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	<title>Archives des Mujer de la limpieza - La Sketchothèque</title>
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	<description>Les sketchs de Jean-Pierre Martinez</description>
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	<title>Archives des Mujer de la limpieza - La Sketchothèque</title>
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		<title>Los saltimbanquis</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 May 2025 10:25:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[¡Tranquilo!]]></category>
		<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los saltimbanquis, un sketch humorístico extraído de la recopilación '¡Tranquilo!' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/los-saltimbanquis/">Los saltimbanquis</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><strong>Uno</strong> – Prométeme que no te vas a poner nervioso…<br><strong>Dos</strong> – ¿Qué?<br><strong>Uno</strong> – Nuestra hija acaba de decirme que quiere ser actriz.<br><strong>Dos</strong> – ¿No?<br><strong>Uno</strong> – Sí.<br><strong>Dos</strong> – ¿Te lo dijo así, sin más?<br><strong>Uno</strong> – Sí.<br><strong>Dos</strong> – ¿No fue después de una discusión? ¿Solo para llevarte la contraria…?<br><strong>Uno</strong> – Fue esta mañana en el desayuno. Estaba comiendo sus cereales. Me mira y me dice: «Mamá, cuando sea mayor, seré actriz».<br><strong>Dos</strong> – De acuerdo… Entonces va en serio.<br><strong>Uno</strong> – Solo tiene cinco años, pero bueno… Ya la conoces, es de las que cuando se proponen algo, lo siguen hasta el final.<br><strong>Dos</strong> – ¡Madre mía! ¿Qué hemos hecho para merecer esto?<br><strong>Uno</strong> – Me quedé sin palabras.<br><strong>Dos</strong> – Pero después intentaste hacerla entrar en razón, ¿no?<br><strong>Uno</strong> – Sí, claro. Le dije que no era un trabajo de verdad, que ningún banco le daría una hipoteca, que nunca tendría seguro médico privado, que cobraría una miseria cuando se jubilara…<br><strong>Dos</strong> – ¿Y qué dijo ella?<br><strong>Uno</strong> – Nada… Volvió a comer sus cereales.<br><strong>Dos</strong> – ¿Tú crees que hay que castigarla?<br><strong>Uno</strong> – Ya la conoces, eso solo reforzaría su determinación.<br><strong>Dos</strong> – Bueno, de todas formas… Solo tiene cinco años, todavía tiene tiempo de cambiar de opinión.<br><em>El otro mira su móvil.</em><br><strong>Uno</strong> – Mira, me acaba de mandar un mensaje.<br><strong>Dos</strong> – Quizás sea para disculparse.<br><strong>Uno</strong> – Me pide que la inscriba en una agencia de casting.<br><strong>Dos</strong> – ¿No? ¿Una agencia de casting? ¡Si ni siquiera sabe lo que es!<br><strong>Uno</strong> – Pues parece que sí. Me adjunta una lista de agencias, ordenadas por preferencia.<br><em>El otro parece aturdido.</em><br><strong>Dos</strong> – Hemos creado un monstruo.<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Uno</strong> – Al fin y al cabo… de tal palo, tal astilla.<br><strong>Dos</strong> – ¿Qué quieres decir con esa expresión tan absurda?<br><strong>Uno</strong> – Pues que los dos somos actores, ¿no?<br><strong>Dos</strong> – Sí, pero… Lo nuestro es diferente. No fue una elección. No sabíamos hacer otra cosa.<br><strong>Uno</strong> – Sí, pero… ella ve que no hacemos nada en todo el día, que tenemos una casa grande con piscina, un coche caro, una criada…<br><strong>Dos</strong> – Ya no se dice criada, ¿sabes?<br><strong>Uno</strong> – ¿Ah, no?<br><strong>Dos</strong> – No es políticamente correcto.<br><strong>Uno</strong> – ¿Y cómo se dice entonces?<br><strong>Dos</strong> – Creo que ahora se dice auxiliar de vida.<br><strong>Uno</strong> – ¿Pero sigue siendo una criada, no?<br><strong>Dos</strong> – Claro.<br><strong>Uno</strong> – ¿No es más bien para personas dependientes, una auxiliar de vida?