Un sketch de comedia para dos actores sobre el amor, la memoria y los universos paralelos
Están de pie uno al lado del otro, y se intercambian una mirada tierna.
Él – ¿Estás bien?
Ella – Sí… ¿Y tú?
Él – Estoy bien. (Pausa) Estamos muertos, ¿no?
Ella – ¿Por qué dices eso?
Él – No lo sé… Lo último que recuerdo es una ola de treinta metros de altura a punto de abalanzarse sobre la piscina junto a la que acabábamos de tumbarnos para echar una siesta.
Ella – Ah, sí…
Él – ¿Tú no?
Ella – Sí.
Él – Entonces estamos muertos.
Ella – O puede que esa ola nos arrastrara a los dos a kilómetros de distancia, para dejarnos suavemente, sin despertarnos, al borde de la piscina de otro hotel…
Él – Que también se llamaría Paradise Hotel.
Ella – Absolutamente ilesos y ni siquiera mojados.
Él – No es lo más probable, ¿verdad?
Ella – Entonces estamos muertos.
Él – Bueno, muertos…
Ella – Tienes razón. No veo mucha diferencia con cuando estábamos vivos.
Él – Excepto que en este mundo, por lo visto, todavía no estamos casados.
Ella – ¿Por qué dices eso?
Él – No llevamos anillos.
Ella – ¿Crees que tampoco tenemos hijos todavía?
Él – En todo caso, no veo sus toallas junto a la piscina.
Ella – Ni sus flotadores.
Silencio.
Él – Quizá ni siquiera nos hayamos conocido aún…
Ella – ¿Quieres decir… que no nos conocemos?
Él – No lo sé. ¿Nos conocemos?
Ella – No lo creo.
Silencio.
Él – Entonces esto sería eso que llaman la muerte.
Ella – Un mundo paralelo en el que todavía no ha llegado la hora de nuestra muerte.
Él – Un paraíso que aquel tsunami nunca llegó a arrasar.
Ella – Sin embargo la vimos, esa ola. Los dos.
Él – Sí.
Ella – Me imagino que si esto funciona así, se supone que no debemos recordar nuestra vida anterior. ¿Tú te acuerdas?
Él – Vagamente.
Ella – Yo también. Solo recuerdo esa ola… A ti y a los niños. Bueno, sobre todo a los niños… ¿Y tú?
Él – Sobre todo la ola.
Ella – Todo esto es realmente muy raro.
Él – Debe de ser un fallo del sistema. Se supone que no debemos recordar nada.
Ella – Si no, la gente sabría que ya está muerta.
Él – ¿Crees que deberíamos decírselo?
Ella – ¿El qué?
Él – Que están muertos.
Ella mira en dirección al público.
Ella – Míralos… Parecen felices… No nos creerían…
Él – Nos tomarían por locos, y seríamos nosotros los que acabaríamos encerrados en un manicomio.
Ella – Mejor guardarlo para nosotros.
Él – Tienes razón.
Ella – Será nuestro secreto.
Silencio.
Él – Bueno, ¿vamos?
Ella – ¿Adónde?
Él – A descubrir qué hay de diferente en este mundo paralelo, donde ningún tsunami arrasó el Paradise Hotel…
Ella – Y donde aún no nos hemos conocido.
Él – Tengo curiosidad por verlo.
Ella – Sí… Y al mismo tiempo, me da un poco de miedo.
Él – Primero habría que saber en qué habitación estamos.
Ella – Ya que no nos conocíamos, seguramente no estábamos en la misma habitación.
Él – Vamos a preguntar en recepción.
Ella – Haremos eso.
Él – Vamos.
Empiezan a alejarse.
Ella – Aun así era un día precioso, ¿verdad?
Él – Sí.
Ella – ¿Cómo íbamos a imaginar…?
Él – Que nos íbamos a conocer hoy.
Se van.
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Sketch extraído de la recopilación En Blanco
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