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	<title>Archives des Apartamento - La Sketchothèque</title>
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	<description>Les sketchs de Jean-Pierre Martinez</description>
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	<title>Archives des Apartamento - La Sketchothèque</title>
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	<item>
		<title>Aperitivo</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/aperitivo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 May 2025 10:19:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[¡Tranquilo!]]></category>
		<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Sociabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Vecino]]></category>
		<category><![CDATA[Hipocresía social]]></category>
		<category><![CDATA[IA]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Aperitivo, un sketch humorístico extraído de la recopilación '¡Tranquilo!' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/aperitivo/">Aperitivo</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><strong>Uno</strong> – Prométeme que no te vas a poner nervioso…<br><strong>Dos</strong> – ¿Qué?<br><strong>Uno</strong> – He invitado a los vecinos a tomar el aperitivo.<br><strong>Dos</strong> – ¿No…? ¿No habrás hecho eso?<br><strong>Uno</strong> – No sé qué me pasó… Nos cruzamos en la escalera. No sabía qué decirles. Empezamos a hablar del tiempo. En un momento dado, ya no sabía de qué hablar. Estaba muy incómodo. Y de repente me escuché decir: «Un día de estos, tenéis que venir a tomar el aperitivo a casa».<br><strong>Dos</strong> – ¿Y qué respondieron?<br><strong>Uno</strong> – Respondieron sin dudar: «¿Por qué no el sábado por la noche?».<br><strong>Dos</strong> – ¿El sábado por la noche?<br><strong>Uno</strong> – El sábado por la noche…<br><strong>Dos</strong> – ¿Y qué les dijiste?<br><strong>Uno</strong> – Les dije… de acuerdo.<br><strong>Dos</strong> – ¿No?<br><strong>Uno</strong> – Parecían encantados.<br><strong>Dos</strong> – ¡Pero nunca hemos invitado a nadie a tomar el aperitivo!<br><strong>Uno</strong> – No.<br><strong>Dos</strong> – ¿Cómo vamos a hacerlo?<br><strong>Uno</strong> – No lo sé.<br><strong>Dos</strong> – ¿Cómo lo hace la gente?<br><strong>Uno</strong> – No tengo ni idea. Tampoco nadie nos ha invitado nunca a tomar el aperitivo.<br><strong>Dos</strong> – Creo que una vez nos invitaron, pero dijimos que no podíamos.<br><strong>Uno</strong> – Sí… Nos entró el pánico…<br><strong>Dos</strong> – Un aperitivo… No sé cómo vamos a salir de esta.<br><strong>Uno</strong> – Primero necesitamos algo para beber.<br><strong>Dos</strong> – ¿Como qué?<br><strong>Uno</strong> – Para el aperitivo… Creo que la gente toma whisky.<br><strong>Dos</strong> – ¿Whisky, tú crees? ¿Y dónde vamos a encontrar eso…?<br><strong>Uno</strong> – Y algo para picar.<br><strong>Dos</strong> – ¿Aceitunas, quizás? Una vez en un bar vi a gente comer aceitunas mientras bebían whisky.<br><strong>Uno</strong> – ¿Aceitunas… Negras o verdes?<br><strong>Dos</strong> – Deberías haberles preguntado qué prefieren.<br><strong>Uno</strong> – Siempre puedo llamarlos.<br><strong>Dos</strong> – ¿Tienes su número de teléfono?<br><strong>Uno</strong> – No sé qué me pasó, ya te digo. Les di nuestro número de teléfono y ellos me dieron el suyo.<br><strong>Dos</strong> – ¿Les diste nuestro número de teléfono?<br><strong>Uno</strong> – Un arrebato…<br><strong>Dos</strong> – Saldremos de esta, no entres en pánico.<br><strong>Uno</strong> – En el peor de los casos, siempre podemos irnos sin dejar dirección y cambiar de número de teléfono.<br><strong>Dos</strong> – ¿De aquí al sábado?<br><strong>Uno</strong> – ¿Qué día es hoy?<br><strong>Dos</strong> – Viernes.<br><strong>Uno</strong> – Va a estar justo…<br><strong>Dos</strong> – Además, acabamos de mudarnos. La última vez tuvimos que mudarnos para escapar de la fiesta de los vecinos. ¡Y ahora invitas a los nuevos vecinos a tomar el aperitivo!<br><strong>Uno</strong> – Lo sé… Me da vergüenza…<br><strong>Dos</strong> – Bueno, nos apoyaremos mutuamente, ¿no? Estamos casados al fin y al cabo. Para lo bueno y para lo malo.<br><strong>Uno</strong> – Entonces, ¿no nos mudamos?<br><strong>Dos</strong> – Un aperitivo… No puede ser tan terrible.<br><strong>Uno</strong> – ¿Tú crees?<br><strong>Dos</strong> – No. Lo decía para tranquilizarte.<br><strong>Uno</strong> – Voy a preguntar a ChatGPT cómo se organiza un aperitivo entre amigos.<br><strong>Dos</strong> – ¿Entre amigos?<br><strong>Uno</strong> – Digamos con los vecinos de al lado.<br><strong>Dos</strong> – No olvides preguntar lo de las aceitunas…<br><strong>Uno</strong> – ¿Las aceitunas…?<br><strong>Dos</strong> – ¡Negras o verdes!<br><strong>Uno</strong> – También le pediré una lista de temas de conversación.<br><strong>Dos</strong> – De acuerdo. Mientras tanto, voy a ver si encuentro una empresa de mudanzas y un guardamuebles.<br><strong>Uno</strong> – Sí… Por si realmente entramos en pánico…<br><em>Oscuro</em>.</p>



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<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación<em> <a href="https://sketchotheque.net/es/tranquilo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">¡Tranquilo!</a></em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/tranquilo/">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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		<item>
		<title>Resurrección</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/resurreccion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 May 2025 10:10:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[¡Tranquilo!]]></category>
		<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Entierro]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Muerte]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Vejez]]></category>
		<category><![CDATA[Viejo]]></category>
		<category><![CDATA[Equívoco]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Resurrección, un sketch humorístico extraído de la recopilación '¡Tranquilo!' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><strong>Uno</strong> – Prométeme que no te vas a poner nervioso…<br><strong>Dos</strong> – ¿Qué?<br><strong>Uno</strong> – Me he cruzado con el señor Martín en el supermercado.<br><strong>Dos</strong> – ¿El señor Martín? ¡Pero no es posible! Lo enterramos la semana pasada…<br><strong>Uno</strong> – Por eso te pedí que no entraras en pánico. Pero te digo que cuando lo vi, me dio un vuelco el corazón.<br><strong>Dos</strong> – ¿Estás seguro de que era él?<br><strong>Uno</strong> – Me saludó desde lejos. Pero era él, ¡te lo juro! Lo vi como te estoy viendo ahora.<br><strong>Dos</strong> – ¿Y dijo algo?<br><strong>Uno</strong> – Estaba tan paralizado que no me atreví a acercarme.<br><strong>Dos</strong> – No pudo haber resucitado de todas formas.<br><strong>Uno</strong> – Sobre todo porque lo incineraron.<br><strong>Dos</strong> – Sí… La incineración hace que la resurrección de los cuerpos sea mucho menos probable.<br><strong>Uno</strong> – Imagina que hubieran incinerado a Jesucristo después de la crucifixión.<br><strong>Dos</strong> – Sería mucho menos creíble que saliera de su tumba tres días después.<br><strong>Uno</strong> – ¿Te imaginas a Jesucristo saliendo de su urna…?<br><strong>Dos</strong> – Como un genio saliendo de su lámpara.<br><strong>Uno</strong> – Sí, eso le daría al cristianismo un toque más oriental.<br><strong>Dos</strong> – No sé si esa historia habría tenido tanto éxito.<br><strong>Uno</strong> – Bueno, en cualquier caso, esa no es la cuestión.<br><strong>Dos</strong> – ¿Y cuál es la cuestión, entonces?<br><strong>Uno</strong> – El señor Martín fue incinerado, ¡y acabo de cruzármelo en la sección de congelados del supermercado! Esa es la cuestión.<br><strong>Dos</strong> – No puede ser un milagro. ¿Por qué Dios, si existe, resucitaría al señor Martín?<br><strong>Uno</strong> – Sí, sobre todo porque no era precisamente un lumbreras.<br><strong>Dos</strong> – Se podría decir que era un imbécil.<br><strong>Uno</strong> – ¿Y nadie más en el supermercado parecía sorprendido?<br><strong>Dos</strong> – Incluso escuché a la cajera decirle: «Hola, señor Martín, ¿cómo está hoy?»<br><strong>Uno</strong> – En ese caso, solo veo una solución. El señor Martín no está muerto.<br><strong>Dos</strong> – ¿No está muerto? Pero entonces… ¿a quién enterramos la semana pasada?<br><strong>Uno</strong> – Vete tú a saber.<br><strong>Dos</strong> – Pero recibimos una esquela, ¿no?<br><strong>Uno</strong> – Sí.<br><strong>Dos</strong> – ¿Y dónde está esa esquela?<br><strong>Uno</strong> – Eso… No la guardé. Si tuviera que guardar todas las esquelas que recibo…<br><strong>Dos</strong> – Es verdad que a nuestra edad, cada vez recibimos más esquelas.<br><strong>Uno</strong> – Sobre todo esquelas de defunción.<br><strong>Dos</strong> – Entonces, el señor Martín no está muerto.<br><strong>Uno</strong> – Al parecer, no.<br><strong>Dos</strong> – Pero entonces, ¿quién ha muerto?<br><strong>Uno</strong> – Ni idea.<br><strong>Dos</strong> – ¿Te das cuenta? Hay alguien de nuestro entorno que ha muerto, fuimos a su funeral, ¡y no sabemos quién es!<br><strong>Uno</strong> – Sí. Alguien lo suficientemente cercano como para que nos enviaran una esquela.<br><strong>Dos</strong> – Y como no guardaste la esquela, ya no hay manera de saber quién es…<br><strong>Uno</strong> – Es un problema… Imagina que nos encontramos con la vecina de abajo y le preguntamos cómo está su marido. Cuando en realidad asistimos a su funeral hace una semana.<br><strong>Dos</strong> – Y como lo incineraron, ni siquiera podemos ir a ver qué nombre pone en la tumba.<br><strong>Uno</strong> – Sí… Conocía la tumba del soldado desconocido, pero esto…<br><strong>Dos</strong> – Sabemos que el muerto es alguien que conocemos, pero no sabemos quién…<br><strong>Uno</strong> – En cualquier caso, no es el señor Martín. Lo acabo de ver en el supermercado.<br><strong>Dos</strong> – Lo que podemos hacer es una lista de todas las personas que veamos. Al final, el que no volvamos a ver será seguramente el que ha muerto.<br><strong>Uno</strong> – Vamos a hacerlo así…<br><strong>Dos</strong> – Empecemos ahora. ¿A quién más viste en el supermercado?<br><em>Oscuro</em>.</p>



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		<item>
		<title>Voyeuristas</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/voyeuristas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 May 2025 09:39:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[¡Tranquilo!]]></category>
		<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Sociabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Vecino]]></category>
		<category><![CDATA[Equívoco]]></category>
		<category><![CDATA[Paranoia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Voyeuristas, un sketch humorístico extraído de la recopilación '¡Tranquilo!' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><strong>Uno</strong> – Prométeme que no te vas a poner nervioso…<br><strong>Dos</strong> – Sinceramente, no puedo prometerte nada.<br><strong>Uno</strong> – Acabo de descubrir que el vecino es un voyeur.<br><strong>Dos</strong> – ¿Qué vecino?<br><strong>Uno</strong> – ¡El de enfrente, ahí!<br><strong>Dos</strong> – No veo nada.<br><strong>Uno</strong> – La ventana, allá.<br><strong>Dos</strong> – Está al menos a cien metros. ¿Cómo puedes ver que nos está observando?<br><strong>Uno</strong> – Con un telescopio.<br><strong>Dos</strong> – ¿El vecino nos observa con un telescopio?<br><strong>Uno</strong> – No, no el vecino, ¡yo! Usé un telescopio. Si no, ¿cómo quieres que vea desde aquí que nos está observando?<br><strong>Dos</strong> – O sea que espiaste al vecino con un telescopio para descubrir que él nos estaba espiando.<br><strong>Uno</strong> – Sí.<br><strong>Dos</strong> – Y él, ¿cómo hace para vernos desde tan lejos?<br><strong>Uno</strong> – Con unos prismáticos.<br><strong>Dos</strong> – De acuerdo… Entonces tú observas con un telescopio a un voyeur que te está mirando con prismáticos.<br><strong>Uno</strong> – Si no, ¿cómo quieres que vea que nos espía?<br><strong>Dos</strong> – Sácame de una duda. La primera vez que lo miraste con el telescopio, ¿ya te estaba mirando con los prismáticos, o fue después?<br><strong>Uno</strong> – Después, creo.<br><strong>Dos</strong> – De acuerdo…<br><strong>Uno</strong> – Ya veo lo que quieres decir…<br><strong>Dos</strong> – Tal vez, al ver el reflejo de tu telescopio, se preguntó si alguien lo estaba observando. Y como no veía nada, fue a buscar sus prismáticos.<br><strong>Uno</strong> – En ese caso, el voyeur sería yo.<br><strong>Dos</strong> – Es una posibilidad seria…<br><strong>Uno</strong> – O quizás los dos seamos voyeurs.<br><strong>Dos</strong> – Ahora bien… un voyeur que observa a otro voyeur… ¿Sigue siendo voyeurismo?<br><strong>Uno</strong> – Creo que tengo que dejar lo del telescopio.<br><strong>Dos</strong> – Me parece que sí.<br><strong>Uno</strong> – Por otro lado… ya no sabré si sigue observándonos.<br><em>Oscuro</em>.</p>



<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0"></p>



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			</item>
		<item>
		<title>Champán</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/champan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 May 2025 12:14:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Adulterio]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Muerte]]></category>
		<category><![CDATA[Muertos de la risa]]></category>
		<category><![CDATA[Policía]]></category>
		<category><![CDATA[Venganza]]></category>
		<category><![CDATA[Champán]]></category>
		<category><![CDATA[Crimen]]></category>
		<category><![CDATA[Perro]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sketchotheque.net/?p=2409</guid>

					<description><![CDATA[<p>Champán, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Muertos de la risa' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Una mujer toma una copa de champán. Alguien llama a la puerta.</em><br><strong>Dos</strong> (<em>desde fuera</em>) – ¡Policía!<br><em>La mujer abre la puerta.</em><br><strong>Uno</strong> – Entre, por favor. Le estaba esperando.<br><em>La segunda mujer entra.</em><br><strong>Uno</strong> – ¿Ha venido sola?<br><strong>Dos</strong> – Es que estamos cortos de personal por ahora… Mi colega tenía algo que resolver…<br><strong>Uno</strong> – ¿Nada grave, espero?<br><strong>Dos</strong> – No… Un accidente en un circo. Un tigre que mordió a su domador.<br><strong>Uno</strong> – ¿Ha muerto?<br><strong>Dos</strong> – ¿Quién? ¿El tigre? Lo decía de broma… Sin embargo, la fiera le había cogido la nalga, y no quería dejarla. Tuvimos que anestesiarlo…<br><strong>Uno</strong> – ¿A quién? ¿Al domador? Lo decía de broma…<br><em>Se ríen las dos.</em><br><strong>Dos</strong> – Está abajo, en el coche celular… Me refiero al tigre. Espero que no se despierte demasiado pronto… (Después de un momento) Bueno… ¿Dónde es?<br><strong>Uno</strong> – Aquí al lado, en la habitación.<br><strong>Dos</strong> – Entonces, si no le molesta, voy a echar un vistazo…<br><em>La policía desaparece un momento por el lado de la habitación.</em><br><strong>Dos</strong> (<em>desde fuera</em>) – Ah, sí…<br><em>Vuelve en seguida.</em><br><strong>Dos</strong> – Y… si me permite la indiscreción, ¿cómo hizo usted eso? Porque viéndola así, tan… delgadita.<br><strong>Uno</strong> – Con un cuchillo de sierra.<br><strong>Dos</strong> – ¿Un cuchillo de sierra…?<br><strong>Uno</strong> – Un cuchillo eléctrico. De pilas. Para cortar el pan… o el jamón.<br><strong>Dos</strong> (<em>impresionada</em>) – Y pensaba… trasladar los trozos. ¿Ponerlos en una bolsa de basura, quizás?<br><strong>Uno</strong> – No les habría llamado a ustedes…<br><strong>Dos</strong> – Claro.<br><strong>Uno</strong> – ¿Un poco de champán?<br><strong>Dos</strong> – Es decir que… Bueno, ¿por qué no?<br><em>Ella le sirve una copa.</em><br><strong>Uno</strong> – Gracias. Bueno, pues… Salud…<br><em>Beben</em>.<br><strong>Uno</strong> – ¿No me pone las esposas?<br><strong>Dos</strong> – ¿Cuántos esposos tenía usted?<br><strong>Uno</strong> – Sólo uno.<br><strong>Dos</strong> – Entonces, no hay ningún riesgo de que reincida en seguida, ¿verdad?<br><em>Las dos sonríen y beben de nuevo.</em><br><strong>Dos</strong> – Está bien fresquito, eh… Perdón, pero una última pregunta. Sólo por saber… ¿Por qué solo dos trozos? ¿Se agotaron las pilas…?<br><strong>Uno</strong> – Mi marido no conseguía escoger entre su amante y yo. Por lo tanto, opté por una partición equitativa.<br><strong>Dos</strong> – Los hombres, todos son iguales…<br><strong>Uno</strong> – ¿Está usted casada?<br><strong>Dos</strong> – Viuda.<br><strong>Uno</strong> – Perdón… Lo siento…<br><strong>Dos</strong> – No, por favor… No vale la pena, se lo aseguro…<br><strong>Uno</strong> – No me diga que usted también…<br><strong>Dos</strong> – Qué va… No hubiera podido entrar en la policía… Ya no son tan estrictos como antes, pero si ya tienes algún antecedente, claro, lo tienen en cuenta… No, mi marido murió estúpidamente… Por culpa de la cerveza… Al salir de un bar…<br><strong>Uno</strong> – ¿Tenía un problema con la bebida…?<br><strong>Dos</strong> – ¡Ni siquiera! Estúpidamente, he dicho… Le atropelló un camión de San Miguel.<br><strong>Uno</strong> – Qué pena… Como digo yo: hay que aprovechar las cosas buenas de la vida mientras se pueda… ¿Un poco más de champán?<br><strong>Dos</strong> (<em>tendiendo su copa</em>) – ¿Entiende usted ahora por qué no le pongo las esposas…?<br><em>La primera llena otra vez la copa de la segunda.</em><br><strong>Dos</strong> – ¿La conocía usted?<br><strong>Uno</strong> – ¿A quién?<br><strong>Dos</strong> – A la amante de su marido…<br><strong>Uno</strong> – Personalmente, no. Solo sé que es policía.<br><strong>Dos</strong> – Una colega, entonces… Bueno, hay guarras en todas partes. Y créame, todavía más en la policía…<br><strong>Uno</strong> – ¿Le puedo hacer una pregunta?<br><strong>Dos</strong> – Cómo no…<br><strong>Uno</strong> – ¿Usted cree en el azar?<br><strong>Dos</strong> – Bueno, en este oficio…<br><strong>Uno</strong> – Entonces, créame, usted no está aquí por casualidad.<br><strong>Dos</strong> – ¿Francisco?<br><strong>Uno</strong> – Es mi marido, sí. Bueno, era…<br><strong>Dos</strong> – ¡Si me había dicho que era viudo, se lo juro!<br><strong>Uno</strong> – Eso prueba que todo el mundo puede equivocarse…<br><strong>Dos</strong> – Dios mío. Ni siquiera le había reconocido al verlo así. En dos trozos… Así que usted me tiene que odiar, por supuesto…<br><strong>Uno</strong> – Le mintió a usted, también, ¿no es cierto…?<br><strong>Dos</strong> – El muy cabrón… Si me permite… ¿Y ahora qué?<br><strong>Uno</strong> – Pues como le he dicho. Compartimos. ¿Tiene usted alguna parte preferida?<br><strong>Dos</strong> – Es que… No va a ser tan sencillo… Tengo que escribir un informe. Y me va a costar hacer pasar esto por un accidente doméstico…<br><strong>Uno</strong> – ¿Un suicidio?<br><strong>Dos</strong> – ¿Un tipo que se hace harakiri con un cuchillo de sierra a pilas…?<br><strong>Uno</strong> – Entonces no hay más remedio que hacer desaparecer el cuerpo.<br><strong>Dos</strong> – ¿Alguna idea?<br><strong>Uno</strong> – ¿El tigre…? Tendrá hambre ¿no…? Si quería comerse a su domador…<br><strong>Dos</strong> – Es un tigre muy viejo… Sólo le quedan dos o tres dientes… Por eso escogió la parte más blanda…<br><strong>Uno</strong> – Voy a comprar más pilas…<br><strong><em>Oscuro</em></strong>.</p>



