia el paciente</em>) Con esto, pasará el invierno sin más problemas…<br><em>Pero el paciente no recoge la receta.</em><br><strong>Paciente</strong> – Ya sabía yo que no iba a ser tan fácil.<br><strong>Médico</strong> – Se trata de un tratamiento corriente cien por cien. Como los que prescribo 30 veces al día mínimum.<br><strong>Paciente</strong> – Doctor, he atrapado a la Muerte, está encerrada en el Seat Ibiza que está aparcado en mi garaje en Albacete.<br><em>El médico sale poco a poco de su estupor, creyendo casi reconocer al típico paciente gracioso capaz de romper la rutina de una jornada tan anodina como las demás.</em><br><strong>Médico</strong> – Sí… Cuénteme usted eso…<br><strong>Paciente</strong> – Bien, ayer por la tarde decidí poner fin a mis días.<br><strong>Médico</strong> – Mmmm<br><strong>Paciente</strong> – Las armas de fuego no son mi estilo en absoluto. El gas, creo que es peligroso para los vecinos. Hay que pensar también en los que quedan.<br><strong>Médico</strong> – Cierto.<br><strong>Paciente</strong> – Por consiguiente, me he dirigido al garaje. He taponado bien la puerta con toallas mojadas tal como he visto hacer a menudo en las teleseries. Y después, he arrancado mi Seat Ibiza, con mucho esfuerzo por otra parte. Echa humo como un tractor y hace casi el mismo ruido. Es el convertidor. Tendría que cambiarlo, pero bueno, para mi propósito era más bien una ventaja. Entonces me he sentado al volante. He encendido la radio y he dejado calentar el motor. Resumiendo, empezaba a adormecerme tranquilamente para el que debía ser mi último sueño, cuando la he visto en el retrovisor, sentada tras de mí…<br><strong>Médico</strong> – ¿A quién<br><strong>Paciente</strong> – ¡A la muerte!<br><strong>Médico</strong> – Claro, por supuesto.<br><strong>Paciente</strong> – Bueno, no debería haberme sorprendido hasta ese punto puesto que la muerte, yo estaba haciendo todo lo necesario para encontrarla. ¿Pero sabe lo que me ha asombrado?<br><strong>Médico</strong> – No.<br><strong>Paciente</strong> – Pues que ella se parecía muchísimo a la imagen que tenemos de ella.<br><strong>Médico</strong> – Es decir…<br><strong>Paciente</strong> – Gran capa negra, guadaña, ¡toda la panoplia completa, vamos! Se dice que todo eso, bueno, no es más que una imagen, un cliché. Nadie la ha visto nunca. La muerte tal vez existe, de acuerdo, pero nadie la ha visto nunca, es como Dios. Quizás nos la encontremos un día allá arriba pero nadie ha vuelto nunca con fotos para que sepamos exactamente a qué se parece. Por consiguiente sospechamos que aunque exista no sea exactamente un venerable anciano de cabellos largos y barba blanca, alguien que se pareciera vagamente a papá Noel.<br><strong>Médico</strong> – No, desde luego.<br><strong>Paciente</strong> – Pues bien, eso es lo que me ha jodido vivas las neuronas, ya está dicho. Verla así, exactamente como la había imaginado.<br><strong>Médico</strong> – Sí, claro. Eso ha debido ser un choque.<br><strong>Paciente</strong> – Sea como fuere, créame, ello me ha despertado. No sé que me ha pasado, que he parado el motor en seco, he bajado del coche como un loco dando un portazo. Y en ese momento he tenido, por suerte, el gran reflejo.<br><strong>Médico</strong> – ¿Ah, sí?