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	<title>Archives des Dramedias - La Sketchothèque</title>
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	<description>Les sketchs de Jean-Pierre Martinez</description>
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	<title>Archives des Dramedias - La Sketchothèque</title>
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		<title>Escena del crimen</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 14:00:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Casa]]></category>
		<category><![CDATA[Dramedias]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
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		<category><![CDATA[Policía]]></category>
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		<category><![CDATA[Teatro dentro del teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Escena del crimen, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/escena-del-crimen/">Escena del crimen</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Ramírez, inspector de policía, entra, seguido por su adjunto, Sánchez. Miran a su alrededor.</em><br><strong>Ramírez</strong> – ¿No has tocado nada?<br><strong>Sánchez</strong> – No… ¿Qué habría podido tocar?<br><strong>Ramírez</strong> – Es verdad que… nunca he visto una escena del crimen tan… desesperadamente vacía.<br><strong>Sánchez</strong> – Sí…<br><strong>Ramírez</strong> – Va a ser complicado encontrar pistas.<br><strong>Sánchez</strong> – No veo qué podríamos mandar al laboratorio… aparte del aire que respiramos.<br><strong>Ramírez</strong> – Fíjate, es una idea…<br><strong>Sánchez</strong> – ¿Quiere que envíe una muestra de aire al laboratorio?<br><strong>Ramírez</strong> – No vemos el arma del crimen… Podría ser una intoxicación por gas.<br><strong>Sánchez</strong> – Solo una autopsia podría decirnos eso…<br><em>Ramírez vuelve a mirar a su alrededor.</em><br><strong>Ramírez</strong> – Una autopsia, de acuerdo, pero… ¿dónde están los cadáveres?<br><em>Sánchez también mira a su alrededor.</em><br><strong>Sánchez</strong> – Aparentemente, tampoco hay cadáveres.<br><strong>Ramírez</strong> – ¿Cómo que no hay cadáveres? Si no hay cadáveres, ¡no hay crimen! Y si no hay crimen, ¡no hay escena del crimen!<br><strong>Sánchez</strong> – Aun así debe haber víctimas. Si no, no estaríamos aquí.<br><strong>Ramírez</strong> – ¿Hay víctimas, pero no cadáveres?<br><strong>Sánchez</strong> – No veo ninguno…<br><strong>Ramírez</strong> – El autor de este crimen ha hecho desaparecer los cuerpos… ¿Pero cómo?<br><strong>Sánchez</strong> – Imagino que estamos aquí para descubrirlo…<br><em>Miran de nuevo a su alrededor y luego al suelo.</em><br><strong>Ramírez</strong> – No veo nada.<br><strong>Sánchez</strong> – Ah, creo que encontré algo.<br><strong>Ramírez</strong> – ¿Qué es?<br><strong>Sánchez</strong> – Un libro.<br><strong>Ramírez</strong> – ¿Un libro?<br><strong>Sánchez</strong> (<em>ojeando el libro</em>) – Un libro de teatro.<br><strong>Ramírez</strong> – ¿Cómo sabes que es un libro de teatro?<br><strong>Sánchez</strong> – Está publicado por las Ediciones La Comediateca.<br><strong>Ramírez</strong> – ¿Crees que esto puede ayudarnos en la investigación?<br><strong>Sánchez</strong> – Quién sabe… (<em>Sigue leyendo</em>.) Es inquietante… Los personajes aquí dentro llevan los mismos nombres que nosotros…<br><strong>Ramírez</strong> – ¿No?<br><strong>Sánchez</strong> – El inspector Ramírez y su adjunto Sánchez…<br><strong>Ramírez</strong> – Déjame ver… (<em>Coge el libro y lee unas páginas</em>.) Y su descripción coincide exactamente con las de las víctimas que estamos investigando.<br><strong>Sánchez</strong> – Entonces… Si consideramos esta hipótesis… ¿Seríamos personajes de teatro?<br><strong>Ramírez</strong> – Peor aún: estaríamos muertos…<br><strong>Sánchez</strong> – ¿Y nos habrían asignado a investigar nuestra propia desaparición…?<br><strong>Ramírez</strong> – Es el caso más extraño que he tenido en toda mi carrera.<br><strong>Sánchez</strong> – ¿Qué tipo de obra es esta? ¿Cómica? ¿Dramática?<br><strong>Ramírez</strong> – Ya sabes, yo del teatro…<br><strong>Sánchez</strong> – ¿Cuál es el título?<br><strong>Ramírez</strong> – «No es un drama.»<br><strong>Sánchez</strong> – No, no digo eso, pero… ¿cuál es el título de la obra?<br><strong>Ramírez</strong> – «No es un drama.» Ese es el título de la obra.<br><em>Se miran, atónitos.</em><br><strong>Sánchez</strong> – ¿Cómo podrían morir unos personajes de teatro? Si ni siquiera existen realmente.<br><strong>Ramírez</strong> – Todo esto es inusual.<br><strong>Sánchez</strong> – Morir en escena, además…<br><strong>Ramírez</strong> – Ah, ¿así que crees… que estamos en una escena de teatro?<br><em>Sánchez se vuelve hacia el público.</em><br><strong>Sánchez</strong> – Mirad a toda esa gente, en la oscuridad… Parece que han venido a vernos…<br><strong>Ramírez</strong> – Mierda, es cierto… ¿Quiénes son, según tú…? ¿Testigos?<br><strong>Sánchez</strong> – Tal vez están aquí para presenciar la reconstrucción.<br><strong>Ramírez</strong> – Es una locura… No me digas que, además, han pagado su entrada.<br><strong>Sánchez</strong> – Puedes preguntarles.<br><strong>Ramírez</strong> – ¿Crees que podemos hablarles?<br><strong>Sánchez</strong> – No sé…<br><strong>Ramírez</strong> – Podría ayudarnos en nuestra investigación…<br><strong>Sánchez</strong> – Tal vez hayan visto algo…<br><em>Ramírez se acerca a un espectador.</em><br><strong>Ramírez</strong> – Usted, ¿ha pagado su entrada?<br><em>Pequeña improvisación en función de la respuesta o la falta de respuesta del espectador.</em><br><strong>Sánchez</strong> – Y, si no… ¿Ha visto algo?<br><strong>Ramírez</strong> – Tendremos que arreglárnoslas solos, como de costumbre.<br><strong>Sánchez</strong> – Sí, porque, al parecer, nuestros personajes no han dejado un gran recuerdo…<br><strong>Ramírez</strong> – Es, lamentablemente, el destino de los mortales comunes. No dejar ningún recuerdo tras su paso por la tierra.<br><strong>Sánchez</strong> – Aun así… Nosotros, personajes de teatro…<br><strong>Ramírez</strong> – Es cierto… Uno esperaría que eso nos diera algo de notoriedad…<br><strong>Sánchez</strong> – La obra sería una porquería. Cuando es una obra maestra, la gente recuerda a los personajes, ¿no?<br><strong>Ramírez</strong> – Especialmente los papeles principales… Algunos personajes llegan a ser incluso más famosos que sus autores.<br><strong>Sánchez</strong> – Sherlock Holmes, por ejemplo. Todo el mundo se acuerda de él. Pero, ¿quién se acuerda del nombre del autor de Sherlock Holmes?<br><strong>Ramírez</strong> – Elemental, querido Watson. Es Conan Doyle.<br><strong>Sánchez</strong> – Lamentablemente, usted no es Sherlock Holmes.<br><strong>Ramírez</strong> – Ni usted el Doctor Watson.<br><strong>Sánchez</strong> – Si no, ya habríamos resuelto este enigma hace rato.<br><strong>Ramírez</strong> – Qué le vamos a hacer… Solo somos personajes secundarios.<br><strong>Sánchez</strong> – Aquellos de los que nadie se acuerda una vez cae el telón… ¿Quién dijo que la vida es un sueño?<br><strong>Ramírez</strong> – La vida… Parece larga, sobre todo al principio. Empiezas a decir tu texto en el primer acto.<br><strong>Sánchez</strong> – Al principio, no te das cuenta de que la obra ya está escrita.<br><strong>Ramírez</strong> – Y, poco a poco, te vas acordando de las palabras mientras las dices.<br><strong>Sánchez</strong> – Hasta que te acuerdas de ellas antes de decirlas.<br><strong>Ramírez</strong> – Y cuando la historia se acerca a su fin… Solo esperas no equivocarte al salir…<br><strong>Sánchez</strong> – Aquí huele a cerrado, ¿no?<br><strong>Ramírez</strong> – Es el olor del teatro.<br><strong>Sánchez</strong> – La buena noticia es que hemos logrado encontrar los cuerpos.<br><strong>Ramírez</strong> – Sí… Y parece que ya empiezan a oler.<br><strong>Sánchez</strong> – El olor de personajes en descomposición… <br><strong>Ramírez</strong> –Los de todas esas obras malas que no duraron en cartel.<br><strong><strong>Sánchez</strong></strong> – Las obras que no supieron encontrar su público, como dicen…<br><strong><strong>Ramírez</strong></strong> – En la que actuamos no debía estar en sintonía con los tiempos… Toma una muestra del aire ambiente. La mandaremos al laboratorio para verificar.<br><em>Sánchez saca una pequeña botella de su bolsillo, destapa el corcho, espera un momento, luego vuelve a tapar y guarda la botella en el bolsillo.</em><br><strong>Sánchez</strong> – Y ya está. La obra ha terminado.<br><strong>Ramírez</strong> – Es el momento de abandonar la escena. Definitivamente. Para nosotros, fue la última función…<br><strong>Sánchez</strong> – Solo queda salir por allí.<br><strong>Ramírez</strong> – Pensar que toda esta pobre gente ha pagado su entrada…<br><strong>Sánchez</strong> – No es un drama.<br><strong>Ramírez</strong> – Deberíamos haber llamado a esto «Autopsia de un fracaso».<br><strong>Sánchez</strong> – Yo habría preferido actuar en una obra maestra… Para pasar a la posteridad.<br><strong>Ramírez</strong> – Tal vez la próxima vez…<br><em>Salen</em>.<br><strong><em>Negro</em></strong>.</p>



