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	<title>Archives des Carnicero - La Sketchothèque</title>
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	<description>Les sketchs de Jean-Pierre Martinez</description>
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	<title>Archives des Carnicero - La Sketchothèque</title>
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		<title>Carnicería</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 May 2025 12:03:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carnicería, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
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<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Él, sentado en el sofá, mira fijamente al vacío. Ella llega y lo nota.</em><br><strong>Ella</strong> (<em>desconcertada</em>) – ¿A qué miras así?<br><strong>Él</strong> – Pues… estoy mirando la tele.<br><strong>Ella</strong> – ¡Pero si ya no tenemos!<br><strong>Él</strong> – Si, ya lo sé, pero… es como si me hubieran amputado las piernas y siguiera sintiendo un hormigueo en los pies….<br><em>Ella se siente a su lado.</em><br><strong>Ella</strong> – Es raro, he recibido hoy una llamada para ti en el móvil…<br><strong>Él</strong> – ¡Ah sí, perdón!, se me había olvidado avisarte. Dejé el número de tu móvil en mi contestador automático, para que puedan contactarme durante las vacaciones…<br><strong>Ella</strong> – ¿Las vacaciones? ¡Pero si nos marchamos sólo la semana que viene!<br><strong>Él</strong> – Pues… así tendrán el número.<br><strong>Ella</strong> (<em>consternada</em>) – ¿El número de mi móvil? ¿Y mientras tanto, durante toda la semana, recibiré llamadas para ti…?<br><strong>Él</strong> – ¿Y qué…? Les dices que me vuelvan a llamar…<br><strong>Ella</strong> – ¿No crees que sería más simple que te compres uno?<br><strong>Él</strong> – ¿Un móvil? ¡Vaya…! Cuando salgo de casa es para estar tranquilo. No quiero que me acosen…<br><strong>Ella</strong> – ¡Claro! Si soy yo la que recibe tus llamadas profesionales… Estaba en medio de una reunión pedagógica cuando me llamaron para saber de tu artículo: ¿Prohibir o no el tanga en el colegio? ¿Crees que no me molesta a mí?<br><strong>Él</strong> – ¿No desconectas el móvil cuando tienes una reunión?<br><strong>Ella</strong> (<em>irónicamente</em>) – Pues lo siento, se me había olvidado… ¡Vamos! Un móvil es algo muy personal. No se puede prestar. Incluso entre marido y mujer. No sé… ¡Es como un cepillo de dientes!<br><strong>Él</strong> – ¿Un cepillo de dientes? Pues… si quieres utilizar mi cepillo de dientes durante las vacaciones, no hay ningún problema…<br><strong>Ella</strong> – ¡Un ordenador, si prefieres! ¿Me dejarías utilizar tu ordenador si yo no tuviera?<br><em>Él prefiere no contestar.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Y después de la vacaciones?<br><em>El hace que no entiende la pregunta.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Seguiré recibiendo llamadas para ti? Suerte que no tengas nada que esconder…<br><strong>Él</strong> – Después de la vacaciones les diré que lo perdí, ese maldito móvil. O que me lo robaron. Ocurre muy a menudo…<br><strong>Ella</strong> – ¡Perfecto! Y si me llaman, sin embargo, me tratarán de ladrona… ¿Recuerdas que es mío, este móvil?<br><strong>Él</strong> – Bueno, pues… me lo dejas y te vuelves a comprar uno… Y así se arregla todo…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y la gente que quiere llamarme a mí, qué?<br><strong>Él</strong> – Les daré el número de tu nuevo móvil, ¡y ya está!<br><strong>Ella</strong> – Claro, es mucho mas fácil que comprarte directamente un móvil para ti. (<em>Sospechosa</em>) No será acaso para evitarte esa molestia que intentas colonizar el mío?