<br><strong>Dos</strong> – Nosotros no sabemos hacer nada en casa… Se podría decir que somos personas dependientes, ¿no?<br><strong>Uno</strong> – Creo que para gente como nosotros se dice empleada de hogar.<br><strong>Dos</strong> – Y ya está, vamos a seguir diciendo criada.<br><strong>Uno</strong> – En cualquier caso, cuando ella ve que no sabemos hacer nada en la vida, y que nos piden autógrafos en la calle, se dice que ser actriz no es tan mala opción.<br><strong>Dos</strong> – No todos los actores nadan en dinero, ¿eh? No estoy seguro de que lo sepa.<br><strong>Uno</strong> – Tienes razón, deberíamos mandarla a vivir con una pareja de actores en apuros para que vea lo que realmente es el oficio de actor.<br><strong>Dos</strong> – ¿Conoces a alguno?<br><strong>Uno</strong> – ¿Qué?<br><strong>Dos</strong> – Actores en apuros.<br><strong>Uno</strong> – No personalmente, pero… Puedo preguntar…<br><strong>Dos</strong> – Bueno, tengo que irme. Juego al golf con un productor danés que insiste en que participe en su próxima película.<br><strong>Uno</strong> – Y yo tengo cita con mi psicoanalista a las diez.<br><strong>Dos</strong> – Te lo juro… El día empieza bien…<br><strong>Uno</strong> – Vamos a internarla, sí.<br><strong>Dos</strong> – Sí… Pero también habrá que despedir a la gobernanta.<br><strong>Uno</strong> – ¿También?<br><strong>Dos</strong> – ¿Qué?<br><strong>Uno</strong> – Dijiste «habrá que despedir a la gobernanta». Pero vamos a seguir teniendo a la criada, ¿no?<br><strong>Dos</strong> – Claro que sí, vamos a seguir con la criada, no entres en pánico.<br><strong>Uno</strong> – Me has asustado…<br><em>Oscuro</em>.</p>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0"></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación<em> <a href="https://sketchotheque.net/es/tranquilo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">¡Tranquilo!</a></em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/tranquilo/">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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<p class="has-text-align-left">Encuentra todas las obras de teatro de Jean-Pierre Martinez en su sitio web:<br><a href="https://jeanpierremartinez.net/es/accueil-espanol/">https://jeanpierremartinez.net</a></p>



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		<title>Consulta</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/consulta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 May 2025 12:23:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Consultorio médico]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
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		<category><![CDATA[Malentendido]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Consulta, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Muertos de la risa' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/consulta/">Consulta</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Un hombre entra en una sala de consulta. El médico está sentado a la mesa ocupado en rellenar papeles.</em><br><strong>Médico</strong> (<em>sin alzar los ojos</em>) – Siéntese, por favor.<br><strong>Paciente</strong> – Gracias.<br><em>El médico dirige a su cliente una mirada cansada que pretende, a pesar de todo, ser atenta.</em><br><strong>Médico</strong> – Dígame, ¿qué le trae por aquí?<br><strong>Paciente</strong> – Pues… No sé cómo decírselo, pero creo que he atrapado la Muerte.<br><strong>Médico</strong> – Ah bueno, ya se sabe. En fin, en este momento, es lo que hay. Se trata de un virus que anda por ahí. Pero créame, eso se pasa. Es lo de siempre. La nariz como un grifo… Un picor intenso en la garganta… Un como cansancio…<br><strong>Paciente</strong> – No, no, doctor, todo va muy bien… No estoy enfermo… Lo que quiero decir es que… Realmente he atrapado a la muerte.<br><em>El médico parece un poco fuera de órbita.