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			</item>
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		<title>Cambio de decorado</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/cambio-de-decorado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 13:44:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Burlesco]]></category>
		<category><![CDATA[Casa]]></category>
		<category><![CDATA[Dinero]]></category>
		<category><![CDATA[Dramedias]]></category>
		<category><![CDATA[Ladrón]]></category>
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		<category><![CDATA[Teatro dentro del teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Equívoco]]></category>
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		<category><![CDATA[Perro]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad de consumo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cambio de decorado, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>El haz de una linterna en la oscuridad. Luego, un segundo haz. El primero ilumina el rostro del segundo.</em><br><strong>Él</strong> – ¡Ah, eres tú! Me has dado un susto…<br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿todo bien?<br><strong>Él</strong> – Sí, ya está, todo está en el camión.<br><strong>Ella</strong> – ¿Salió todo bien?<br><strong>Él</strong> – Lo de siempre.<br><em>Ella dirige la linterna hacia el público.</em><br><strong>Ella</strong> – Así que, no había nadie…<br><strong>Él</strong> – Con el ruido que hizo el perro cuando llegué… Si hubiera alguien en la casa, ya se habría despertado.<br><strong>Ella</strong> – O, entonces, está muerto.<br><strong>Él</strong> – No digas eso, no me des ideas. ¿Te imaginas? Entras en una casa de noche para robar y te encuentras con un cadáver…<br><strong>Ella</strong> – Con la mala suerte que tengo últimamente, no me sorprendería demasiado.<br><strong>Él</strong> – Sí… Lo vi en una película una vez. No recuerdo cómo se llamaba…<br><strong>Ella</strong> – Me lo cuentas otro día. Y el perro… ¿Todo bien?<br><strong>Él</strong> – Gracias por preocuparte de si me ha mordido o no…<br><strong>Ella</strong> – ¿Te ha mordido?<br><strong>Él</strong> – Me ha roto el pantalón. He tenido que dejarlo inconsciente…<br><strong>Ella</strong> – Si no hay nadie, ¿podemos encender la luz, no?<br><strong>Él</strong> – Adelante, las casas de alrededor están vacías. Son casi todas segundas residencias. Y sin contar a los que ya se han mudado.<br><strong>Ella</strong> – Por los robos, seguramente.<br><strong>Él</strong> – Si esto sigue así, solo quedarán casas vacías para robar en la región.<br><em>Ella enciende un interruptor, y se hace la luz. La ropa del hombre está en harapos</em>.<br><strong>Ella</strong> – Vaya, te ha dejado hecho un cristo. Pobrecillo… ¿No le habrás hecho demasiado daño?<br><strong>Él</strong> – ¿Por qué? ¿Vas a hacer una denuncia a la protectora de animales?<br><em>Miran a su alrededor.</em><br><strong>Ella</strong> – Has hecho una buena limpieza, ¿eh? No queda nada.<br><strong>Él</strong> – Todo cabe en el camión.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cosas interesantes?<br><strong>Él</strong> – Principalmente muebles. Figuritas. De mal gusto, la mayoría.<br><strong>Ella</strong> – Ya veo…<br><strong>Él</strong> – Típico estilo de nuevos ricos.<br><strong>Ella</strong> – Es mejor ser un nuevo rico que un nuevo pobre.<br><strong>Él</strong> – Pero había una caja fuerte.<br><strong>Ella</strong> – ¿En serio?<br><strong>Él</strong> – La abrí.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cuánto?<br><strong>Él</strong> – Todo está en el camión. No he contado.<br><strong>Ella</strong> – Lo veremos luego. No vamos a quedarnos mucho más aquí. ¿Has revisado las otras habitaciones?<br><strong>Él</strong> – He vaciado todo. ¿Has venido con Manolo?<br><strong>Ella</strong> – Me he echado una cabezada en el coche de camino, ni siquiera sé dónde estamos. (Mira a su alrededor otra vez.) Es increíble cómo una casa vacía puede parecerse tanto a otra.<br><strong>Él</strong> – Sí…<br><strong>Ella</strong> – ¿Estás seguro de que es la casa correcta?<br><strong>Él</strong> – ¿Has visto la cruz abajo en la fachada? Manolo hizo el reconocimiento en la zona la semana pasada.<br><strong>Ella</strong> – Sí… El tipo de cruz que indica objetos de valor, sin alarma, fácil de entrar…<br><strong>Él</strong> – No se equivocó. Excepto con el perro. Seguro que estaba durmiendo cuando pasó.<br><strong>Ella</strong> – Es extraño. Esta casa me resulta vagamente familiar…<br><strong>Él</strong> – Gente que conoces, tal vez…<br><strong>Ella</strong> – Tal vez…<br><em>Ella recoge algo del suelo.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Qué es eso?<br><strong>Ella</strong> – Una factura de la luz.<br><strong>Él</strong> – Se habrá caído de algún cajón.<br><strong>Ella</strong> – Está a mi nombre…<br><strong>Él</strong> – ¿No…?<br><strong>Ella</strong> – Ya me lo parecía…<br><strong>Él</strong> – ¿Quieres decir que…?<br><strong>Ella</strong> – ¡Estamos en mi casa! No me lo puedo creer… ¡Habéis robado en mi casa!<br><strong>Él</strong> – ¡¿Cómo iba yo a saberlo?! Había una cruz en la pared. ¿No le dijiste a Manolo dónde vivías?<br><strong>Ella</strong> – No… ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – Ni se me pasó por la cabeza…<br><strong>Ella</strong> – Joder… Había una posibilidad entre mil…<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – Bueno… Entonces la mudanza será más rápida…<br><strong>Ella</strong> – No tenía intención de mudarme.<br><strong>Él</strong> – Entonces, ¿qué hacemos?<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué quieres que hagamos? Solo nos queda volver a colocar los muebles en su sitio. Ya sabes, los muebles y las figuritas de mal gusto. Típico estilo de nuevos ricos…<br><strong>Él</strong> – OK…<br><strong>Ella</strong> – Y también me devuelves mi dinero. Quizá tenga suficiente para comprarme otra caja fuerte con él. Ahora que has roto la mía…<br><strong>Él</strong> – No te preocupes, no has perdido gran cosa. Era una baratija. Me la ventilé en cinco minutos…<br><strong>Ella</strong> – Esto es increíble. Espero que el perro, al menos, esté bien…<br><strong>Él</strong> – ¿Todavía te preocupas por ese maldito perro?<br><strong>Ella</strong> – ¡Es mío! ¡Es mi perro al que has dejado inconsciente!<br><strong>Él</strong> – Ah, sí, es verdad, perdona… Bueno, estará bien.<br><strong>Ella</strong> – Sí… Estaba tumbado delante de su caseta cuando pasé. Me preguntaba por qué no había ladrado al verme.<br><strong>Él</strong> – Reconoció a su dueña, claro.<br><strong>Ella</strong> – Sí… Y yo ni siquiera reconocí mi propia casa…<br><strong>Él</strong> – Y luego dicen que los animales son menos inteligentes que nosotros.<br><strong>Ella</strong> – Bueno, al trabajo. Que todavía tenemos faena, ¿eh…?<br><strong>Él</strong> – Si no, declaras el robo, y el seguro te lo reembolsa todo.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tú crees?<br><strong>Él</strong> – Nos deshacemos de todo este lío, si logramos venderlo a alguien. Y aprovechas para cambiar la decoración…<br><strong>Ella</strong> – Sí… Así evitamos otro cambio de decorado al director de escena.<br><strong>Él</strong> – ¿Salimos por el patio o por el jardín?<br><em>Salen</em>.<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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			</item>