<br><em>Están a punto de pelearse. Se dan cuenta y hacen un esfuerzo para calmarse. Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Sabes cómo me llamó el carnicero esta mañana?<br><em>Ella aparentemente no tiene idea.</em><br><strong>Él</strong> – “El señorito”… (<em>Imitando el carnicero</em>) “¿Y el señorito, qué desea?” Es la primera vez que me llama así…<br><strong>Ella</strong> – ¡Mmmm…! Es el equivalente masculino de “¿Y qué le pongo a la señorita?”.<br><strong>Él</strong> – ¿Da susto, no? Que el carnicero pueda vernos como “el señorito y la señorita”. Suerte que no vamos de compras juntos. Fíjate si nos dijera “la parejita”. (<em>Imitando otra vez el carnicero</em>) “¿Y la parejita, qué desea?”. Me vuelvo vegetariano enseguida. (<em>Un tiempo</em>) La carne siempre me ha dado asco, de todas formas. ¿A ti no? (<em>Ella, que ha vuelto a su libro, no contesta</em>) El pollo, a lo mejor… De verdad, es espantoso, una carnicería, si lo piensas. Esa carne sangrienta expuesta por todas partes. Esas piezas en canal en la cámara frigorífica. Todas estas vacas inocentes que encierran en el campo detrás de alambre de púas, o incluso electrificado. Antes de conducirlas al matadero y desmembrarlas… ¡Qué horror! Por los menos, los animales no saben lo que les espera. Cuando les veo, esos carniceros, con sus grandes sudarios blancos sobre la cabeza, como los del Ku Klux Klan, sacando los cadáveres de sus víctimas del camión…<br><em>Ella sigue sin reacción, leyendo su libro. El se vuelve hacia ella.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Sabías que los sijes eran estrictamente vegetarianos?<br><em>Ella por fin levanta la mirada de su libro.</em><br><strong>Ella</strong> – A propósito, ya no necesitas ir a la ferretería para la bombilla del cuarto de baño. Fui allá esta tarde. (Un tiempo) Me encontré a la vecina. <em>Estaba comprando una maleta…</em><br><em>Él la mira sin entender. El móvil de ella llama.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Sí…?<br><em>Ella cambia de expresión.</em><br><strong>Ella</strong> (<em>con amabilidad afectada</em>) – No, soy su secretaria, pero no se retire, le pongo en comunicación con él enseguida. ¿A quién tengo que anunciar…? (<em>Ella le da su móvil, furiosa</em>) Para ti. Tu madre…<br><em>El coge el móvil como si nada.</em><br><strong>Él</strong> – ¡Dígame…!<br><em>Pero no sabe utilizar el aparato.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Cómo funciona esto…?<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0"></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación<em> <a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/">Ella y Él</a> </em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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		<title>No es un drama</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/no-es-un-drama/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 13:14:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Autor]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No es un drama, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Él está ahí, visiblemente incómodo. Ella llega, lista para salir.</em><br><strong>Ella</strong> – Normalmente, siempre eres tú quien me espera… ¿Todavía no estás listo?<br><strong>Él</strong> – Sí, sí, yo… Me estoy poniendo la chaqueta.<br><strong>Ella</strong> – Tu chaqueta de cuero…<br><strong>Él</strong> – La tenía antes de conocerte… Fue un regalo de mi abuela… No sirve de nada tirarla ahora, ¿no? Quiero decir… De todas formas, ella ya está muerta.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tu abuela está muerta?