<br><strong>Paciente</strong> – Todavía tenía la llave del Seat Ibiza en la mano. Me he apoyado acto seguido sobre él para cerrar con llave las puertas, es lo único que funciona en este coche pero al menos, eso todavía funciona. Era uno de los primeros modelos equipados con cierre automático de la época, incluso dudé en tomar esta opción ya que no soy demasiado manitas, pero ya sabe usted cómo son las cosas. Era el único modelo disponible de inmediato en el taller. Era esto o esperar la entrega del pedido durante meses…<br><strong>Médico</strong> – Sí, ya sé lo que es eso, acabo de cambiar mi Mercedes y he tenido que cargar con un encendedor de puros cuando ya hace 5 años que he dejado de fumar. ¿Y sabe usted cuanto cuesta la opción encendedor de puros en una máquina como ésa? Casi el precio de un Seat Ibiza de ocasión. Bueno, ¿y qué pasó?<br><strong>Paciente</strong> – Que me había salvado. Ella estaba encerrada en mi coche, ante mis ojos, digo. La veía clarísimamente aplastar su especie de burka completamente negro contra el cristal para intentar salir. Pero no, estaba bien atrapada en el cepo. ¿Se da usted cuenta? En mi Seat Ibiza.<br><strong>Médico</strong> (<em>volviendo a su recetari</em>o) – Así pues, ¿no va a querer el jarabe?<br><strong>Paciente</strong> – ¿Pero es que no comprende lo que le digo? ¡He atrapado a la Muerte!<br><strong>Médico</strong> – Sí, sí. Puedo recomendarle a un colega, ¿qué le parece? Espere, debo tener la dirección por ahí, en mi agenda.<br><em>Busca sin encontrar nada, por lo que descuelga el teléfono.</em><br><strong>Médico</strong> – Sí, Dolores, ¿Puede darme el número de teléfono del doctor Martinez? El psiquiatra… (Garrapatea algo en un papel) Gracias, Dolores. (<em>Cuelga y alarga el papel al paciente</em>) Ya está, va a verlo de mi parte y le explica lo que le pasa, ¿de acuerdo? Estoy seguro de que le interesará muchísimo.<br><strong>Paciente</strong> – Gracias ¿Y qué hago con mi Seat Ibiza?<br><strong>Médico</strong> – ¿Dígame?<br><strong>Paciente</strong> – Bueno, voy a necesitarlo ahora. Ahora que he decidido no suicidarme con monóxido de carbono, me explico. ¿Qué hago? Si abro la portezuela, va a aprovechar para largarse, la muerte. Y se va a poner a segar en seco.<br><strong>Médico</strong> – ¿Segar?<br><strong>Paciente</strong> – ¡La muerte, con su guadaña!<br><strong>Médico</strong> – Ah, claro, por supuesto.<br><strong>Paciente</strong> – Es una responsabilidad, desde luego. Ahora que me acuerdo, ¿usted lo ha visto? Ayer en los informativos, ningún deceso de celebridad alguna al final de sus días, se anunció. Ningún temblor de tierra en cualquier país subdesarrollado, ni un mal accidente de transporte escolar. Lo cual es evidente, ya que la muerte está encerrada en mi coche.<br><strong>Médico</strong> (<em>sin que se sepa si bromea o habla en serio</em>) – Por otra parte, si ella se queda allí mucho tiempo, ya comprenderá usted las implicaciones: Será una verdadera catástrofe para los medios de comunicación, las ONG, las pompas fúnebres, el sistema de pensiones, los impuestos sobre la herencia patrimonial…<br><strong>Paciente</strong> – Creo que no se lo está tomando en serio…<br><strong>Médico</strong> – No se tome a mal lo que yo le diga, no estoy poniendo en cuestión la veracidad de los que me acaba de contar, sólo que ¿está usted seguro de que no había nadie más en el asiento de atrás? No sé, su mujer por ejemplo.<br><strong>Paciente</strong> – Mi mujer no lleva burka y por otra parte, nos hemos divorciado el año pasado. Eso me ha hecho polvo, lo reconozco. Es una de las razones por las que quería suicidarme.<br><strong>Médico</strong> – Eso es, ya lo ve, usted mismo lo está diciendo. Comenzaba a estar usted mareado. La falta de oxígeno puede provocar alucinaciones. En el momento de la muerte, usted ha pensado en su mujer, seguro, en los buenos momentos que habéis pasado juntos y ella se le ha aparecido de esta guisa…<br><strong>Paciente</strong> – ¿Con un burka y una guadaña?