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<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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		<item>
		<title>A plazos</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/a-plazos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 May 2025 16:49:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Cliente]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Diablo]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Memorias de una maleta]]></category>
		<category><![CDATA[Vendedor]]></category>
		<category><![CDATA[Lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad de consumo]]></category>
		<category><![CDATA[Televisión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A plazos, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Memorias de una maleta' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/a-plazos/">A plazos</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Un personaje está allí. Timbran. Va a abrir.<br></em><strong>Uno</strong> – ¿Sí?<br><strong>Dos</strong> – ¡Hola! ¿Podría concederme cinco minutos?<br><em>El primero vuelve con el segundo, que lleva una maleta.</em><br><strong>Uno</strong> – Pase un momento si quiere, pero no tengo mucho tiempo.<br><strong>Dos</strong> – ¿Ah sí? ¿Y qué tan apurado está? Un domingo… El día del Señor…<br><strong>Uno</strong> – No lo sé… Siempre hay cosas que hacer…<br><strong>Dos</strong> – Claro… Pero verá, no se arrepentirá de haberme abierto la puerta…<br><strong>Uno</strong> – ¿No me va a hablar de la Biblia, verdad?<br><strong>Dos</strong> – Tranquilícese, no es Dios quien me envía. Sería más bien lo contrario… Me presento. Soy el diablo.<br><strong>Uno</strong> – Me dio miedo… Pensé que era un Testigo de Jehová. Aunque por lo general, vienen siempre de a dos, ¿Verdad?<br><strong>Dos</strong> – Lo que tengo para ofrecerle es mucho más interesante… Y siempre trabajo en solitario…<br><strong>Uno</strong> – Bueno… Pero le advierto desde ya, no necesito nada.<br><strong>Dos</strong> – Quién sabe… Permítame al menos presentarle nuestras ofertas.<br><strong>Uno</strong> – Está por empezar mi telenovela, y tengo que reiniciar el router. La conexión en el edificio es muy mala.<br><strong>Dos</strong> – No lo retendré mucho tiempo, lo prometo.<br><strong>Uno</strong> – Bueno… Lo escucho…<br><strong>Dos</strong> – Me gustaría proponerle un pacto.<br><strong>Uno</strong> – ¿Quiere decir un paquete?<br><strong>Dos</strong> – No, no… Digo precisamente: un pacto.<br><strong>Uno</strong> – ¿Y en qué consiste?<br><em>El segundo abre la maleta y le muestra el contenido.</em><br><strong>Dos</strong> – Le ofrezco amor, gloria y belleza.<br><strong>Uno</strong> – Oh, usted sabe, a mi edad…<br><strong>Dos</strong> – Es una opción adicional, pero bueno… Si insiste, también puedo agregarle juventud.<br><strong>Uno</strong> – ¿Juventud eterna?<br><strong>Dos</strong> – Eterna… No hay que exagerar… ¿Qué hay eterno en este mundo terrenal?<br><strong>Uno</strong> – Sí, tiene razón… Es más bien la era de la adolescencia programada .<br><strong>Dos</strong> – ¿Quiere decir la obsolescencia programada, supongo?<br><strong>Uno</strong> – Amor, gloria y belleza… Imagino que me costará un ojo de la cara…<br><strong>Dos</strong> – Desengáñese, querido señor. Ahí es donde mi oferta es absolutamente diabólica.<br><strong>Uno</strong> – ¿Cuánto?<br><strong>Dos</strong> – No le costará un ojo de la cara, en todo caso… Solo le tomaré su alma.<br><strong>Uno</strong> – ¿Ah sí?<br><strong>Dos</strong> – Pero tranquilo, puede pagar en varias cuotas mensuales.<br><strong>Uno</strong> – Tendría que pensarlo.<br><strong>Dos</strong> – Venderle el alma al diablo, ya sabe, es bastante común en estos días.<br><strong>Uno</strong> – Si usted lo dice…<br><strong>Dos</strong> – Y además, ¿qué haría usted con ella de todos modos?<br><strong>Uno</strong> – ¿Con qué?<br><strong>Dos</strong> – ¡Con su alma!<br><strong>Uno</strong> – Es cierto que últimamente… no la utilizo mucho.<br><strong>Dos</strong> – ¡Entonces mejor cámbiela por algo útil!<br><strong>Uno</strong> – Por otro lado… Nunca se sabe… Todavía podría necesitarla.<br><strong>Dos</strong> – Bueno, como lo veo vacilante, creo que es el momento de presentarle nuestra promoción. Pero cuidado, solo es válida durante veinticuatro horas…<br><strong>Uno</strong> – ¿Y cuál es su promoción?<br><em>El segundo saca un catálogo de la maleta.</em><br><strong>Dos</strong> – Como regalo de bienvenida, le ofrezco una suscripción al cable, de alta velocidad, con un paquete de 563 canales, totalmente gratuitos… durante tres meses.<br><strong>Uno</strong> – Ah sí, claro…<br><strong>Dos</strong> – Por lo menos… ya no correrá el riesgo de perderse su telenovela favorita por culpa de una mala conexión a internet.<br><strong>Uno</strong> – ¿Y decía que para el resto, se podía pagar a plazos?<br><strong>Dos</strong> – Le cobraremos un poco cada mes. Verá, ni siquiera se dará cuenta.<br><strong>Uno</strong> – ¿Puedo ver el contrato?<br><strong>Dos</strong> – Todo está escrito aquí… Pero sabe, está en letra pequeña y es bastante técnico.<br><strong>Uno</strong> – En efecto… Y no sé dónde puse mis anteojos…<br><strong>Dos</strong> – ¿Confía en mí? Limítese a firmar al final del pacto…<br><strong>Uno</strong> – Bueno…<br><strong>Dos</strong> – Y no olvide poner sus iniciales en todas las páginas…<br><strong>Uno</strong> – Espero que no sea muy largo, porque mi telenovela va a comenzar…<br><strong>Dos</strong> – No se preocupe. Con su nuevo router, ¡podrá verla en repetición! Todas las veces que quiera. Por la eternidad. Y esto de manera gratuita. Durante tres meses…<br><strong>Uno</strong> – De acuerdo… Entonces, ¿dónde firmo?<br><strong><em>Oscuridad.</em></strong></p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación<em> <a href="https://sketchotheque.net/es/memorias-de-una-maleta/">Memorias de una maleta</a></em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/breves-de-escena/">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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		<title>Los muebles</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/los-muebles/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 May 2025 12:23:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Burlesco]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Ella y Él]]></category>
		<category><![CDATA[Matrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Romántico]]></category>
		<category><![CDATA[Mueble]]></category>
		<category><![CDATA[Recuerdo]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad de consumo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los muebles, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/los-muebles/">Los muebles</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>El escenario está vacío. El está aquí. Ella llega desde fuera.</em><br><strong>Ella</strong> (<em>mirando alrededor, consternada</em>) – Pero… ¿dónde están los muebles?<br><strong>Él</strong> (<em>satisfecho de si mismo</em>) – Nunca adivinarás.<br><em>Ella le mira, esperando una explicación.</em><br><strong>Él</strong> – Un tipo llamó a la puerta esta mañana. Un anticuario.<br><strong>Ella</strong> (<em>inquieta</em>) – ¿Y qué?<br><strong>Él</strong> – Primero le dije que no teníamos nada que vender.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y después…?<br><strong>Él</strong> – Me dije que no costaba nada pedir una evaluación de todo esto. La estimación era gratuita. Nunca adivinarás cuánto me propuso a cambio de todas esas antiguallas.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cuánto…?<br><strong>Él</strong> – Más de lo necesario para comprar otras.<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué venderlas entonces?<br><strong>Él</strong> – ¡Para cambiar un poco! Me habías dicho que querías comprar otro sofá.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y qué?<br><strong>Él</strong> – Sabes muy bien que al cambiar el sofá hubiéramos tenido también que comprar otra mesa que correspondiese. Luego cambiar la sillas también, etcétera…<br><strong>Ella</strong> – Bueno, quizás…<br><strong>Él</strong> – ¡Nos hubiera costado un montón! ¿Y qué hubiéramos hecho con nuestros muebles de antes?<br><em>Ella no contesta.</em><br><strong>Él</strong> – Así es mucho más simple.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y mientras tanto qué?<br><strong>Él</strong> – ¿Mientras qué?<br><strong>Ella</strong> – Que volvamos a comprar otros muebles…<br><em>Él mira alrededor, al escenario vacío.</em><br><strong>Él</strong> – Personalmente, nunca me han gustado mucho las habitaciones sobrecargadas.<br><strong>Ella</strong> – Pues seguro que ahora no está sobrecargado.<br><strong>Él </strong>– ¿No estás contenta?<br><strong>Ella</strong> – ¿De no tener muebles…?<br><strong>Él</strong> – ¡Pero tú me dijiste que ya no te gustaba ese viejo sofá!<br><strong>Ella</strong> – ¡No te he dicho que no quisiera muebles! ¡Ya ni siquiera tenemos una cama!<br><strong>Él</strong> – Pero acabo de explicarte que… ¡Pensé agradarte!<br><strong>Ella</strong> (<em>conciliadora</em>) – Bueno, vamos al restaurante esta noche. Dormiremos en un hotel y mañana volvemos a comprar muebles ¿De acuerdo?<br><strong>Él</strong> – De acuerdo…<br><em>Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – Nos queda escoger el estilo.<br><strong>Ella</strong> – Si tenemos que cambiar, vamos por el moderno, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Sí… pero en ese caso, tendremos que repintarlo todo…<br><strong>Ella</strong> – Eres demasiado perfeccionista, ¿no te parece?<br><strong>Él</strong> – Muebles modernos con estas pinturas descoloridas, va a chocar…<br><strong>Ella</strong> (<em>irónica</em>) – Y si cambiamos de piso de una vez.<br><strong>Él</strong> – ¿Tú crees? (<em>Un tiempo</em>) Mira, por lo menos, no costaría mucho mudarse… Ya no tenemos muebles. Cerramos los contadores del agua y la electricidad, nos vamos, y ni siquiera tenemos que volver.<br><em>Ella de repente tiene una duda.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Pensaste en vaciar los cajones?<br><strong>Él</strong> – Claro.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y tu alianza?<br><strong>Él</strong> – ¿Mi alianza?<br><strong>Ella</strong> – ¡La que guardabas en el cajón de la mesa de noche!<br><strong>Él</strong> – ¡Joder…!<br><em>Ella no dice nada, pero se nota que está muy afectada. El está muy mal también.</em><br><strong>Él</strong> – Hacía tanto tiempo que estaba allí. Ni siquiera me acordaba…<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tienes la dirección de este anticuario?<br><strong>Él</strong> – No… Me pagó en efectivo, lo puso todo en el camión y se fue. (<em>Un tiempo, sin convicción</em>) Si la encuentra nos llamará…<br><strong>Ella</strong> (<em>amarga</em>) – Claro… Y si no la encuentra, siempre podrás cambiar de mujer… Escoger una más moderna, que se armonice mejor con las nuevas pinturas y los nuevos muebles.<br><strong>Él</strong> – Lo siento…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y por qué nunca la llevaste, tu alianza?<br><strong>Él</strong> – ¡La llevé! (<em>Un tiempo</em>) Antes de casarnos… ¿Te acuerdas? Había comprado esos anillos en un bazar en El Cairo. Para hacer creer que ya estábamos casados. Si no, en los hoteles no querían alquilarnos una habitación.<br><strong>Ella</strong> – Ya que has vendido los muebles, incluso la cama matrimonial, sí que tendremos que ir al hotel esta noche…<br><strong>Él</strong> – No te preocupes. Aquí no nos preguntarán por la partida de matrimonio.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y después de casarnos? ¿Por qué la dejabas en la mesa de noche?<br><strong>Él</strong> – Pues… por miedo a perderla.<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – ¿Sigues enfadada…?<br><em>Ella no contesta.</em><br><strong>Él</strong> – ¡Vamos!<br><strong>Ella</strong> – ¿A dónde?<br><strong>Él</strong> – ¡Al hotel! Será como otro viaje de bodas… ¡No más alianzas, no más muebles, pronto no más piso! ¡Volvemos a empezar de cero!<br><strong>Ella</strong> – Yo todavía la tengo, mi alianza…<br><strong>Él</strong> – Pues mejor quitártela.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y por qué?<br><strong>Él</strong> – Pareces casada. Yo no. En el hotel van a creer que se trata de un adulterio…<br><strong>Ella</strong> – Me dejas escoger entre la soltería y una relación ilegítima. ¿Es eso?<br><em>Se van.</em><br><strong>Ella</strong> – Tienes una idea un poco rara del matrimonio…<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación<em> <a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/">Ella y Él</a> </em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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		<item>
		<title>Carnicería</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/carniceria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 May 2025 12:03:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Carnicero]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Ella y Él]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Maleta]]></category>
		<category><![CDATA[Teléfono]]></category>
		<category><![CDATA[Vegetarianismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Carnicería, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Él, sentado en el sofá, mira fijamente al vacío. Ella llega y lo nota.</em><br><strong>Ella</strong> (<em>desconcertada</em>) – ¿A qué miras así?<br><strong>Él</strong> – Pues… estoy mirando la tele.<br><strong>Ella</strong> – ¡Pero si ya no tenemos!<br><strong>Él</strong> – Si, ya lo sé, pero… es como si me hubieran amputado las piernas y siguiera sintiendo un hormigueo en los pies….<br><em>Ella se siente a su lado.</em><br><strong>Ella</strong> – Es raro, he recibido hoy una llamada para ti en el móvil…<br><strong>Él</strong> – ¡Ah sí, perdón!, se me había olvidado avisarte. Dejé el número de tu móvil en mi contestador automático, para que puedan contactarme durante las vacaciones…<br><strong>Ella</strong> – ¿Las vacaciones? ¡Pero si nos marchamos sólo la semana que viene!<br><strong>Él</strong> – Pues… así tendrán el número.<br><strong>Ella</strong> (<em>consternada</em>) – ¿El número de mi móvil? ¿Y mientras tanto, durante toda la semana, recibiré llamadas para ti…?<br><strong>Él</strong> – ¿Y qué…? Les dices que me vuelvan a llamar…<br><strong>Ella</strong> – ¿No crees que sería más simple que te compres uno?<br><strong>Él</strong> – ¿Un móvil? ¡Vaya…! Cuando salgo de casa es para estar tranquilo. No quiero que me acosen…<br><strong>Ella</strong> – ¡Claro! Si soy yo la que recibe tus llamadas profesionales… Estaba en medio de una reunión pedagógica cuando me llamaron para saber de tu artículo: ¿Prohibir o no el tanga en el colegio? ¿Crees que no me molesta a mí?<br><strong>Él</strong> – ¿No desconectas el móvil cuando tienes una reunión?<br><strong>Ella</strong> (<em>irónicamente</em>) – Pues lo siento, se me había olvidado… ¡Vamos! Un móvil es algo muy personal. No se puede prestar. Incluso entre marido y mujer. No sé… ¡Es como un cepillo de dientes!<br><strong>Él</strong> – ¿Un cepillo de dientes? Pues… si quieres utilizar mi cepillo de dientes durante las vacaciones, no hay ningún problema…<br><strong>Ella</strong> – ¡Un ordenador, si prefieres! ¿Me dejarías utilizar tu ordenador si yo no tuviera?<br><em>Él prefiere no contestar.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Y después de la vacaciones?<br><em>El hace que no entiende la pregunta.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Seguiré recibiendo llamadas para ti? Suerte que no tengas nada que esconder…<br><strong>Él</strong> – Después de la vacaciones les diré que lo perdí, ese maldito móvil. O que me lo robaron. Ocurre muy a menudo…<br><strong>Ella</strong> – ¡Perfecto! Y si me llaman, sin embargo, me tratarán de ladrona… ¿Recuerdas que es mío, este móvil?<br><strong>Él</strong> – Bueno, pues… me lo dejas y te vuelves a comprar uno… Y así se arregla todo…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y la gente que quiere llamarme a mí, qué?<br><strong>Él</strong> – Les daré el número de tu nuevo móvil, ¡y ya está!<br><strong>Ella</strong> – Claro, es mucho mas fácil que comprarte directamente un móvil para ti. (<em>Sospechosa</em>) No será acaso para evitarte esa molestia que intentas colonizar el mío?<br><em>Están a punto de pelearse. Se dan cuenta y hacen un esfuerzo para calmarse. Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Sabes cómo me llamó el carnicero esta mañana?<br><em>Ella aparentemente no tiene idea.</em><br><strong>Él</strong> – “El señorito”… (<em>Imitando el carnicero</em>) “¿Y el señorito, qué desea?” Es la primera vez que me llama así…<br><strong>Ella</strong> – ¡Mmmm…! Es el equivalente masculino de “¿Y qué le pongo a la señorita?”.<br><strong>Él</strong> – ¿Da susto, no? Que el carnicero pueda vernos como “el señorito y la señorita”. Suerte que no vamos de compras juntos. Fíjate si nos dijera “la parejita”. (<em>Imitando otra vez el carnicero</em>) “¿Y la parejita, qué desea?”. Me vuelvo vegetariano enseguida. (<em>Un tiempo</em>) La carne siempre me ha dado asco, de todas formas. ¿A ti no? (<em>Ella, que ha vuelto a su libro, no contesta</em>) El pollo, a lo mejor… De verdad, es espantoso, una carnicería, si lo piensas. Esa carne sangrienta expuesta por todas partes. Esas piezas en canal en la cámara frigorífica. Todas estas vacas inocentes que encierran en el campo detrás de alambre de púas, o incluso electrificado. Antes de conducirlas al matadero y desmembrarlas… ¡Qué horror! Por los menos, los animales no saben lo que les espera. Cuando les veo, esos carniceros, con sus grandes sudarios blancos sobre la cabeza, como los del Ku Klux Klan, sacando los cadáveres de sus víctimas del camión…<br><em>Ella sigue sin reacción, leyendo su libro. El se vuelve hacia ella.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Sabías que los sijes eran estrictamente vegetarianos?<br><em>Ella por fin levanta la mirada de su libro.</em><br><strong>Ella</strong> – A propósito, ya no necesitas ir a la ferretería para la bombilla del cuarto de baño. Fui allá esta tarde. (Un tiempo) Me encontré a la vecina. <em>Estaba comprando una maleta…</em><br><em>Él la mira sin entender. El móvil de ella llama.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Sí…?<br><em>Ella cambia de expresión.</em><br><strong>Ella</strong> (<em>con amabilidad afectada</em>) – No, soy su secretaria, pero no se retire, le pongo en comunicación con él enseguida. ¿A quién tengo que anunciar…? (<em>Ella le da su móvil, furiosa</em>) Para ti. Tu madre…<br><em>El coge el móvil como si nada.</em><br><strong>Él</strong> – ¡Dígame…!<br><em>Pero no sabe utilizar el aparato.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Cómo funciona esto…?<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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		<title>La temporada de lluvias</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/la-temporada-de-lluvias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 May 2025 11:54:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Ella y Él]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro dentro del teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Clima]]></category>
		<category><![CDATA[Estación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La temporada de lluvias, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Él está aquí, no muy despierto. Ella llega, llena de energía.</em><br><strong>Ella</strong> (<em>hacia la sala</em>) – ¿Has visto? ¡Han vuelto!<br><strong>Él</strong> – ¿Quiénes?<br><strong>Ella</strong> – ¡Los espectadores!<br><em>Él la mira con cara de cansancio.</em><br><strong>Él</strong> – Sí…<br><strong>Ella</strong> – ¡Hoy me siento llena de energía! Dormí muy bien esta noche.<br><strong>Él</strong> – Me alegro…<br><strong>Ella</strong> – Hay días así… Me levanté con el pie derecho.<br><strong>Él</strong> – Mmm…<br><strong>Ella</strong> – ¡Tengo tanta hambre! ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – No…<br><strong>Ella</strong> – Siento como si hubiera tomado anfetaminas. Debe ser la primavera. ¿Tú no te sientes así?<br><strong>Él</strong> – No lo sé… Nunca tomé anfetaminas…<br><strong>Ella</strong> – Un rayo de sol y ¡zas! Veo la vida de color de rosa.<br><strong>Él</strong> – Tienes suerte.<br><strong>Ella</strong> – Debería haber nacido en un lugar donde haga buen tiempo todo el año.<br><strong>Él</strong> – ¿Existe eso?<br><strong>Ella</strong> – En los trópicos.<br><strong>Él</strong> – Hay una temporada de lluvias.<br><strong>Ella</strong> – ¡Ah, sí!<br><strong>Él</strong> – Dura seis meses.<br><strong>Ella</strong> – ¡Tanto tiempo!<br><strong>Él</strong> (<em>señalando a los espectadores</em>) – ¿Por qué crees que todos van a la Costa Brava en agosto? En los trópicos, hace buen tiempo en invierno. En verano, hace mal tiempo.<br><strong>Ella</strong> – Al menos, hace buen tiempo la mitad del año, y sabes cuándo. Es más organizado que aquí. Allá, no te preguntas todas las mañanas si debes llevar el paraguas o no. Y cuando lo llevas, sabes que es para seis meses.<br><strong>Él</strong> – En la Antártida es igual. El año se divide en dos. Es de día en verano y de noche en invierno.<br><strong>Ella</strong> – Siempre tienes la opción de hibernar, como los osos polares.<br><strong>Él</strong> – Sí… Pero ahora, con el deshielo… Te acuestas a finales de octubre y despiertas el 1 de abril flotando en un iceberg frente a las Islas Canarias…<br><em>Ella suspira.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Y un país donde haya 365 días de verano, con el invierno repartido en las 365 noches, no existe? Nos da igual que haga buen tiempo de noche. Estamos durmiendo.<br><strong>Él</strong> – No existe.<br><strong>Ella</strong> – Debería haber nacido en otro planeta.<br><strong>Él</strong> – A veces me pregunto si no es el caso…<br><em>Un momento. Observan el horizonte.</em><br><strong>Ella</strong> – Parece que se está nublando, ¿no?<br><strong>Él</strong> – ¿Tú crees…?<br><strong>Ella</strong> – Mira esas nubes grandes allí. El viento las está trayendo hacia nosotros.<br><strong>Él</strong> – Vivimos en un clima templado… En términos meteorológicos, eso significa que lo peor siempre es posible. E incluso probable a corto plazo.<br><strong>Ella</strong> – El clima… ¿Lo has oído? Ya no hablan en grados Celsius o Fahrenheit, sino en temperatura sentida… ¿Sentida por quién? ¿Por los frioleros como yo o por aquellos que nunca tienen frío? ¿Por las que olvidaron ponerse un suéter o por los que llevan su ropa térmica…? Me gustaría saber qué termómetro mide eso, la temperatura sentida…<br><strong>Él</strong> – Es como el estado de ánimo de los españoles… Dicen que perdimos dos puntos esta semana.<br><strong>Ella</strong> – Eso me deprime.<br><strong>Él</strong> – Ahí viene la lluvia.<br><strong>Ella</strong> – Prefiero no verlo… Voy a llamar a mi madre para saber si hace buen tiempo en Londres.<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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		<title>¿A dónde va uno cuando ha muerto?</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/a-donde-va-uno-cuando-ha-muerto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 May 2025 11:49:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Ella y Él]]></category>
		<category><![CDATA[Entierro]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Parentalidad]]></category>
		<category><![CDATA[Religión]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿A dónde va uno cuando ha muerto?, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Ella y él están sentados en el sofá.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Ya pasó el cartero?<br><strong>Ella</strong> – ¿Esperas algo?<br><strong>Él</strong> – Nada en particular… pero siempre espero un milagro al abrir el buzón. Me dirán que gané un concurso en el que no participé. Que una vieja tía muy rica, que no sabía que tenía, ha muerto sin heredero. Que el Nobel me fue atribuido con anticipación para premiar mi obra futura… Cada día, al abrir el buzón, me siento como un niño delante del árbol el día de Navidad.<br><strong>Ella</strong> – Sí… al envejecer uno ya no cree en el Papá Noel pero sigue creyendo en el cartero. Además hay similitudes… Los dos llevan uniformes. Vienen con una mochila. Te llevan sorpresas que abrir y no se ven ni el uno ni el otro…<br><strong>Él</strong> – Bueno, al cartero, precisamente, lo ves por Navidad. Cuando viene a por su regalo de Año Nuevo… (Suspiro) Odio la Navidad. Cada año hay menos cartas de Navidad en el buzón y más esquelas de defunción. ¿Pero por qué espero al cartero como si fuera el Mesías…? Bueno, el padre del Mesías era probablemente cartero, ¿no? Porque ese cuento de la Inmaculada Concepción… A menos de creer también en Papá Noel…<br><strong>Ella</strong> – Para recibir cartas tienes que escribir algunas. la mayoría de la gente solo recibe respuestas. Si no envías nada, claro que no recibes nada… Creo que nunca recibí una carta de ti…<br><strong>Él</strong> (<em>irónico</em>) – ¿Quieres que nos escribamos de vez en cuando?<br><em>Ella le mira molesta.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Que podríamos decirnos? Sería como escribirme a mí mismo, ¿no? De todas formas, cuando uno escribe, es siempre más o menos a si mismos. Hay gente a quienes escribes cartas interminables… Cuando les ves, te das cuenta que no tienes nada que decirles. Es muy onanista escribir…<br><em>Ella se sirve una copa y enciende un cigarrillo.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Fumas ahora?<br><strong>Ella</strong> (<em>sorprendida</em>) – Sí… hace veinte años más o menos. ¿Nunca lo habías notado?<br><em>Un tiempo.</em><br><strong>Él</strong> – Sabías que cada cigarrillo acorta la vida unos diez minutos? (Ella no contesta) ¿Cuántos cigarrillos fumas tú al día?<br><strong>Ella</strong> (<em>irónica</em>) – Según lo que he calculado, tendría que haber muerto hace seis meses. ¿Qué raro, no?<br><strong>Él</strong> – Igual con el móvil, ¿verdad? No es muy bueno para la salud. Dicen que más allá de un cuarto de hora al día puedes estar seguro de contraer un tumor en el cerebro. Mejor no tener una oferta ilimitada… (Un tiempo) A propósito, ¿sabes lo que me ha preguntado tu hija esta mañana mientras yo me estaba lavando los dientes?<br><strong>Ella</strong> – No.<br><strong>Él</strong> – ¿A dónde va uno cuando ha muerto?<br><strong>Ella</strong> – ¿Y qué le has dicho?<br><strong>Él</strong> – ¿Qué crees que le he dicho?<br><strong>Ella</strong> – No sé.<br><strong>Él</strong> – Pues eso. Le he dicho que no sé.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y qué?<br><strong>Él</strong> – Me dijo: Pero papá, ¡cuando uno se muere va al cementerio!<br><strong>Ella</strong> – ¿Y luego?<br><strong>Él</strong> – Luego volvió a comer sus cereales. Parecía muy contenta de haberme enseñado algo. Y un poco sorprendida de que a mi edad todavía no sepa eso… Increíble, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – ¿Que te haya preguntado esto?<br><strong>Él</strong> – Esa capacidad de los niños para aceptar explicaciones simples a interrogaciones simples. Un profesor de Filosofía hubiera hablado de metafísica, de trascendencia, todo el rollo… De Dios, en el peor de los casos. Los niños son mucho más pragmáticos. Además, son naturalmente ateos.<br><strong>Ella</strong> – Creen en Papá Noel.<br><strong>Él</strong> – Bueno… porque sus padres les dicen que va a traerles regalos. Si no, no se les hubiera ocurrido inventarle. Si a ti te dijeran que un bienhechor anónimo iba darte un sobresueldo cada año por Navidad, no tendrías prisa por cuestionar su existencia. Pero Dios nunca nos ha traído nada por Navidad y, a pesar de todo, unos adultos siguen creyendo que existe… ¿Tú crees que existe?<br><strong>Ella</strong> – ¿Papá Noel?<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – Lo increíble también es que no le de miedo la perspectiva de acabar enterrada. A nosotros nos aterroriza, ¿no? ¿Por qué a ella no le asusta? Tendré que preguntarle esta noche lo que entiende exactamente por “cuando uno se muere va al cementerio”… (<em>Un tiempo</em>) ¿Qué crees tú?<br><em>Ella le mira desconcertada.</em><br><strong>Él</strong> – Quiero decir : ¿Qué crees que ella entienda por esto?<br><strong>Ella</strong> – Pues… esto.<br><strong>Él</strong> – ¿Cómo esto?<br><strong>Ella</strong> – Cuando uno se muere va al cementerio.<br><em>El la mira sorprendido.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Así que tú también crees esto?<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué? ¿No te lo crees?<br><strong>Él</strong> – Sí… pero…<br><em>Se ríe.</em><br><strong>Él</strong> – Espera. ¡No me digas que para ti también es tan sencillo!<br><strong>Ella</strong> – Pues… en cierta manera, sí.<br><em>Él la considera con una sonrisa condescendiente.</em><br><strong>Ella</strong> – Hace un rato encontrabas maravilloso no comerse el coco. Estar contento con explicaciones simples a cuestiones complicadas.<br><strong>Él</strong> – Sí, pero… ¡no tienes cinco años!<br><strong>Ella</strong> – Pues vamos. Te lo pregunto: ¿A dónde va uno cuando ha muerto?<br><em>El parece cogido desprevenido.</em><br><strong>Él</strong> – Bueno… no es tan simple como parece, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Te estoy escuchando…<br><strong>Él</strong> – No sé, es.. la cuestión del sujeto…<br><strong>Ella</strong> – ¿la cuestión del sujeto…? Mejor dirías el sujeto de la cuestión…<br><em>El parece desamparado.</em><br><strong>Él</strong> (<em>pensándolo</em>) – ¿A dónde va uno cuando ha muerto? No va a ninguna parte.<br><strong>Ella</strong> – Pues sí…<br><strong>Él</strong> – Bueno, si quieres.<br><strong>Ella</strong> – Incluso si no quiero…<br><strong>Él</strong> – No, pero… uno va al cementerio… ¡no significa nada! También puedes ir al cementerio estando vivo. Dar un paseo, volver a salir e ir al bar a tomar una copa. ¿Qué quiere decir ir al cementerio? Además, puedes muy bien morir y no ir al cementerio. ¡Si no encuentran el cadáver! En este caso no se puede decir: cuando uno muere va al cementerio. ¡Ya ves que no es tan simple como parece!<br><strong>Ella</strong> – Muy bien… y si tu hija vuelve a preguntártelo, ¿qué le vas a decir?<br><strong>Él</strong> – Pues… no sé… le diré:… cuando uno muere va al cementerio… generalmente. Si encuentran el cadáver… Los vivos también pueden ir al cementerio, pero… cuando uno ha muerto es definitivo.<br><strong>Ella</strong> (<em>consternada</em>) – Sí…<br><em><strong>Negro.</strong></em></p>