		<item>
		<title>Autor anónimo</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/autor-anonimo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 13:38:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Actor]]></category>
		<category><![CDATA[Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Casa]]></category>
		<category><![CDATA[Creatividad]]></category>
		<category><![CDATA[Dramático]]></category>
		<category><![CDATA[Dramedias]]></category>
		<category><![CDATA[Editor]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sketchotheque.net/?p=2229</guid>

					<description><![CDATA[<p>Autor anónimo, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Ella está ahí, de pie en medio del escenario vacío, mirando a su alrededor. Él entra.</em><br><strong>Él</strong> – ¡Ah, aquí estás! Te he estado buscando por todas partes…<br><strong>Ella</strong> – Ya está, el último camión acaba de irse con las últimas cajas.<br><strong>Él</strong> – ¿Has mirado por todos lados? ¿No queda nada en la casa?<br><strong>Ella</strong> – Nada. Aparte de nuestros recuerdos…<br><em>Él pone una mano en su hombro.</em><br><strong>Él</strong> – Vamos… ¡Nos fabricaremos otros!<br><strong>Ella</strong> – Claro… Pero los nuevos proyectos no quitan la nostalgia.<br><strong>Él</strong> – ¿Te arrepientes?<br><strong>Ella</strong> – No…<br><strong>Él</strong> – ¿Te acuerdas de la primera vez que entramos en esta casa para visitarla?<br><strong>Ella</strong> – También estaba vacía.<br><strong>Él</strong> – Y entre esos dos vacíos, hemos vivido. Llenamos esta casa. De muebles. De cuadros. De niños…<br><strong>Ella</strong> – Y ella nos llenó. De alegría. De felicidad. De recuerdos.<br><strong>Él</strong> – Nos los llevamos con nosotros.<br><strong>Ella</strong> – Y dejamos este lugar casi tan limpio como lo encontramos al entrar.<br><strong>Él</strong> – Mucho más limpio, si quieres mi opinión.<br><strong>Ella</strong> – ¿Quiénes serán los próximos? No sabemos nada de ellos.<br><strong>Él</strong> – Y ellos no sabrán nada de nosotros.<br><strong>Ella</strong> – Como nosotros no sabemos nada de los que estuvieron aquí antes de nosotros.<br><strong>Él</strong> – Las personas pasan, las casas permanecen.<br><strong>Ella</strong> – Hasta que las casas también se derrumban. O las demuelen. Para construir edificios en su lugar.<br><strong>Él</strong> – También hay casas embrujadas por malos recuerdos.<br><strong>Ella</strong> – Sí… Todas las casas tienen una historia. Historias.<br><strong>Él</strong> – Como la historia de un crimen, por ejemplo.<br><strong>Ella</strong> – ¿Un crimen?<br><strong>Él</strong> – No todos los crímenes ocurren al aire libre, ya sabes. La mayoría se cometen en casa. En familia, a menudo… Y cuando el crimen sale en primera plana de sucesos, la casa se vuelve invendible. Imagino que a veces incluso deben acabar demoliéndola, para construir otra en su lugar. Una casa sin historia…<br><strong>Ella</strong> – Gracias, me estás levantando el ánimo con lo que dices.<br><strong>Él</strong> – Nunca se sabe… Quizás esta casa, antes de nosotros, no solo albergó momentos felices.<br><strong>Ella</strong> – En todo caso, nunca encontramos cadáveres en los armarios.<br><strong>Él</strong> – Quizás, si hubiéramos excavado en el sótano…<br><strong>Ella</strong> – Bueno… Entonces, prefiero que nos vayamos ahora.<br><strong>Él</strong> – ¿Ves? Solo tenías que pedirlo…<br><strong>Ella</strong> – Gracias… Sé que siempre puedo contar contigo en los momentos difíciles.<br><em>Se dirigen hacia la salida. Ella se agacha y recoge algo del suelo.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Qué es eso?<br><strong>Ella</strong> – Un manuscrito, parece.<br><strong>Él</strong> – ¿Un manuscrito?<br><strong>Ella</strong> – Parece una obra de teatro.<br><strong>Él</strong> – ¿Cómo sabes eso?<br><em>Ella hojea el manuscrito.</em><br><strong>Ella</strong> – Con gente que habla, si lo prefieres. No como una novela.<br><strong>Él</strong> – Ya veo… Diálogos…<br><strong>Ella</strong> – O tal vez sea el guion de una película.<br><strong>Él</strong> – ¿Habla de un crimen?<br><strong>Ella</strong> – No lo sé.<br><strong>Él</strong> – Se habría quedado atascado detrás de un radiador, y con la mudanza cayó al suelo. El papel está completamente amarillento.<br><strong>Ella </strong>– Pero se puede leer. Después de tantos años. ¿Te das cuenta?<br><strong>Él</strong> – ¿Qué es? ¿Una comedia? ¿Un drama?<br><strong>Ella</strong> – Habría que leerlo.<br><strong>Él</strong> – ¿Quién pudo haber escrito esto?<br><strong>Ella</strong> – Alguien que vivió aquí antes que nosotros, imagino.<br><strong>Él</strong> – Es una locura… Y si fuera una obra maestra…<br><strong>Ella</strong> – También podría ser un bodrio.<br><strong>Él</strong> – ¿Está firmado?<br><strong>Ella</strong> – No… No veo el nombre del autor.<br><strong>Él</strong> – Puede que sea inédito. Un manuscrito anónimo, ¿te das cuenta? Podrías firmarlo y publicarlo… Eres editora. Para ti, sería fácil.<br><strong>Ella</strong> – Sería un plagio.<br><strong>Él</strong> – Si el autor está muerto. Y nadie sabe que escribió esto…<br><strong>Ella</strong> – Empezaré por leerlo…<br><strong>Él</strong> – Es raro, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué?<br><strong>Él</strong> – Nos vamos de esta casa, y nos llevamos la historia de otra persona.<br><strong>Ella</strong> – Espero que no sea un drama…<br><strong>Él</strong> – Al menos, no hemos encontrado un cadáver.<br><strong>Ella</strong> – Eso casi me da ganas de buscar…<br><strong>Él</strong> – ¿De verdad?<br><strong>Ella</strong> – Puede que el autor esté enterrado en el sótano…<br><em><strong>Negro.</strong></em></p>



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		<title>A puerta cerrada</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/a-puerta-cerrada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 13:34:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[4 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Casa]]></category>
		<category><![CDATA[Dramedias]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Sociabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
		<category><![CDATA[Maleta]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A puerta cerrada, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Una pareja. Cuatro sillas. Están sentados.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Todo bien?<br><strong>Él</strong> – Todo bien… ¿Y tú?<br><strong>Ella</strong> – Todo bien… (<em>Pausa</em>) ¿Quieres tomar algo?<br><strong>Él</strong> – ¿Qué?<br><strong>Ella</strong> – ¿Un aperitivo? ¿Unas cacahuetes?<br><strong>Él</strong> – No, gracias, estoy bien.<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Ella</strong> – Se está bien aquí, ¿verdad?<br><strong>Él</strong> – ¿Aquí?<br><strong>Ella</strong> – En esta casa.<br><strong>Él</strong> – Sí… (<em>Pausa</em>) Pero no es nuestra casa.<br><strong>Ella</strong> – Ah, ¿no?<br><strong>Él</strong> – No.<br><strong>Ella</strong> – Es verdad.<br><strong>Él</strong> – ¿Es una casa o un piso?<br><strong>Ella</strong> – Un piso, creo. No lo sé.<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Él</strong> – ¿Te acuerdas dónde está nuestra casa?<br><strong>Ella</strong> – ¿Nuestra casa?<br><strong>Él</strong> – ¡Nuestra verdadera casa! ¡La nuestra!<br><strong>Ella</strong> – No… ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – Yo tampoco. Ni siquiera recuerdo cómo era.<br><strong>Ella</strong> – Nos hemos mudado tantas veces.<br><strong>Él</strong> – Es cierto. Nos mudamos mucho.<br><strong>Ella</strong> – Sí. Cada vez más.