Un sketch satírico sobre la rebelión y la revolución de Jean-Pierre Martinez
Un personaje, hombre o mujer, está ahí. Llega otro.
Uno – ¿Qué es ese jaleo?
Dos – Un motín.
Uno – ¿Un motín?
Dos – En la periferia la gente no tiene aire acondicionado. Se muere de calor. Literalmente. Así que suben a la capital. Invaden todos los lugares climatizados. Oficinas, administraciones, ministerios… La policía intenta impedirles la entrada…
Uno – Incluso se oyen disparos…
Dos – Si me hubieran dicho que un día la gente se pelearía por un poco de frescor…
Uno – Un poco de frescor… Se pelean por sobrevivir, simplemente…
Dos – ¿Y el Gobierno no hace nada?
Uno – El presidente se dirigirá esta noche a la nación… desde su despacho climatizado.
Dos – ¿Y qué nos va a decir esta vez? ¿Que hay que cerrar las persianas durante el día? ¿Que hay que acordarse de hidratarse?
Uno – Lo sabían. No hicieron nada durante todos estos años.
Dos – Y ahora nos dicen que ya no se puede hacer nada. Que es demasiado tarde. Que hay que adaptarse si no queremos desaparecer, como los dinosaurios.
Uno – Nosotros también lo sabíamos. Y tampoco hicimos nada.
Dos – ¿Qué podíamos haber hecho?
Uno – Podíamos habernos rebelado. En el pasado, fuimos capaces de hacer una huelga general por subidas salariales. Y nunca fuimos capaces de hacer lo mismo para no morirnos de calor, o para no quedar sumergidos por la subida de las aguas.
Dos – Porque es un problema mundial. La gente se decía: de qué sirve dejar de contaminar aquí, si el resto del mundo sigue quemando carbón y petróleo. Para poder inundarnos con productos baratos.
Uno – Es verdad. Nos faltó solidaridad. Y ahora vamos a palmarla todos. Juntos.
Dos – Pensábamos que solo los hombres eran mortales, no la Humanidad. Sin embargo, a escala del universo, la Humanidad existe desde hace apenas un instante. ¿Cómo pudimos creer que viviría para siempre?
Uno – Nos burlamos de los dinosaurios porque no supieron adaptarse. Pero los dinosaurios dominaron la Tierra durante casi 200 millones de años. La Humanidad como tal solo existe desde hace unas decenas de miles de años, y ya está al borde de la extinción.
Dos – Y además los dinosaurios sucumbieron a una causa exterior. La caída de un meteorito. No tuvieron mucho tiempo para adaptarse. Los hombres van a palmarla por las consecuencias de su propio comportamiento, porque son incapaces de cambiarlo.
Uno – Como un fumador o un alcohólico, que se muere de cáncer porque no tuvo la voluntad de dejar de beber o de fumar a tiempo.
Dos – Es como si el final de la Humanidad ya estuviera inscrito en sus propios genes. El hombre es una bomba de relojería.
Uno – Y la cuenta atrás ha empezado…
Una pausa.
Dos – ¿Sabes de dónde viene la palabra canícula?
Uno – No, pero me da que me lo vas a contar…
Dos – En latín, canicula significa perrita, que es el nombre de la estrella Sirio, situada en la constelación del Can Mayor. En la Antigüedad se pensaba que, cuando Sirio salía al mismo tiempo que el Sol, su calor se sumaba al de este y provocaba los grandes calores del verano.
Uno – O sea que la canícula no es cosa de ayer…
Dos – No… Y el calentamiento global tampoco. Al empezar a hacer fuego, fueron los hombres prehistóricos quienes pusieron en marcha este proceso mortífero, que se aceleró a partir de la revolución industrial.
Uno – Lo que haría falta es hacer una segunda revolución industrial, pero al revés. Para detener esta máquina infernal…
Dos – ¿Crees que podría empezar con este motín?
Uno – Falta saber si es una revolución o una simple revuelta…
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