<br><strong>Él</strong> – ¡No mi abuela! ¡La vaca! Es de vaca…<br><strong>Ella</strong> – Claro… La vaca que sacrificaron en un matadero para que puedas cubrirte con su piel…<br><strong>Él</strong> – Mi próxima chaqueta será de cuero vegetal, te lo prometo. Dicen que ahora hacen imitaciones muy buenas, a base de piña o champiñones.<br><em>Se pone la chaqueta sin entusiasmo.</em><br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿hoy es el gran día?<br><strong>Él</strong> – Sí, parece que sí…<br><strong>Ella</strong> – Finalmente voy a conocer a tus padres… Empezaba a preguntarme si tenías vergüenza de mí.<br><strong>Él</strong> – ¡Qué cosas dices! Sería más bien lo contrario…<br><strong>Ella</strong> – ¿Lo contrario? ¿Por qué? ¿Te avergüenzas de tus padres?<br><strong>Él</strong> – No, no, pero…<br><strong>Ella</strong> – ¿Entonces de qué tienes miedo?<br><strong>Él</strong> – De nada, te lo aseguro.<br><strong>Ella</strong> – Más bien debería ser yo la que tuviera miedo. Me presentas a tus padres… Esto se vuelve oficial. Es casi un compromiso, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Sí…<br><strong>Ella</strong> – ¡Muestra un poco de entusiasmo!<br><strong>Él</strong> – Escucha, tengo algo que decirte.<br><strong>Ella</strong> – Me estás asustando…<br><strong>Él</strong> – Es sobre mis padres, precisamente.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tus padres? ¿Qué pasa con tus padres?<br><strong>Él</strong> – No es fácil de decir…<br><strong>Ella</strong> – Vamos, puedo escucharlo todo… En cualquier caso, si es importante, prefiero saberlo ahora. Me sentiré menos tonta…<br><strong>Él</strong> – Digamos que esta comida no va a ser exactamente lo que imaginabas. Mis padres son… ¿Cómo decirlo…?<br><strong>Ella</strong> – Son sordomudos. Se comunican en lenguaje de signos.<br><strong>Él</strong> – No…<br><strong>Ella</strong> – ¿Ciegos?<br><strong>Él</strong> – Tampoco.<br><strong>Ella</strong> – Son personas de baja estatura…<br><strong>Él</strong> – Peor que eso… Bueno, para ti, en todo caso.<br><strong>Ella</strong> – Ya veo… Votan a la derecha, y no te has atrevido a decírmelo. ¿Por eso no querías que los conociera antes?<br><strong>Él</strong> – No, no es eso.<br><strong>Ella</strong> – Claro, soy tonta. Me dijiste que eran libreros. No se puede vender libros y votar a la derecha.<br><strong>Él</strong> – Tranquila, mis padres no votan en absoluto.<br><strong>Ella</strong> – ¿Entonces qué?<br><strong>Él</strong> – Es sobre… La comida… En fin, sobre la comida en general.<br><strong>Ella</strong> – ¿La comida…?<br><strong>Él </strong>– No te he contado toda la verdad.<br><strong>Ella</strong> – Vale… Tus padres son judíos y comen kosher. ¿Cuál es el problema? ¡Se puede ser vegano y comer kosher! De hecho, es mucho más fácil. Es sobre todo la carne la que tiene que ser kosher, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Sí… Bueno, no sé…<br><strong>Ella</strong> – Las frutas y verduras son muy ecuménicas. Estoy segura de que el veganismo podría acabar con todas las guerras religiosas. En la mesa, al menos, que ya es un comienzo… Mientras resolvemos el conflicto en Oriente Medio.<br><strong>Él</strong> – Es un poco más complicado que eso…<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué? ¿El conflicto en Oriente Medio?<br><strong>Él</strong> – No, para mis padres.<br><strong>Ella</strong> – Entiendo… Son practicantes. Para complacerles, les has dejado creer que su futura nuera era judía. Y ahora no sabes cómo decirles que sales con una chica que no es judía…<br><strong>Él</strong> – Tranquila, nadie en la familia es judío.<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué crees que eso me preocuparía? ¿Qué clase de persona crees que soy?<br><strong>Él</strong> – No, el problema es que…<br><strong>Ella</strong> – Vamos, esto empieza a dar miedo.