Un sketch de Jean-Pierre Martinez
Uno – ¿Todo bien?
Dos – Sí, ¿por qué lo preguntas…?
Uno – No sé. A veces tengo la impresión de que hay algo que no va bien.
Dos – No, no, todo va bien…
Uno – Se dice que todos los cuervos se parecen, pero no sé… tú siempre me has parecido diferente…
Dos – ¿Ah, sí…?
Uno – No sé… algo en tu manera de graznar. Incluso en tu forma de volar…
Dos – ¿Te parece…?
Uno – ¿Me equivoco?
Dos – No.
Uno – Entonces ¿qué es? ¿Cuál es tu secreto?
Dos – ¿No se lo repetirás a nadie?
Uno – Lo juro.
Dos – Nada más salir del huevo, me adoptaron unos humanos.
Uno – ¿No…?
Dos – No conocí a mis padres. Por lo que supe más tarde, el árbol donde estaba nuestro nido fue talado por un leñador. Mis padres huyeron y yo caí al pie del árbol. Fue el leñador quien me llevó a su casa.
Uno – Es increíble… ¿Y después?
Dos – Me daban de comer con cucharilla. Dormía a resguardo dentro de la casa.
Uno – ¿Te metieron en una jaula?
Dos – No, era completamente libre.
Uno – Podrías haberte escapado.
Dos – Todos eran muy amables conmigo. Y además, ¿adónde iba a ir? No conocía a ningún otro cuervo. Ni siquiera sabía que era un cuervo.
Uno – ¿No sabías que eras un cuervo?
Dos – Nunca había visto a otros pájaros. Ni siquiera sabía que podía volar.
Uno – ¿No…?
Dos – Para moverme por la casa y el jardín me limitaba a dar saltitos. No necesitaba volar. Ni siquiera sabía lo que significaba. Mis humanos tampoco volaban…
Uno – ¿Y entonces?
Dos – Viví así durante algunos años. Era bastante feliz.
Uno – ¿Y después?
Dos – Un día di un salto un poco más alto de lo habitual para subirme a una mesa, batiendo las alas, y me di cuenta de que podía volar. Al principio solo para subir a un muro. Luego a un árbol. Y poco a poco empecé a volar como un cuervo de verdad.
Uno – ¿Entonces te fuiste?
Dos – No inmediatamente. Estaba bien con ellos. Y no sabía adónde ir. A veces me iba unas horas, pero siempre volvía. Luego me iba durante algunos días…
Uno – ¿Y después?
Dos – Conocí a otros cuervos y me di cuenta de que mi lugar no estaba con los humanos.
Uno – No debió de ser fácil…
Dos – No. Tenía que aprenderlo todo. Aprender a alimentarme solo, para empezar. Y luego desaprender todo lo que había aprendido en mi familia de acogida. Porque pronto comprendí que, para los demás humanos, yo no era más que un cuervo como los otros. Que no podía esperar nada de ellos y que corría el riesgo de llevarme un tiro si me acercaba demasiado.
Uno – Ya decía yo que no eras como los demás…
Dos – Sí…
Uno – ¿Y nunca echaste de menos a tu familia de acogida?
Dos – Sí, a veces todavía pienso en ellos. Pero tenía que dejarlos para vivir mi vida de cuervo. Creo que, en el fondo, lo entendieron muy bien. Y les agradezco que nunca me hayan metido en una jaula.
Uno – ¿Y tus verdaderos padres…?
Dos – Nunca los volví a ver. Años después regresé al lugar donde el leñador había talado mi árbol. Ya no era un bosque, era un campo de trigo. Aquel día había muchos cuervos en el cielo. Y abajo había un tipo pintando un cuadro.
Uno – ¿Un cuadro?
Dos – Un pintor…
Uno – Ah, sí, ya he visto alguno alguna vez… ¿Y qué pintaba?
Dos – El campo… con los cuervos.
Uno – Entonces, a lo mejor tú estás en el cuadro…
Dos – Puede ser.
Uno – Espera un momento… ¿Ves ese sapo, allí?
Dos – Sí, incluso hay dos.
Uno – ¿No tendrás un poco de hambre…?
Oscuro.
Aquellos textos los ofrece gratuitamente el autor para la lectura. Sin embargo cualquier representación pública, sea profesional o aficionada (incluso gratuita), debe ser autorizada por la Sociedad de Autores encargada de percibir los derechos del autor en el país de representación de la obra. En España SGAE, en Argentina ARGENTORES, en Uruguay AGADU, en México SOGEM.
Contactar con el autor : FORMULARIO DE CONTACTO
Sketch extraído de la recopilación De animales y hombres
Enlace a la recopilación para comprarla o descargarla gratuitamente (PDF).

Encuentra todas las obras de teatro de Jean-Pierre Martinez en su sitio web:
https://jeanpierremartinez.net