</em><br><strong>Médico</strong> – Sí… Bueno, le voy a recetar un pequeño tratamiento preventivo, caso que… (<em>Saca una receta que empieza a rellenar</em>) Un coctel de vitaminas para despertar ese sistema inmunitario un poco adormecido por el frío, un jarabe para aliviar la garganta, aspirina para el dolor de cabeza… (<em>Dirige la receta hacia el paciente</em>) Con esto, pasará el invierno sin más problemas…<br><em>Pero el paciente no recoge la receta.</em><br><strong>Paciente</strong> – Ya sabía yo que no iba a ser tan fácil.<br><strong>Médico</strong> – Se trata de un tratamiento corriente cien por cien. Como los que prescribo 30 veces al día mínimum.<br><strong>Paciente</strong> – Doctor, he atrapado a la Muerte, está encerrada en el Seat Ibiza que está aparcado en mi garaje en Albacete.<br><em>El médico sale poco a poco de su estupor, creyendo casi reconocer al típico paciente gracioso capaz de romper la rutina de una jornada tan anodina como las demás.</em><br><strong>Médico</strong> – Sí… Cuénteme usted eso…<br><strong>Paciente</strong> – Bien, ayer por la tarde decidí poner fin a mis días.<br><strong>Médico</strong> – Mmmm<br><strong>Paciente</strong> – Las armas de fuego no son mi estilo en absoluto. El gas, creo que es peligroso para los vecinos. Hay que pensar también en los que quedan.<br><strong>Médico</strong> – Cierto.<br><strong>Paciente</strong> – Por consiguiente, me he dirigido al garaje. He taponado bien la puerta con toallas mojadas tal como he visto hacer a menudo en las teleseries. Y después, he arrancado mi Seat Ibiza, con mucho esfuerzo por otra parte. Echa humo como un tractor y hace casi el mismo ruido. Es el convertidor. Tendría que cambiarlo, pero bueno, para mi propósito era más bien una ventaja. Entonces me he sentado al volante. He encendido la radio y he dejado calentar el motor. Resumiendo, empezaba a adormecerme tranquilamente para el que debía ser mi último sueño, cuando la he visto en el retrovisor, sentada tras de mí…<br><strong>Médico</strong> – ¿A quién<br><strong>Paciente</strong> – ¡A la muerte!<br><strong>Médico</strong> – Claro, por supuesto.<br><strong>Paciente</strong> – Bueno, no debería haberme sorprendido hasta ese punto puesto que la muerte, yo estaba haciendo todo lo necesario para encontrarla. ¿Pero sabe lo que me ha asombrado?<br><strong>Médico</strong> – No.<br><strong>Paciente</strong> – Pues que ella se parecía muchísimo a la imagen que tenemos de ella.<br><strong>Médico</strong> – Es decir…<br><strong>Paciente</strong> – Gran capa negra, guadaña, ¡toda la panoplia completa, vamos! Se dice que todo eso, bueno, no es más que una imagen, un cliché. Nadie la ha visto nunca. La muerte tal vez existe, de acuerdo, pero nadie la ha visto nunca, es como Dios. Quizás nos la encontremos un día allá arriba pero nadie ha vuelto nunca con fotos para que sepamos exactamente a qué se parece. Por consiguiente sospechamos que aunque exista no sea exactamente un venerable anciano de cabellos largos y barba blanca, alguien que se pareciera vagamente a papá Noel.<br><strong>Médico</strong> – No, desde luego.<br><strong>Paciente</strong> – Pues bien, eso es lo que me ha jodido vivas las neuronas, ya está dicho. Verla así, exactamente como la había imaginado.<br><strong>Médico</strong> – Sí, claro. Eso ha debido ser un choque.<br><strong>Paciente</strong> – Sea como fuere, créame, ello me ha despertado. No sé que me ha pasado, que he parado el motor en seco, he bajado del coche como un loco dando un portazo. Y en ese momento he tenido, por suerte, el gran reflejo.<br><strong>Médico</strong> – ¿Ah, sí?<br><strong>Paciente</strong> – Todavía tenía la llave del Seat Ibiza en la mano. Me he apoyado acto seguido sobre él para cerrar con llave las puertas, es lo único que funciona en este coche pero al menos, eso todavía funciona. Era uno de los primeros modelos equipados con cierre automático de la época, incluso dudé en tomar esta opción ya que no soy demasiado manitas, pero ya sabe usted cómo son las cosas. Era el único modelo disponible de inmediato en el taller. Era esto o esperar la entrega del pedido durante meses…<br><strong>Médico</strong> – Sí, ya sé lo que es eso, acabo de cambiar mi Mercedes y he tenido que cargar con un encendedor de puros cuando ya hace 5 años que he dejado de fumar. ¿Y sabe usted cuanto cuesta la opción encendedor de puros en una máquina como ésa? Casi el precio de un Seat Ibiza de ocasión. Bueno, ¿y qué pasó?