<br><strong>Él</strong> – Deberíamos intentar recordar.<br><strong>Ella</strong> – ¿Recordar qué?<br><strong>Él</strong> – Dónde vivimos.<br><strong>Ella</strong> – Todas las casas se parecen un poco.<br><strong>Él</strong> – Incluso cuando es un piso.<br><strong>Ella</strong> – Hay habitaciones. Un comedor. Una cocina.<br><strong>Él</strong> – En la cocina hay un frigorífico, una estufa, una mesa, cajones…<br><strong>Ella</strong> – En los cajones hay tenedores, cuchillos, cucharillas.<br><strong>Él</strong> – En las habitaciones hay niños. A veces…<br><strong>Ella</strong> – Cuando no hay, es porque ya se han ido. A otra casa.<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Él</strong> – ¿Crees que algún día volverán?<br><strong>Ella</strong> – ¿Los niños?<br><strong>Él</strong> – ¡Los propietarios!<br><strong>Ella</strong> – Vete tú a saber… ¿Cuánto tiempo llevamos aquí?<br><strong>Él</strong> – No sé… Bastante tiempo, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Sí.<br><strong>Él</strong> – Siempre tengo miedo de que llamen a la puerta y que sean ellos.<br><strong>Ella</strong> – ¿Los niños?<br><strong>Él</strong> – ¡Los que viven aquí! Los verdaderos propietarios…<br><strong>Ella</strong> – Ah, claro…<br><strong>Él</strong> – ¿Tú no?<br><strong>Ella</strong> – Sí. Además, me pregunto si funciona.<br><strong>Él</strong> – ¿Qué?<br><strong>Ella</strong> – ¡El timbre! Nunca lo hemos oído.<br><strong>Él</strong> – De todas formas, cuando los que viven aquí regresen, no van a llamar.<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué no?<br><strong>Él</strong> – ¡Es su casa! Tendrán la llave.<br><strong>Ella</strong> – Claro.<br><strong>Él</strong> – Cuando la gente vuelve a su casa, no llama. No tienen ninguna razón para pensar que hay alguien dentro cuando ellos no están.<br><strong>Ella</strong> – Es verdad… ¿Nosotros tenemos la llave?<br><strong>Él</strong> – No sé. ¿Tú tienes la llave?<br><strong>Ella</strong> – No.<br><strong>Él</strong> – Yo tampoco.<br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿cómo entramos aquí?<br><strong>Él</strong> – No me acuerdo.<br><strong>Ella</strong> – Quizás nos abrieron la puerta.<br><strong>Él</strong> – ¿Quién nos iba a abrir la puerta?<br><strong>Ella</strong> – ¿Los propietarios?<br><strong>Él</strong> – ¡Pero si estamos solos en este piso!<br><strong>Ella</strong> – ¿Desde cuándo?<br><strong>Él</strong> – No lo sé…<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Ella</strong> – Seguramente por eso nunca salimos. No podríamos volver a entrar.<br><strong>Él</strong> – No. Porque no tenemos la llave.<br><em>Suena el timbre. Se miran, inquietos.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Crees que son ellos?<br><strong>Él</strong> – Dijimos que si fueran ellos, no llamarían.<br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿quién será?<br><strong>Él</strong> – Vete tú a saber…<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué hacemos?<br><strong>Él</strong> – Habrá que abrir, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – ¿Tú crees?<br><strong>Él</strong> – Han visto la luz. Saben que estamos aquí.<br><strong>Ella</strong> – Esta vez sí que sí… Estamos acabados…<br><strong>Él</strong> – Vamos a tener que mudarnos otra vez.<br><strong>Ella</strong> – ¿Pero a dónde vamos a ir?<br><strong>Él</strong> – Voy a hacer nuestra maleta.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tenemos una maleta?<br><strong>Él </strong>– Todo el mundo tiene una maleta en casa, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Voy a abrirles…<br><strong>Él</strong> – ¿Qué les vas a decir?<br><strong>Ella</strong> – No lo sé…<br><strong>Él</strong> – Habrá que decirles algo, para explicar por qué estamos aquí. En su casa.<br><strong>Ella</strong> – Quizás vuelvan de vacaciones.<br><strong>Él</strong> – Voy a ver si tenemos una maleta.<br><em>Ella sale. Él también sale. Ella regresa con otra pareja. Juan lleva una botella en la mano, y Cristina un ramo de flores. Él vuelve con una maleta.</em><br><strong>Ella</strong> – Son Juan y Cristina.<br><strong>Él</strong> – Ah, hola…<br><strong>Juan</strong> – Hola. ¿Qué tal?<br><strong>Él</strong> – Bien, ¿y vosotros?<br><strong>Cristina</strong> – Genial. ¿Os vais de vacaciones?<br><strong>Él</strong> – No, ¿por qué?<br><strong>Juan</strong> – Como tienes una maleta en la mano…<br><strong>Él</strong> – Ah, sí, no, es que… Me disponía a guardarla. Ya sabes cómo es esto de las maletas, uno nunca sabe dónde ponerlas.<br><strong>Ella</strong> – Y una maleta vacía ocupa tanto espacio como una llena.<br><strong>Cristina</strong> – Sí. Pero pesa menos.<br><strong>Juan</strong> – Es cierto. Deberíamos irnos de vacaciones con maletas vacías. Viajaríamos más ligeros.<br><em>Los cuatro ríen un poco forzados.</em><br><strong>Cristina</strong> – Entonces, ¿qué tal?<br><strong>Él</strong> – Bien.<br><strong>Juan</strong> – Mirad, he traído champán para celebrarlo.<br><strong>Él</strong> – ¿Celebrar qué?<br><em>Juan se ríe a carcajadas.</em><br><strong>Juan</strong> – ¿Celebrar qué? Siempre tienes el comentario justo, ¿eh?<br><strong>Cristina</strong> – ¡Es gracioso! Yo he traído flores.<br><strong>Ella</strong> – Ah, sí, eso también está bien.<br><strong>Él</strong> – Voy a buscar copas.<br><strong>Ella</strong> – ¿Crees que tenemos?<br><strong>Juan</strong> – Bueno… ¡No vamos a beber este champán de la botella!<br><strong>Ella</strong> – ¡Por supuesto…!<br><em>Ríen de nuevo.</em><br><strong>Cristina</strong> – ¡Qué graciosa eres!<br><strong>Ella</strong> – Y yo voy a buscar un jarrón. Para las flores.<br><strong>Cristina</strong> – ¿Queréis que os ayudemos?<br><strong>Él</strong> – ¡Ni pensarlo!<br><strong>Ella</strong> – Pero sentaos, por favor.<br><strong>Él</strong> – Poneos cómodos, como en casa.<br><em>Ellos dos salen.</em><br><strong>Juan</strong> (<em>sonriendo</em>) – Qué graciosos son…<br><strong>Cristina</strong> – Sí…<br><strong>Juan</strong> – No han cambiado. Siguen siendo tan…<br><strong>Cristina</strong> – ¿Tú crees?<br><strong>Juan</strong> – ¿Qué?<br><strong>Cristina</strong> – Que no han cambiado.<br><strong>Juan</strong> – Ahora que lo dices, es verdad que…<br><strong>Cristina</strong> – No, pero no se parecen en nada a…<br><strong>Juan</strong> – Sí, un poco sí…<br><strong>Cristina</strong> – Pues…<br><strong>Juan</strong> – Y ya sabes, la gente… Cambia…<br><strong>Cristina</strong> – No tanto… No en una semana…<br><strong>Juan</strong> – ¿Fue hace una semana?<br><strong>Cristina</strong> – Fue la semana pasada. La última vez que los vimos.<br><strong>Juan</strong> – Es verdad que han cambiado mucho.<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Cristina</strong> – O, a lo mejor, no son ellos.<br><strong>Juan</strong> – ¿No son ellos? Pero, ¿qué harían aquí? Si no es su casa…<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Cristina</strong> – ¿Tú crees que podríamos habernos equivocado de puerta?<br><strong>Juan</strong> – No creo… Además, ellos parecen conocernos, ¿no? Si nos conocen, es que nosotros los conocemos también.<br><strong>Cristina</strong> – Sí, claro…<br><em>Él regresa.</em><br><strong>Él</strong> – Lo siento mucho, no he encontrado las copas de champán.<br><strong>Cristina</strong> – Ah, los hombres…<br><strong>Juan</strong> – Solo tienes que preguntar a tu mujer.<br><em>Ella también regresa.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Sabes dónde están las copas de champán, cariño?<br><strong>Ella</strong> – No… Quizás no haya…<br><strong>Cristina</strong> – ¿Cómo? ¿No tenéis copas de champán? Todo el mundo tiene copas de champán, ¿no?<br><strong>Juan</strong> – No importa. Vamos a beberlo en vasos, este champán.<br><strong>Cristina</strong> – Tenéis vasos de vino, ¿verdad?<br><em>Ellos no parecen seguros.</em><br><strong>Él</strong> – No he visto nada…<br><strong>Ella</strong> – Tampoco he encontrado un jarrón.<br><strong>Cristina</strong> – Tazas, al menos. En una cocina…<br><strong>Ella</strong> – No he encontrado la cocina.<br><em>Momento incómodo.