<br><strong>Él</strong> – Mis padres no son realmente libreros.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cómo que no son realmente? Uno es librero o no lo es. ¿Cómo se puede no ser realmente librero?<br><strong>Él</strong> – No son libreros en absoluto… y no son tan veganos como te dije.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cómo que no tan…?<br><strong>Él</strong> – Comen verduras, claro, pero…<br><strong>Ella</strong> – ¿Son solo vegetarianos? Bueno, tampoco es un drama. ¿Piensas que soy tan sectaria? ¿Pero por qué me dijiste que eran veganos?<br><strong>Él</strong> – Lo dije así… Sabía que era importante para ti.<br><strong>Ella</strong> – ¡Es contigo con quien voy a vivir! Compartes los mismos valores que yo, eso es suficiente. No se elige a la familia, ya es bien sabido. Así que menos aún a la familia política…<br><strong>Él</strong> – No sé cómo decírtelo…<br><strong>Ella</strong> – Entonces, tus padres no son libreros. ¿Y qué? ¿A qué se dedican?<br><strong>Él</strong> – Tienen la carnicería, justo en la esquina de la calle…<br><strong>Ella</strong> (<em>sorprendida</em>) – La carnicería…<br><strong>Él</strong> – La carnicería de carne de caballo… Entre el zapatero y el estanco, ¿sabes?<br><strong>Ella</strong> – Esto es una broma, ¿no?<br><strong>Él</strong> – No.<br><strong>Ella</strong> – Me dijiste que en tu familia todos eran veganos, excepto tu abuela, ¡y ahora me dices que voy a casarme con el hijo de un carnicero!<br><strong>Él</strong> – ¡No soy carnicero! Solo soy el hijo del carnicero…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y pensabas decírmelo cuándo? ¿El día de la boda, durante la cena de celebración? ¿Entre el chorizo de burro y el filete de caballo?<br><strong>Él</strong> – ¡Pero no! Ya te lo estoy diciendo ahora…<br><strong>Ella</strong> – Te recuerdo que mis padres, ellos sí, son veganos. Y lo llevan muy en serio.<br><strong>Él</strong> – ¿En serio?<br><strong>Ella</strong> – Si te hace gracia, a mí no… Y ahora, ¿qué hacemos?<br><strong>Él</strong> – Yo soy realmente vegano. Bueno, lo soy desde que te conocí… No cambia nada entre nosotros, ¿verdad?<br><strong>Ella</strong> – Quizás para ti no signifique nada, pero para mí significa mucho…<br><strong>Él</strong> – ¿Estás enfadada?<br><strong>Ella</strong> – Voy a necesitar tiempo para reflexionar sobre todo esto, efectivamente. (Ella duda.) Pero no lo haré ahora. Nos han invitado, ¿no? Así que voy a ir… No soy de las que se echan atrás, que te quede claro. Hablaremos de esto después. ¿Vamos?<br><strong>Él</strong> – El problema es que…<br><strong>Ella</strong> – ¿Es que hay otro problema?<br><strong>Él</strong> – No me atreví a decirles que no comes carne.<br><strong>Ella</strong> – No, dime que no es cierto…<br><strong>Él</strong> – No estoy seguro de que lo comprendieran… Ya no son muy jóvenes… A su edad, no sirve de nada forzarlos… Podría incluso matarlos, ¿sabes? Mi padre tiene el corazón delicado…<br><strong>Ella</strong> – Podrías habérselo dicho, yendo con cuidado…<br><strong>Él</strong> – Digamos que no encontré el momento adecuado…<br><strong>Ella</strong> – Claro…<br><strong>Él</strong> – Siempre puedes comer las verduras… Solo tienes que decir que no tienes mucho apetito… Que estás enferma…<br><strong>Ella</strong> – ¿Sabes qué? Creo que el enfermo eres tú.<br><em>Ella se quita la chaqueta.</em><br><strong>Él</strong> – Así que no vienes…<br><strong>Ella</strong> (<em>horrorizada</em>) – ¿Una carnicería de carne de caballo?<br><strong>Él</strong> – Entonces, ¿prefieres abandonar a su triste suerte a un hijo de carnicero recientemente convertido al veganismo? Sin ti, corro el riesgo de recaer, ya lo sabes…<br><strong>Ella</strong> – ¿Encima me tomas el pelo?