<br><em>El médico hace un gesto de perplejidad, el paciente parece esforzarse por reflexionar.</em><br><strong>Paciente</strong> – Pensándolo bien, el burka. Bien pudiera ser una especie de pañuelo negro que ella se ponía alrededor del cuello. Y la guadaña, ya no estoy seguro del todo. A lo mejor pudo ser una escoba. Las brujas también tienen escobas y se ponen un pañuelo negro.<br><strong>Médico</strong> – Si.<br><strong>Paciente</strong> – ¿Entonces cómo se explica usted que esta mañana cuando volví al garaje después de una noche bien dormida, estuviera todavía allí, detrás de la luna trasera de mi Seat Ibiza? Incluso ha intentado decirme algo.<br><strong>Médico</strong> – ¿Ah, si?<br><strong>Paciente</strong> – Como no le oía, me ha garabateado algo en lenguaje cabalístico en un papel, algo que parecía portugués y me lo ha colocado contra el parabrisas.<br><strong>Médico</strong> – ¿Portugués?<br><strong>Paciente</strong> – Eso también me ha sorprendido.<br><strong>Médico</strong> – ¿Qué es lo que le ha puesto en ese papel?<br><strong>Paciente</strong> – Bueno, yo no sé nada, no entiendo el portugués Tendría que preguntarle a mi asistenta, justamente es portuguesa. Pero es raro, esta mañana no ha venido como de costumbre. No. se lo juro, doctor, he atrapado a la muerte.<br><strong>Médico</strong> – Mmm… Voy al menos a prescribirle un laxantito mientras tanto. Le hará relajarse.<br><strong>Paciente</strong> – ¿Usted cree?<br><em>El médico asiente y empieza a garrapatear algo en una receta.<br><strong>Oscuro</strong>.</em></p>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0"></p>



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<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación <a href="https://sketchotheque.net/es/muertos-de-la-risa/"><em>Muertos de la risa</em></a><br><a href="https://sketchotheque.net/es/muertos-de-la-risa/">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><a href="https://sketchotheque.net/es/muertos-de-la-risa/"><img decoding="async" width="400" height="373" src="https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/muertos-de-la-risa-jean-pierre-martinez-b.webp" alt="Muertos de la risa" class="wp-image-1889" style="width:204px;height:auto" srcset="https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/muertos-de-la-risa-jean-pierre-martinez-b.webp 400w, https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/muertos-de-la-risa-jean-pierre-martinez-b-300x280.webp 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></a></figure>



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		<item>
		<title>Fatal cómico</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/fatal-comico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 12:53:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[3 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amistad]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Creatividad]]></category>
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		<category><![CDATA[Sociabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro dentro del teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sketchotheque.net/?p=2218</guid>