</em><br><strong>Juan</strong> – Bueno… ¿Sabéis qué? Vamos a beber este champán a morro. Como los rusos.<br><strong>Cristina</strong> – ¿Los rusos beben champán a morro?<br><strong>Juan</strong> – Los cosacos, seguro. Sin siquiera bajarse del caballo.<br><strong>Ella</strong> – Mientras tanto, sentaos, por favor.<br><em>Se sientan los cuatro. Sonrisas. Silencio incómodo.</em><br><strong>Él</strong> – Y los niños, ¿cómo están? (<em>Juan y Cristina, que visiblemente no tienen hijos, se miran perplejos.</em>) No, quería decir, los niños en general. No especialmente los vuestros. Si no tenéis…<br><em>Silencio incómodo.</em><br><strong>Ella</strong> – Voy a ver si encuentro cacahuetes…<br><em>Sale</em>.<br><strong>Él</strong> – En cualquier caso, está bien que hayáis pasado a vernos.<br><strong>Cristina</strong> – Somos amigos, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Claro.<br><em>Juan y Cristina intercambian una mirada incómoda. Cristina le indica a Juan que pregunte.</em><br><strong>Juan</strong> – Mi pregunta te va a parecer tonta, pero… ¿vosotros realmente vivís aquí?<br><strong>Él</strong> – ¿Por qué preguntas eso?<br><strong>Cristina</strong> – Pues… Nuestros amigos que viven aquí no se parecen en nada a vosotros.<br><strong>Juan</strong> – De hecho, la última vez que vinimos, no se parecían en absoluto a vosotros…<br><em>Ella regresa.</em><br><strong>Ella</strong> – ¡Ya está, encontré los cacahuetes!<br><strong>Cristina</strong> – ¿Encontraste la cocina…?<br><strong>Ella</strong> – Incluso encontré unos vasos.<br><strong>Juan</strong> – ¡Entonces podemos tomar el aperitivo!<br><strong>Cristina</strong> – ¡Vamos…!<br><em>Juan destapa la botella y llena los vasos. Brindan.</em><br><strong>Juan</strong> – ¡A vuestra salud!<br><strong>Él</strong> – ¡Por la amistad!<br><em>Beben</em>.<br><strong>Ella</strong> – Tomad cacahuetes.<br><em>Comen cacahuetes.</em><br><strong>Cristina</strong> – Nunca me he atrevido a preguntar, pero…<br><strong>Él</strong> – ¿Sí…?<br><strong>Cristina</strong> – ¿Dónde os conocisteis vosotros dos? (<em>Silencio incómodo</em>) Perdón por haber sido tan indiscreta. No sé qué me ha pasado…<br><strong>Ella</strong> – No, no, en absoluto, es solo que…<br><strong>Él</strong> – Ya no lo recordamos muy bien.<br><strong>Cristina</strong> – ¿No lo recordáis?<br><strong>Juan</strong> – ¿No recordáis dónde os conocisteis?<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Ella</strong> – Yo diría que aquí, ¿no?<br><strong>Cristina</strong> – ¿Aquí?<br><strong>Ella</strong> – Un día nos dimos cuenta de que vivíamos en el mismo piso.<br><strong>Él</strong> – Sí, es curioso… Creo que así fue como pasó.<br><strong>Ella</strong> – Hace ya un tiempo, claro.<br><strong>Él</strong> – Sí… Una semana, quizás.<br><strong>Ella</strong> – Sí, eso es, hace una semana más o menos.<br><strong>Cristina</strong> – Ah, bueno, vaya…<br><strong>Él</strong> – ¿Y vosotros?<br><strong>Juan</strong> – ¿Nosotros?<br><strong>Ella</strong> – ¿Os conocéis desde hace mucho?<br><strong>Cristina</strong> – No, no mucho…<br><strong>Juan</strong> – Diría que… Sí, no hace mucho.<br><strong>Cristina</strong> – Nos conocimos en el portal del edificio, abajo.<br><strong>Juan</strong> – Yo llevaba una botella de champán en la mano.<br><strong>Cristina</strong> – Y yo un ramo de flores.<br><strong>Juan</strong> – Pensamos que íbamos seguramente al mismo sitio.<br><strong>Cristina</strong> – Como yo no tenía el código…<br><strong>Juan</strong> – Yo tampoco. Toqué varios timbres al azar. Vosotros fuisteis los primeros en abrirnos la puerta.<br><strong>Cristina</strong> – Como él parecía saber a dónde iba, le seguí.<br><strong>Él</strong> – Ah, sí…<br><strong>Ella</strong> – Sí, es… una bonita historia.<br><strong>Él</strong> – Muy romántica.<br><strong>Ella</strong> – Verás que acabará en boda.<br><em>Juan y Cristina intercambian una mirada incómoda.</em><br><strong>Juan</strong> – Entonces, si lo entiendo bien, aquí nadie se conoce realmente.<br><strong>Ella</strong> – Al parecer, no…<br><strong>Cristina</strong> – Y nadie tiene nada que hacer en esta casa.<br><strong>Él</strong> – Aparentemente, no…<br><strong>Juan</strong> – Entonces, ¿de quién es esta casa?<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Cristina</strong> – ¿Queréis un poco más de champán?<br><strong>Ella</strong> – Gracias, pero ya es tarde. Quizás deberíamos dejaros.<br><strong>Él</strong> – En cualquier caso, gracias por vuestra hospitalidad.<br><strong>Juan</strong> – No hay de qué, por favor.<br><em>(Él toma la maleta y se dirige con ella hacia la salida.)</em><br><strong>Cristina</strong> – ¿Os acompaño?<br><strong>Ella</strong> – No os molestéis, conocemos el camino.<br><strong>Juan</strong> – ¿Queréis que os ayude con la maleta?<br><strong>Él</strong> – No… No pesa nada… Está vacía.<br><strong>Cristina</strong> – Bueno… ¡Hasta otra vez, entonces!<br><strong>Juan</strong> – ¡Y gracias por la visita!<br><em>Salen. Juan y Cristina se vuelven a sentar. Silencio.</em><br><strong>Cristina</strong> – ¿Todo bien?<br><strong>Juan</strong> – Todo bien… ¿Y tú?<br><strong>Cristina</strong> – Todo bien… (<em>Pausa</em>) ¿Quieres tomar algo más?<br><strong>Juan</strong> – No, gracias. Estoy bien.<br><strong>Cristina</strong> – ¿Unas cacahuetes?<br><em>Juan toma un puñado de cacahuetes y comienza a masticarlos.</em><br><strong>Cristina</strong> – Se está bien aquí, ¿verdad?<br><strong>Juan</strong> – Sí… (<em>Pausa</em>) Pero esta no es nuestra casa.<br><strong>Cristina</strong> – Es cierto.<br><strong>Juan</strong> – ¿Es una casa o un piso?<br><strong>Cristina</strong> – Un piso, creo.<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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		<title>No es un drama</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/no-es-un-drama/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 13:14:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Carnicero]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Dramedias]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Matrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Romántico]]></category>
		<category><![CDATA[Ecología]]></category>
		<category><![CDATA[Equívoco]]></category>
		<category><![CDATA[Mentira]]></category>
		<category><![CDATA[Veganismo]]></category>
		<category><![CDATA[Vegetarianismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No es un drama, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Él está ahí, visiblemente incómodo. Ella llega, lista para salir.</em><br><strong>Ella</strong> – Normalmente, siempre eres tú quien me espera… ¿Todavía no estás listo?<br><strong>Él</strong> – Sí, sí, yo… Me estoy poniendo la chaqueta.<br><strong>Ella</strong> – Tu chaqueta de cuero…<br><strong>Él</strong> – La tenía antes de conocerte… Fue un regalo de mi abuela… No sirve de nada tirarla ahora, ¿no? Quiero decir… De todas formas, ella ya está muerta.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tu abuela está muerta?<br><strong>Él</strong> – ¡No mi abuela! ¡La vaca! Es de vaca…<br><strong>Ella</strong> – Claro… La vaca que sacrificaron en un matadero para que puedas cubrirte con su piel…<br><strong>Él</strong> – Mi próxima chaqueta será de cuero vegetal, te lo prometo. Dicen que ahora hacen imitaciones muy buenas, a base de piña o champiñones.<br><em>Se pone la chaqueta sin entusiasmo.</em><br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿hoy es el gran día?<br><strong>Él</strong> – Sí, parece que sí…<br><strong>Ella</strong> – Finalmente voy a conocer a tus padres… Empezaba a preguntarme si tenías vergüenza de mí.<br><strong>Él</strong> – ¡Qué cosas dices! Sería más bien lo contrario…<br><strong>Ella</strong> – ¿Lo contrario? ¿Por qué? ¿Te avergüenzas de tus padres?<br><strong>Él</strong> – No, no, pero…<br><strong>Ella</strong> – ¿Entonces de qué tienes miedo?<br><strong>Él</strong> – De nada, te lo aseguro.<br><strong>Ella</strong> – Más bien debería ser yo la que tuviera miedo. Me presentas a tus padres… Esto se vuelve oficial. Es casi un compromiso, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Sí…<br><strong>Ella</strong> – ¡Muestra un poco de entusiasmo!