<br><strong>Paciente</strong> – Que me había salvado. Ella estaba encerrada en mi coche, ante mis ojos, digo. La veía clarísimamente aplastar su especie de burka completamente negro contra el cristal para intentar salir. Pero no, estaba bien atrapada en el cepo. ¿Se da usted cuenta? En mi Seat Ibiza.<br><strong>Médico</strong> (<em>volviendo a su recetari</em>o) – Así pues, ¿no va a querer el jarabe?<br><strong>Paciente</strong> – ¿Pero es que no comprende lo que le digo? ¡He atrapado a la Muerte!<br><strong>Médico</strong> – Sí, sí. Puedo recomendarle a un colega, ¿qué le parece? Espere, debo tener la dirección por ahí, en mi agenda.<br><em>Busca sin encontrar nada, por lo que descuelga el teléfono.</em><br><strong>Médico</strong> – Sí, Dolores, ¿Puede darme el número de teléfono del doctor Martinez? El psiquiatra… (Garrapatea algo en un papel) Gracias, Dolores. (<em>Cuelga y alarga el papel al paciente</em>) Ya está, va a verlo de mi parte y le explica lo que le pasa, ¿de acuerdo? Estoy seguro de que le interesará muchísimo.<br><strong>Paciente</strong> – Gracias ¿Y qué hago con mi Seat Ibiza?<br><strong>Médico</strong> – ¿Dígame?<br><strong>Paciente</strong> – Bueno, voy a necesitarlo ahora. Ahora que he decidido no suicidarme con monóxido de carbono, me explico. ¿Qué hago? Si abro la portezuela, va a aprovechar para largarse, la muerte. Y se va a poner a segar en seco.<br><strong>Médico</strong> – ¿Segar?<br><strong>Paciente</strong> – ¡La muerte, con su guadaña!<br><strong>Médico</strong> – Ah, claro, por supuesto.<br><strong>Paciente</strong> – Es una responsabilidad, desde luego. Ahora que me acuerdo, ¿usted lo ha visto? Ayer en los informativos, ningún deceso de celebridad alguna al final de sus días, se anunció. Ningún temblor de tierra en cualquier país subdesarrollado, ni un mal accidente de transporte escolar. Lo cual es evidente, ya que la muerte está encerrada en mi coche.<br><strong>Médico</strong> (<em>sin que se sepa si bromea o habla en serio</em>) – Por otra parte, si ella se queda allí mucho tiempo, ya comprenderá usted las implicaciones: Será una verdadera catástrofe para los medios de comunicación, las ONG, las pompas fúnebres, el sistema de pensiones, los impuestos sobre la herencia patrimonial…<br><strong>Paciente</strong> – Creo que no se lo está tomando en serio…<br><strong>Médico</strong> – No se tome a mal lo que yo le diga, no estoy poniendo en cuestión la veracidad de los que me acaba de contar, sólo que ¿está usted seguro de que no había nadie más en el asiento de atrás? No sé, su mujer por ejemplo.<br><strong>Paciente</strong> – Mi mujer no lleva burka y por otra parte, nos hemos divorciado el año pasado. Eso me ha hecho polvo, lo reconozco. Es una de las razones por las que quería suicidarme.<br><strong>Médico</strong> – Eso es, ya lo ve, usted mismo lo está diciendo. Comenzaba a estar usted mareado. La falta de oxígeno puede provocar alucinaciones. En el momento de la muerte, usted ha pensado en su mujer, seguro, en los buenos momentos que habéis pasado juntos y ella se le ha aparecido de esta guisa…<br><strong>Paciente</strong> – ¿Con un burka y una guadaña?<br><em>El médico hace un gesto de perplejidad, el paciente parece esforzarse por reflexionar.</em><br><strong>Paciente</strong> – Pensándolo bien, el burka. Bien pudiera ser una especie de pañuelo negro que ella se ponía alrededor del cuello. Y la guadaña, ya no estoy seguro del todo. A lo mejor pudo ser una escoba. Las brujas también tienen escobas y se ponen un pañuelo negro.