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		<title>Él mundo del deporte</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/el-mundo-del-deporte/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 May 2025 11:44:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Ella y Él]]></category>
		<category><![CDATA[Medios de comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Deporte]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Él mundo del deporte, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Ella lee una revista femenina. Él se aburre y, después de un momento, abre un periódico de deportes. Ella lo nota, con sorpresa.<br></em><strong>Ella</strong> – ¿Compras la prensa deportiva ahora?<br><strong>Él</strong> – ¿Y porque no iba a comprar la prensa deportiva?<br><strong>Ella</strong> – Y… ¿piensas leerla?<br><strong>Él</strong> – Voy a echar un vistazo… Para saber…<br><strong>Ella</strong> – ¿Saber qué?<br><strong>Él</strong> – No sé. Todos los tíos leen esto en el metro. Quería saber lo tan apasionante que hay en esto.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y lo has encontrado?<br><strong>Él</strong> – No…<br><em>Ella parece desconcertada.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Te interesa el deporte?<br><strong>Él</strong> – Muy poco…<br><strong>Ella</strong> – Pues… no es tan raro que no te interese leer la prensa deportiva…<br><em>El cierra su periódico.</em><br><strong>Él</strong> – Bueno… Interesarse por el deporte es una cosa. De ahí a sentir cada mañana el imperioso deseo de saber si el Barcelona ganó al Bratislava 3 – 2 o si fue un empate… Ni siquiera sé dónde queda Bratislava…<br><strong>Ella</strong> – ¿No es la capital de Eslovaquia…?<br><strong>Él</strong> – ¿Cómo sabes eso?<br><strong>Ella</strong> – O de Eslovenia…<br><strong>Él</strong> – ¿Eslovenia? ¿Seguro que tienen un equipo de fútbol? ¿No es muy grande, no…?<br><strong>Ella</strong> – Bueno, tampoco es El Vaticano.<br><strong>Él</strong> – ¿El Vaticano tiene equipo de fútbol?<br><em>Ella hace una mueca para decir que no lo sabe. El vuelve a leer su periódico deportivo.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Y a qué te preocupa tanto, de repente, saber por qué los hombres leen la prensa deportiva?<br><strong>Él</strong> – Será que necesito comprobar mi virilidad…<br><strong>Ella</strong> – Pues… ¡Por poco!<br><strong>Él</strong> – Muchas gracias…<br><strong>Ella</strong> (<em>para tranquilizarle</em>) – Vamos. Uno puede ser hombre sin leer un periódico deportivo.<br><strong>Él</strong> – ¿Tú crees?<br><em>Ella lo piensa.</em><br><strong>Ella</strong> – No sé… ¿Quieres que te suscriba a una revista de coches?<br><em>Él la mira, preguntándose si le está tomando el pelo o no. Ella vuelve a leer su revista femenina.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Y tú?<br><strong>Ella</strong> – ¿Yo qué?<br><strong>Él</strong> (<em>hablando de la revista</em>) – ¿Qué encuentras tan interesante en esas tonterías?<br><strong>Ella le mira.</strong><br><strong>Ella</strong> – Las lees también…<br><strong>Él</strong> – Bueno… Solo en plan de broma.<br><strong>Ella</strong> – Pues yo no leo la prensa deportiva. Ni en plan de broma…<br><strong>Él</strong> (<em>perturbado</em>) – ¿Me encuentras afeminado, es eso?<br><strong>Ella</strong> – ¡Qué va, pero no! Además, todos los hombres leen las revistas femeninas de sus mujeres. Es muy conocido. ¿Por qué te crees que hay tanta publicidad para coches en esas revistas?<br><strong>Él</strong> (<em>pensándolo</em>) – Es cierto que no hay mucha publicidad de lavadoras en los periódicos deportivos.<br><strong>Ella</strong> – Aunque el fútbol ensucia mucho… Basta con ver el número de futbolistas que salen en los anuncios de detergentes.<br><em>Ella intenta volver a leer su revista, pero nota que él sigue preocupado.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Todavía queda algo que te preocupe?<br><strong>Él</strong> – No… Solo pensaba en la diferencia entre los hombres y las mujeres…<br><strong>Ella</strong> – Sí…<br><strong>Él</strong> – Mira la ropa, por ejemplo… El pantalón ya no es el atributo exclusivo del hombre, mientras que la falda sigue estando reservada a la mujer.<br><em>Ella le mira incrédula.</em><br><strong>Él</strong> – Con los colores igual. Podéis llevar tanto gris como rosa. Nosotros solo tenemos derecho al gris. O al marrón… Os quejáis de que no nos gusta ir de tiendas… Pero, ¿os dais cuenta de la tristeza de una tienda de zapatos masculinos?<br><strong>Ella</strong> (<em>preocupada</em>) – ¿Querríais poneros una mini-falda con tacones de aguja?<br><strong>Él</strong> – ¡No! ¡Es una simple constatación! Tuvimos que compartir el mejor de nuestros atributos masculinos y ¿qué hemos recibido en compensación? (<em>Abre con rabia su periódico deportivo</em>) ¡Al menos nos queda la prensa deportiva!<br><em><strong>Negro.</strong></em></p>