<br><strong>Él</strong> – Escucha, tengo algo que decirte.<br><strong>Ella</strong> – Me estás asustando…<br><strong>Él</strong> – Es sobre mis padres, precisamente.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tus padres? ¿Qué pasa con tus padres?<br><strong>Él</strong> – No es fácil de decir…<br><strong>Ella</strong> – Vamos, puedo escucharlo todo… En cualquier caso, si es importante, prefiero saberlo ahora. Me sentiré menos tonta…<br><strong>Él</strong> – Digamos que esta comida no va a ser exactamente lo que imaginabas. Mis padres son… ¿Cómo decirlo…?<br><strong>Ella</strong> – Son sordomudos. Se comunican en lenguaje de signos.<br><strong>Él</strong> – No…<br><strong>Ella</strong> – ¿Ciegos?<br><strong>Él</strong> – Tampoco.<br><strong>Ella</strong> – Son personas de baja estatura…<br><strong>Él</strong> – Peor que eso… Bueno, para ti, en todo caso.<br><strong>Ella</strong> – Ya veo… Votan a la derecha, y no te has atrevido a decírmelo. ¿Por eso no querías que los conociera antes?<br><strong>Él</strong> – No, no es eso.<br><strong>Ella</strong> – Claro, soy tonta. Me dijiste que eran libreros. No se puede vender libros y votar a la derecha.<br><strong>Él</strong> – Tranquila, mis padres no votan en absoluto.<br><strong>Ella</strong> – ¿Entonces qué?<br><strong>Él</strong> – Es sobre… La comida… En fin, sobre la comida en general.<br><strong>Ella</strong> – ¿La comida…?<br><strong>Él </strong>– No te he contado toda la verdad.<br><strong>Ella</strong> – Vale… Tus padres son judíos y comen kosher. ¿Cuál es el problema? ¡Se puede ser vegano y comer kosher! De hecho, es mucho más fácil. Es sobre todo la carne la que tiene que ser kosher, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Sí… Bueno, no sé…<br><strong>Ella</strong> – Las frutas y verduras son muy ecuménicas. Estoy segura de que el veganismo podría acabar con todas las guerras religiosas. En la mesa, al menos, que ya es un comienzo… Mientras resolvemos el conflicto en Oriente Medio.<br><strong>Él</strong> – Es un poco más complicado que eso…<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué? ¿El conflicto en Oriente Medio?<br><strong>Él</strong> – No, para mis padres.<br><strong>Ella</strong> – Entiendo… Son practicantes. Para complacerles, les has dejado creer que su futura nuera era judía. Y ahora no sabes cómo decirles que sales con una chica que no es judía…<br><strong>Él</strong> – Tranquila, nadie en la familia es judío.<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué crees que eso me preocuparía? ¿Qué clase de persona crees que soy?<br><strong>Él</strong> – No, el problema es que…<br><strong>Ella</strong> – Vamos, esto empieza a dar miedo.<br><strong>Él</strong> – Mis padres no son realmente libreros.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cómo que no son realmente? Uno es librero o no lo es. ¿Cómo se puede no ser realmente librero?<br><strong>Él</strong> – No son libreros en absoluto… y no son tan veganos como te dije.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cómo que no tan…?<br><strong>Él</strong> – Comen verduras, claro, pero…<br><strong>Ella</strong> – ¿Son solo vegetarianos? Bueno, tampoco es un drama. ¿Piensas que soy tan sectaria? ¿Pero por qué me dijiste que eran veganos?<br><strong>Él</strong> – Lo dije así… Sabía que era importante para ti.<br><strong>Ella</strong> – ¡Es contigo con quien voy a vivir! Compartes los mismos valores que yo, eso es suficiente. No se elige a la familia, ya es bien sabido. Así que menos aún a la familia política…<br><strong>Él</strong> – No sé cómo decírtelo…<br><strong>Ella</strong> – Entonces, tus padres no son libreros. ¿Y qué? ¿A qué se dedican?<br><strong>Él</strong> – Tienen la carnicería, justo en la esquina de la calle…<br><strong>Ella</strong> (<em>sorprendida</em>) – La carnicería…<br><strong>Él</strong> – La carnicería de carne de caballo… Entre el zapatero y el estanco, ¿sabes?<br><strong>Ella</strong> – Esto es una broma, ¿no?<br><strong>Él</strong> – No.<br><strong>Ella</strong> – Me dijiste que en tu familia todos eran veganos, excepto tu abuela, ¡y ahora me dices que voy a casarme con el hijo de un carnicero!<br><strong>Él</strong> – ¡No soy carnicero! Solo soy el hijo del carnicero…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y pensabas decírmelo cuándo? ¿El día de la boda, durante la cena de celebración? ¿Entre el chorizo de burro y el filete de caballo?<br><strong>Él</strong> – ¡Pero no! Ya te lo estoy diciendo ahora…<br><strong>Ella</strong> – Te recuerdo que mis padres, ellos sí, son veganos. Y lo llevan muy en serio.<br><strong>Él</strong> – ¿En serio?<br><strong>Ella</strong> – Si te hace gracia, a mí no… Y ahora, ¿qué hacemos?<br><strong>Él</strong> – Yo soy realmente vegano. Bueno, lo soy desde que te conocí… No cambia nada entre nosotros, ¿verdad?<br><strong>Ella</strong> – Quizás para ti no signifique nada, pero para mí significa mucho…<br><strong>Él</strong> – ¿Estás enfadada?<br><strong>Ella</strong> – Voy a necesitar tiempo para reflexionar sobre todo esto, efectivamente. (Ella duda.) Pero no lo haré ahora. Nos han invitado, ¿no? Así que voy a ir… No soy de las que se echan atrás, que te quede claro. Hablaremos de esto después. ¿Vamos?<br><strong>Él</strong> – El problema es que…<br><strong>Ella</strong> – ¿Es que hay otro problema?<br><strong>Él</strong> – No me atreví a decirles que no comes carne.<br><strong>Ella</strong> – No, dime que no es cierto…<br><strong>Él</strong> – No estoy seguro de que lo comprendieran… Ya no son muy jóvenes… A su edad, no sirve de nada forzarlos… Podría incluso matarlos, ¿sabes? Mi padre tiene el corazón delicado…<br><strong>Ella</strong> – Podrías habérselo dicho, yendo con cuidado…<br><strong>Él</strong> – Digamos que no encontré el momento adecuado…<br><strong>Ella</strong> – Claro…<br><strong>Él</strong> – Siempre puedes comer las verduras… Solo tienes que decir que no tienes mucho apetito… Que estás enferma…<br><strong>Ella</strong> – ¿Sabes qué? Creo que el enfermo eres tú.<br><em>Ella se quita la chaqueta.</em><br><strong>Él</strong> – Así que no vienes…<br><strong>Ella</strong> (<em>horrorizada</em>) – ¿Una carnicería de carne de caballo?<br><strong>Él</strong> – Entonces, ¿prefieres abandonar a su triste suerte a un hijo de carnicero recientemente convertido al veganismo? Sin ti, corro el riesgo de recaer, ya lo sabes…<br><strong>Ella</strong> – ¿Encima me tomas el pelo?<br><strong>Él</strong> – No me mires así, siento como si fueras a matarme.<br><strong>Ella</strong> – La verdad es que… te confieso que me entran ganas de asesinarte.<br><strong>Él</strong> – ¡Cálmate, te lo ruego! Recuerda que eres vegana… y que para ti el sexto mandamiento es el más sagrado de los diez.<br><strong>Ella</strong> – ¿El sexto…?<br><strong>Él</strong> – ¡No matarás!<br><strong>Ella</strong> – Voy a estrangularte, y luego me confesaré.<br><em>Ella se acerca a él, amenazante.</em><br><strong>Él</strong> – No hagas eso, te lo ruego.<br><strong>Ella</strong> – No sé qué es lo que me detiene…<br><strong>Él</strong> – ¿Entonces realmente te creíste esa historia?<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué?<br><strong>Él</strong> – Vamos… ¡las carnicerías de carne de caballo ya no existen desde hace mucho! En la esquina de la calle, entre el estanco y el zapatero, ¡es una panadería! Si hicieras la compra más a menudo, lo sabrías…<br><strong>Ella</strong> – ¿Tus padres no son carniceros?<br><strong>Él</strong> – Mis padres son libreros, votan a la izquierda y son veganos. Como te he dicho siempre.<br><strong>Ella</strong> – ¡Estás loco! ¿Por qué me contaste una historia así?<br><strong>Él</strong> – Para ver hasta qué punto me quieres… Ahora ya lo tengo claro. ¿Entonces habrías rechazado casarte con el hijo de un carnicero?<br><strong>Ella</strong> – No sé… No, probablemente no. Pero habría terminado matándote, de eso seguro.<br><strong>Él</strong> – Entonces, ¿habría sido una tragedia? ¿Los Capuleto carniceros y los Montesco veganos…?