<br><strong>Médico</strong> – Si.<br><strong>Paciente</strong> – ¿Entonces cómo se explica usted que esta mañana cuando volví al garaje después de una noche bien dormida, estuviera todavía allí, detrás de la luna trasera de mi Seat Ibiza? Incluso ha intentado decirme algo.<br><strong>Médico</strong> – ¿Ah, si?<br><strong>Paciente</strong> – Como no le oía, me ha garabateado algo en lenguaje cabalístico en un papel, algo que parecía portugués y me lo ha colocado contra el parabrisas.<br><strong>Médico</strong> – ¿Portugués?<br><strong>Paciente</strong> – Eso también me ha sorprendido.<br><strong>Médico</strong> – ¿Qué es lo que le ha puesto en ese papel?<br><strong>Paciente</strong> – Bueno, yo no sé nada, no entiendo el portugués Tendría que preguntarle a mi asistenta, justamente es portuguesa. Pero es raro, esta mañana no ha venido como de costumbre. No. se lo juro, doctor, he atrapado a la muerte.<br><strong>Médico</strong> – Mmm… Voy al menos a prescribirle un laxantito mientras tanto. Le hará relajarse.<br><strong>Paciente</strong> – ¿Usted cree?<br><em>El médico asiente y empieza a garrapatear algo en una receta.<br><strong>Oscuro</strong>.</em></p>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0"></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación <a href="https://sketchotheque.net/es/muertos-de-la-risa/"><em>Muertos de la risa</em></a><br><a href="https://sketchotheque.net/es/muertos-de-la-risa/">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><a href="https://sketchotheque.net/es/muertos-de-la-risa/"><img decoding="async" width="400" height="373" src="https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/muertos-de-la-risa-jean-pierre-martinez-b.webp" alt="Muertos de la risa" class="wp-image-1889" style="width:204px;height:auto" srcset="https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/muertos-de-la-risa-jean-pierre-martinez-b.webp 400w, https://sketchotheque.net/wp-content/uploads/2025/05/muertos-de-la-risa-jean-pierre-martinez-b-300x280.webp 300w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></a></figure>



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		<title>Un buen barrido</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/un-buen-barrido/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 May 2025 12:17:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Banco]]></category>
		<category><![CDATA[Banquero]]></category>
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		<category><![CDATA[Mujer de la limpieza]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdades sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Escoba]]></category>
		<category><![CDATA[Lucha de clases]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un buen barrido, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Escenas callejeras' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>María está barriendo. Eduardo llega vestido con traje de tres piezas.</em><br><strong>Eduardo</strong> – Ah, María… Quería decirle algo, precisamente…<br><strong>María</strong> (<em>deteniendo el barrido</em>) – Sí, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – ¿Cuántos años lleva barriendo para nosotros, María?<br><strong>María</strong> – No lo sé, señor. No he contado. ¿No está satisfecho con mi trabajo?<br><strong>Eduardo</strong> – No, no, María, al contrario. De hecho, quería felicitarla. ¿Conoce el lema de nuestro banco?<br><strong>María</strong> – ¿Hay que barrer para casa ?<br><strong>Eduardo</strong> – ¡Exactamente, María! Gracias a usted, la fachada de Crédito Solidario siempre está impecable. Y la fachada de un banco es su escaparate, ¿no es así? Si el escaparate de un banco no se mantiene impecable, los clientes podrían pensar que…<br><strong>María</strong> – El banquero seguramente tampoco está muy limpio…<br><strong>Eduardo</strong> – ¡Exacto! Lo ha entendido todo, María.<br><strong>María</strong> – ¿Puedo seguir con mi trabajo, señor?