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		<item>
		<title>Desaparición</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/desaparicion-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 16:16:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Adulterio]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Ella y Él]]></category>
		<category><![CDATA[Entierro]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Muerte]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Celos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Desaparición, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Una pareja sentada en el sofá. No dicen nada y parecen aburrirse. El se pone a buscar algo, sin encontrarlo</em>.<br><strong>Él</strong> – ¿Has visto el mando de la tele? Ha desaparecido…<br><em>Ella le mira sorprendida.</em><br><strong>Ella</strong> – Pero… ¡si ya no tenemos televisión!<br><strong>Él</strong> – ¡Ah, sí, por supuesto…!<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – ¿Qué harías tú si algún día llegara a desaparecer?<br><em>Ella le mira otra vez, desconcertada.</em><br><strong>Ella</strong> – Quieres decir… ¿cómo el telemando?<br><strong>Él</strong> – Como el telemando… ¡Si desapareciera! Definitivamente…<br><strong>Ella</strong> – ¿No te sientes bien?<br><strong>Él</strong> – Sí, sí, me siento muy bien. Es sólo una hipótesis.<br><strong>Ella</strong> – ¿No tienes una hipótesis más divertida?<br><strong>Él</strong> – Soy más viejo que tú… Lógicamente, me iré antes.<br><strong>Ella</strong> – Sólo tenemos tres años de diferencia…<br><strong>Él</strong> – ¡Las mujeres viven más tiempo que los hombres! Además, puedo tener un accidente. Un ataque al corazón. Un cáncer.<br><strong>Ella</strong> – ¡Yo también!<br><strong>Él</strong> – Sí, pero soy yo quien preguntó primero.<br><strong>Ella</strong> – Pues… no sé. Ya veremos. Me queda tiempo para pensarlo, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Más vale prevenir que curar…<br><em>Ella le mira desconcertada.</em><br><strong>Él</strong> – Sea lo que sea, más vale que lo sepas. Prefiero ser incinerado.<br><strong>Ella</strong> – ¿A qué me dices esto ahora?<br><strong>Él</strong> – Pues… no te lo voy a decir después, ¿verdad? (<em>Un tiempo</em>) Es mi obsesión, esto. Ser enterrado vivo. ¿Y tú?<br><strong>Ella</strong> – No debe ocurrir a menudo.<br><strong>Él</strong> – Basta que ocurra una vez, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Y ser quemado vivo, ¿no te asusta?<br><em>Él le mira con inquietud.</em><br><strong>Él</strong> – Nunca se me había ocurrido… (<em>Un tiempo</em>) ¿Crees que habrá una vida después de la muerte?<br><strong>Ella</strong> – No sé si realmente es algo que desear…<br><strong>Él</strong> – Por lo que es por el dinero, no tendrías porqué preocuparte, lo sabes…<br><strong>Ella</strong> – ¿Por si acaso hubiera una vida después de la muerte?<br><strong>Él</strong> – ¡Por si fuera a desaparecer!<br><strong>Ella</strong> – ¡Ah, sí…! Pues… no estaba preocupada.<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – Si quisieras volverte a casar, claro, lo entendería muy bien…<br><strong>Ella</strong> – Gracias.<br><strong>Él</strong> – Bueno, por lo tanto, tampoco es una obligación casarte con él…<br><strong>Ella</strong> – ¿Él?<br><strong>Él</strong> – ¡El tipo ese! Con quien vivirías si llegara yo a desaparecer. Más vale conservar tu independencia.<br><strong>Ella</strong> – ¿Mi independencia?<br><strong>Él</strong> – Es raro… No consigo imaginarte viviendo con otro…<br><strong>Ella</strong> (<em>ofendida</em>) – ¿Crees que nadie querría vivir conmigo?<br><strong>Él</strong> – Sí, sí. Por eso. A decir verdad… creo que tendría celos.<br><strong>Ella</strong> – ¿Cuando hayas muerto tendrás celos?<br><strong>Él</strong> – Sí…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y si desapareciera antes?<br><strong>Él</strong> (<em>de mala fe</em>) – Pues nunca lo había pensado. (<em>Un tiempo</em>) Si me volviera yo a casar, ¿te enfadarías?<br><strong>Ella</strong> – No estaría aquí para verlo.<br><strong>Él</strong> – Sí, pero… ¿tendrías celos…?<br><em>Ella le mira, sospechosa, pero no contesta.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Con quién me imaginarías?<br><strong>Ella</strong> – Quieres que te presente una amiga mía, por si acaso. ¿Es eso?<br><strong>Él</strong> – Pues… para lo niños, están los padrinos y las madrinas… Para los diputados, igual, están los suplentes. Si uno muere o dimite, hay en seguida un sustituto. Todo está previsto…<br><strong>Ella</strong> – Sí… y para los coches, hay las ruedas de recambio… (Sospechosa) ¿No me estarás diciendo que ya me has encontrado una sustituta…?<br><strong>Él</strong> – Pues no es tan fácil, fíjate.<br><em>Silencio.</em><br><strong>Él</strong> – Lo bueno de la bigamia es que en caso de defunción uno es viudo sólo a medias.<br><em>Ella le mira atónita.</em><br><strong>Ella</strong> – Sí…<br><em><strong>Negro.</strong></em></p>



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		<item>
		<title>Cuarentena</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/cuarentena/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 16:02:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amistad]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Dinero]]></category>
		<category><![CDATA[Ella y Él]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Parentalidad]]></category>
		<category><![CDATA[Sociabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Cumpleaños]]></category>
		<category><![CDATA[Ecología]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad de consumo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuarentena, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Ella está sentada en el sofá. El llega.</em><br><strong>Él</strong> – ¡Otra vez! Acabo de recibir una llamada de un amigo del colegio que me invita a celebrar su cuarenta cumpleaños. ¿Increíble, no?<br><strong>Ella</strong> – Si teníais 20 en la misma época, no es tan raro que 20 años después, tengáis 40 más o menos al mismo tiempo.<br><strong>Él</strong> – Lo que es raro es que no tenía noticias de toda esta gente desde hace años… Y ahora el teléfono no para de sonar.<br><strong>Ella</strong> – ¿Vas a ir?<br><strong>Él</strong> – Me asusta un poco. Hace tanto tiempo. Habrán cambiado, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – ¿Quieres decir físicamente?<br><strong>Él</strong> – Físicamente, moralmente… Espero que no estén demasiado decrépitos.<br><strong>Ella</strong> (<em>haciendo melindres</em>) – ¿Y yo? ¿Estás seguro de que no estoy demasiado decrépita?<br><strong>Él</strong> – Contigo es diferente. Poco a poco, tuve tiempo de acostumbrarme. Pero esta gente, así de repente… Va ser como una nueva versión de “El Regreso de los Muertos Vivientes”… Es raro, ¿no? Esta necesidad de juntarse a la llegada de la cuarentena.<br><strong>Ella</strong> – Se llama un cumpleaños, ¿no ?<br><strong>Él</strong> – Dicen que los animales se aproximan a los hombres al sentir llegar la muerte. Será algo por el estilo. Una manera de instinto gregario. (<em>Un tiempo</em>) ¿Qué le voy regalar a este también?<br><strong>Ella</strong> – ¿Un ataúd?<br><strong>Él</strong> – Es caro, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Lo decía de broma… ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – Yo también.<br><strong>Ella</strong> – No, quiero decir: Y tú, ¿piensas hacer algo para tus 40?<br><strong>Él</strong> – ¿Qué quieres que haga? ¿Conoces un remedio para evitarlo? En todo caso, por favor, no me prepares una fiesta sorpresa. Si no veo a toda esta gente desde hace 20 años, seguro que es por algo.<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – ¿Cuantos años tienes tú exactamente?<br><em>Ella le echa una mirada enfadada, sin contestar.</em><br><strong>Ella</strong> – Tendremos que invitar a los vecinos a cenar algún día.<br><strong>Él</strong> – ¿Por qué?<br><strong>Ella</strong> – ¡Por nada!<br><strong>Él</strong> – Ellos nunca nos han invitado.<br><strong>Ella</strong> – Si todo el mundo pensara así…<br><strong>Él</strong> – Porque seamos vecinos no tenemos que ser amigos.<br><strong>Ella</strong> – ¡Nuestros amigos viven todos a quinientos kilómetros de aquí! Esta bien tener amigos al lado, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Si. Es muy cómodo… Limita los gastos de transporte. O sea, la polución. Así que, se puede decir que es ecológico simpatizar con los vecinos.<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – Y él, ¿qué hace exactamente?<br><strong>Ella</strong> – No sé. Cada mañana lo veo salir de casa con un maletín. No sé dónde va. la próxima vez le preguntaré, si quieres…<br><strong>Él</strong> – ¿Y ella?<br><strong>Ella</strong> – Son muy discretos…<br><strong>Él</strong> – Va a ser muy divertida esta cena. Si queremos respetar su discreción.<br><strong>Ella</strong> – Siempre podrás hablar de ti.<br><strong>Él</strong> – Tienen niños, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Cada mañana veo tres salir de su casa para ir a la escuela. Supongo que son suyos.<br><strong>Él</strong> – ¡Ah, sí…! Uno pequeño, uno mediano y uno grande… (<em>Preocupado</em>) ¿Tendremos que invitarles también?<br><strong>Ella</strong> – ¡No! Les diremos que es una recepción estrictamente reservada a los adultos…<br><strong>Él</strong> – ¿Me hablabas de los vecinos de enfrente, verdad?<br><strong>Ella</strong> – ¡De los de al lado! Los vecinos de enfrente se han mudado hace seis meses, después de su divorcio. ¿No has visto el cartel de “Se Vende”?<br><strong>Él</strong> – No.<br><strong>Ella</strong> – Además, no tenían niños.<br><strong>Él</strong> – ¿De verdad?<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Ella</strong> – ¿No olvidaste que hoy es el día de limpieza.<br><strong>Él</strong> (<em>con un suspiro</em>) – La limpieza es el cimiento de la pareja… ¿Sabías que en francés “menaje” quiere decir a la vez limpieza y matrimonio? Y un “menaje a tres”, un triángulo…<br><strong>Ella</strong> – Tres puede ser también una pareja con un niño…<br><strong>Él</strong> – Cada uno con sus fantasmas.<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Ella</strong> – ¿Entonces?<br><strong>Él </strong>– ¿De verdad crees que es el momento de tener un niño?<br><strong>Ella</strong> – No es cuestión de dinero, lo sabes muy bien… Además, no somos tan pobres…<br><strong>Él</strong> – ¡Lo seremos, con una retahíla de chavales! Mira lo que pasa en África con la natalidad galopante… Cuantos más niños tiene la gente, más pobre es…<br><strong>Ella</strong> – ¿No crees que es al revés?<br><strong>Él</strong> – Si los pobres no hicieran niños, después de una generación la pobreza habría desaparecido… Mira los chinos, por ejemplo. No tienen derecho más que a un niño. Pues ya están mejor…<br><strong>Ella</strong> – Podemos empezar por uno…<br><strong>Él</strong> – ¿Cuándo tendríamos tiempo para cuidarlo? Ni siquiera tenemos tiempo para hacer la limpieza.<br><strong>Ella</strong> – Contrataremos una asistenta.<br><strong>Él</strong> – ¿Dónde lo pondríamos, al bebé?<br><strong>Ella</strong> – Podrías instalar tu despacho en el sótano.<br><strong>Él</strong> – Empieza muy bien… ¿Y tú? ¿Piensas dejar tu trabajo?<br><strong>Ella</strong> – Contrataremos una nodriza.<br><strong>Él</strong> – ¿Además de la asistenta? Ya no es un triángulo, es una pequeña empresa! No estoy seguro de tener espíritu de empresa…<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – No podremos salir más de noche..<br><strong>Ella</strong> – Contrataremos una canguro.<br><strong>Él</strong> – Nunca me había dado cuenta hasta qué punto la natalidad tenía un efecto tan directo sobre el empleo.<br><strong>Ella</strong> – Y sobre el consumo…<br><strong>Él</strong> – Pañales, leche maternizada, juguetes, curas médicas…<br><strong>Ella</strong> – Nuevo coche…<br><strong>Él</strong> – Tienes razón. Este niño es capaz de sacar al país de la crisis…<br><em>Negro.</em></p>