<br><strong>Ella</strong> – Pero al final, sigue siendo una comedia de enredo.<br><strong>Él</strong> – Uno no cambia…<br><strong>Ella</strong> – No es un drama.<br><strong>Él</strong> – Bueno, ¿vamos? Vamos a llegar tarde.<br><strong>Ella</strong> – Vamos. No habrás olvidado el pastel de zanahoria…<br><strong>Él </strong>– Tranquila, cariño, ya está en el coche.<br><strong>Ella</strong> – Por cierto, ¿esto era una propuesta de matrimonio?<br><strong>Él</strong> – Sí…<br><strong>Ella</strong> – Sin duda, la más sorprendente que una mujer haya oído jamás.<br><strong>Él</strong> – Soy dramaturgo, después de todo. Llevo una semana preparándola. Entonces, ¿cuál es tu respuesta?<br><strong>Ella</strong> – Creo que esperaré a ver a tus padres antes de responder.<br><em>Salen juntos.</em><br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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		<title>Fatal cómico</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/fatal-comico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 12:53:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[3 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amistad]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Creatividad]]></category>
		<category><![CDATA[Dramático]]></category>
		<category><![CDATA[Dramedias]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Sociabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro dentro del teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fatal comique, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Sobre una mesita, una cafetera, dos tazas y un periódico. Pedro entra en bata. Se sirve una taza de café y toma el periódico para leerlo. María, su esposa, entra.</em><br><strong>María</strong> – ¿Todo bien?<br><strong>Pedro</strong> – Todo bien.<br><em>María se sirve una taza y observa a Pedro.</em><br><strong>María</strong> – Pareces preocupado… ¿Hay algún problema?<br><strong>Pedro</strong> – No… Bueno… Todavía no tengo una idea para mi nueva obra.<br><strong>María</strong> – No te preocupes, ya vendrá… Siempre acaba viniendo, ¿no?<br><strong>Pedro</strong> – Sí… Hasta ahora…<br><strong>María</strong> – ¿No hay una buena historia en el periódico de la que puedas inspirarte?<br><em>Él deja el periódico.</em><br><strong>Pedro</strong> – Las noticias son cada vez más deprimentes… Creo que voy a dejar de leer la prensa. Ya dejé de ver la tele y de escuchar la radio…<br><strong>María</strong> – Es verdad que todo eso no es muy alegre, pero bueno. Por otro lado… por eso siempre necesitaremos autores como tú.<br><strong>Pedro</strong> – ¿Ah, sí? ¿Y qué es un autor como yo?<br><strong>María</strong> – Ya sabes… Alguien que nos haga reír… ¡Un cómico!<br><strong>Pedro</strong> – ¿Un cómico? ¿Entonces así es como me ves? ¡Como un cómico!<br><strong>María</strong> – ¡Se necesitan autores que escriban buenas comedias! Para olvidar un poco nuestras preocupaciones… Hacernos pasar un buen rato sin pensar en nada…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Sin pensar en nada?<br><strong>María</strong> – Perdona… Quiero decir… en pensar en otra cosa.<br><strong>Pedro</strong> – Entiendo… Entonces para ti, solo soy un entretenedor… Un tipo que desvía la atención del pueblo de los verdaderos problemas de la sociedad…<br><strong>María</strong> – ¡El pueblo! Ya estás usando grandes palabras… Divertir al público, ¿no es algo digno?<br><strong>Pedro</strong> – No sé… También se puede querer otra cosa…<br><strong>María</strong> – ¿Como qué?<br><strong>Pedro</strong> – Ser útil…<br><strong>María</strong> – Para mí, distraer a la gente, hacerles sonreír, es muy útil. Y no cualquiera tiene ese talento.<br><strong>Pedro</strong> – Sí, claro…<br><strong>María</strong> – ¿Qué?<br><strong>Pedro</strong> – Ya he escrito casi un centenar de comedias.<br><strong>María</strong> – Y siempre han sido un éxito rotundo.<br><strong>Pedro</strong> – Sí, pero empiezo a quedarme sin ideas. Me pregunto si ya no le he dado todas las vueltas posibles.<br><strong>María</strong> – ¿Quieres dejar de escribir?<br><strong>Pedro</strong> – No estoy seguro de poder hacerlo… No, solo me preguntaba si…<br><strong>María</strong> – ¿Si qué?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y si intentara otro género?<br><strong>María</strong> – ¿Una novela, quieres decir? Desde hace años, te digo que deberías intentarlo. Hay novelas muy graciosas también…<br><strong>Pedro</strong> – Desgraciadamente, no soy novelista, lo sé. El teatro, no sé hacer otra cosa.<br><strong>María</strong> – Bueno, entonces solo te queda encontrar un buen tema para una comedia.<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y si escribiera… otro tipo de obra?<br><strong>María</strong> – ¿Otro tipo de obra?<br><strong>Pedro</strong> – Algo que no sea necesariamente gracioso, ¿sabes?<br><strong>María</strong> – ¿Una comedia que no sea graciosa?<br><strong>Pedro</strong> – ¡No, precisamente no una comedia!<br><strong>María</strong> – ¿Quieres decir… una comedia dramática?<br><strong>Pedro</strong> – ¡Quiero decir que no sea una comedia en absoluto!<br><strong>María</strong> – ¿Quieres escribir un drama?<br><strong>Pedro</strong> – Un drama, una tragedia… Llámalo como quieras.<br><strong>María</strong> – Vale…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Qué?<br><strong>María</strong> – No sé… (<em>Silencio</em>) ¿Estás seguro de que estás bien?<br><strong>Pedro</strong> – Ya no tengo ideas para una comedia. Quisiera intentar escribir otra cosa. ¡Tampoco es un drama!<br><strong>María</strong> – OK… (<em>Una pausa</em>) ¿Quieres más café?<br><strong>Pedro</strong> – No, gracias.<br><strong>María</strong> – Bueno, entonces te dejo reflexionar… sobre tu nueva obra.<br><em>Ella sale. Él suspira y vuelve a abrir el periódico. Suena el teléfono. Él contesta.</em><br><strong>Pedro</strong> – ¿Sí? Ah, sí… No, no, iba a llamarte precisamente… Mira, todavía no sé… No, por ahora estoy sin inspiración. Sí, lo sé, siempre dije que eso no existía. Pero sabes, la inspiración es como Dios. Uno dice que no existe hasta el momento en que realmente la necesita… ¿Y tú, cómo estás? Bueno… Entiendo… De acuerdo… Mira, tengo que dejarte ahora… Nos llamamos y tratamos de almorzar juntos la próxima semana, ¿vale? OK, así lo hacemos… Adiós, un abrazo.<br><em>María vuelve, con un poco de vergüenza.</em><br><strong>María</strong> – Tengo que hacer unas compras, no tardo. ¿Todo bien?<br><strong>Pedro</strong> – Eh… sí. Desde hace un rato, la situación no ha evolucionado mucho, pero sí, estoy bien.<br><strong>María</strong> – Bueno, entonces me voy.<br><strong>Pedro</strong> – Eso es. Hasta luego.<br><em>Ella sale. Él vuelve a leer el periódico, pero apenas empieza cuando suena el timbre de la puerta. Sale un momento para abrir y regresa acompañado de una mujer.</em><br><strong>Alex</strong> – Espero no molestarte.<br><strong>Pedro</strong> – No, no, para nada, estaba… ¿Quieres un café?<br><strong>Alex</strong> – Gracias, no hace falta.<br><strong>Pedro</strong> – Es agradable que pases así, de improviso.<br><strong>Alex</strong> – Cuando uno vive en el mismo edificio que su agente, siempre corre el riesgo de que aparezca sin invitación…<br><strong>Pedro</strong> – Quizás deba mudarme, entonces…<br><em>Silencio incómodo.</em><br><strong>Alex</strong> – ¿En qué estás trabajando ahora?<br><strong>Pedro</strong> – Nada… Estaba hablando por teléfono con… ¿Cómo se llama? Ya sabes, esa actriz que actuaba en… Ahora es editora.<br><strong>Alex</strong> – ¿Editora?<br><strong>Pedro</strong> – Ya sabes cómo es esto. La vida es cruel para las actrices. Especialmente para las protagonistas jóvenes. Pasada la treintena…<br><strong>Alex</strong> – ¿Estás buscando un nuevo editor?<br><strong>Pedro</strong> – No especialmente… Fue ella quien me llamó. Solo quería saber cómo estaba… Esto empieza a preocuparme. Todo el mundo me pregunta si estoy bien hoy…<br><strong>Alex</strong> – ¿Y… estás bien?