<br><strong>Eduardo</strong> – No del todo, María…<br><strong>María</strong> – Bueno… (<em>Él se aclara la garganta</em>) Como sabe usted, estimada Señora… Muy estimada Señora… Incluso diría sobrestimada Señora… Estamos en crisis.<br><strong>María</strong> – Ah, sí, señor?<br><strong>Eduardo</strong> – ¡La crisis, María! Aunque no lea la prensa económica todos los días, seguramente usted ha oído hablar de ella, ¿no? Pero sí, ¡qué tonto soy! Usted es Salvadoreña, ¿verdad, María?<br><strong>María</strong> – Ecuatoriana, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – ¡Aún mejor! Quiero decir, aún peor… ¡Ecuador es el país más endeudado de América Central! No me diga que no está al tanto…<br><strong>María</strong> – No, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – En fin, es la recesión, y el mundo de las finanzas, por supuesto, es el primero en verse afectado por la caída general de los valores…<br><strong>María</strong> – Los valores…<br><strong>Eduardo</strong> – Hablo de los valores bursátiles, evidentemente, pero debe estar convencida, María, que de la depresión económica a la depresión en sí misma, a menudo hay solo un paso. Cuando la bolsa cae, el ánimo también lo hace. Y cuando el ánimo está por los suelos, la crisis moral tampoco está lejos.<br><strong>María</strong> – Sí, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – Usted misma, María, no me diga que no se siente un poco deprimida.<br><strong>María</strong> – Estoy bien, señor, no me quejo…<br><strong>Eduardo</strong> – Perdóname, María, pero al verla así, con su escoba… No da la impresión de que irradia alegría de vivir, se lo aseguro.<br><strong>María</strong> – Tal vez esté un poco cansada en este momento… De tanto barrer para su casa…<br><strong>Eduardo</strong> – Todo esto es para decirle, María, que nuestro banco, obviamente, tampoco se ha librado de la tormenta… y que nosotros también debemos hacer recortes. ¿Lo entiende, verdad?<br><strong>María</strong> – Sí, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – Por su bien, María, el Crédito Solidario ha tenido que tomar medidas drásticas y dolorosas para preservar su empleo. Un empleo que, puedo decirle ahora, estaba seriamente amenazado.<br><strong>María</strong> – Gracias, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – Por lo tanto, tengo el placer de anunciarle, María, que no está despedida.<br><strong>María</strong> – Trabajo en negro, señor.<br><strong>Eduardo</strong> – De todos modos, podrás seguir barriendo la acera hasta nuevo aviso. ¿Y quién sabe? Tal vez algún día le permita barrer también la oficina del director.<br><strong>María</strong> – Gracias, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – Obviamente, el Crédito Solidario espera que también haga un pequeño esfuerzo para ayudarnos a preservar el empleo en este país. Porque sin empleo, no hay poder adquisitivo, sin compras no hay confianza y sin confianza no hay empleo. Es el círculo vicioso de la estanflación, ¿me sigue?<br><strong>María</strong> – Lo intento, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – Todo esto la supera, por supuesto, mi pobre María, pero puede confiar en mí… De hecho, intentaré ser más claro… A cambio de la preservación de su empleo, el Crédito Solidario le propone una reducción salarial del treinta por ciento. Supongo que esta propuesta le parece razonable, ¿no es así?<br><strong>María</strong> – ¿Treinta por ciento?<br><strong>Eduardo</strong> – Un pequeño tercio, si lo prefiere.<br><strong>María</strong> – ¿Un tercio menos?<br><strong>Eduardo</strong> – Pues sí, no más, ¿verdad? Usted sabe que en estos tiempos, incluso los trabajos de barrendero no abundan, María. Pronto, para barrer en un banco, incluso en negro, se necesitará una licenciatura o incluso un doctorado. Además, posiblemente un buen empujón y un ascenso a cambio de favores sexuales… ¿Usted tiene un doctorado, María?