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		<item>
		<title>Avería de tele</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/averia-de-tele/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 15:58:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Adulterio]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Ella y Él]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Aburrimiento]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad de consumo]]></category>
		<category><![CDATA[Televisión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Avería de tele, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Una pareja sentada en un sofá. La habitación esta vacía de cualquier otro mueble. No hacen nada, no dicen nada y miran fijamente delante de ellos.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Qué hay esta noche en la tele?<br><strong>Él</strong> – No sé. ¿Por qué?<br><strong>Ella</strong> – Por saber… (<em>Un tiempo</em>) ¿De veras no quieres que volvamos a comprar una?<br><strong>Él</strong> – Cuando teníamos tele no podíamos dejar de mirarla.<br><strong>Ella</strong> – ¿Está hecha para eso, no?<br><strong>Él</strong> – ¡Éramos completamente adictos! ¡No hacíamos nada aparte de eso!<br><em>Siguen mirando fijamente delante de ellos.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Y ahora qué hacemos ?<br><strong>Él</strong> – ¿Qué quieres que hagamos?<br><strong>Ella</strong> – Nada…<br><strong>Él</strong> – Más vale, ya que mirar la tele… Cuando solo había una cadena, por lo menos… Pero ahora con el satélite…<br><strong>Ella</strong> (<em>nostálgica</em>) – Cuando era pequeña no teníamos tele. Iba a mirarla en casa de mi vecinito…<br><strong>Él</strong> – ¿Quieres que pregunte al vecino si puedes ir a su casa a mirar la tele?<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Ella</strong> – Podríamos discutir.<br><em>El le hecha una mirada preocupada.</em><br><strong>Ella</strong> – Ya que no tenemos la tele, podríamos aprovecharlo para discutir.<br><strong>Él</strong> – Pues vamos. Tú empiezas.<br><em>Ella lo piensa.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Me quieres?<br><strong>Él</strong> (<em>desconcertado</em>) – Podríamos empezar un poco más progresivamente, ¿no?<br><em>Él lo piensa.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Qué hay de cena esta noche?<br><strong>Ella</strong> – Miércoles, es el día del pescado.<br><strong>Él</strong> – Normalmente es el viernes…<br><strong>Ella</strong> – El viernes es conejo.<br><strong>Él</strong> – No muy católico todo esto, ¿no?<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – ¿Vamos a comprar pescado?<br><strong>Ella</strong> – Iré. Tengo que comprar lentillas.<br><strong>Él</strong> – ¿Lentejas, con el pescado?<br><strong>Ella</strong> – Lentillas… de contacto. ¿Y si comprara bacalao, para cambiar?<br><strong>Él</strong> – Es muy salado, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Si lo pones en remojo toda la noche. Como la lentillas…<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – Si un día me engañaras, ¿me lo dirías?<br><em>Ella le mira con sorpresa.</em><br><strong>Ella</strong> – Quieres decir: ¿si tú me engañaras, querría yo que me lo dijeras o no?<br><strong>Él</strong> – También, sí…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y por qué me preguntas esto?<br><strong>Él</strong> – Pues eso. Para hablar… Como ya no tenemos la tele.<br><em>Ella lo piensa.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Cómo quieres que conteste esta pregunta?<br><strong>Él</strong> – Pues… sí o no.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tú crees realmente que es tan fácil?<br><strong>Él</strong> – ¿No lo es?<br><strong>Ella</strong> – Contestar es aceptar ya la posibilidad de que me engañes.<br><strong>Él</strong> – ¿Y?<br><strong>Ella</strong> – Es como si me preguntaras: ¿si te asesinara, preferirías que vaya a entregarme a la policía después o que intente escapar de la justicia?<br><em>El parece no entender la relación entre las dos cosas.</em><br><strong>Ella</strong> – Esto supone que considere tranquilamente la posibilidad de que tú me asesines. Esta es la verdadera pregunta. la segunda… es secundaria.<br><strong>Él</strong> – Pero el adulterio no es un crimen. ¿Verdad?<br><strong>Ella</strong> – El adulterio es causa de muchos crímenes…<br><em>El lo piensa, un poco preocupado.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Así que si te engañara, podrías matarme?<br><strong>Ella</strong> – En todo caso, si lo hiciera, sí que iría a entregarme a la policía después. la justicia siempre ha sido clemente con los crímenes pasionales…<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Ella</strong> – Así que consideras tranquilamente la posibilidad de engañarme.<br><strong>Él</strong> – El 95% de los animales son polígamos. Los demás viven en parejas solo el tiempo de criar los chavales. Es la prueba de que la fidelidad no es una cosa natural…<br><strong>Ella</strong> – No somos animales.<br><strong>Él</strong> – Queda un 5% de animales monógamos. Eso no hace de ellos seres humanos. ¿Por qué la fidelidad tendría que ser un criterio de humanidad?<br><strong>Ella</strong> – Es el fundamento de la familia, que es el fundamento a su vez de la sociedad.<br><strong>Él</strong> – ¿Así que no me engañas por civismo?<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Ella</strong> – ¿Te cuesta tanto serme fiel?<br><strong>Él</strong> – No… pero me estaba preguntando si la fidelidad tenía el mismo sentido para los hombres y para las mujeres.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y a tu parecer, por qué los hombres son fieles? Cuando lo son…<br><em>Él lo piensa.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Para evitar las complicaciones?<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Él</strong> – Me estoy preguntando si no tendríamos mejor que comprar otra tele.<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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		<title>Noche de bodas</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/noche-de-bodas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 15:49:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amor]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Dinero]]></category>
		<category><![CDATA[Matrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Parodia]]></category>
		<category><![CDATA[Romántico]]></category>
		<category><![CDATA[Sexualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Vacaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Viaje]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Noche de bodas, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Ella y Él' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Ella y él se dejan caer en el sofá, agobiados.</em><br><strong>Ella</strong> – ¡Por fin! Pensé que nunca iban a marcharse…<br><strong>Él</strong> – Dicen que de cada diez parejas, siete no follan durante la noche de bodas… Ahora entiendo por qué…<br><strong>Ella</strong> (<em>cachonda</em>) – ¿Tratamos de mejorar la estadística?<br><strong>Él</strong> – Te olvidas que despegamos a las cinco de la mañana… De Girona…<br><strong>Ella</strong> – ¿De Girona?<br><strong>Él</strong> – ¡Ya te lo he dicho! Compré los billetes en una subasta de “E-Bay”…<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué las compañías “low-cost” tienen que despegar de Girona? Quizás porque cuando despegas de Girona, te hace ilusión aterrizar en cualquier parte del mundo. Incluso en Bratislava…<br><strong>Él</strong> – Dicen que es muy bonita Bratislava… Durante la primavera…<br><strong>Ella</strong> – ¿No te estás confundiendo con Praga?<br><strong>Él</strong> – Está por ahí al lado, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Las Maldivas, es bonito todo el año… Y recuerda que la primavera empieza solo en dos meses…<br><strong>Él</strong> – Las Maldivas… Todo el mundo va, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Es cierto que un viaje de bodas a Bratislava es mucho más original… No nos cruzaremos con muchos recién casados en el avión… la única pareja que había confundido Bratislava con Brasilia ha conseguido volver a vender sus billetes en “E-Bay”…<br><strong>Él</strong> – Nos pagaremos las Maldivas en unos años… Para nuestro aniversario de bodas…<br><strong>Ella</strong> – Sí… Nuestras bodas de plata… Cuando no consiga entrar en el bikini… (<em>Suspiro</em>) la vida está mal hecha. Tendríamos que heredar a los veinte, empezar a trabajar a los cincuenta al acabar la jubilación y parir a los setenta, para no envejecer solos… Y la boda haría de extremaunción…<br><strong>Él</strong> – Por otro lado, una vida sin suegra… No sé si valdría la pena…<br><strong>Ella</strong> – ¿Crees que te querré todavía dentro de veinte años?<br><strong>Él</strong> – No tendrás dónde escoger… Cuando no entres en ningún traje de baño…<br><strong>Ella</strong> – Una amiga mía dijo “no” el día de su boda. De broma. Quería decir “sí” en seguida después… Pero el cura no lo encontró divertido. la chica tuvo que esperar seis meses antes de volver a la iglesia… Parece que hay un plazo de prescripción. Como para sacar el carné de conducir. No puedes volver a presentarte en seguida después de haber fallado… ¿Lo sabías?<br><strong>Él</strong> – No…<br><strong>Ella</strong> – Son aburridas las bodas, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Uno no se casa para divertirse…<br><strong>Ella</strong> – No me digas que es para ir de viaje a Bratislava desde Girona en medio de la noche, si no realmente no sé por qué he dicho sí… ¿En qué país queda Bratislava exactamente?<br><strong>Él</strong> – No sé… Praga era la capital de Checoslovaquia…<br><strong>Ella</strong> – Así que ni siquiera sabes dónde me llevas de viaje de bodas… Mi madre tenia razón. No sé dónde voy contigo…<br><strong>Él</strong> – Espera… Ahora Praga es capital de Chequia… Bratislava tiene que ser capital de Eslovaquia. O Eslovenia… Bueno, de todas formas, queda en la zona euro! Ni siquiera tendremos que cambiar dinero…<br><strong>Ella</strong> – Y tú… ¿ Me querrás todavía dentro de veinte años?<br><strong>Él</strong> – ¿Como no querer toda la vida a una chica que acepta seguirme a un país desconocido de la zona euro?<br><strong>Ella</strong> – Si es para ponerme a prueba, entonces…<br><em>Secuencia emocional, interrumpida por él.</em><br><strong>Él</strong> – No quiero apurarte, pero el avión despega dentro de dos horas. Y Girona no queda exactamente aquí al lado…<br><em>Negro.</em></p>



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<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación<em> <a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/">Ella y Él</a> </em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/ella-y-el/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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		<title>A puerta cerrada</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/a-puerta-cerrada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 13:34:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[4 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Casa]]></category>
		<category><![CDATA[Dramedias]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Sociabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
		<category><![CDATA[Maleta]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sketchotheque.net/?p=2226</guid>

