El infierno

Un sketch de humor negro de Jean-Pierre Martinez

Un personaje, hombre o mujer, está ahí. Llega otro.
Dos – ¿Sigues aquí…?
Uno – ¿Dónde quieres que esté?
Dos – Es verdad, tienes razón…
Una pausa.
Uno – Entonces ahora nos tuteamos, ¿no?
Dos – No sé… Sí… ¿Por qué no? ¿Antes nos hablábamos de usted?
Uno – ¿Antes de qué?
Dos – Antes… Antes de tutearnos…
Uno – No sé… No me acuerdo.
Dos – Yo tampoco.
Uno – ¿Prefieres que nos tratemos de usted?
Dos – No, no… Con todo el tiempo que hace que nos conocemos…
Uno – Claro… (Una pausa) Por cierto, ya no me acuerdo… ¿Dónde nos conocimos?
Dos – Aquí, creo.
Uno – De acuerdo…
Dos – ¿Qué?
Uno – ¿No habíamos dicho que nunca habíamos venido aquí? ¿Que era la primera vez?
Dos – Sí…
Uno – ¿Cómo íbamos a habernos conocido aquí, si nunca hemos venido?
Dos – Ah, sí, ahí tienes razón.
Uno – Pues sí…
Dos – Es curioso. Y, sin embargo, tu cara me sonaba.
Uno – ¿Ah, sí…?
Dos – Tenía la impresión de haberte visto ya en alguna parte.
Uno – Entonces debimos de conocernos en otro sitio.
Dos – Sí… (Una pausa) ¿En otro sitio…?
Uno – Si no nos hemos conocido aquí… ni en otro sitio, es que no nos habíamos conocido nunca antes, ¿no?
Dos – Sí, tiene sentido…
Uno – ¿Eso quiere decir que, en realidad… no nos conocemos?
Dos – Sí…
Silencio.
Uno – Entonces, ¿por qué nos tuteamos?
Dos – Quizá nos conocimos… en otra vida.
Uno – ¿Cómo que en otra vida? Solo se vive una vez, ¿no? Bueno, no sé… Eso es lo que siempre me han dicho…
Dos – Tengo una explicación, pero no sé si te va a gustar.
Uno – Llegados a este punto…
Dos – Si solo se vive una vez, si no nos hemos conocido nunca ni aquí ni en otro sitio, y aun así nos conocemos… es que no estamos en ninguna parte.
Uno – Y sobre todo, es que estamos muertos…
Dos – No veo otra explicación. ¿Y tú?
Uno – No, yo tampoco. (Una pausa) Y… ¿de qué habríamos muerto, entonces?
Dos – ¿De qué?
Uno – Sí, de qué. Habremos muerto de algo, ¿no?
Dos – O sea, te digo que estamos muertos, y la primera pregunta que se te ocurre es de qué hemos muerto.
Uno – Tampoco hace falta ponerse desagradable… Me pregunto si al final no será mejor que nos tratemos de usted.
Dos – Yo qué sé… Hay muchas formas de morir… pero el resultado es el mismo, ¿no?
Uno – Sí, no te falta razón…
Una pausa.
Dos – Falta saber si estamos en el paraíso o en el infierno.
Uno – Debemos de estar en el infierno.
Dos – ¿Por qué?
Uno – Hace muchísimo calor, ¿no?
Dos – Sí, ahora entiendo mejor la expresión «arderéis en el infierno».
Uno – En el paraíso debe de haber aire acondicionado. Y además… en el paraíso deberíamos estar solos, ¿no?
Dos – ¿Solos? ¿En aislamiento, quieres decir?
Uno – Es verdad que en la cárcel meten en aislamiento a los presos rebeldes para castigarlos.
Dos – Entonces, ¿por qué dices que en el paraíso deberíamos estar solos?
Uno – ¿No fue Sartre quien dijo: «el infierno son los otros»?
Dos – ¿Sartre? Sí, quizá…
Uno – Si el infierno son los otros, en el paraíso uno debe de estar solo, ¿no?
Dos – Sería lógico, en todo caso.
Una pausa.
Uno – No nos acordamos de nada. ¿Por qué me acuerdo de Sartre?
Dos – Y de Nietzsche.
Uno – ¿Tú te acuerdas de algo?
Dos – No sé… Me acuerdo… de que ya hacía calor.
Uno – ¿Calor?
Dos – Muchísimo calor.
Uno – Pero calor… ¿como aquí?
Dos – Sí, eso es… Como en el infierno. Pero en la Tierra.
Uno – Entonces así habríamos muerto…?
Dos – ¿Así?
Uno – Un golpe de calor. Pasa.
Dos – Sí… Quizá nos habíamos ido de excursión por el desierto, sin agua, y morimos de sed.
Uno – O quizá hemos muerto todos.
Dos – ¿Todos? ¿El fin del mundo, quieres decir?
Uno – El fin de la Humanidad, en todo caso.
Dos – Entonces, ¿por qué solo estamos nosotros dos?
Uno – Quizá fuimos los dos últimos.
Dos – Quizá… Como Adán y Eva fueron los dos primeros.
Uno – Lo que está claro es que esto no se parece mucho al jardín del Edén.
Dos – No… Se parecería más bien a…
Uno – A nada.
Dos – Sí.
Uno – Yo también me acuerdo. Hacía muchísimo calor.
Dos – Cada año hacía un poco más de calor.
Uno – Todos los árboles murieron.
Dos – La Tierra se convirtió en un desierto.
Uno – Ya no teníamos agua.
Dos – Acabamos muriendo de sed.
Una pausa.
Uno – Pero entonces… ¿estamos en el infierno, o seguimos en la Tierra?
Dos – ¿Qué más da?
Uno – Tienes razón… Para qué un infierno, si hemos conseguido convertir la Tierra en un horno.
Una pausa.
Dos – Es curioso, por cierto…
Uno – ¿Qué?
Dos – ¿Tú tienes sed?
Uno – No.
Dos – Yo tampoco.
Uno – Habrá que creer que, cuando uno está muerto, ya no tiene sed.
Dos – Alguna ventaja tenía que tener estar muerto. (Una pausa) Ya no tenemos sed… pero seguimos teniendo el mismo calor.
Uno – Somos bien poca cosa.
Dos – Esto me recuerda a la historia de la rana que quería hacerse tan grande como el buey.
Uno – Y se hinchó tanto que acabó reventando.
Dos – O esas burbujas financieras de las que se hablaba antes a propósito de la Bolsa. La Humanidad vivía dentro de una burbuja, que acabó estallando.
Uno – Como ves, los filósofos también dicen muchas tonterías.
Dos – ¿Los filósofos?
Uno – Nietzsche, a propósito de las pompas de jabón, que supuestamente sabían más que nadie sobre la felicidad.
Dos – Sí. La Humanidad entera era una pompa de jabón.
Uno – Y acabó estallando.
Dos – Pop… Y ya está. Nada más.
Uno – Hasta la próxima pompa.
Dos – Que estallará a su vez mucho antes de alcanzar las estrellas.
Uno – Sí, somos pompas de jabón.
Dos – Pero ¿quién hace las pompas…?
El primero vuelve, como al principio, a hacer pompas.


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Sketch extraído de la recopilación Apocalipsis
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Apocalipsis – Sketches de humor | Jean-Pierre Martinez

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