					<description><![CDATA[<p>Fatal comique, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Sobre una mesita, una cafetera, dos tazas y un periódico. Pedro entra en bata. Se sirve una taza de café y toma el periódico para leerlo. María, su esposa, entra.</em><br><strong>María</strong> – ¿Todo bien?<br><strong>Pedro</strong> – Todo bien.<br><em>María se sirve una taza y observa a Pedro.</em><br><strong>María</strong> – Pareces preocupado… ¿Hay algún problema?<br><strong>Pedro</strong> – No… Bueno… Todavía no tengo una idea para mi nueva obra.<br><strong>María</strong> – No te preocupes, ya vendrá… Siempre acaba viniendo, ¿no?<br><strong>Pedro</strong> – Sí… Hasta ahora…<br><strong>María</strong> – ¿No hay una buena historia en el periódico de la que puedas inspirarte?<br><em>Él deja el periódico.</em><br><strong>Pedro</strong> – Las noticias son cada vez más deprimentes… Creo que voy a dejar de leer la prensa. Ya dejé de ver la tele y de escuchar la radio…<br><strong>María</strong> – Es verdad que todo eso no es muy alegre, pero bueno. Por otro lado… por eso siempre necesitaremos autores como tú.<br><strong>Pedro</strong> – ¿Ah, sí? ¿Y qué es un autor como yo?<br><strong>María</strong> – Ya sabes… Alguien que nos haga reír… ¡Un cómico!<br><strong>Pedro</strong> – ¿Un cómico? ¿Entonces así es como me ves? ¡Como un cómico!<br><strong>María</strong> – ¡Se necesitan autores que escriban buenas comedias! Para olvidar un poco nuestras preocupaciones… Hacernos pasar un buen rato sin pensar en nada…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Sin pensar en nada?<br><strong>María</strong> – Perdona… Quiero decir… en pensar en otra cosa.<br><strong>Pedro</strong> – Entiendo… Entonces para ti, solo soy un entretenedor… Un tipo que desvía la atención del pueblo de los verdaderos problemas de la sociedad…<br><strong>María</strong> – ¡El pueblo! Ya estás usando grandes palabras… Divertir al público, ¿no es algo digno?<br><strong>Pedro</strong> – No sé… También se puede querer otra cosa…<br><strong>María</strong> – ¿Como qué?<br><strong>Pedro</strong> – Ser útil…<br><strong>María</strong> – Para mí, distraer a la gente, hacerles sonreír, es muy útil. Y no cualquiera tiene ese talento.<br><strong>Pedro</strong> – Sí, claro…<br><strong>María</strong> – ¿Qué?<br><strong>Pedro</strong> – Ya he escrito casi un centenar de comedias.<br><strong>María</strong> – Y siempre han sido un éxito rotundo.<br><strong>Pedro</strong> – Sí, pero empiezo a quedarme sin ideas. Me pregunto si ya no le he dado todas las vueltas posibles.<br><strong>María</strong> – ¿Quieres dejar de escribir?<br><strong>Pedro</strong> – No estoy seguro de poder hacerlo… No, solo me preguntaba si…<br><strong>María</strong> – ¿Si qué?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y si intentara otro género?<br><strong>María</strong> – ¿Una novela, quieres decir? Desde hace años, te digo que deberías intentarlo. Hay novelas muy graciosas también…<br><strong>Pedro</strong> – Desgraciadamente, no soy novelista, lo sé. El teatro, no sé hacer otra cosa.<br><strong>María</strong> – Bueno, entonces solo te queda encontrar un buen tema para una comedia.<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y si escribiera… otro tipo de obra?<br><strong>María</strong> – ¿Otro tipo de obra?<br><strong>Pedro</strong> – Algo que no sea necesariamente gracioso, ¿sabes?<br><strong>María</strong> – ¿Una comedia que no sea graciosa?<br><strong>Pedro</strong> – ¡No, precisamente no una comedia!<br><strong>María</strong> – ¿Quieres decir… una comedia dramática?<br><strong>Pedro</strong> – ¡Quiero decir que no sea una comedia en absoluto!<br><strong>María</strong> – ¿Quieres escribir un drama?<br><strong>Pedro</strong> – Un drama, una tragedia… Llámalo como quieras.<br><strong>María</strong> – Vale…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Qué?