<br><strong>María</strong> – No, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – Supongo que tampoco tiene conexiones influyentes, ¿verdad?<br><strong>María</strong> – No, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – Y en cuanto al ascenso a cambio de favores sexuales, mi querida María, sin ofenderla, tampoco estoy seguro de que todas las cartas estén realmente de su lado… Qué quiere que le diga, así son las cosas… Es la gran lotería de la vida… E incluso el Crédito Solidario no puede cambiar eso… Algunos nacen en Suiza con mucho dinero y una apariencia ventajosa, y otros… En fin, convendrá que nuestra propuesta es más que generosa… ¿Qué piensa al respecto?<br><strong>María</strong> – ¿Qué pienso al respecto, señor?<br><strong>Eduardo</strong> – Sí, María… No es absolutamente necesario que piense algo al respecto, pero sin embargo, la escucho. Aún estamos en una democracia, después de todo…<br><strong>María</strong> – Lo que pienso al respecto…<br><strong>Eduardo</strong> – Seguro que tiene algo en qué pensar…<br><em>María levanta su escoba para golpearlo.</em><br><strong>María</strong> – ¡Esto es lo que pienso al respecto, señor!<br><strong>Eduardo</strong> – ¿María? ¿Se ha vuelto loca? (<em>Ella lo persigue con su escoba.</em>) Pero vamos, María, cálmese. ¡Y además, es solo una propuesta! También estamos a favor del diálogo social, nosotros… (<em>Ella le propina algunos golpes.</em>) Ay… ¡Ay… Veinte por ciento?<br><strong>María</strong> – ¿Quiere probar mi escoba de nuevo?<br><strong>Eduardo</strong> – ¿Diez por ciento?<br><strong>María</strong> – ¿Diez por ciento de aumento?<br><strong>Eduardo</strong> – Es decir… (<em>María está lista para golpearlo nuevamente</em>.) Muy bien, María… Hay que saber cómo terminar una negociación, y he entendido que tu propuesta precisamente no es negociable… Trato hecho… El Crédito Solidario la aumenta un diez por ciento…<br><strong>María</strong> – Muy bien, señor.<br><strong>Eduardo</strong> – Pero dígame, María, usted es dura en los negocios… También sabemos apreciar en nuestros empleados las cualidades que poseen… Y se puede decir que no le falta carácter…<br><strong>María</strong> – Gracias, señor…<br><strong>Eduardo</strong> – ¿Le gustaría hacer una pequeña pasantía de formación, totalmente pagada, por supuesto, para unirse a nuestro departamento de recuperaciones? Como le decía, es la crisis, y los morosos son cada vez más numerosos…<br><strong>María</strong> – ¿Otro golpe de escoba, señor?<br><em>Él se aleja prudentemente.</em><br><strong>Eduardo</strong> – No hablemos más de eso, María. La dejo trabajar…<br><strong>María</strong> – Gracias, señor.<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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		<title>La limpieza</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/la-limpieza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 May 2025 13:08:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Como un pez en el aire]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Monólogo]]></category>
		<category><![CDATA[Mujer de la limpieza]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Sátira]]></category>
		<category><![CDATA[Desigualdades sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Escoba]]></category>
		<category><![CDATA[Igualdad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La limpieza, Monólogo de Jean-Pierre Martinez, extracto del recopilatorio 'Como un pez en el aire'</p>