<br><strong>Él</strong> – No me mires así, siento como si fueras a matarme.<br><strong>Ella</strong> – La verdad es que… te confieso que me entran ganas de asesinarte.<br><strong>Él</strong> – ¡Cálmate, te lo ruego! Recuerda que eres vegana… y que para ti el sexto mandamiento es el más sagrado de los diez.<br><strong>Ella</strong> – ¿El sexto…?<br><strong>Él</strong> – ¡No matarás!<br><strong>Ella</strong> – Voy a estrangularte, y luego me confesaré.<br><em>Ella se acerca a él, amenazante.</em><br><strong>Él</strong> – No hagas eso, te lo ruego.<br><strong>Ella</strong> – No sé qué es lo que me detiene…<br><strong>Él</strong> – ¿Entonces realmente te creíste esa historia?<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué?<br><strong>Él</strong> – Vamos… ¡las carnicerías de carne de caballo ya no existen desde hace mucho! En la esquina de la calle, entre el estanco y el zapatero, ¡es una panadería! Si hicieras la compra más a menudo, lo sabrías…<br><strong>Ella</strong> – ¿Tus padres no son carniceros?<br><strong>Él</strong> – Mis padres son libreros, votan a la izquierda y son veganos. Como te he dicho siempre.<br><strong>Ella</strong> – ¡Estás loco! ¿Por qué me contaste una historia así?<br><strong>Él</strong> – Para ver hasta qué punto me quieres… Ahora ya lo tengo claro. ¿Entonces habrías rechazado casarte con el hijo de un carnicero?<br><strong>Ella</strong> – No sé… No, probablemente no. Pero habría terminado matándote, de eso seguro.<br><strong>Él</strong> – Entonces, ¿habría sido una tragedia? ¿Los Capuleto carniceros y los Montesco veganos…?<br><strong>Ella</strong> – Pero al final, sigue siendo una comedia de enredo.<br><strong>Él</strong> – Uno no cambia…<br><strong>Ella</strong> – No es un drama.<br><strong>Él</strong> – Bueno, ¿vamos? Vamos a llegar tarde.<br><strong>Ella</strong> – Vamos. No habrás olvidado el pastel de zanahoria…<br><strong>Él </strong>– Tranquila, cariño, ya está en el coche.<br><strong>Ella</strong> – Por cierto, ¿esto era una propuesta de matrimonio?<br><strong>Él</strong> – Sí…<br><strong>Ella</strong> – Sin duda, la más sorprendente que una mujer haya oído jamás.<br><strong>Él</strong> – Soy dramaturgo, después de todo. Llevo una semana preparándola. Entonces, ¿cuál es tu respuesta?<br><strong>Ella</strong> – Creo que esperaré a ver a tus padres antes de responder.<br><em>Salen juntos.</em><br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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		<title>Cartas de insultos</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/cartas-de-insultos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 May 2025 10:15:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Aviso de paso]]></category>
		<category><![CDATA[Carnicero]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
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		<category><![CDATA[Carta]]></category>
		<category><![CDATA[Correo]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cartas de insultos, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Aviso de paso' de Jean-Pierre Martinez</p>
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<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Una mujer llega, abre un buzón y se da cuenta, decepcionada, de que está vacío. Un hombre se acerca.</em><br><strong>Hombre</strong> – ¿Nada de correo hoy?<br><strong>Mujer</strong> – Hace algunos años, todavía recibía alguna que otra invitación de vez en cuando. Pero poco a poco, ya no llega nada. Siento como si fuera la única superviviente de mi generación.<br><strong>Hombre</strong> – Si muero antes que usted, le prometo enviarle una invitación para mi funeral.<br><strong>Mujer</strong> – Es muy amable por su parte. Aun así, bajo todas las mañanas para ver si tengo correo. Así hago un poco de ejercicio.