<br><strong>María</strong> – No sé… (<em>Silencio</em>) ¿Estás seguro de que estás bien?<br><strong>Pedro</strong> – Ya no tengo ideas para una comedia. Quisiera intentar escribir otra cosa. ¡Tampoco es un drama!<br><strong>María</strong> – OK… (<em>Una pausa</em>) ¿Quieres más café?<br><strong>Pedro</strong> – No, gracias.<br><strong>María</strong> – Bueno, entonces te dejo reflexionar… sobre tu nueva obra.<br><em>Ella sale. Él suspira y vuelve a abrir el periódico. Suena el teléfono. Él contesta.</em><br><strong>Pedro</strong> – ¿Sí? Ah, sí… No, no, iba a llamarte precisamente… Mira, todavía no sé… No, por ahora estoy sin inspiración. Sí, lo sé, siempre dije que eso no existía. Pero sabes, la inspiración es como Dios. Uno dice que no existe hasta el momento en que realmente la necesita… ¿Y tú, cómo estás? Bueno… Entiendo… De acuerdo… Mira, tengo que dejarte ahora… Nos llamamos y tratamos de almorzar juntos la próxima semana, ¿vale? OK, así lo hacemos… Adiós, un abrazo.<br><em>María vuelve, con un poco de vergüenza.</em><br><strong>María</strong> – Tengo que hacer unas compras, no tardo. ¿Todo bien?<br><strong>Pedro</strong> – Eh… sí. Desde hace un rato, la situación no ha evolucionado mucho, pero sí, estoy bien.<br><strong>María</strong> – Bueno, entonces me voy.<br><strong>Pedro</strong> – Eso es. Hasta luego.<br><em>Ella sale. Él vuelve a leer el periódico, pero apenas empieza cuando suena el timbre de la puerta. Sale un momento para abrir y regresa acompañado de una mujer.</em><br><strong>Alex</strong> – Espero no molestarte.<br><strong>Pedro</strong> – No, no, para nada, estaba… ¿Quieres un café?<br><strong>Alex</strong> – Gracias, no hace falta.<br><strong>Pedro</strong> – Es agradable que pases así, de improviso.<br><strong>Alex</strong> – Cuando uno vive en el mismo edificio que su agente, siempre corre el riesgo de que aparezca sin invitación…<br><strong>Pedro</strong> – Quizás deba mudarme, entonces…<br><em>Silencio incómodo.</em><br><strong>Alex</strong> – ¿En qué estás trabajando ahora?<br><strong>Pedro</strong> – Nada… Estaba hablando por teléfono con… ¿Cómo se llama? Ya sabes, esa actriz que actuaba en… Ahora es editora.<br><strong>Alex</strong> – ¿Editora?<br><strong>Pedro</strong> – Ya sabes cómo es esto. La vida es cruel para las actrices. Especialmente para las protagonistas jóvenes. Pasada la treintena…<br><strong>Alex</strong> – ¿Estás buscando un nuevo editor?<br><strong>Pedro</strong> – No especialmente… Fue ella quien me llamó. Solo quería saber cómo estaba… Esto empieza a preocuparme. Todo el mundo me pregunta si estoy bien hoy…<br><strong>Alex</strong> – ¿Y… estás bien?<br><strong>Pedro</strong> – Sí, gracias… Es una locura…<br><strong>Alex</strong> – ¿Qué?<br><strong>Pedro</strong> – Terminé la conversación diciéndole: “nos llamamos y almorzamos…?” Me salió así. La costumbre. Al final, podríamos haber almorzado juntos al mediodía.<br><strong>Alex</strong> – Qué quieres… Todos estamos ocupadísimos…<br><strong>Pedro</strong> – O no tenemos nada que hacer y fingimos…<br><strong>Alex</strong> – Sí…<br><strong>Pedro</strong> – Tú, por ejemplo. ¿Estás particularmente ocupada hoy? (<em>Silencio</em>) No, obviamente, de lo contrario no estarías aquí. ¿Te imaginas? Aceptas almorzar así, improvisado… Al día siguiente, todos los del gremio sabrían que no tienes nada que hacer en tus días. Que ya nadie quiere trabajar contigo. Que estás en paro. O, peor, que estás en la lista negra… Entonces, ya nadie te llamaría, y serías una auténtica anticuada.<br><strong>Alex</strong> – Sí… (<em>Silencio</em>) Y, entonces, ¿ella está bien?