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<h2 class="wp-block-heading"><em>Monólogo de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p>Hacer la limpieza no es que me divierta mucho. No se equivoquen, no soy uno de esos solteros afectados, amantes de la cera, que se entregan en la intimidad de su hogar a los placeres del pulimento sobre el parqué. Sin embargo, me parece que hay una cierta grandeza discreta en barrer ante tu puerta. Sosteniendo firmemente el mango de la escoba, te mantienes firmemente anclado en la realidad. Polvo somos y en polvo nos convertiremos. Fregar uno mismo el inodoro te obliga a tener cierta humildad. Una cierta modestia. Osaré decirlo, incluso hacer tu propia limpieza es una muestra de una buena higiene mental y te preserva de muchas locuras. No hablo de pequeñas manías individuales. No, hablo de la defensa de la democracia. La fregona es la última barrera contra la tiranía. ¿Habría invadido Hitler Polonia si antes tuviera que pasar la aspiradora? ¿Habría exterminado Pol Pot a su propio pueblo con tanto entusiasmo si pudiera ocuparse de sacar las telarañas del techo en su casa? No, nunca hemos visto a un dictador hacer la limpieza él mismo. Contratar a una empleada del hogar es soñar con ser un tirano doméstico. Es el primer paso hacia la megalomanía. ¡Es la anexión simbólica de Polonia! El genio, por otro lado, no es enemigo de las labores domésticas. Nos podemos imaginar a Arquímedes teniendo la idea de su teorema de pie frente a su fregadero con sus guantes de goma: cualquier mano sumergida en agua sufre una fuerza vertical de abajo hacia arriba igual al peso del agua de lavar los platos desplazada. Y si hay tantos bodegones con fruteros, cáscaras de verduras y filetes crudos en los museos, es porque los grandes maestros de la pintura pasaban mucho tiempo en su cocina. Contratar a una empleada del hogar, créanme, es una pereza intelectual. ¿Qué digo? ¡Es el pecado original! La primera renuncia a tus responsabilidades como hombre que abre la puerta a todas las futuras dimisiones. El pequeño acuerdo con tu conciencia que permite todas las futuras complicidades. ¡Es el origen del capitalismo! El comienzo de la explotación del hombre por el hombre. O más bien de la empleada del hogar por el hombre, o por la ejecutiva, que, estarán de acuerdo, ya no es del todo una mujer. Porque hay que tener al menos la honestidad de enfrentar la verdad: la gran limpieza que rechazas hacer en tu casa por miedo a ensuciarte las manos, alguien más tendrá que hacerla por ti. Otro al que despreciarás por su servilismo, o al menos al que mirarás con condescendencia para hacerle pagar tu propia cobardía. ¿Por qué, crees, siempre pagamos a nuestra empleada del hogar en negro? Y sin ningún escrúpulo, por si fuera poco. Porque no podemos considerar seriamente que hacer la limpieza en casa de los demás sea un verdadero oficio. Menos aún un trabajo que merezca salario y derechos sociales. Así que buscamos una excusa. Decimos que si no tuviéramos nada mejor que hacer, seguro que nos pondríamos manos a la obra, limpiaríamos las ventanas del comedor y limpiaríamos la tapa del inodoro. Que si preferimos dejarle eso a otra persona, no es por pereza, al contrario. ¡Es por devoción! ¡Casi por abnegación! Para no perjudicar al resto de la humanidad con los numerosos beneficios que no podríamos aportar si tuviéramos que hacer la limpieza en su lugar. Ven cómo quería llegar cuando hablaba de humildad… De acuerdo, tampoco podemos ir en contra de la naturaleza. Es evidente que un hombre, con una constitución normal, no está genéticamente equipado para manejar una plancha de vapor. Pero bueno… Por eso la sociedad inventó el matrimonio. Compartir las tareas domésticas, sí. Pero cada uno mantiene su dignidad. Entonces, en esta noble servidumbre doméstica compartida, la pareja podrá volver a ser lo que nunca debió dejar de ser: un hogar. ¿No dijo el filósofo que había que cultivar su jardín? No consideró necesario agregar que también debías pelar tus verduras, servirte la sopa y limpiar los cuencos después, pero estaba implícito. En verdad les digo que la empleada del hogar no es el futuro del hombre en absoluto. Y cuando los grandes del mundo se vean obligados por la constitución a hacer ellos mismos sus pequeñas coladas, la humanidad entera olerá a lavanda.</p>



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