<br><strong>Pedro</strong> – Sí, gracias… Es una locura…<br><strong>Alex</strong> – ¿Qué?<br><strong>Pedro</strong> – Terminé la conversación diciéndole: “nos llamamos y almorzamos…?” Me salió así. La costumbre. Al final, podríamos haber almorzado juntos al mediodía.<br><strong>Alex</strong> – Qué quieres… Todos estamos ocupadísimos…<br><strong>Pedro</strong> – O no tenemos nada que hacer y fingimos…<br><strong>Alex</strong> – Sí…<br><strong>Pedro</strong> – Tú, por ejemplo. ¿Estás particularmente ocupada hoy? (<em>Silencio</em>) No, obviamente, de lo contrario no estarías aquí. ¿Te imaginas? Aceptas almorzar así, improvisado… Al día siguiente, todos los del gremio sabrían que no tienes nada que hacer en tus días. Que ya nadie quiere trabajar contigo. Que estás en paro. O, peor, que estás en la lista negra… Entonces, ya nadie te llamaría, y serías una auténtica anticuada.<br><strong>Alex</strong> – Sí… (<em>Silencio</em>) Y, entonces, ¿ella está bien?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Quién?<br><strong>Alex</strong> – ¡Tu editora!<br><strong>Pedro</strong> – No sé… Tienes razón… Al final, quizá sea ella la que no está bien. Me llamó porque necesitaba hablar con alguien. Y yo casi le colgué… Debería haberle propuesto almorzar con ella al mediodía… Y tú, ¿estás bien?<br><strong>Alex</strong> – Sí, estoy bien…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Estás segura de que no quieres café?<br><strong>Alex</strong> – Segura… (<em>Silencio</em>) ¿Estás escribiendo algo ahora?<br><strong>Pedro</strong> – No, no mucho. Creo que he llegado al final de algo. Debería cambiar un poco de estilo.<br><strong>Alex</strong> – Sí, lo sé, me crucé con María en la escalera.<br><strong>Pedro</strong> – No me digas que por eso viniste a verme.<br><strong>Alex</strong> – Así que quieres escribir un drama.<br><strong>Pedro</strong> – Sí, bueno… ¿Por qué no?<br><strong>Alex</strong> – ¿Es una broma?<br><strong>Pedro</strong> – Mira, Alex, ese es mi problema. La simple idea de que considere escribir algo que no sea una comedia, la gente lo toma como una broma.<br><strong>Alex</strong> – Digamos que… no es el tipo de terreno en el que uno suele esperarte.<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y?<br><strong>Alex</strong> – Podría sorprender a tu público… Quizás decepcionarlo…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Decepcionarlo? Aún no he escrito ni una línea, y ya dices que será decepcionante. Gracias por tu apoyo. Al menos ahora sé por qué tengo un agente.<br><strong>Alex</strong> – Y… ¿tienes algún tema ya?<br><strong>Pedro</strong> – No… Solo es una idea…<br><strong>Alex</strong> – Bueno, entonces solo es una idea.<br><strong>Pedro</strong> – Eso es…<br><strong>Alex</strong> – Perdona, quizás me apresuré un poco.<br><strong>Pedro</strong> – No sé… Pensaba en escribir algo sobre esos migrantes que llegan a nuestras costas. Cuando no mueren ahogados en el trayecto, claro…<br><strong>Alex</strong> – ¿Una comedia, dices? (<em>Pedro le lanza una mirada de reproche.</em>) Perdona, no sé por qué he dicho eso… Entonces, ¿en serio quieres escribir algo…<br><strong>Pedro</strong> – Ya no tengo veinte años… Tú tampoco… Quizás es hora de empezar a reflexionar sobre el mundo que nos rodea, ¿no?<br><strong>Alex</strong> – ¿El mundo que nos rodea?<br><strong>Pedro</strong> – Imagina que después de nuestra muerte, nos reencarnamos. Así, al azar. El mundo está mayormente poblado de gente que lleva una vida de mierda. Si podemos llamar a eso una vida. Si lo piensas bien, aparte de una minoría privilegiada, cuyo grupo de los más afortunados vive en paraísos fiscales, la Tierra es un infierno.<br><strong>Alex</strong> – ¿Y entonces?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y entonces? Estadísticamente, la reencarnación es un infierno asegurado… Si no cambiamos el mundo en vida, tenemos casi asegurado vivir un infierno cuando nos reencarnemos.<br><em>Alex le mira, sorprendida.</em><br><strong>Alex</strong> – Vale…<br><strong>Pedro</strong> – Te dejo reflexionar sobre eso. Voy a vestirme…<br><em>Sale. María regresa.</em><br><strong>María</strong> – ¿Y bien?<br><strong>Alex</strong> – Está muy mal.<br><strong>María</strong> – Te lo dije.<br><strong>Alex</strong> – Está delirando. Habla de la muerte. Del paraíso. Del infierno.<br><strong>María</strong> – ¿En serio?<br><strong>Alex</strong> – Quiere escribir una obra sobre los exiliados.<br><strong>María</strong> – ¿Los exiliados fiscales?<br><strong>Alex</strong> – ¡Los exiliados económicos!<br><strong>María</strong> – ¿Quieres decir… los jubilados que se van a Marruecos, porque la vida es más barata allí?<br><strong>Alex</strong> – ¡Los migrantes! ¡En el Mediterráneo!<br><strong>María</strong> – No puede ser… ¿Te lo ha dicho?<br><strong>Alex</strong> – Traté de hablar con él, pero no quiere saber nada.<br><strong>María</strong> – ¿Dónde está?<br><strong>Alex</strong> – Se fue a vestir.<br><strong>María</strong> – No entiendo… Hasta esta mañana, estaba completamente normal. Bueno… como siempre, vamos…<br><strong>Alex</strong> – Quizás solo sea temporal. Puede que esté algo deprimido. Pero no debemos tomarlo a la ligera.<br><strong>María</strong> – Claro… Me cuesta decirlo, pero… me da la impresión de que tiene tendencias suicidas.<br><strong>Alex</strong> – Quizás deberíamos sugerirle que vea a un médico.<br><strong>María</strong> – ¿Un psiquiatra, quieres decir?<br><strong>Alex</strong> – No lo sé.<br><strong>María</strong> – A veces, con una simple cura de vitaminas… ¿Un homeópata?<br><em>Pedro regresa.</em><br><strong>Pedro</strong> – Ah, ¿has vuelto?<br><strong>Alex</strong> – Voy a dejaros.<br><strong>Pedro</strong> – No, no te estoy echando.<br><strong>Alex</strong> – De todas formas, ya me iba. Tengo… Tengo que irme. Tengo un día muy ocupado. ¿Nos llamamos y almorzamos juntos?<br><em>Sale. María mira a Pedro con un aire incómodo.</em><br><strong>María</strong> – Solo le dije que estabas aquí y que si quería subir a tomar un café…<br><strong>Pedro</strong> – No quiso.<br><strong>María</strong> – ¿Qué?<br><strong>Pedro</strong> – El café. Le ofrecí y no quiso.<br><em>Silencio</em>.<br><strong>María</strong> – ¿Pero qué es lo que buscas, Pedro, exactamente?<br><strong>Pedro</strong> – No lo sé…<br><strong>María</strong> – ¿No estamos bien juntos?<br><strong>Pedro</strong> – Claro que sí, no es eso.<br><strong>María</strong> – ¿Tienes una amante, es eso?<br><strong>Pedro</strong> – ¡No, para nada!<br><strong>María</strong> – Tenemos la vida que queríamos, ¿no? Haces el trabajo que te gusta. No tienes jefe. Ganas bien.<br><strong>Pedro</strong> – Lo sé.<br><strong>María</strong> – ¿Entonces qué pasa?<br><strong>Pedro</strong> – Todo esto ya no tiene sentido para mí. Necesito… intentar otra cosa.<br><strong>María</strong> – ¿Pero por qué?<br><strong>Pedro</strong> – No lo sé… Para que en mi funeral, la gente no solo diga: ese era un cómico…<br><em>Silencio</em>.<br><strong>María</strong> – ¿Quieres que nos mudemos?<br><strong>Pedro</strong> – En otro lugar sería lo mismo.<br><strong>María</strong> – No vas a hacer ninguna tontería, ¿verdad?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Una tontería? ¿Como qué?<br><em>María intenta ocultar su nerviosismo.</em><br><strong>María</strong> – Te dejo trabajar…<br><em>Ella sale. Pedro se queda un momento pensativo. Toma un cuaderno y un lápiz e intenta escribir, pero claramente la inspiración no está presente. Descuelga el teléfono y marca un número.</em><br><strong>Pedro</strong> – Sí, perdona, soy yo otra vez… Mira, finalmente he conseguido liberarme para esta noche. ¿Puedes venir a cenar a casa? Me gustaría hablar contigo de un nuevo proyecto… Sí, claro, ven con tu marido. OK, a las ocho, perfecto. Bueno, nos vemos esta noche…<br><em>Cuelga. Retoma el cuaderno y el lápiz, y empieza a escribir con entusiasmo. Se detiene y se dirige al público.</em><br><strong>Pedro</strong> – Ya verán. Esta vez, no van a reírse.<br><em>Vuelve a escribir.</em><br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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