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Quién?<br><strong>Alex</strong> – ¡Tu editora!<br><strong>Pedro</strong> – No sé… Tienes razón… Al final, quizá sea ella la que no está bien. Me llamó porque necesitaba hablar con alguien. Y yo casi le colgué… Debería haberle propuesto almorzar con ella al mediodía… Y tú, ¿estás bien?<br><strong>Alex</strong> – Sí, estoy bien…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Estás segura de que no quieres café?<br><strong>Alex</strong> – Segura… (<em>Silencio</em>) ¿Estás escribiendo algo ahora?<br><strong>Pedro</strong> – No, no mucho. Creo que he llegado al final de algo. Debería cambiar un poco de estilo.<br><strong>Alex</strong> – Sí, lo sé, me crucé con María en la escalera.<br><strong>Pedro</strong> – No me digas que por eso viniste a verme.<br><strong>Alex</strong> – Así que quieres escribir un drama.<br><strong>Pedro</strong> – Sí, bueno… ¿Por qué no?<br><strong>Alex</strong> – ¿Es una broma?<br><strong>Pedro</strong> – Mira, Alex, ese es mi problema. La simple idea de que considere escribir algo que no sea una comedia, la gente lo toma como una broma.<br><strong>Alex</strong> – Digamos que… no es el tipo de terreno en el que uno suele esperarte.<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y?<br><strong>Alex</strong> – Podría sorprender a tu público… Quizás decepcionarlo…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Decepcionarlo? Aún no he escrito ni una línea, y ya dices que será decepcionante. Gracias por tu apoyo. Al menos ahora sé por qué tengo un agente.<br><strong>Alex</strong> – Y… ¿tienes algún tema ya?<br><strong>Pedro</strong> – No… Solo es una idea…<br><strong>Alex</strong> – Bueno, entonces solo es una idea.<br><strong>Pedro</strong> – Eso es…<br><strong>Alex</strong> – Perdona, quizás me apresuré un poco.<br><strong>Pedro</strong> – No sé… Pensaba en escribir algo sobre esos migrantes que llegan a nuestras costas. Cuando no mueren ahogados en el trayecto, claro…<br><strong>Alex</strong> – ¿Una comedia, dices? (<em>Pedro le lanza una mirada de reproche.</em>) Perdona, no sé por qué he dicho eso… Entonces, ¿en serio quieres escribir algo…<br><strong>Pedro</strong> – Ya no tengo veinte años… Tú tampoco… Quizás es hora de empezar a reflexionar sobre el mundo que nos rodea, ¿no?<br><strong>Alex</strong> – ¿El mundo que nos rodea?<br><strong>Pedro</strong> – Imagina que después de nuestra muerte, nos reencarnamos. Así, al azar. El mundo está mayormente poblado de gente que lleva una vida de mierda. Si podemos llamar a eso una vida. Si lo piensas bien, aparte de una minoría privilegiada, cuyo grupo de los más afortunados vive en paraísos fiscales, la Tierra es un infierno.<br><strong>Alex</strong> – ¿Y entonces?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y entonces? Estadísticamente, la reencarnación es un infierno asegurado… Si no cambiamos el mundo en vida, tenemos casi asegurado vivir un infierno cuando nos reencarnemos.<br><em>Alex le mira, sorprendida.</em><br><strong>Alex</strong> – Vale…<br><strong>Pedro</strong> – Te dejo reflexionar sobre eso. Voy a vestirme…<br><em>Sale. María regresa.</em><br><strong>María</strong> – ¿Y bien?<br><strong>Alex</strong> – Está muy mal.<br><strong>María</strong> – Te lo dije.<br><strong>Alex</strong> – Está delirando. Habla de la muerte. Del paraíso. Del infierno.<br><strong>María</strong> – ¿En serio?<br><strong>Alex</strong> – Quiere escribir una obra sobre los exiliados.<br><strong>María</strong> – ¿Los exiliados fiscales?<br><strong>Alex</strong> – ¡Los exiliados económicos!