Recopilación de sketches de Jean-Pierre Martinez
Fábulas contemporáneas sobre el mundo tal como va… y, sobre todo, tal como no va.
En una sucesión de sainetes aparentemente autónomas, pero que dialogan entre sí, animales extrañamente humanos y hombres a punto de perder su humanidad se interrogan sobre su existencia problemática y su devenir incierto.
Una reflexión política y humorística sobre la fragilidad de la condición humana y sobre los peligros que amenazan hoy a nuestra democracia.
Lista de sketches
1 – Las termitas
2 – Los peces rojos
3 – Los burros
4 – Los perezosos
5 – La hidra
6 – Las palomas
7 – El oso
8 – Las palomas blancas
9 – El mejor amigo del hombre
10 – Los burros otra vez
11 – Las rapaces
12 – Las mariposas
13 – Los carroñeros
14 – Las gallinas
15 – Las tortuguitas
16 – Los peces
17 – Las abejas
18 – Los migrantes
19 – Los depredadores
20 – Los sapos
21 – Los cuervos
22 – Las presas
23 – Los loros
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Análisis temático
Esta comedia de sketches se apoya en un dispositivo muy sencillo —dos voces, casi siempre anónimas (“Uno” y “Dos”), un decorado mínimo y un desenlace rápido— para decir cosas extremadamente sombrías sobre nuestra época. Bajo su aparente ligereza, Des animales y hombres es una fábula política y moral, a medio camino entre La Fontaine y Orwell, revisada por un humorista contemporáneo.
1. Forma general y dispositivo dramático
Las 23 escenas breves obedecen a una misma gramática dramática:
- Dos personajes sin nombre (Uno / Dos), intercambiables y arquetípicos.
- Un lugar y una situación nunca o raramente descritos, apenas sugeridos por dos réplicas (“somos mariposas”, “somos gallinas”, “estamos en el bar”…).
- Un diálogo en ping-pong muy rítmico, hecho de preguntas y respuestas, de réplicas minimalistas (“Ah, ¿sí…?”, “No sé…”, “Bueno…”).
- Una progresión gradual de la idea, a menudo a partir de un detalle o de un malentendido.
- Un desenlace breve, a veces cruel, que recontextualiza todo (las termitas, el exterminio de las gallinas, el sapo / príncipe azul, el vecino detenido, las ventanas tapiadas en Afganistán…).
Este dispositivo crea una especie de “laboratorio de pensamiento dialogado”. Hay poca psicología y ninguna intriga en el sentido clásico: son micro-parábolas donde la idea es el verdadero personaje principal.
2. Los animales como espejo de la humanidad
El título anuncia el programa: a veces los humanos hablan de los animales, otras veces los animales hablan como humanos. En todos los casos, el espejo funciona en ambos sentidos.
Animales para hablar de los hombres
- Las termitas representan los regímenes totalitarios y las masas que roen sus propias libertades.
- Los peces rojos simbolizan la memoria inmediata defectuosa, la amnesia social y mediática.
- Los perezosos encarnan una humanidad lenta, poco adaptable, que sobrevive porque ya ni siquiera resulta apetecible.
- Las gallinas y la gripe aviar evocan los miedos colectivos, la lógica sacrificial y la cuestión de los migrantes.
- Las abejas ilustran la división del trabajo y la explotación (todas producen, pero no se benefician de la miel).
- Los cuervos, sapos, mariposas, etc., remiten a las formas de estigmatización, al destino biológico o a una condición trágicamente efímera.
Hombres comportándose como animales sociales
En Las termitas o La hidra, los humanos se convierten en animales de manada: vigilancia, miedo, conformismo, desaparición del individuo. En Las rapaces y Los carroñeros, reaparece un instinto de supervivencia puramente primario: comer, seguir viviendo “mientras no nos toque a nosotros”.
El bestiario permite un doble movimiento:
→ Tomar distancia de la realidad a través de la fábula.
→ Pero también hacer más cruda la realidad humana degradándola a un nivel “animal”.
3. Una comedia profundamente política y moral
Muchos sketches están atravesados por una inquietud política explícita.
Ascenso del autoritarismo y de los extremos
- Las termitas: trayectoria clara, de “liberar la palabra” al pensamiento único, de la censura a la autocensura, de las leyes transgredidas a las leyes modificadas. Es una parábola sobre la normalización del extremismo, el deslizamiento autoritario y la vigilancia generalizada.