<br><em>El hombre abre su buzón que está rebosante de cartas.</em><br><strong>Hombre</strong> – Le daría un poco del mío, pero son principalmente cartas de insultos.<br><strong>Mujer</strong> – ¿Insultos? Ah sí… Es cierto que su esposa lo dejó…<br><strong>Hombre</strong> – Creo que no soportó muy bien que cambiara de profesión. Pero no es ella quien me envía todas estas cartas, ¿sabe?<br><strong>Mujer</strong> – ¿Ya no es usted profesor de literatura española?<br><strong>Hombre</strong> – Renuncié hace algunos meses. Ahora trabajo en una carnicería de caballos.<br><strong>Mujer</strong> – Eso debe ser un cambio.<br><strong>Hombre</strong> – Es más sucio.<br><strong>Mujer</strong> – Ah sí, es una reconversión sorprendente.<br><strong>Hombre</strong> – Desde que era pequeño, siempre quise trabajar con carne. Algunos sueñan con ser bomberos, yo soñaba con ser carnicero.<br><strong>Mujer</strong> – Se necesita de todo para hacer un mundo, ¿verdad?<br><strong>Hombre</strong> – Mis padres eran profesores de filosofía, los dos. Puede imaginar que no estaban muy a favor de este proyecto. Creo que hubieran preferido que les dijera que era homosexual y quería ser actor. Así que primero estudié literatura para complacerlos y me casé con una licenciada en latín. Pero al final, la pasión fue más fuerte. Tomé clases nocturnas, obtuve mi certificado de aptitud profesional y, de paso, me divorcié. ¡Y aquí estoy, finalmente, como carnicero!<br><strong>Mujer</strong> – La carnicería es una bonita profesión. Pero ¿por qué los caballos?<br><strong>Hombre</strong> – Creo que los borregos o las ovejas me recordarían demasiado a mi antiguo trabajo de profesor…<br><strong>Mujer</strong> – Lo entiendo… Pero todas estas cartas de insultos, supongo que no son los caballos que se las escriben para quejarse…<br><strong>Hombre</strong> – ¡Ah, eso! En realidad, no tiene nada que ver con mi nueva profesión. Son mis antiguos alumnos los que siguen escribiéndome. Dejé de enseñar en junio y todavía no saben que renuncié.<br><strong>Mujer</strong> – ¿Y usted las lee todas?<br><strong>Hombre</strong> – ¡Ni lo piense! Si al menos estuvieran bien redactadas. Pero el vocabulario es muy pobre, la sintaxis es lamentable y están llenas de errores de ortografía. Mire, abriré una al azar…<br><em>Abre un sobre y lee.</em><br><strong>Hombre</strong> – Que te den, maldito payaso de mierda, te voy a matar… Son unos borregos, se lo digo…<br><strong>Mujer</strong> – ¿Sabe qué? Ellos no lo merecían…<br><strong>Hombre</strong> – Voy a poner esto directamente en el reciclaje.<br><strong>Mujer</strong> – En ese caso, démelas a mí. Me mantendrán ocupada.<br><strong>Hombre</strong> – Si insiste… (<em>Le entrega el montón de cartas que ella toma.</em>) Pero se lo advertí…<br><strong>Mujer</strong> – Si veo alguna que sea más interesante que las demás desde un punto de vista literario, la guardaré aparte para usted.<br><strong>Hombre</strong> – ¡Perfecto! ¡Y yo le guardaré un pequeño filete de caballo para el almuerzo! Es excelente para la salud, ya verá. El caballo es mucho menos graso que la carne de vaca y está lleno de hierro.<br><strong>Mujer</strong> – ¿Hierro? Espero que no sea un hierro de herradura.<br><strong>Hombre</strong> – ¡Ah, no olvide que una herradura trae buena suerte! Bueno, ¡que tenga un buen día! ¡La carne no espera!<br><strong>Mujer</strong> – Gracias, ¡que tenga un buen día también!<br><em>Él se va. Ella mira el paquete de cartas.</em><br><strong>Mujer</strong> – Veamos esto…<br><em>También se va mientras lee la primera carta que acaba de abrir.</em><br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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