<br><strong>María</strong> – ¿Quieres decir… los jubilados que se van a Marruecos, porque la vida es más barata allí?<br><strong>Alex</strong> – ¡Los migrantes! ¡En el Mediterráneo!<br><strong>María</strong> – No puede ser… ¿Te lo ha dicho?<br><strong>Alex</strong> – Traté de hablar con él, pero no quiere saber nada.<br><strong>María</strong> – ¿Dónde está?<br><strong>Alex</strong> – Se fue a vestir.<br><strong>María</strong> – No entiendo… Hasta esta mañana, estaba completamente normal. Bueno… como siempre, vamos…<br><strong>Alex</strong> – Quizás solo sea temporal. Puede que esté algo deprimido. Pero no debemos tomarlo a la ligera.<br><strong>María</strong> – Claro… Me cuesta decirlo, pero… me da la impresión de que tiene tendencias suicidas.<br><strong>Alex</strong> – Quizás deberíamos sugerirle que vea a un médico.<br><strong>María</strong> – ¿Un psiquiatra, quieres decir?<br><strong>Alex</strong> – No lo sé.<br><strong>María</strong> – A veces, con una simple cura de vitaminas… ¿Un homeópata?<br><em>Pedro regresa.</em><br><strong>Pedro</strong> – Ah, ¿has vuelto?<br><strong>Alex</strong> – Voy a dejaros.<br><strong>Pedro</strong> – No, no te estoy echando.<br><strong>Alex</strong> – De todas formas, ya me iba. Tengo… Tengo que irme. Tengo un día muy ocupado. ¿Nos llamamos y almorzamos juntos?<br><em>Sale. María mira a Pedro con un aire incómodo.</em><br><strong>María</strong> – Solo le dije que estabas aquí y que si quería subir a tomar un café…<br><strong>Pedro</strong> – No quiso.<br><strong>María</strong> – ¿Qué?<br><strong>Pedro</strong> – El café. Le ofrecí y no quiso.<br><em>Silencio</em>.<br><strong>María</strong> – ¿Pero qué es lo que buscas, Pedro, exactamente?<br><strong>Pedro</strong> – No lo sé…<br><strong>María</strong> – ¿No estamos bien juntos?<br><strong>Pedro</strong> – Claro que sí, no es eso.<br><strong>María</strong> – ¿Tienes una amante, es eso?<br><strong>Pedro</strong> – ¡No, para nada!<br><strong>María</strong> – Tenemos la vida que queríamos, ¿no? Haces el trabajo que te gusta. No tienes jefe. Ganas bien.<br><strong>Pedro</strong> – Lo sé.<br><strong>María</strong> – ¿Entonces qué pasa?<br><strong>Pedro</strong> – Todo esto ya no tiene sentido para mí. Necesito… intentar otra cosa.<br><strong>María</strong> – ¿Pero por qué?<br><strong>Pedro</strong> – No lo sé… Para que en mi funeral, la gente no solo diga: ese era un cómico…<br><em>Silencio</em>.<br><strong>María</strong> – ¿Quieres que nos mudemos?<br><strong>Pedro</strong> – En otro lugar sería lo mismo.<br><strong>María</strong> – No vas a hacer ninguna tontería, ¿verdad?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Una tontería? ¿Como qué?<br><em>María intenta ocultar su nerviosismo.</em><br><strong>María</strong> – Te dejo trabajar…<br><em>Ella sale. Pedro se queda un momento pensativo. Toma un cuaderno y un lápiz e intenta escribir, pero claramente la inspiración no está presente. Descuelga el teléfono y marca un número.</em><br><strong>Pedro</strong> – Sí, perdona, soy yo otra vez… Mira, finalmente he conseguido liberarme para esta noche. ¿Puedes venir a cenar a casa? Me gustaría hablar contigo de un nuevo proyecto… Sí, claro, ven con tu marido. OK, a las ocho, perfecto. Bueno, nos vemos esta noche…<br><em>Cuelga. Retoma el cuaderno y el lápiz, y empieza a escribir con entusiasmo. Se detiene y se dirige al público.</em><br><strong>Pedro</strong> – Ya verán. Esta vez, no van a reírse.<br><em>Vuelve a escribir.</em><br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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