					<description><![CDATA[<p>A puerta cerrada, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Una pareja. Cuatro sillas. Están sentados.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Todo bien?<br><strong>Él</strong> – Todo bien… ¿Y tú?<br><strong>Ella</strong> – Todo bien… (<em>Pausa</em>) ¿Quieres tomar algo?<br><strong>Él</strong> – ¿Qué?<br><strong>Ella</strong> – ¿Un aperitivo? ¿Unas cacahuetes?<br><strong>Él</strong> – No, gracias, estoy bien.<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Ella</strong> – Se está bien aquí, ¿verdad?<br><strong>Él</strong> – ¿Aquí?<br><strong>Ella</strong> – En esta casa.<br><strong>Él</strong> – Sí… (<em>Pausa</em>) Pero no es nuestra casa.<br><strong>Ella</strong> – Ah, ¿no?<br><strong>Él</strong> – No.<br><strong>Ella</strong> – Es verdad.<br><strong>Él</strong> – ¿Es una casa o un piso?<br><strong>Ella</strong> – Un piso, creo. No lo sé.<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Él</strong> – ¿Te acuerdas dónde está nuestra casa?<br><strong>Ella</strong> – ¿Nuestra casa?<br><strong>Él</strong> – ¡Nuestra verdadera casa! ¡La nuestra!<br><strong>Ella</strong> – No… ¿Y tú?<br><strong>Él</strong> – Yo tampoco. Ni siquiera recuerdo cómo era.<br><strong>Ella</strong> – Nos hemos mudado tantas veces.<br><strong>Él</strong> – Es cierto. Nos mudamos mucho.<br><strong>Ella</strong> – Sí. Cada vez más.<br><strong>Él</strong> – Deberíamos intentar recordar.<br><strong>Ella</strong> – ¿Recordar qué?<br><strong>Él</strong> – Dónde vivimos.<br><strong>Ella</strong> – Todas las casas se parecen un poco.<br><strong>Él</strong> – Incluso cuando es un piso.<br><strong>Ella</strong> – Hay habitaciones. Un comedor. Una cocina.<br><strong>Él</strong> – En la cocina hay un frigorífico, una estufa, una mesa, cajones…<br><strong>Ella</strong> – En los cajones hay tenedores, cuchillos, cucharillas.<br><strong>Él</strong> – En las habitaciones hay niños. A veces…<br><strong>Ella</strong> – Cuando no hay, es porque ya se han ido. A otra casa.<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Él</strong> – ¿Crees que algún día volverán?<br><strong>Ella</strong> – ¿Los niños?<br><strong>Él</strong> – ¡Los propietarios!<br><strong>Ella</strong> – Vete tú a saber… ¿Cuánto tiempo llevamos aquí?<br><strong>Él</strong> – No sé… Bastante tiempo, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Sí.<br><strong>Él</strong> – Siempre tengo miedo de que llamen a la puerta y que sean ellos.<br><strong>Ella</strong> – ¿Los niños?<br><strong>Él</strong> – ¡Los que viven aquí! Los verdaderos propietarios…<br><strong>Ella</strong> – Ah, claro…<br><strong>Él</strong> – ¿Tú no?<br><strong>Ella</strong> – Sí. Además, me pregunto si funciona.<br><strong>Él</strong> – ¿Qué?<br><strong>Ella</strong> – ¡El timbre! Nunca lo hemos oído.<br><strong>Él</strong> – De todas formas, cuando los que viven aquí regresen, no van a llamar.<br><strong>Ella</strong> – ¿Por qué no?<br><strong>Él</strong> – ¡Es su casa! Tendrán la llave.<br><strong>Ella</strong> – Claro.<br><strong>Él</strong> – Cuando la gente vuelve a su casa, no llama. No tienen ninguna razón para pensar que hay alguien dentro cuando ellos no están.<br><strong>Ella</strong> – Es verdad… ¿Nosotros tenemos la llave?<br><strong>Él</strong> – No sé. ¿Tú tienes la llave?<br><strong>Ella</strong> – No.<br><strong>Él</strong> – Yo tampoco.<br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿cómo entramos aquí?<br><strong>Él</strong> – No me acuerdo.<br><strong>Ella</strong> – Quizás nos abrieron la puerta.<br><strong>Él</strong> – ¿Quién nos iba a abrir la puerta?<br><strong>Ella</strong> – ¿Los propietarios?<br><strong>Él</strong> – ¡Pero si estamos solos en este piso!<br><strong>Ella</strong> – ¿Desde cuándo?<br><strong>Él</strong> – No lo sé…<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Ella</strong> – Seguramente por eso nunca salimos. No podríamos volver a entrar.<br><strong>Él</strong> – No. Porque no tenemos la llave.<br><em>Suena el timbre. Se miran, inquietos.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Crees que son ellos?<br><strong>Él</strong> – Dijimos que si fueran ellos, no llamarían.<br><strong>Ella</strong> – Entonces, ¿quién será?<br><strong>Él</strong> – Vete tú a saber…<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué hacemos?<br><strong>Él</strong> – Habrá que abrir, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – ¿Tú crees?<br><strong>Él</strong> – Han visto la luz. Saben que estamos aquí.<br><strong>Ella</strong> – Esta vez sí que sí… Estamos acabados…<br><strong>Él</strong> – Vamos a tener que mudarnos otra vez.<br><strong>Ella</strong> – ¿Pero a dónde vamos a ir?<br><strong>Él</strong> – Voy a hacer nuestra maleta.<br><strong>Ella</strong> – ¿Tenemos una maleta?<br><strong>Él </strong>– Todo el mundo tiene una maleta en casa, ¿no?<br><strong>Ella</strong> – Voy a abrirles…<br><strong>Él</strong> – ¿Qué les vas a decir?<br><strong>Ella</strong> – No lo sé…<br><strong>Él</strong> – Habrá que decirles algo, para explicar por qué estamos aquí. En su casa.<br><strong>Ella</strong> – Quizás vuelvan de vacaciones.<br><strong>Él</strong> – Voy a ver si tenemos una maleta.<br><em>Ella sale. Él también sale. Ella regresa con otra pareja. Juan lleva una botella en la mano, y Cristina un ramo de flores. Él vuelve con una maleta.</em><br><strong>Ella</strong> – Son Juan y Cristina.<br><strong>Él</strong> – Ah, hola…<br><strong>Juan</strong> – Hola. ¿Qué tal?<br><strong>Él</strong> – Bien, ¿y vosotros?<br><strong>Cristina</strong> – Genial. ¿Os vais de vacaciones?<br><strong>Él</strong> – No, ¿por qué?<br><strong>Juan</strong> – Como tienes una maleta en la mano…<br><strong>Él</strong> – Ah, sí, no, es que… Me disponía a guardarla. Ya sabes cómo es esto de las maletas, uno nunca sabe dónde ponerlas.<br><strong>Ella</strong> – Y una maleta vacía ocupa tanto espacio como una llena.<br><strong>Cristina</strong> – Sí. Pero pesa menos.<br><strong>Juan</strong> – Es cierto. Deberíamos irnos de vacaciones con maletas vacías. Viajaríamos más ligeros.<br><em>Los cuatro ríen un poco forzados.</em><br><strong>Cristina</strong> – Entonces, ¿qué tal?<br><strong>Él</strong> – Bien.<br><strong>Juan</strong> – Mirad, he traído champán para celebrarlo.<br><strong>Él</strong> – ¿Celebrar qué?<br><em>Juan se ríe a carcajadas.</em><br><strong>Juan</strong> – ¿Celebrar qué? Siempre tienes el comentario justo, ¿eh?<br><strong>Cristina</strong> – ¡Es gracioso! Yo he traído flores.<br><strong>Ella</strong> – Ah, sí, eso también está bien.<br><strong>Él</strong> – Voy a buscar copas.<br><strong>Ella</strong> – ¿Crees que tenemos?<br><strong>Juan</strong> – Bueno… ¡No vamos a beber este champán de la botella!<br><strong>Ella</strong> – ¡Por supuesto…!<br><em>Ríen de nuevo.</em><br><strong>Cristina</strong> – ¡Qué graciosa eres!<br><strong>Ella</strong> – Y yo voy a buscar un jarrón. Para las flores.<br><strong>Cristina</strong> – ¿Queréis que os ayudemos?<br><strong>Él</strong> – ¡Ni pensarlo!<br><strong>Ella</strong> – Pero sentaos, por favor.<br><strong>Él</strong> – Poneos cómodos, como en casa.<br><em>Ellos dos salen.</em><br><strong>Juan</strong> (<em>sonriendo</em>) – Qué graciosos son…<br><strong>Cristina</strong> – Sí…<br><strong>Juan</strong> – No han cambiado. Siguen siendo tan…<br><strong>Cristina</strong> – ¿Tú crees?<br><strong>Juan</strong> – ¿Qué?<br><strong>Cristina</strong> – Que no han cambiado.<br><strong>Juan</strong> – Ahora que lo dices, es verdad que…<br><strong>Cristina</strong> – No, pero no se parecen en nada a…<br><strong>Juan</strong> – Sí, un poco sí…<br><strong>Cristina</strong> – Pues…<br><strong>Juan</strong> – Y ya sabes, la gente… Cambia…<br><strong>Cristina</strong> – No tanto… No en una semana…<br><strong>Juan</strong> – ¿Fue hace una semana?<br><strong>Cristina</strong> – Fue la semana pasada. La última vez que los vimos.<br><strong>Juan</strong> – Es verdad que han cambiado mucho.<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Cristina</strong> – O, a lo mejor, no son ellos.<br><strong>Juan</strong> – ¿No son ellos? Pero, ¿qué harían aquí? Si no es su casa…<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Cristina</strong> – ¿Tú crees que podríamos habernos equivocado de puerta?<br><strong>Juan</strong> – No creo… Además, ellos parecen conocernos, ¿no? Si nos conocen, es que nosotros los conocemos también.<br><strong>Cristina</strong> – Sí, claro…<br><em>Él regresa.</em><br><strong>Él</strong> – Lo siento mucho, no he encontrado las copas de champán.<br><strong>Cristina</strong> – Ah, los hombres…<br><strong>Juan</strong> – Solo tienes que preguntar a tu mujer.<br><em>Ella también regresa.</em><br><strong>Él</strong> – ¿Sabes dónde están las copas de champán, cariño?<br><strong>Ella</strong> – No… Quizás no haya…<br><strong>Cristina</strong> – ¿Cómo? ¿No tenéis copas de champán? Todo el mundo tiene copas de champán, ¿no?<br><strong>Juan</strong> – No importa. Vamos a beberlo en vasos, este champán.<br><strong>Cristina</strong> – Tenéis vasos de vino, ¿verdad?<br><em>Ellos no parecen seguros.</em><br><strong>Él</strong> – No he visto nada…<br><strong>Ella</strong> – Tampoco he encontrado un jarrón.<br><strong>Cristina</strong> – Tazas, al menos. En una cocina…<br><strong>Ella</strong> – No he encontrado la cocina.<br><em>Momento incómodo.</em><br><strong>Juan</strong> – Bueno… ¿Sabéis qué? Vamos a beber este champán a morro. Como los rusos.<br><strong>Cristina</strong> – ¿Los rusos beben champán a morro?<br><strong>Juan</strong> – Los cosacos, seguro. Sin siquiera bajarse del caballo.<br><strong>Ella</strong> – Mientras tanto, sentaos, por favor.<br><em>Se sientan los cuatro. Sonrisas. Silencio incómodo.</em><br><strong>Él</strong> – Y los niños, ¿cómo están? (<em>Juan y Cristina, que visiblemente no tienen hijos, se miran perplejos.</em>) No, quería decir, los niños en general. No especialmente los vuestros. Si no tenéis…<br><em>Silencio incómodo.</em><br><strong>Ella</strong> – Voy a ver si encuentro cacahuetes…<br><em>Sale</em>.<br><strong>Él</strong> – En cualquier caso, está bien que hayáis pasado a vernos.<br><strong>Cristina</strong> – Somos amigos, ¿no?<br><strong>Él</strong> – Claro.<br><em>Juan y Cristina intercambian una mirada incómoda. Cristina le indica a Juan que pregunte.</em><br><strong>Juan</strong> – Mi pregunta te va a parecer tonta, pero… ¿vosotros realmente vivís aquí?<br><strong>Él</strong> – ¿Por qué preguntas eso?<br><strong>Cristina</strong> – Pues… Nuestros amigos que viven aquí no se parecen en nada a vosotros.<br><strong>Juan</strong> – De hecho, la última vez que vinimos, no se parecían en absoluto a vosotros…<br><em>Ella regresa.</em><br><strong>Ella</strong> – ¡Ya está, encontré los cacahuetes!<br><strong>Cristina</strong> – ¿Encontraste la cocina…?<br><strong>Ella</strong> – Incluso encontré unos vasos.<br><strong>Juan</strong> – ¡Entonces podemos tomar el aperitivo!<br><strong>Cristina</strong> – ¡Vamos…!<br><em>Juan destapa la botella y llena los vasos. Brindan.</em><br><strong>Juan</strong> – ¡A vuestra salud!<br><strong>Él</strong> – ¡Por la amistad!<br><em>Beben</em>.<br><strong>Ella</strong> – Tomad cacahuetes.<br><em>Comen cacahuetes.</em><br><strong>Cristina</strong> – Nunca me he atrevido a preguntar, pero…<br><strong>Él</strong> – ¿Sí…?<br><strong>Cristina</strong> – ¿Dónde os conocisteis vosotros dos? (<em>Silencio incómodo</em>) Perdón por haber sido tan indiscreta. No sé qué me ha pasado…<br><strong>Ella</strong> – No, no, en absoluto, es solo que…<br><strong>Él</strong> – Ya no lo recordamos muy bien.<br><strong>Cristina</strong> – ¿No lo recordáis?<br><strong>Juan</strong> – ¿No recordáis dónde os conocisteis?<br><em>Pausa</em>.<br><strong>Ella</strong> – Yo diría que aquí, ¿no?<br><strong>Cristina</strong> – ¿Aquí?<br><strong>Ella</strong> – Un día nos dimos cuenta de que vivíamos en el mismo piso.<br><strong>Él</strong> – Sí, es curioso… Creo que así fue como pasó.<br><strong>Ella</strong> – Hace ya un tiempo, claro.<br><strong>Él</strong> – Sí… Una semana, quizás.<br><strong>Ella</strong> – Sí, eso es, hace una semana más o menos.<br><strong>Cristina</strong> – Ah, bueno, vaya…<br><strong>Él</strong> – ¿Y vosotros?<br><strong>Juan</strong> – ¿Nosotros?<br><strong>Ella</strong> – ¿Os conocéis desde hace mucho?<br><strong>Cristina</strong> – No, no mucho…<br><strong>Juan</strong> – Diría que… Sí, no hace mucho.<br><strong>Cristina</strong> – Nos conocimos en el portal del edificio, abajo.<br><strong>Juan</strong> – Yo llevaba una botella de champán en la mano.<br><strong>Cristina</strong> – Y yo un ramo de flores.<br><strong>Juan</strong> – Pensamos que íbamos seguramente al mismo sitio.<br><strong>Cristina</strong> – Como yo no tenía el código…<br><strong>Juan</strong> – Yo tampoco. Toqué varios timbres al azar. Vosotros fuisteis los primeros en abrirnos la puerta.<br><strong>Cristina</strong> – Como él parecía saber a dónde iba, le seguí.<br><strong>Él</strong> – Ah, sí…<br><strong>Ella</strong> – Sí, es… una bonita historia.<br><strong>Él</strong> – Muy romántica.<br><strong>Ella</strong> – Verás que acabará en boda.<br><em>Juan y Cristina intercambian una mirada incómoda.</em><br><strong>Juan</strong> – Entonces, si lo entiendo bien, aquí nadie se conoce realmente.<br><strong>Ella</strong> – Al parecer, no…<br><strong>Cristina</strong> – Y nadie tiene nada que hacer en esta casa.<br><strong>Él</strong> – Aparentemente, no…<br><strong>Juan</strong> – Entonces, ¿de quién es esta casa?<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Cristina</strong> – ¿Queréis un poco más de champán?<br><strong>Ella</strong> – Gracias, pero ya es tarde. Quizás deberíamos dejaros.<br><strong>Él</strong> – En cualquier caso, gracias por vuestra hospitalidad.<br><strong>Juan</strong> – No hay de qué, por favor.<br><em>(Él toma la maleta y se dirige con ella hacia la salida.)</em><br><strong>Cristina</strong> – ¿Os acompaño?<br><strong>Ella</strong> – No os molestéis, conocemos el camino.<br><strong>Juan</strong> – ¿Queréis que os ayude con la maleta?<br><strong>Él</strong> – No… No pesa nada… Está vacía.<br><strong>Cristina</strong> – Bueno… ¡Hasta otra vez, entonces!<br><strong>Juan</strong> – ¡Y gracias por la visita!<br><em>Salen. Juan y Cristina se vuelven a sentar. Silencio.</em><br><strong>Cristina</strong> – ¿Todo bien?<br><strong>Juan</strong> – Todo bien… ¿Y tú?<br><strong>Cristina</strong> – Todo bien… (<em>Pausa</em>) ¿Quieres tomar algo más?<br><strong>Juan</strong> – No, gracias. Estoy bien.<br><strong>Cristina</strong> – ¿Unas cacahuetes?<br><em>Juan toma un puñado de cacahuetes y comienza a masticarlos.</em><br><strong>Cristina</strong> – Se está bien aquí, ¿verdad?<br><strong>Juan</strong> – Sí… (<em>Pausa</em>) Pero esta no es nuestra casa.<br><strong>Cristina</strong> – Es cierto.<br><strong>Juan</strong> – ¿Es una casa o un piso?<br><strong>Cristina</strong> – Un piso, creo.<br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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			</item>
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		<title>Fatal cómico</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/fatal-comico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 12:53:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[3 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Amistad]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Autor]]></category>
		<category><![CDATA[Creatividad]]></category>
		<category><![CDATA[Dramático]]></category>
		<category><![CDATA[Dramedias]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Sociabilidad]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Teatro dentro del teatro]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fatal comique, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Dramedias' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Sobre una mesita, una cafetera, dos tazas y un periódico. Pedro entra en bata. Se sirve una taza de café y toma el periódico para leerlo. María, su esposa, entra.</em><br><strong>María</strong> – ¿Todo bien?<br><strong>Pedro</strong> – Todo bien.<br><em>María se sirve una taza y observa a Pedro.</em><br><strong>María</strong> – Pareces preocupado… ¿Hay algún problema?<br><strong>Pedro</strong> – No… Bueno… Todavía no tengo una idea para mi nueva obra.<br><strong>María</strong> – No te preocupes, ya vendrá… Siempre acaba viniendo, ¿no?<br><strong>Pedro</strong> – Sí… Hasta ahora…<br><strong>María</strong> – ¿No hay una buena historia en el periódico de la que puedas inspirarte?<br><em>Él deja el periódico.</em><br><strong>Pedro</strong> – Las noticias son cada vez más deprimentes… Creo que voy a dejar de leer la prensa. Ya dejé de ver la tele y de escuchar la radio…<br><strong>María</strong> – Es verdad que todo eso no es muy alegre, pero bueno. Por otro lado… por eso siempre necesitaremos autores como tú.<br><strong>Pedro</strong> – ¿Ah, sí? ¿Y qué es un autor como yo?<br><strong>María</strong> – Ya sabes… Alguien que nos haga reír… ¡Un cómico!<br><strong>Pedro</strong> – ¿Un cómico? ¿Entonces así es como me ves? ¡Como un cómico!<br><strong>María</strong> – ¡Se necesitan autores que escriban buenas comedias! Para olvidar un poco nuestras preocupaciones… Hacernos pasar un buen rato sin pensar en nada…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Sin pensar en nada?<br><strong>María</strong> – Perdona… Quiero decir… en pensar en otra cosa.<br><strong>Pedro</strong> – Entiendo… Entonces para ti, solo soy un entretenedor… Un tipo que desvía la atención del pueblo de los verdaderos problemas de la sociedad…<br><strong>María</strong> – ¡El pueblo! Ya estás usando grandes palabras… Divertir al público, ¿no es algo digno?<br><strong>Pedro</strong> – No sé… También se puede querer otra cosa…<br><strong>María</strong> – ¿Como qué?<br><strong>Pedro</strong> – Ser útil…<br><strong>María</strong> – Para mí, distraer a la gente, hacerles sonreír, es muy útil. Y no cualquiera tiene ese talento.<br><strong>Pedro</strong> – Sí, claro…<br><strong>María</strong> – ¿Qué?<br><strong>Pedro</strong> – Ya he escrito casi un centenar de comedias.<br><strong>María</strong> – Y siempre han sido un éxito rotundo.<br><strong>Pedro</strong> – Sí, pero empiezo a quedarme sin ideas. Me pregunto si ya no le he dado todas las vueltas posibles.<br><strong>María</strong> – ¿Quieres dejar de escribir?<br><strong>Pedro</strong> – No estoy seguro de poder hacerlo… No, solo me preguntaba si…<br><strong>María</strong> – ¿Si qué?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y si intentara otro género?<br><strong>María</strong> – ¿Una novela, quieres decir? Desde hace años, te digo que deberías intentarlo. Hay novelas muy graciosas también…<br><strong>Pedro</strong> – Desgraciadamente, no soy novelista, lo sé. El teatro, no sé hacer otra cosa.<br><strong>María</strong> – Bueno, entonces solo te queda encontrar un buen tema para una comedia.<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y si escribiera… otro tipo de obra?<br><strong>María</strong> – ¿Otro tipo de obra?<br><strong>Pedro</strong> – Algo que no sea necesariamente gracioso, ¿sabes?<br><strong>María</strong> – ¿Una comedia que no sea graciosa?<br><strong>Pedro</strong> – ¡No, precisamente no una comedia!<br><strong>María</strong> – ¿Quieres decir… una comedia dramática?<br><strong>Pedro</strong> – ¡Quiero decir que no sea una comedia en absoluto!<br><strong>María</strong> – ¿Quieres escribir un drama?<br><strong>Pedro</strong> – Un drama, una tragedia… Llámalo como quieras.<br><strong>María</strong> – Vale…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Qué?<br><strong>María</strong> – No sé… (<em>Silencio</em>) ¿Estás seguro de que estás bien?<br><strong>Pedro</strong> – Ya no tengo ideas para una comedia. Quisiera intentar escribir otra cosa. ¡Tampoco es un drama!<br><strong>María</strong> – OK… (<em>Una pausa</em>) ¿Quieres más café?<br><strong>Pedro</strong> – No, gracias.<br><strong>María</strong> – Bueno, entonces te dejo reflexionar… sobre tu nueva obra.<br><em>Ella sale. Él suspira y vuelve a abrir el periódico. Suena el teléfono. Él contesta.</em><br><strong>Pedro</strong> – ¿Sí? Ah, sí… No, no, iba a llamarte precisamente… Mira, todavía no sé… No, por ahora estoy sin inspiración. Sí, lo sé, siempre dije que eso no existía. Pero sabes, la inspiración es como Dios. Uno dice que no existe hasta el momento en que realmente la necesita… ¿Y tú, cómo estás? Bueno… Entiendo… De acuerdo… Mira, tengo que dejarte ahora… Nos llamamos y tratamos de almorzar juntos la próxima semana, ¿vale? OK, así lo hacemos… Adiós, un abrazo.<br><em>María vuelve, con un poco de vergüenza.</em><br><strong>María</strong> – Tengo que hacer unas compras, no tardo. ¿Todo bien?<br><strong>Pedro</strong> – Eh… sí. Desde hace un rato, la situación no ha evolucionado mucho, pero sí, estoy bien.<br><strong>María</strong> – Bueno, entonces me voy.<br><strong>Pedro</strong> – Eso es. Hasta luego.<br><em>Ella sale. Él vuelve a leer el periódico, pero apenas empieza cuando suena el timbre de la puerta. Sale un momento para abrir y regresa acompañado de una mujer.</em><br><strong>Alex</strong> – Espero no molestarte.<br><strong>Pedro</strong> – No, no, para nada, estaba… ¿Quieres un café?<br><strong>Alex</strong> – Gracias, no hace falta.<br><strong>Pedro</strong> – Es agradable que pases así, de improviso.<br><strong>Alex</strong> – Cuando uno vive en el mismo edificio que su agente, siempre corre el riesgo de que aparezca sin invitación…<br><strong>Pedro</strong> – Quizás deba mudarme, entonces…<br><em>Silencio incómodo.</em><br><strong>Alex</strong> – ¿En qué estás trabajando ahora?<br><strong>Pedro</strong> – Nada… Estaba hablando por teléfono con… ¿Cómo se llama? Ya sabes, esa actriz que actuaba en… Ahora es editora.<br><strong>Alex</strong> – ¿Editora?<br><strong>Pedro</strong> – Ya sabes cómo es esto. La vida es cruel para las actrices. Especialmente para las protagonistas jóvenes. Pasada la treintena…<br><strong>Alex</strong> – ¿Estás buscando un nuevo editor?<br><strong>Pedro</strong> – No especialmente… Fue ella quien me llamó. Solo quería saber cómo estaba… Esto empieza a preocuparme. Todo el mundo me pregunta si estoy bien hoy…<br><strong>Alex</strong> – ¿Y… estás bien?<br><strong>Pedro</strong> – Sí, gracias… Es una locura…<br><strong>Alex</strong> – ¿Qué?<br><strong>Pedro</strong> – Terminé la conversación diciéndole: “nos llamamos y almorzamos…?” Me salió así. La costumbre. Al final, podríamos haber almorzado juntos al mediodía.<br><strong>Alex</strong> – Qué quieres… Todos estamos ocupadísimos…<br><strong>Pedro</strong> – O no tenemos nada que hacer y fingimos…<br><strong>Alex</strong> – Sí…<br><strong>Pedro</strong> – Tú, por ejemplo. ¿Estás particularmente ocupada hoy? (<em>Silencio</em>) No, obviamente, de lo contrario no estarías aquí. ¿Te imaginas? Aceptas almorzar así, improvisado… Al día siguiente, todos los del gremio sabrían que no tienes nada que hacer en tus días. Que ya nadie quiere trabajar contigo. Que estás en paro. O, peor, que estás en la lista negra… Entonces, ya nadie te llamaría, y serías una auténtica anticuada.<br><strong>Alex</strong> – Sí… (<em>Silencio</em>) Y, entonces, ¿ella está bien?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Quién?<br><strong>Alex</strong> – ¡Tu editora!<br><strong>Pedro</strong> – No sé… Tienes razón… Al final, quizá sea ella la que no está bien. Me llamó porque necesitaba hablar con alguien. Y yo casi le colgué… Debería haberle propuesto almorzar con ella al mediodía… Y tú, ¿estás bien?<br><strong>Alex</strong> – Sí, estoy bien…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Estás segura de que no quieres café?<br><strong>Alex</strong> – Segura… (<em>Silencio</em>) ¿Estás escribiendo algo ahora?<br><strong>Pedro</strong> – No, no mucho. Creo que he llegado al final de algo. Debería cambiar un poco de estilo.<br><strong>Alex</strong> – Sí, lo sé, me crucé con María en la escalera.<br><strong>Pedro</strong> – No me digas que por eso viniste a verme.<br><strong>Alex</strong> – Así que quieres escribir un drama.<br><strong>Pedro</strong> – Sí, bueno… ¿Por qué no?<br><strong>Alex</strong> – ¿Es una broma?<br><strong>Pedro</strong> – Mira, Alex, ese es mi problema. La simple idea de que considere escribir algo que no sea una comedia, la gente lo toma como una broma.<br><strong>Alex</strong> – Digamos que… no es el tipo de terreno en el que uno suele esperarte.<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y?<br><strong>Alex</strong> – Podría sorprender a tu público… Quizás decepcionarlo…<br><strong>Pedro</strong> – ¿Decepcionarlo? Aún no he escrito ni una línea, y ya dices que será decepcionante. Gracias por tu apoyo. Al menos ahora sé por qué tengo un agente.<br><strong>Alex</strong> – Y… ¿tienes algún tema ya?<br><strong>Pedro</strong> – No… Solo es una idea…<br><strong>Alex</strong> – Bueno, entonces solo es una idea.<br><strong>Pedro</strong> – Eso es…<br><strong>Alex</strong> – Perdona, quizás me apresuré un poco.<br><strong>Pedro</strong> – No sé… Pensaba en escribir algo sobre esos migrantes que llegan a nuestras costas. Cuando no mueren ahogados en el trayecto, claro…<br><strong>Alex</strong> – ¿Una comedia, dices? (<em>Pedro le lanza una mirada de reproche.</em>) Perdona, no sé por qué he dicho eso… Entonces, ¿en serio quieres escribir algo…<br><strong>Pedro</strong> – Ya no tengo veinte años… Tú tampoco… Quizás es hora de empezar a reflexionar sobre el mundo que nos rodea, ¿no?<br><strong>Alex</strong> – ¿El mundo que nos rodea?<br><strong>Pedro</strong> – Imagina que después de nuestra muerte, nos reencarnamos. Así, al azar. El mundo está mayormente poblado de gente que lleva una vida de mierda. Si podemos llamar a eso una vida. Si lo piensas bien, aparte de una minoría privilegiada, cuyo grupo de los más afortunados vive en paraísos fiscales, la Tierra es un infierno.<br><strong>Alex</strong> – ¿Y entonces?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Y entonces? Estadísticamente, la reencarnación es un infierno asegurado… Si no cambiamos el mundo en vida, tenemos casi asegurado vivir un infierno cuando nos reencarnemos.<br><em>Alex le mira, sorprendida.</em><br><strong>Alex</strong> – Vale…<br><strong>Pedro</strong> – Te dejo reflexionar sobre eso. Voy a vestirme…<br><em>Sale. María regresa.</em><br><strong>María</strong> – ¿Y bien?<br><strong>Alex</strong> – Está muy mal.<br><strong>María</strong> – Te lo dije.<br><strong>Alex</strong> – Está delirando. Habla de la muerte. Del paraíso. Del infierno.<br><strong>María</strong> – ¿En serio?<br><strong>Alex</strong> – Quiere escribir una obra sobre los exiliados.<br><strong>María</strong> – ¿Los exiliados fiscales?<br><strong>Alex</strong> – ¡Los exiliados económicos!<br><strong>María</strong> – ¿Quieres decir… los jubilados que se van a Marruecos, porque la vida es más barata allí?<br><strong>Alex</strong> – ¡Los migrantes! ¡En el Mediterráneo!<br><strong>María</strong> – No puede ser… ¿Te lo ha dicho?<br><strong>Alex</strong> – Traté de hablar con él, pero no quiere saber nada.<br><strong>María</strong> – ¿Dónde está?<br><strong>Alex</strong> – Se fue a vestir.<br><strong>María</strong> – No entiendo… Hasta esta mañana, estaba completamente normal. Bueno… como siempre, vamos…<br><strong>Alex</strong> – Quizás solo sea temporal. Puede que esté algo deprimido. Pero no debemos tomarlo a la ligera.<br><strong>María</strong> – Claro… Me cuesta decirlo, pero… me da la impresión de que tiene tendencias suicidas.<br><strong>Alex</strong> – Quizás deberíamos sugerirle que vea a un médico.<br><strong>María</strong> – ¿Un psiquiatra, quieres decir?<br><strong>Alex</strong> – No lo sé.<br><strong>María</strong> – A veces, con una simple cura de vitaminas… ¿Un homeópata?<br><em>Pedro regresa.</em><br><strong>Pedro</strong> – Ah, ¿has vuelto?<br><strong>Alex</strong> – Voy a dejaros.<br><strong>Pedro</strong> – No, no te estoy echando.<br><strong>Alex</strong> – De todas formas, ya me iba. Tengo… Tengo que irme. Tengo un día muy ocupado. ¿Nos llamamos y almorzamos juntos?<br><em>Sale. María mira a Pedro con un aire incómodo.</em><br><strong>María</strong> – Solo le dije que estabas aquí y que si quería subir a tomar un café…<br><strong>Pedro</strong> – No quiso.<br><strong>María</strong> – ¿Qué?<br><strong>Pedro</strong> – El café. Le ofrecí y no quiso.<br><em>Silencio</em>.<br><strong>María</strong> – ¿Pero qué es lo que buscas, Pedro, exactamente?<br><strong>Pedro</strong> – No lo sé…<br><strong>María</strong> – ¿No estamos bien juntos?<br><strong>Pedro</strong> – Claro que sí, no es eso.<br><strong>María</strong> – ¿Tienes una amante, es eso?<br><strong>Pedro</strong> – ¡No, para nada!<br><strong>María</strong> – Tenemos la vida que queríamos, ¿no? Haces el trabajo que te gusta. No tienes jefe. Ganas bien.<br><strong>Pedro</strong> – Lo sé.<br><strong>María</strong> – ¿Entonces qué pasa?<br><strong>Pedro</strong> – Todo esto ya no tiene sentido para mí. Necesito… intentar otra cosa.<br><strong>María</strong> – ¿Pero por qué?<br><strong>Pedro</strong> – No lo sé… Para que en mi funeral, la gente no solo diga: ese era un cómico…<br><em>Silencio</em>.<br><strong>María</strong> – ¿Quieres que nos mudemos?<br><strong>Pedro</strong> – En otro lugar sería lo mismo.<br><strong>María</strong> – No vas a hacer ninguna tontería, ¿verdad?<br><strong>Pedro</strong> – ¿Una tontería? ¿Como qué?<br><em>María intenta ocultar su nerviosismo.</em><br><strong>María</strong> – Te dejo trabajar…<br><em>Ella sale. Pedro se queda un momento pensativo. Toma un cuaderno y un lápiz e intenta escribir, pero claramente la inspiración no está presente. Descuelga el teléfono y marca un número.</em><br><strong>Pedro</strong> – Sí, perdona, soy yo otra vez… Mira, finalmente he conseguido liberarme para esta noche. ¿Puedes venir a cenar a casa? Me gustaría hablar contigo de un nuevo proyecto… Sí, claro, ven con tu marido. OK, a las ocho, perfecto. Bueno, nos vemos esta noche…<br><em>Cuelga. Retoma el cuaderno y el lápiz, y empieza a escribir con entusiasmo. Se detiene y se dirige al público.</em><br><strong>Pedro</strong> – Ya verán. Esta vez, no van a reírse.<br><em>Vuelve a escribir.</em><br><strong><em>Negro.</em></strong></p>