- Las presas: clima de redadas, miedo y alivio culpable (“me sentí aliviado de que fuera en su casa”), detenciones arbitrarias donde ya no queda nadie a quien saludar; aprender ruso “por si nos invaden”; paralelismos con la Ocupación, Napoleón y los Campos Elíseos; humor amargo sobre la colaboración anticipada y la resignación.
Religión, oscurantismo y regresión de derechos
- La hidra: regreso casi marciano de la cuestión religiosa, Afganistán, el aborto en Estados Unidos, nuevas guerras de religión, inversión de los estigmas (el ateo obligado a mantener un perfil bajo). El texto juega con Marx, la metáfora de la droga, la gratuidad de las hostias frente al lujo del opio y la cocaína.
Ecología, colapso y toxicidad del mundo contemporáneo
- Las termitas, Las rapaces: subida de las aguas, negacionistas climáticos en el poder, alimentos y agua tóxicos, metales pesados en el chocolate, pesticidas, plásticos.
- Las abejas: agricultura industrial, trashumancia de colmenas, desaparición de la miel sustituida por una “melaza infame”.
- Los migratorios: “ellos al sol, nosotros al matadero”, lógica de sacrificio masivo (gripe aviar) y resentimiento hacia quienes se desplazan.
Diagnóstico global de la humanidad
- Los depredadores: frente a hipotéticos extraterrestres, el balance es implacable: desigualdades, autodestrucción programada, colonización ya experimentada por los propios humanos.
La obra articula así comedia de costumbres (bar, pareja, vacaciones, vecindario…) y tragedia moral y política (dictaduras, extinción, catástrofes). La risa funciona como vehículo de una visión muy pesimista de nuestra época.
4. El humor: burlesco, absurdo y negro
La eficacia cómica se basa en varios registros.
Humor de lenguaje
Malentendidos y desplazamientos: tórtolas / cangrejos, el vecino “de izquierdas” tomado al pie de la letra, “método de idiomas”, proverbios chinos inventados o deformados, eslóganes simplificados (“normalización”, “liberación de la palabra”…).
Repeticiones y estribillos: “No sé…”, “Sí…”, “Es así”, “Lo pienso y luego lo olvido…”.
Humor de situación y de contraste
- Un hombre que descubre que está en un club sadomasoquista sin saberlo (Volver a intentarlo).
- Un tejón muerto sentado en una silla en medio de una rotonda (Tejones), que desencadena una investigación absurda.
- Las mariposas, sin boca ni sistema digestivo, obligadas a reproducirse “para hacer larvas”.
- El pez rojo y su memoria de un segundo aplicada a un diálogo inútil.
Humor negro y cinismo asumido
“Si vamos a morir de algo, al menos que sea con el estómago lleno.”
“Al menos estamos contentos de que no nos pase a nosotros.”
“Ni los amigos, ni la familia, tampoco les importamos.”
Este humor no neutraliza la oscuridad, la subraya. La obra se sitúa claramente del lado de una comicidad crítica: hacer reír para que el espectador se avergüence de reír.
5. Una dramaturgia de la repetición y del olvido
Dos motivos estructurales atraviesan el conjunto.
La repetición
Las situaciones se parecen: dos voces, un tema, una queja, una racionalización, un desenlace. Las figuras de estilo (proverbios, anécdotas pseudo-eruditas, alusiones culturales) reaparecen con variaciones. Se produce un efecto de serie: no es “un” fallo aislado, sino un sistema global.
El olvido y la desresponsabilización
- El pez rojo incapaz de recordar lo que acaba de oír.
- Los personajes que confiesan: “Lo pienso y luego lo olvido.”
- Los vecinos aliviados de que detengan “al otro”.
- Los comensales que piensan en el hambre en el mundo mientras se sirven por tercera vez.
Da la impresión de que ningún sketch resuelve nada: todo termina en “Oscuro.”, tanto indicación escénica como constatación simbólica. El telón cae, pero el problema permanece.
En resumen
De animales y hombres funciona como un catálogo de micro-apocalipsis ordinarios: políticos, ecológicos, morales y espirituales. Los hombres aparecen a veces como animales poco inteligentes, a veces como seres capaces de lucidez… pero no de acción. La fuerza de la obra reside precisamente en esa distancia: una conciencia muy aguda del desastre, sostenida por un humor implacable, y la imposibilidad —o la negativa— de cambiar nada.