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			</item>
		<item>
		<title>Demasiado agotador</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/demasiado-agotador/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 May 2025 12:22:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[¡Demasiado es demasiado!]]></category>
		<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Comedia de lenguaje]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica social]]></category>
		<category><![CDATA[Trabajo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sketchotheque.net/?p=2203</guid>

					<description><![CDATA[<p>Demasiado agotador, un sketch humorístico extraído de la recopilación '¡Demasiado es demasiado!' de Jean-Pierre Martinez</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Un personaje está ahí. Llega un segundo.</em><br><strong>Uno</strong> – Hay demasiados parados en este país.<br><strong>Dos</strong> – Es verdad.<br><strong>Uno</strong> – ¿Cuántos hay?<br><strong>Dos</strong> – No lo sé.<br><strong>Uno</strong> – En cualquier caso, hay demasiados.<br><strong>Dos</strong> – Seguro.<br><strong>Uno</strong> – ¿Y por qué hay tantos?<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Dos</strong> – Porque hay demasiados trabajadores.<br><strong>Uno</strong> – ¿Qué?<br><strong>Dos</strong> – Pues… ¿Quién les quita el trabajo a los parados?<br><strong>Uno</strong> – ¿Quién?<br><strong>Dos</strong> – ¡Los trabajadores!<br><strong>Uno</strong> – Sí, es verdad lo que dices…<br><strong>Dos</strong> – Pues entonces…<br><strong>Uno</strong> – Entonces, si hay demasiados parados, ¿es porque hay demasiados trabajadores?<br><strong>Dos</strong> – Si hubiera menos trabajadores, habría más trabajo para los parados, ¿no? Es lógico.<br><strong>Uno</strong> – Es verdad.<br><strong>Dos</strong> – Así que podríamos decir también: hay demasiados trabajadores en este país.<br><strong>Uno</strong> – Tienes razón. Son los trabajadores los que les quitan el trabajo a los parados, si lo piensas bien.<br><strong>Dos</strong> – ¡Pues claro!<br><strong>Uno</strong> – Y ese otro, que se oye en la tele: trabajadores, trabajadoras… ¡Qué chorrada!<br><strong>Dos</strong> – ¡Parados, paradas, sí! ¡Eso es lo que deberíamos decir!<br><strong>Uno</strong> – Trabajadores, trabajadoras…<br><strong>Dos</strong> – ¡Qué chorrada…!<br><em>Silencio</em>.<br><strong>Uno</strong> – Hay un montón de platos en el fregadero…<br><strong>Dos</strong> – Solo de pensarlo, me canso.<br><strong>Uno</strong> – ¿Lavas y yo seco?<br><strong>Dos</strong> – Venga…<br><em>Oscuro</em>.</p>



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		<title>Las horas pequeñas</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/las-horas-pequenas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 May 2025 12:52:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Como un pez en el aire]]></category>
		<category><![CDATA[Dramático]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Monólogo]]></category>
		<category><![CDATA[Muerte]]></category>
		<category><![CDATA[Soledad]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo]]></category>
		<category><![CDATA[Existencialismo]]></category>
		<category><![CDATA[Sueño]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las horas pequeñas, Monólogo de Jean-Pierre Martinez, extracto del recopilatorio 'Como un pez en el aire'</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Monólogo de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p>¿Las horas pequeñas? ¿Las conoces? Uno, dos, tres, cuatro… Con cinco, ya estaríamos fuera de peligro. Solo tendríamos que esperar un poco escuchando la radio. Pero nos despertamos y miramos por la ventana. Ni un resplandor. Escuchamos atentamente. Ni un canto de pájaro. Los diurnos todavía duermen, los nocturnos ya están acostados. No hay esperanza de una mañana cercana. Estamos en la oscuridad más profunda, en el territorio de nadie, en la noche de los insomnes despiertos. Por supuesto, un esfuerzo sería suficiente para levantarse y caminar. Pero sería prematuro. Casi antinatural. Ver la noche antes de haber visto el día… Así que debemos dar marcha atrás. Cruzar la frontera de nuevo. Volver a donde nada puede alcanzarnos aún. Donde nada puede esperarnos. Donde nadie puede oírnos. El más allá es el más acá de una eternidad reversible. Cuento hasta cien. Al revés. Noventa y nueve, noventa y ocho… Esperando que antes de que termine esta cuenta atrás, deje de contar. En las noches de insomnio extremo, empiezo en siete mil millones. Seiscientos noventa y nueve millones novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve más antes de que llegue mi turno en esta vasta sala de espera al aire libre que es el mundo de los vivos. ¿Cuánto tiempo para deshojar una por una todas estas existencias que no son la mía, para reconocerme en esa multitud y encontrar mi sueño? Una noche para saber quién eres. Lo que te distingue de los demás. Una vida para descubrir todo lo que no eres. Morir. Fundirse nuevamente en lo indistinto. Dormir. Dejar ir. Con miedo de despertar siendo otro. En una oscuridad que sería una pesadilla sin esperanza de amanecer. Lo que me mantiene con vida, lo que me mantiene despierto, es el miedo de caer en una mala noche, en un mal sueño, en el cansancio eterno. El insomnio es una carrera inmóvil contra el tiempo. Una victoria temporal. Cuatro, tres, dos, uno… Entre el letargo de la noche y la brutalidad del despertar, las horas pequeñas cuentan el tiempo contado de los insomnes.</p>



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<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación <a href="https://sketchotheque.net/es/como-un-pez-en-el-aire/"><strong><em>Como un pez en el aire</em></strong></a><br><a href="https://sketchotheque.net/es/como-un-pez-en-el-aire/">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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<p class="has-text-align-left">Encuentra todas las obras de teatro de Jean-Pierre Martinez en su sitio web:<br><a href="https://jeanpierremartinez.net/es/accueil-espanol/">https://jeanpierremartinez.net</a></p>



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			</item>
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		<title>Memorias</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/memorias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 May 2025 09:51:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Absurdo]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Asesinos de bromas]]></category>
		<category><![CDATA[Humor negro]]></category>
		<category><![CDATA[Identidad]]></category>
		<category><![CDATA[Íntimo]]></category>
		<category><![CDATA[Memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Prostituta]]></category>
		<category><![CDATA[Sicario]]></category>
		<category><![CDATA[Tiempo]]></category>
		<category><![CDATA[Celos]]></category>
		<category><![CDATA[Equívoco]]></category>
		<category><![CDATA[Secreto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Memorias, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Asesinos de bromas' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/memorias/">Memorias</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>Él está sentado en una mesa, con un cuaderno frente a él. Parece pensativo. Ella llega.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Estás bien? Tienes cara rara…<br><strong>Él</strong> – Estaba pensando.<br><strong>Ella</strong> – Ah… Debe ser por eso… (<em>Pausa</em>) ¿Y en qué estabas pensando?<br><strong>Él</strong> – Me preguntaba si… no debería escribir mis memorias.<br><strong>Ella</strong> – ¿Perdón?<br><strong>Él</strong> – Mis memorias…<br><strong>Ella</strong> – ¿Tus memorias?<br><strong>Él</strong> – Pues sí, mis memorias. La historia de mi vida, vamos.<br><strong>Ella</strong> – ¿Te encuentras bien?<br><strong>Él</strong> – Sí, estoy bien, ¿por qué?<br><strong>Ella</strong> – No sé… Como hablas de escribir tus memorias…<br><strong>Él</strong> – No he dicho que quiera escribir mi testamento, he dicho que quiero escribir mis memorias.<br><strong>Ella</strong> – De acuerdo…<br><strong>Él</strong> – Se puede querer escribir sus memorias sin estar en las últimas. También el testamento, de hecho.<br><strong>Ella</strong> – Pero… Sigues siendo joven para escribir tus memorias, ¿no?<br><strong>Él</strong> – ¿Cuándo quieres que las escriba? ¿Cuando esté muerto? ¿O con Alzheimer?<br><strong>Ella</strong> – ¿Tienes problemas de memoria?<br><strong>Él</strong> – ¡No he dicho que tenga problemas de memoria! ¡He dicho que quiero escribir mis memorias!<br><strong>Ella</strong> – Como has mencionado el Alzheimer…<br><strong>Él</strong> – Lo que digo es que para escribir tus memorias, tienes que tener memoria.<br><strong>Ella</strong> – Claro, pero hace falta tener recuerdos interesantes para contar.<br><strong>Él</strong> – ¿Y tú crees que no los tengo?<br><strong>Ella</strong> – Digamos… ¿Y crees que eso le interesará a alguien?<br><strong>Él</strong> – Gracias por tu apoyo…<br><strong>Ella</strong> – Lo que quiero decir es que… Tú no eres Neil Armstrong. Tú no pisaste la Luna.<br><strong>Él</strong> – Vale, no pisé la Luna, pero me han pasado algunas cosas.<br><strong>Ella</strong> – ¿Ah sí? ¿Cuándo?<br><strong>Él</strong> – No sé… Quizás antes de conocerte.<br><strong>Ella</strong> – De acuerdo.<br><strong>Él</strong> – Claro que depende de cómo se cuente. Incluso si son solo anécdotas, si están bien contadas…<br><em>Pausa.</em><br><strong>Ella</strong> – ¿Y… vas a hablar de mí?<br><strong>Él</strong> – No sé… No necesariamente.<br><strong>Ella</strong> – ¿Vas a escribir tus memorias y no vas a hablar de mí?<br><strong>Él</strong> – Pues claro que hablaré de ti.<br><strong>Ella</strong> – Entonces, vas a hablar de mí.<br><strong>Él</strong> – Sí.<br><strong>Ella</strong> – ¿Y qué vas a contar de mí?<br><strong>Él</strong> – Eso no lo sé aún.<br><strong>Ella</strong> – Pues a mí me gustaría saberlo, fíjate.<br><strong>Él</strong> – Ni siquiera he empezado a escribir y ya quieres censurarme.<br><strong>Ella</strong> – Es mi vida, ¿no? ¿Y si lo que cuentas de mí no me gusta?<br><strong>Él</strong> – En ese caso, ¡escribe tú también tus memorias! Así la gente podrá comparar y formarse su propia opinión.<br><strong>Ella</strong> – ¿Qué? ¿Es que crees que no soy capaz de escribir mis memorias?<br><strong>Él</strong> – No he dicho eso.<br><strong>Ella</strong> – Pero lo insinúas. Y también insinúas que mi vida no es tan interesante como la tuya.<br><strong>Él</strong> – ¿Tu vida? ¡Si llevamos años juntos!<br><strong>Ella</strong> – Sí, pero dices que lo más interesante que te ha pasado fue antes de conocerme.<br><strong>Él</strong> – Quizás sí.<br><strong>Ella</strong> – A mí también me pasaron cosas interesantes antes de conocerte, ¿sabes?<br><strong>Él</strong> – ¿Ah sí? ¿Cómo qué, por ejemplo?<br><strong>Ella</strong> – Ahora mismo no sé decirte, pero estoy segura de que, pensándolo bien…<br><strong>Él</strong> – Claro, claro…<br><strong>Ella</strong> – Eres tú quien quiere escribir sus memorias, has tenido tiempo de pensarlo, yo no.<br><strong>Él</strong> – Pues adelante… Piensa. Y cuando te acuerdes, me lo dices. Yo, mientras, me iré a escribir mis memorias en otro sitio, porque aquí no hay manera de concentrarse.<br><em>Se levanta.</em><br><strong>Ella</strong> – Concentrarse. Pobre de ti… (<em>Mira la hoja que él ha dejado en la mesa y lee</em>.) «Memorias de un asesino a sueldo»… ¿Qué significa esto?<br><strong>Él</strong> – Es el título.<br><strong>Ella</strong> – Pero tú no eres un asesino a sueldo.<br><strong>Él</strong> – Pues sí.<br><strong>Ella</strong> – ¿Durante todos estos años que hemos vivido juntos, eras un asesino a sueldo?<br><strong>Él</strong> – Pues sí.<br><strong>Ella</strong> – Yo pensaba que eras fontanero.<br><strong>Él</strong> – Eso era solo una tapadera…<br><strong>Ella</strong> – ¿Y hay más cosas así que no me has contado?<br><strong>Él</strong> – Solo tendrás que leer mis memorias…<br><strong>Ella</strong> – Claro… ¡Y tú las mías!<br><em>Él sale. Ella se sienta en su lugar, saca una hoja y un bolígrafo y empieza a pensar.</em><br><strong>Ella</strong> – A ver, ¿por dónde empiezo…? Ah, sí, esto no está mal. «Memorias de una escort»…<br><em>Se pone a escribir.</em><br><em><strong>Negro</strong>.</em></p>



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<p style="padding-top:0;padding-right:0;padding-bottom:0;padding-left:0">Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), <strong>debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra</strong>. En España <a href="https://www.sgae.es/">SGAE</a>, en Argentina <a href="https://argentores.org.ar/">ARGENTORES</a>, en Uruguay <a href="https://www.agadu.org/">AGADU</a>, en México <a href="https://www.sogem.org/">SOGEM</a>.</p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación <em><strong><a href="https://sketchotheque.net/es/asesinos-de-bromas/">Asesinos de bromas</a></strong></em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/asesinos-de-bromas/">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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			</item>
		<item>
		<title>Coartada</title>
		<link>https://sketchotheque.net/es/coartada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Jean-Pierre Martinez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 May 2025 15:12:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[2 personajes]]></category>
		<category><![CDATA[Adulterio]]></category>
		<category><![CDATA[Albán y Eva]]></category>
		<category><![CDATA[Apartamento]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Sátira]]></category>
		<category><![CDATA[Vaudeville]]></category>
		<category><![CDATA[Cumpleaños]]></category>
		<category><![CDATA[Mentira]]></category>
		<category><![CDATA[Teléfono]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sketchotheque.net/?p=1922</guid>

					<description><![CDATA[<p>Coartada, un sketch humorístico extraído de la recopilación 'Albán y Eva' de Jean-Pierre Martinez</p>
<p>L’article <a href="https://sketchotheque.net/es/coartada/">Coartada</a> est apparu en premier sur <a href="https://sketchotheque.net/es/accueil-espanol">La Sketchothèque</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><em>Un sketch de Jean-Pierre Martinez</em></h2>



<p><em>En una esquina, un cubo con champán, una botella y dos copas. Eva espera, mostrando signos de impaciencia. Suena el timbre.<br></em><strong>Albán</strong> (<em>fuera de escena</em>) – ¿Eva? Soy yo… ¿Estás ahí?<br><em>Albán entra desde el exterior con un maletín en la mano y quiere darle un beso en los labios, pero ella lo esquiva.</em><br><strong>Albán</strong> – Perdona… Una emergencia con un cliente…<br><strong>Eva</strong> – ¿Un cliente o una clienta?<br><em>Él prefiere no responder.</em><br><strong>Albán</strong> – ¿Qué te pasa?<br><strong>Eva</strong> – Nada, todo bien… Es nuestro aniversario de boda, y mi marido lo ha olvidado. Pero, aparte de eso, todo va genial.<br><em>Albán se gira y ve la botella de champán.</em><br><strong>Albán</strong> – Mierda…<br><strong>Eva</strong> – Gracias… Al menos no finges.<br><strong>Albán</strong> – Perdóname, no era eso lo que quería decir…<br><strong>Eva</strong> – El año pasado también llegaste a las diez de la noche. Pero al menos trajiste un ramo de flores.<br><strong>Albán</strong> – Pasé por la floristería, pero ya estaba cerrada.<br><strong>Eva</strong> – Has olvidado nuestro aniversario…<br><strong>Albán</strong> – ¡Claro que no lo he olvidado! Lo he tenido en mente todo el día… Digamos que… en este preciso momento, se me había ido de la cabeza.<br><strong>Eva</strong> – Por supuesto…<br><em>Él deja el maletín y se quita la chaqueta.</em><br><strong>Albán</strong> – He tenido un día horrible, te lo digo… Un cliente cambió una cita en el último momento. Ese americano del que te hablé, ¿te acuerdas?<br><strong>Eva</strong> – En un día como este, podrías haberte hecho reemplazar.<br><strong>Albán</strong> – ¡Era el único en la oficina! Además, era un caso importante…<br><strong>Eva</strong> – Podrías haberme llamado.<br><strong>Albán</strong> – Perdí mi móvil… No sé dónde lo dejé…<br><strong>Eva</strong> – Como siempre, tienes una respuesta para todo…<br><strong>Albán</strong> – Te estoy diciendo la verdad, nada más.<br><strong>Eva</strong> – Mira, Albán, llevamos diez años casados y vivimos en un apartamento modelo.<br><strong>Albán</strong> – Es algo temporal…<br><strong>Eva</strong> – Sí… Ese es el problema. Llevamos diez años viviendo en algo temporal.<br><strong>Albán</strong> – Este apartamento está muy bien. Y no nos molestan los vecinos…<br><strong>Eva</strong> – Claro, porque no hay. Vivimos solos en el último piso de un edificio que ni siquiera está terminado.<br><strong>Albán</strong> – Al menos, el ascensor funciona…<br><strong>Eva</strong> – Por las mañanas, antes de ir al trabajo, tenemos que esconder todas nuestras cosas personales. No podemos dejar nada fuera para no molestar a los visitantes que pasan todo el día.<br><strong>Albán</strong> – Durante el día, ambos trabajamos…<br><strong>Eva</strong> – Incluso la foto de mi madre tengo que guardarla en un cajón, ¡por si espanta a los inversores!<br><strong>Albán</strong> – Pero no pagamos alquiler…<br><strong>Eva</strong> – Aun así, me parece demasiado caro, Albán.<br><strong>Albán</strong> – ¡Tenemos una terraza! (<em>Se dirige al público</em>) ¡Y mira! ¡Qué vistas! (<em>Viendo que ella no se anima</em>). En todo caso, huele bien… ¿Qué has preparado?<br><strong>Eva</strong> – Llegas demasiado tarde, Albán. El champán está caliente y el pavo frío.<br><strong>Albán</strong> – Venga… Ya estoy aquí. (<em>Coge su maletín</em>). Deja que lo guarde y pasaremos una buena noche, ¿vale?<br><em>Él sale. Ella coge la botella del cubo y la deja caer de nuevo. Luego, dirige su atención hacia algo en la sala. Saca unos binoculares de teatro para observar mejor. El móvil de Albán, en el bolsillo de su chaqueta, comienza a sonar. Ella deja los binoculares, duda, y luego coge el teléfono para contestar.</em><br><strong>Eva</strong> – ¿Hola…? Sí… No, soy su mujer. De acuerdo. ¿Ah, sí? No, no… Muy bien, se lo diré… (<em>Termina la llamada, pero intrigada, revisa los mensajes del teléfono</em>) El desgraciado…<br><em>Albán regresa.</em><br><strong>Albán</strong> – Diez años ya… ¿Te lo puedes creer? Parece que fue ayer…<br><strong>Eva</strong> – Creí que habías perdido tu móvil…<br><strong>Albán</strong> – Sí, yo… También lo creía…<br><strong>Eva</strong> – ¿De verdad me tomas por tonta?<br><strong>Albán</strong> – ¿Por qué dices eso?<br><strong>Eva</strong> – Tu móvil acaba de sonar. Estaba en el bolsillo de tu chaqueta…<br><strong>Albán</strong> – ¿No…?<br><strong>Eva</strong> – He contestado. Era tu secretaria…<br><strong>Albán</strong> – Ah, sí… ¿Qué quería?<br><strong>Eva</strong> – Te ha estado buscando desde esta mañana. Es curioso, porque ha pasado toda la tarde en la oficina y no te ha visto…<br><strong>Albán</strong> – No dije que hubiera visto a mi americano en la oficina. Me pidió que lo encontrara en…<br><strong>Eva</strong> – No te esfuerces. Tu secretaria te llamaba para decirte que tu reunión con el americano había sido cancelada. Tuvo un derrame anoche…<br><strong>Albán</strong> – No me dejaste terminar… Me pidió que lo encontrara esta tarde en el hospital.<br><strong>Eva</strong> – Curioso, porque según tu secretaria, murió esta mañana.<br><em>Él parece desconcertado, pero intenta recomponerse.</em><br><strong>Albán</strong> – Vale… Entonces escucha, voy a explicártelo…<br><strong>Eva</strong> – Tienes una amante… Y has esperado nuestro aniversario para decírmelo.<br><strong>Albán</strong> – ¡Pero no! Yo…<br><strong>Eva</strong> – ¡Y yo que iba a decirte que estoy embarazada!<br><strong>Albán</strong> – ¿Qué? ¿Estás esperando un hijo? ¿Mío? ¡Pero eso es fantástico!<br><strong>Eva</strong> – Te dejo, Albán.<br><strong>Albán</strong> – No es en absoluto lo que piensas, te lo aseguro…<br><strong>Eva</strong> – ¿Ah, sí? ¿Y esos mensajes que he visto en tu teléfono?<br><strong>Albán</strong> – Los mensajes…<br><strong>Eva</strong> – Sí, los mensajes. Esos que no tuviste tiempo de borrar… «Tengo ganas de ti, encuéntrate conmigo donde ya sabes». Es bastante explícito, ¿no crees?<br><em>Él parece desconcertado, pero se recompone.</em><br><strong>Albán</strong> – Es un código.<br><strong>Eva</strong> – ¿Perdona?<br><strong>Albán</strong> – Es cierto, te he estado mintiendo durante años, Eva. Lo admito.<br><strong>Eva</strong> – Por fin…<br><strong>Albán</strong> – Llevo una doble vida, en efecto. Pero nunca te he engañado… con una mujer.<br><strong>Eva</strong> – No me irás a decir ahora, después de todos estos años, que eres homosexual…<br><strong>Albán</strong> – No, tranquila. Otra vez, no es en absoluto lo que piensas. De hecho, soy…<br><strong>Eva</strong> – ¿Qué?<br><strong>Albán</strong> – No es fácil de decir…<br><strong>Eva</strong> – Sí, me imagino… Pero puedo ayudarte, si quieres. ¿Soy un imbécil?<br><strong>Albán</strong> – Soy agente secreto.<br><strong>Eva</strong> – ¿Agente secreto?<br><strong>Albán</strong> – Bueno, secreto… hasta hoy.<br><strong>Eva</strong> – ¿Has bebido?<br><strong>Albán</strong> – Para nada.<br><strong>Eva</strong> – ¿Un agente secreto? ¿Un espía, vamos? ¿Eso es lo mejor que se te ha ocurrido?<br><strong>Albán</strong> – No tenía derecho a decírtelo, obviamente. No podía contárselo a nadie. Pero bueno… ahora está en juego nuestra relación.<br><strong>Eva</strong> – Muy bien… ¿Y trabajas para quién? ¿La CIA? ¿Ese americano que era tu jefe y al que el KGB eliminó haciendo pasar su asesinato por un infarto, me equivoco?<br><strong>Albán</strong> – Trabajo… para el MOSSAD.<br><strong>Eva</strong> – ¿El MOSSAD?<br><strong>Albán</strong> – Sí… Los servicios secretos israelíes, si prefieres…<br><strong>Eva</strong> – ¡Pero si ni siquiera eres judío!<br><strong>Albán</strong> – Bueno, un poco sí…<br><strong>Eva</strong> – Si fueras judío, después de todo este tiempo, ¿no crees que ya lo sabría? ¡Soy tu mujer!<br><strong>Albán</strong> – No te fíes de las apariencias, Eva… Es un poco más complicado que eso. Es mi abuela materna quien…<br><strong>Eva</strong> – Entonces, ¿eso es lo mejor que se te ha ocurrido? Pero es patético. Tienes que buscar ayuda, Albán, de verdad. Estás completamente loco.<br><strong>Albán</strong> – Es cierto, Eva. Tienes que creerme.<br><strong>Eva</strong> – Eres un mitómano, Albán. Llevas años mintiéndome. Por cualquier cosa. Pero sobre todo para ocultar tus aventuras. Y hoy me sales con que eres un espía israelí cuando ni siquiera estás circuncidado. ¿Cómo quieres que te crea?<br><strong>Albán</strong> – Esta vez no te estoy mintiendo, te lo juro.<br><strong>Eva</strong> – ¿Esta vez? Me decepcionas, Albán. Me decepcionas mucho. No pensaba que me tomaras tanto por tonta.<br><strong>Albán</strong> – ¿Sabes? Durante nuestro viaje de novios a Eilat, en el Mar Rojo, cuando pasé una hora en el puesto de policía de la aduana…<br><strong>Eva</strong> – Porque no reconociste tu maleta, que llevaba una hora dando vueltas sola en la cinta del aeropuerto, y llamaron a los artificieros para hacerla explotar…<br><strong>Albán</strong> – Fue ese día cuando me propusieron trabajar para ellos.<br><strong>Eva</strong> – ¿Ellos? ¿Quiénes ellos?<br><strong>Albán</strong> – ¡El MOSSAD!<br><em>Eva muestra el teléfono.</em><br><strong>Eva</strong> – «Tengo ganas de ti, encuéntrate conmigo donde ya sabes»… ¿Es un mensaje de tu amigo imaginario del MOSSAD?<br><strong>Albán</strong> – Es un código, te digo. Para una cita.<br><strong>Eva</strong> – ¿Una cita? Sí, eso ya lo había entendido.<br><strong>Albán</strong> – Es para no atraer la atención. Por si nuestros mensajes fueran interceptados. «Tengo ganas de ti» significa que necesito verte. «Donde ya sabes», bueno, significa…<br><strong>Eva</strong> – Donde ya sabes.<br><strong>Albán</strong> – Eso.<br><strong>Eva</strong> – Esta vez no va a ser suficiente, Albán.<br><strong>Albán</strong> – ¿Qué más quieres?<br><strong>Eva</strong> – Pruebas, por ejemplo.<br><strong>Albán</strong> – Lo siento, no las tengo.<br><strong>Eva</strong> – Claro.<br><strong>Albán</strong> – ¡No es un contrato como cualquier otro! Todo esto se hace sin dejar rastro, como podrás imaginar.<br><strong>Eva</strong> – Pero no trabajarás gratis, supongo. Un espía debe ganar bien la vida. ¿Y me dejas vivir en un piso piloto?<br><strong>Albán</strong> – El dinero se deposita en una cuenta numerada, cuya clave recibiré cuando deje mis actividades.<br><em>Eva parece completamente desconcertada.</em><br><strong>Eva</strong> – ¿Y pretendes que me trague esto?<br><strong>Albán</strong> – Sí, por favor, Eva… Por nosotros… Por nuestro hijo… Por última vez, te suplico que me creas… ¡Porque es la verdad!<br><em>Ella duda.</em><br><strong>Eva</strong> – Ya no sé qué decirte, Albán. Estoy cansada. Me voy a la cama…<br>Albán – Tienes razón. Entiendo que necesites un poco de tiempo para asimilar esta noticia. Mientras tanto, no se lo digas a nadie, ¿de acuerdo? Ni siquiera a tu madre. Tiene que seguir siendo un secreto entre nosotros, si no…<br><em>Ella le hace una peineta y se marcha. Él encuentra los binoculares de teatro que ella ha dejado sobre la mesa. Parece sorprendido. Toma los binoculares y empieza a observar algo en dirección al público. Primero por simple curiosidad. Luego con una atención sostenida.<br><strong>Negro</strong>.</em></p>



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<p>Sketch extraído de la recopilación <em><strong><a href="https://sketchotheque.net/es/alban-y-eva/">Albán y Eva</a></strong></em><br><a href="https://sketchotheque.net/es/alban-y-eva/">Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).</a></p>



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